Mi primer vuelo 11 #2
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11 #2

Fue bastante seco, casi cortante el tono de voz de Sebas y yo para restarle importancia, cambié de tema rápido o estos dos todavía iban a terminar bastante mal. Después de cenar fuimos a tomar una copa y cuando se acercaron a la barra a pedir Roberto y Sandra, por fin me quedé a solas con mi chico.

―Estás muy callado, estás bien...

―La última vez que me haces una encerrona de estas... ―me recriminó Sebas―. Si quieres ir a cenar con tus amigas te vas, pero a mí no me metas...

―Me lo dijo ella, para que vinierais vosotros también, no hace falta que te pongas así... es un poco pesado, pero tampoco es para tanto...

―¡Es un cretino!, ¡ya me tiene hasta los cojones! ―y se repeinó hacia atrás, quitándose una goma que llevaba en la muñeca para hacerse una coleta.

―Bueno, vamos a terminar la noche tranquilitos...

―Pues no sé, porque como te siga mirando así, al final le calzo una hostia...

―Por favor, eh... tú también has mirado a Sandra...

―Ya, pero no como él...

―Parecido. ¿Y qué te parece mi amiga?

―Está bien, es guapa y tal, tiene buen cuerpo, pero te prefiero a ti ―murmuró en mi oído, y aprovechó que me agarraba la cintura para tocarme le culo―. Hoy tengo muchas ganas de follarte...

―Ah, ¿sí?

―Sí... ¿nos vamos a quedar mucho más?

―No, esta copa y ya... y luego te cuento una cosita para alegrarte la noche ―le ronroneé al oído―. Es sobre Sandra y Roberto...

―Mmmmm, ¿y dices que me va a alegrar la noche?

―Ya lo creo que sí, y ahora sssssh, que ya vienen...

―Y tú no bebas más, que luego tienes que llevar el coche.

―Que sí...

―Bueno, pues ya estamos aquí ―nos dijo Sandra―. ¿En serio que no queréis tomar nada?

―No, no, estamos bien...

―Oye, tío, perdona por lo de antes, si te he dicho algo que te ha molestado, por supuesto que no era mi intención ―se excusó Roberto con Sebas.

―No, no pasa nada...

―Es que como te veo así tan serio, por si acaso...

―Nada, tú no le hagas caso ―y me junté a Sandra―. Es que es un poco cortado hasta que coge confianza, ala, os dejamos ahí solos para que podáis hablar de vuestras cosas, que nosotras vamos a pedir otra...

―¡Andrea! ―exclamó mi chico abriendo las manos, como pidiéndome explicaciones.

―Pero déjala, que se lo pase bien, colega ―le dijo Roberto, pasándole una mano por el hombro―. Hala, iros, iros...

―Ahora veniiiimos...

Me acerqué con Sandra hasta la barra y entre la gente vimos a nuestros novios que seguían sin hablarse, Sebas mirando el móvil y Roberto medio bailando, fijándose en todas las chicas del bar.

―¡Uf, vaya desastre de cita! ―y Sandra negó con la cabeza.

―Ya te digo.

―¿Qué te parece Rober...?

―Bien, es muy guapo, tía...

―¿Verdad que sí?, aunque el tuyo tampoco está nada mal... mmmm, tienes buen gusto...

―Sí, no nos podemos quej...

―El otro día me volví a acostar con Fran ―me interrumpió mi amiga.

―¡Sandra!

―Ya sé que está mal, pero... y perdona que te lo cuente, es que eres con la única que puedo hablar de esto...

―¿Te gusta Fran?

―Sí, claro, está muy bueno, pero ya te dije que no me hago ilusiones... ¡solo es sexo y ya está!, no es que esté muy orgullosa de engañar a Rober, pero ya está hecho... no lo puedo cambiar...

―¿Y qué tal...?, si has repetido es que la primera vez te gustó, pillina...

―Bien, muy bien, y lo peor es que Fran me dijo que quería volver a verme, dentro de tres días volamos juntos otra vez... ¡estoy hecha un lío, tía!

―Pues tendrás que aclararte, no puedes seguir así...

―Ya, ¿y qué puedo hacer...?

―Ahí sí que no puedo ayudarte...

―Pero lo ves mal, ¿verdad?

―No, claro que no, yo no te juzgo, Sandra, lo que decidas me parecerá muy bien y yo te apoyaré...

―Gracias, tía... y por favor, esto no se lo cuentes a nadie, ni a Sebas..., es que me da vergüenza...

―Claro, no te preocupes...

―Eres muy buena amiga, Andrea, ojalá te hubiera conocido antes...

―Lo mismo digo.

―Reconozco que haces muy buena pareja con Sebas...

―Sí, eso nos dicen todos...

―Y se nota que él está colado por ti, después de ocho años te sigue mirando con pasión... de esos no vas a encontrar muchos, eh, ¡no lo dejes escapar!

―Ja, ja, ja, lo intentaré...

―¡Y él también ha tenido suerte!, ¡porque estás muy buena, tía!

―Lo mismo te digo, esos pantalones de cuero te quedan que ufff...

―¿Te gustan?, si te soy sincera... ―me susurró acercándose a mí―, esta noche tengo muchas ganas de follar, en cuanto bebo un poquito ya no lo puedo evitar, me pongo muy cachonda, ja, ja, ja...

―Ja, ja, ja...

―¿Y vosotros?

―¿Nosotros qué...?

―Pues eso, que si vais a follar después en casa o no...

que no te siente mal, pero tu chico tiene pinta de ser un salvaje, así con el pelo largo, parece de estos machos que van sin calzones debajo del vaquero, de los que sudan a chorros mientras te echan un polvazo...

¡eso me encanta!, que hasta te caigan gotas de sudor encima...

―¡Qué exagerada!

―Igual que tú... me pone mucho el piercing ese que llevas en el pezón, cabrona, ja, ja, ja...

―Ja, ja, ja...

―Bueno, que al final no me contestas, ¿entonces vais a follar o no?, es que me da morbo saber esas cosas...

―Sí, claro... ―dije encogiéndome de hombros.

―Joder, tía, lo dices con unas ganas que... ¡no me fastidies!... ―y se acercó de nuevo a mi oído―. Yo hoy quiero que me haga de todo... y cuando digo todo es todo... lo más guarro que se le ocurra...

―Mmmmm, eso suena muy bien, nena ―y le di un pequeño azote en el pantalón de cuero.

Tenía el culo duro como una piedra. Roberto debía ser muy bueno en lo suyo, porque se notaba que el cuerpo de Sandra comenzaba a estar bien trabajado. Después volvimos con los chicos, que seguían tal cual les habíamos dejado. Yo creo que no habían cruzado ni una palabra.

Estaba claro que era la primera y la última cita que íbamos a tener en parejitas con Roberto y Sandra.

Nos tomamos otra copa y media hora más tarde, salimos del bar y nos despedimos de ellos. Roberto todavía insistió una vez más, y me volvió a invitar para que fuera a entrenar con Sandra y se despidió de mi chico con un fuerte apretón de manos.

―Bueno, tío, encantado de conocerte, y a ver si este año tienes suerte y apruebas... ―le dijo dándole una palmadita en la espalda.

Tan solo asintió con la cabeza y después le dio un par de besos a Sandra. Mi chico estaba que se subía por las paredes y la tensión ya era más que evidente, pero el cretino de Roberto seguía con su sonrisa de triunfador en la boca.

―Y cuando queráis repetimos, me lo he pasado muy bien ―fue su última ocurrencia antes de que nos separáramos.

Echamos a andar en dirección al parking y Sebas iba muy callado.

Podía notar cómo apretaba los dientes y el cabreo que emanaba por cada poro de su piel.

No quise decir nada para no enfadarlo más y solo me agarré con fuerza a su brazo y apoyé mi cabeza en su hombro.

Al entrar al sótano le di las llaves y le pedí que condujera hasta casa.

―Te dije que no bebieras más...

―Venga, no seas así, que hace mucho que no coges el coche, se te va a olvidar conducir...

―Trae aquí, ¡vaya puta noche de mierda! ―y poco menos que me arrancó las llaves de la mano.

―Bueeeeno... todavía puede terminar bien, ¿no? ―le ronroneé sentándome donde el copiloto, pasándole una mano por el muslo.

―Me ha sacado de quicio el imbécil este... si estamos media hora más con ellos, al final le calzo una hostia, además de vacilarme, venga a decirte que fueras a entrenar con él... y mirándote como un...

―Vale, ya, Sebas... ¡joder, que tampoco ha sido para tanto!

―Ah, no... poco menos que llamándome gilipollas por no aprobar como sus amigos y encima intentando ligar contigo delante de mis narices...

―¡No ha intentado ligar conmigo!, ¡tampoco te pases!

―Y tú riéndote y siguiéndole el juego...

―¿Yo siguiéndole el juego?, vale, vamos a dejarlo aquí, Sebas, porque al final vamos a terminar mal por una tontería... y yo no quiero discutir hoy contigo... ―le pedí inclinándome sobre él, estirando el brazo para tantearle el paquete.

No sé por qué, después de tener la conversación con Sandra en la barra, me había despertado las ganas de follar con mi novio y en cuanto salimos a la calle, le apreté la polla por encima del pantalón.

―Para, Andrea, para, para..., que estoy concentrado en la carretera...

―Tú sigue conduciendo... ―murmuré desatándole el cinturón y bajando la cremallera de su vaquero.

―Joder, Andrea...

―Vaya, vaya, parece que se te va pasando el enfado ―dije al comprobar que le empezaba a crecer.

Tiré del elástico de su calzón y efectivamente, me encontré con su polla ya bien dura. Esa era otra de las cosas que me encantaba de Sebas. Lo rápido que se empalmaba, y las erecciones tan potentes que tenía.

―Hace mucho que no lo hacemos en el coche... ―le insinué intentando poner voz sensual.

―Llegamos a casa en diez minutos, Andrea, mmmmm, Andrea... ―gimoteó Sebas mientras mi mano subía y bajaba con lentitud, masturbándole muy despacito.

―No seas soso, vamos al estadio...

―Eso está lleno de mirones.

―Me da igual... ―y se la solté solo para quitarme las braguitas, antes de volver a inclinarme sobre su regazo y soltarle un beso en el glande.

―Andrea, que nos van a ver, paraaaaaa, joderrrr, mmmmmm... ―me pidió acariciándome el pelo.

Pero a mí me dio igual que estuviéramos detenidos en un semáforo. Al ver su polla tan mojada y ya lista para follarme, me apeteció mucho metérmela en la boca y le solté un buen lametazo por todo el tronco, que le hizo palpitar.

―Mmmmm, Andrea...

―¿Ya estamos llegando al estadio?

―Nos queda un minuto... ―afirmó tensando la cadera para clavármela casi hasta la garganta.

La tenía demasiado grande para tragarla entera, y se la sujeté con la mano, pajeándole duro a la vez que envolvía su glande entre mis labios, subiendo y bajando y llenándosela de saliva.

Noté que el coche se detenía y yo seguí con la mamada, dejándome guiar por la mano de Sebas, que me tenía cogida por el pelo con fuerza.

―Mmmmm, nena, sigueeee, aaaaah, sigue comiéndomela...

―¿Quieres más? ―ronroneé cogiendo aire unos segundos y haciendo círculos con mi lengua alrededor de su orificio.