Mi primer vuelo 8
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La noche había sido muy larga, y es que primero me costó conciliar el sueño y después tampoco había descansado en condiciones. Poco y mal. Salté de la cama y me miré en el espejo del baño. Tenía unas buenas ojeras y acto seguido entré en la ducha. Lo necesitaba.

Una buena ducha relajante con agua caliente.

Ojalá me hubiera servido para algo, pero al salir seguía igual de nerviosa y alterada.

Todo lo que había pasado con Ismael me parecía surrealista y no lograba entenderlo.

Era como que ese tío hubiera anulado mi voluntad.

En ocho años de relación con mi novio, por supuesto que había tenido unas cuantas proposiciones y muchas oportunidades para estar con otros, pero a mí ni tan siquiera se me había pasado por la cabeza; no era algo que me atrajera ni tampoco lo buscaba.

Mi relación con Sebas era muy sólida, nos llevábamos bien, teníamos un proyecto de vida común y sexualmente tampoco tenía ninguna queja. Más bien al contrario.

Mi chico era una puta bestia en la cama.

Y sin embargo, en unos pocos minutos Ismael había conseguido desarmarme por completo.

Reconozco que me gustaba la seguridad que transmitía, su voz grave y firme, aunque por otro lado, ese carácter hosco y machista me daba mucha repulsa, por lo que no entendía el porqué me había dejado someter con esa facilidad.

En la barra del bar cogí con la boca la aceituna que me ofreció, después subí a la habitación, me quité la ropa interior para él y volví a bajar, y lo peor fue cuando dejé que colara una mano bajo mi falda y me sobara a su antojo, como a una cualquiera.

Me daba terror pensar en lo que hubiera pasado si él me hubiera ofrecido que le acompañara a su habitación; en frío por supuesto que no quería acostarme con él, pero en el estado en el que me encontraba por la noche cuando salimos del ascensor, era muy probable que hubiera cedido, terminando sometida a la voluntad de Ismael.

Intenté apartar esos pensamientos de mi cabeza y me puse un vaquero y una camiseta de tirantes para bajar a desayunar, y cuando ya estaba terminando de arreglarme, sentí que alguien llamaba a mi puerta. Era Sandra y enseguida vi en su cara que para ella tampoco había sido una noche fácil.

―¿Ya estás lista, cariño?

―Sí, venga, vamos... bueno, bueno, ¿y qué tal ayer? ―la pregunté, como si no hubiera escuchado nada mientras cerraba la puerta de la habitación y ella se agarraba a mi brazo hasta el ascensor.

―Muy bien, tía. Al final, terminé con Fran...

―Ah, ¿sí?, ¿y...?, ¿bien bien?

―Sí, aunque lo mejor fue la cara de Leticia cuando la acompañamos hasta su habitación los dos y Fran se despidió de ella. ¡Uf, me miró con odio!, y yo le sonreí y subí así las dos cejas, ja, ja, ja... como diciendo, hoy Fran es mío... ¿y tú has dormido bien?, espero que no te despertáramos...

―La verdad es que no, tengo el sueño muy profundo y bueno, yo también me acosté tarde, demasiados nervios durante el día y al final me quedé tomando una copa con Ismael...

―¿En serio?

―Sí, al despedirme de él me preguntó si quería tomar algo.

―Con lo serio que es, seguro que te arrepentiste al momento de que te invitara...

―No, estuvo muy entretenido, me estuvo contando sus viajes, hablamos de la vida, de la compañía... se me hizo muy ameno.

―Pues me alegro que tú también disfrutaras, pero para otro día tienes que venir con nosotras, eh...

―Vaaaale...

Esta vez fuimos las más madrugadoras en el comedor del hotel, aunque cinco minutos más tarde apareció Fran por el buffet.

―¡Buenos días, chicas!

―Hola ―le soltó Sandra de manera seca con el café en la mano, y después pasamos a su lado y nos sentamos solas en una mesa.

Yo solo pude esbozar una tímida sonrisa a modo de saludo, pues no me dio tiempo ni a contestarle.

―Joder, tía, has estado muy borde con él, ¿no decías que todo bien con Fran?

―Ahora tengo que hacerme un poco la dura si quiere volver a estar conmigo, tampoco se lo quiero poner tan fácil, ¿no crees?

―Me parece estupendo....

Y acto seguido fueron llegando el resto de los compañeros, primero Beatriz con una minifalda cortita y camiseta de tirantes, como yo. La verdad es que tenía unas piernas y un culazo tremendos; hasta a mí se me fue la mirada sin querer a su culo y después apareció Leticia con cara de pocos amigos.

Nos saludó con un frío “buenos días” y pasó de largo, sentándose en la mesa en la que se encontraba Fran solo, que al verla no tuvo más remedio que dejar que la sobrecargo le hiciera compañía.

El último en aparecer fue Ismael, y en cuanto lo vi me puse muy nerviosa. Como una idiota.

Nadie diría que por la noche se había bebido unos cuantos cócteles. Iba perfectamente peinado, con una camisa blanca impoluta y ni se dignó a saludar al pasar por nuestra mesa. Se sentó directamente con Fran y Leticia y nosotras, al ver sola a Beatriz, le dijimos que nos hiciera compañía.

―¿Y qué tal ayer? ―le preguntó nuestra compañera a Sandra, dándole un pequeño codazo cómplice―. Por cómo ha bajado Leticia, yo diría que te llevaste el premio.

Y Sandra afirmó con la cabeza, sonriente y triunfal.

―¡Afirmativo!

―Ja, ja, ja... la verdad es que hacéis buena pareja, los dos tan jóvenes y guapos... ¡quién tuviera vuestra edad!

―Oye, ni que tú fueras tan mayor..., y si no es indiscreción, ¿cuántos años tienes, Beatriz? ―le pregunté yo.

―35... llevo casi diez años en la compañía, soy de las más veteranas... ―y cuando dijo eso, pude ver en su rostro un poco de resquemor. Tenía que ser muy duro para ella ver cómo otras trepas, tipo Leticia, le pasaban por la derecha para ser sobrecargo.

―Pues estás estupenda, ya me gustaría a mí tener ese cuerpo dentro de siete años ―aseguré cogiendo uno de los donuts.

―Pues deberías empezar por no comer eso, ja, ja, ja... aunque tú te lo puedes permitir, ¡menudo tipazo tienes! ―y se me quedó mirando fijamente mientras se tocaba un colgante de oro que llevaba al cuello; una especie de círculo de un centímetro en el que dentro había una medio luna.

De repente nos llegó la risa histriónica y exagerada de Leticia, que se hacía la interesante con su pantalón gris de vestir y una americana, en compañía de los dos pilotos. Las tres miramos en su dirección y la sobrecargo se volvió hacia nosotras, asegurándose que aquello lo estábamos viendo bien.

―¡Qué idiota! ―farfulló Sandra entre dientes.

―No puedo con ella ―le siguió Beatriz, que yo pensé que era la que mejor se llevaba con Leticia, aunque al parecer solo le hacía compañía porque nadie más la aguantaba y yo viendo que todas estaban en mi equipo, me decidí a revelar lo que había visto por la noche.

―Tengo un cotilleo, chicas ―susurré inclinándome hacia delante para que nadie me escuchara.

―Ah, ¿sí?, cuenta, cuenta ―me apremió Sandra.

―Pero de esto ni una palabra, eh...

―Sí, claro...

―Pues creo que... ayer Ismael fue a la habitación de Leticia...

―¡¿En serio?!, ¡estás de coña! ―exclamó Sandra―. No creo que sea tan zorra como para estar con un viejo como Ismael... aunque de esta me creo todo... con tal de pasar la noche con un piloto.

―¿Y cómo lo sabes? ―preguntó Beatriz―. ¿Los viste?

―No, aunque lo escuché, eh... después de cenar me quedé tomando algo con Ismael y cuando subimos a las habitaciones sentí a alguien llamando a una puerta. Era él seguro y la otra... si estamos aquí las tres, ¡tiene que ser Leticia por narices!

―¡Joder, joder, qué fuerte! ―exclamó Sandra―. Esto sí que no me lo esperaba...

―De todas formas, no digáis nada, eh... esto que quede entre las tres, primero por confidencialidad y segundo, porque tampoco sé seguro si se fue con ella...

―¿Y con quién va a ser? ―insistió Sandra.

―Ya... Ismael era seguro, pero la otra...

―Lo mismo no era él y te estás equivocando... ―me advirtió Beatriz encogiéndose de hombros.

―No, abrí la puerta y lo vi... era él seguro...

―Ja, ja, ja, que no le des más vueltas, Bea, si Andrea lo ha visto entrando en su habitación, blanco y en botella ―dijo Sandra―. ¡¡Se lo ha follado!!, ¡madre mía!, ¡ya hay que ser puta y buscona!

Y al terminar de desayunar, regresamos a las habitaciones. Paré en mi puerta, Sandra caminó hasta la siguiente y me fijé en Beatriz, que se volvió hacia mí cuando llegó a su habitación. Entonces cruzamos las miradas y ella pasó la tarjeta por el lector.

¡No podía ser!

Esa era la habitación en la que había entrado Ismael; mi cabeza iba a toda velocidad y Sandra me seguía hablando a unos metros de distancia, pero yo ya no la escuchaba.

¡¡Era Beatriz la que había pasado la noche con Ismael!!

No tenía que haber dicho nada, y ahora Beatriz ya sabía que yo conocía su pequeño secreto. Entré en la habitación angustiada por la metida de pata que acababa de cometer y de repente me llegó un mensaje de whatsapp. No tenía el número guardado en la agenda, pero tampoco hacía falta.

Ya sabes lo que tienes que hacer. No me defraudes.

Este es mi número personal, guárdalo.

Era un mensaje de Ismael y mi corazón palpitó a toda velocidad.

Terminé de preparar la maleta, recogí la habitación echa un manojo de nervios y antes de salir, retoqué mi maquillaje, el recogido del pelo y me puse el uniforme de trabajo.

Podía haber terminado con aquello esa misma mañana, habiéndome dejado las braguitas puestas y desobedeciendo a Ismael, pero me quedé parada frente al espejo, dudando qué hacer.

Y otra vez volví a tener las mismas sensaciones que durante la noche anterior, la taquicardia, sudoración, el estómago encogido, las manos temblorosas y sobre todo, un calor desmesurado en la entrepierna que recorría mi espalda y me llegaba hasta la nuca.

Me costaba pensar con claridad. Hasta la respiración tenía acelerada.

“No lo hagas, Andrea”, me dije frente al espejo, pero al final fui tirando de la faldita y la dejé en mi cintura como si fuera un cinturón. Miré mis largas piernas desnudas y aquella ropa interior blanca reluciente, que resaltaba en la penumbra de la habitación.

Toc toc toc

Alguien llamó a la puerta. Era Sandra. Y yo seguía allí, cada vez más nerviosa y excitada.

―Sí, un segundo ―grité desde el otro lado.

Y a toda velocidad, no me lo pensé más y deslicé la tela por mis piernas hasta quitarme las braguitas. Las hice un ovillo, las colé en el bolso secundario de la maleta y luego recompuse mi falda, alisándola y cubriendo mi desnudez.

Ya estaba lista para regresar a casa...