Mi primer vuelo 11 #3
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11 #3

Le volvía loco que hiciera eso, pues yo sabía que esa zona la tiene demasiado sensible, y cuando noté que su espalda se relajaba en el asiento, dejándose llevar, llegué a pensar que se iba a correr en mi boca. Pero a mí me apetecía otra cosa.

Quería que me la metiera. Sentir sus huevos bajo mis glúteos.

―¡No quiero que te corras!, ¡tienes que follarme! ―y al incorporarme me di cuenta de que estábamos en el medio del parking del campo de fútbol, pero no éramos los únicos, pues era una zona que se utilizaba como picadero habitual y había otros coches cerca de nosotros.

Me daba un poco de miedo estar en aquel lugar tan apartado y oscuro, pero a la vez sentía mucho morbo por hacer algo distinto y escapar de la rutina. Sebas echó el asiento hacia atrás, lo reclinó un poco y yo pasé una pierna por encima de su cuerpo, levantándome la falda.

Tan solo tuve que apartarme las braguitas y sentí cómo su polla fue entrando lentamente.

―¿Qué era eso que querías contarme antes? ―me preguntó Sebas de repente.

―¿En serio quieres saberlo ahora?, aaaaah... ―y le metí uno de mis largos dedos en la boca, pues a él le encantaba que lo hiciera mientras follábamos―. Es que no puedo... se lo he prometido a Sandra...

―Venga, vamos, dímelo...

―Mmmmm, Sebas... me encanta lo dura que la siento... ―le susurré moviéndome cada vez más rápido y haciendo círculos con mi cadera.

Me apreté más contra su cuerpo, intentado que con el vaivén me tocara el clítoris, y al sentir el primer roce, ya noté que en aquel apartado lugar me iba a correr en muy pocos segundos. Sebas me sujetaba los glúteos con fuerza y al cerrar los ojos se me vino a la cabeza la imagen de Ismael.

―¡¡Joderrrrr, aaaaaah, aaaaahggg!!

―Venga, cuéntamelo... qué era eso que me ibas a decir...

―Sandra..., aaaaah, aaaaah..., se está acostando con un piloto de la compañía, aaaaaah, aaaaah...

―¿En serio?

―Sííííí, aaaaaaah...

―¿Le ha puesto los cuernos a ese capullo?

―Sííííí, aaaaah, aaaaah, un par de veces, aaaaaah...

―Joderrrr, ¡qué bueno, aaaah, ¡qué bueno!, me encantaaaaaa, aaaaah, ¡que se joda por imbécil!

―¡¡Voy a correrme, aaaaah, voy a correrme, cariño!!

―¡Es un puto cornudo, imbécil de mierda! ―masculló entre dientes.

Estaba agarrada a su cuello, subiendo y bajando, botando ya sobre sus muslos y antes de que me atravesara un intenso orgasmo, cerré los ojos y recordé los dedos de Ismael rozándome los labios vaginales.

―¡Síííí, sííííí, me corroooo, aaaaaah, me corroooo, aaaaah, aaaaah, aaaaah!

―¡Eso es, aaaaah, mmmmm, mmmmm, mmmm, no puedo más, nena!

Todavía me puse más cachonda al sentir cómo su cuerpo se contraía y empezaba a vaciarse dentro de mí, llegando al orgasmo los dos a la vez.

―¡Síííí, aaaaah, córrete, córrete, mmmmm, mmmmm!

Fue un buen polvo. Rápido, pero muy caliente y mientras me ponía otra vez la ropa interior, Sebas abrió las ventanillas del coche que ya estaban empañadas. Entonces vimos a un par de merodeadores que se acercaban hasta la ventanilla de un vehículo que había dejado las luces de posición dadas.

―Son unos putos mirones, menos mal que no han venido aquí... por eso no me gusta venir al estadio ―dijo Sebas, guardándose la polla en los pantalones―. Venga, vamos a casa, quiero follarte bien... ―y me dio un buen beso en la boca.

Al menos parecía que se le había pasado el enfado y al llegar a casa cumplió su palabra y echamos un señor polvazo en la cama. Casi una hora de sexo duro y salvaje. Mi chico se durmió casi a continuación, pero yo me quedé nerviosa e inquieta, recostada desnuda a su lado.

Aunque yo no quería, otra vez se me había venido a la cabeza la imagen de Ismael mientras me volvía a correr y eso era algo que no me gustaba.

Pero lo peor es que tres orgasmos después todavía no me había quedado satisfecha del todo, lo que no me había pasado nunca y de repente me llegó una whatsapp de Sandra.

Lo abrí y vi que era una foto del torso desnudo de Roberto tumbado en la cama, estaba tapado con una fina sábana y aunque no se le veía la cara, era reconocible su cadena en el cuello. Tenía los abdominales bien marcados, definidos. Una tableta de revista y los dedos de Sandra reposaban sobre ella.

Sandra 3:16

Ya se me ha quedado dormido...

Ha estado muy bien.

Y vosotros q tal?

Andrea 3:17

También lo tengo aquí frito, ja, ja, ja...

No nos hemos podido aguantar y hemos tenido que hacer una primera paradita en el estadio...

Sandra 3:18

En serio?

Mmmmm, q morbo!

Ha sido salvaje o no?

Andrea 3:18

Siempre

Sandra 3:18

Mmmm, eso me lo tienes que contar bien otro día, eh

Andrea 3:19

Vaaaale

qué descanses

Sandra 3:19

Hablamos guapa

Muaccc muacc

Besitossss

Me quedé mirando la foto que me acababa de mandar mi compañera, y casi en un acto reflejo, mis dedos terminaron entre mis muslos.

A decir verdad, no me gustaba ese tío, aunque físicamente fuera un diez, su personalidad me echaba para atrás y no me resultaba sexualmente atractivo, pero la foto que acababa de recibir, con las uñas de Sandra recorriendo esos abdominales sí que era muy erótica.

Cerré los ojos y eché la cabeza hacia atrás, dejándome llevar mientras mi chico roncaba tranquilo a mi lado y llegué de nuevo al orgasmo tres minutos más tarde, fantaseando con los gruesos dedos de Ismael.

Estaba claro que algo se había despertado en mi subconsciente y cada vez que me corría, se me venía a la cabeza, de manera inevitable, la imagen de ese cabrón.

Era como que se me hubiera metido en la mente y yo no tuviera ningún tipo de control.

No sé explicar muy bien esa sensación que tenía en la boca del estómago; me daba mucho miedo, pero a la vez me excitaba.

Ya lo creo que me excitaba... no quería reconocerlo, pero jamás había tenido unos orgasmos tan intensos... y todavía temblando, me acurruqué junto a Sebas y le abracé, pasándole una pierna por encima antes de quedarme dormida...