7
―Ya sabía que eras tú, ¡uf, estás hecho un desastre!
―¿Me dejas pasar?
―Haz lo que quieras... ―y Beatriz dejó la puerta abierta, permitiendo que se colara en su habitación―. ¿Qué quieres, Ismael?
―Ha pasado mucho tiempo.
―Sí...
―¿Cuánto?, ¿dos, tres años? ―preguntó Ismael sentándose en la cama, como si las piernas le fallaran.
―Más de cuatro ―afirmó Beatriz, que permanecía de pie en medio de la habitación, con un precioso pijama de seda color camel.
―Pero aun así lo sigues llevando...
―Sí ―dijo ella tocándose un colgante de oro que llevaba al cuello.
―Estás muy guapa, se nota que estos años le has metido horas en el gimnasio...
―¿Qué es lo que quieres Ismael después de tanto tiempo?
―¿No te lo imaginas?
―Pues no...
―Sabías que este día llegaría, Chloe.
Beatriz tembló al escuchar ese nombre. ¡Habían pasado tantos años!, frunció el ceño y negó con la cabeza. Por supuesto que sabía lo que él quería.
―He estado tomando algo con la nueva...
―¿Con Andrea?
―Sí.
―¿Y...?
―Si te he venido a ver... ya te lo puedes suponer. Ella es especial, muy especial... y será la última.
―¿Me estás diciendo lo que creo que...?
―Sí. Ha llegado el momento de...
―¡¡No, nooo...!! ―se negó Beatriz agarrándose con fuerza el colgante.
―Ella será la siguiente...
―No, por favor, Ismael...
―Sabías que tarde o temprano esto sucedería, Chloe...
―¿Y crees que ella accederá a...?
―Sí.
―¿En serio?
―Por supuesto, ya solo falta una última cosa...
―Viéndote tan mal estos años, pensé que ya no llegaría este momento, pero ahora supongo que..., tengo que hablar con ella, ¿no?
―Así es... ―afirmó Ismael.
―¿Y ella aceptará?
―No tengo ninguna duda ―y cuando fue a ponerse de pie, Beatriz dio un par de pasos y le puso la mano en el hombro, impidiendo que se levantara.
―¡No te vayas, por favor! ―le suplicó con la voz temblorosa e Ismael sonrió.
―Has sido la mejor, Chloe, pensé que nunca encontraría a una mejor que tú, pero estoy convencido de que Andrea te va a superar...
―¡Haré lo que me pidas, por favor!, quiero ser tuya por última vez...
―¡Está bien!, ¡desnúdate!, ¡quítate el pantalón!
Beatriz retrocedió un par de pasos y se plantó en medio de la habitación.
Antes de empezar se miró al espejo y se alisó su media melena, dándole la espalda al corpulento piloto.
Y muy despacio se fue bajando el pantalón de su pijama de seda, deslizándolo por sus fibradas piernas muy poco a poco hasta que se lo quitó del todo, quedándose tan solo con un elegante tanguita negro.
Se giró para mostrarle bien el culo y puso los brazos en jarra.
―¡Joder, Chloe!, ¡te has puesto muy potente estos años!, antes no estabas tan buena, ¡uf, qué culazo!, se nota que le metes horas en el gimnasio y que cuidas la alimentación, has hecho muy buen trabajo...
―¿Te gusta? ―le preguntó ella acariciándose los muslos, agachándose para pasarse los dedos por un lateral de sus piernas hasta llegar a los tobillos.
―Ya lo creo, tu marido tiene que estar muy contento contigo...
Se quedó inclinada con esa pose tan erótica y miró hacia atrás, intentando provocar a Ismael.
―Las bragas esas de guarra también, ¡quítatelas!
Y Beatriz fue tirando lentamente de su tanguita, hasta desnudarse por completo de cintura para abajo. Se agachó a recoger la ropa interior y se la lanzó a Ismael, que ni tan siquiera cambió la postura al ver su tanguita volando hacia él, dejando que aterrizara en su regazo.
―Ahora quítate también la parte de arriba...
―Espera ―le dijo Beatriz caminando descalza hasta donde tenía los zapatos del trabajo.
Se los puso delante de Ismael, y se le tensaron todavía más sus gemelos, los muslos y esos dos portentosos glúteos, que lucían duros como una piedra.
Sabía que eso le excitaba al Comandante y caminó hasta ponerse delante de él, a apenas un metro y también se deshizo de la parte de arriba del pijama.
Tan solo llevaba puestos ya los zapatos de tacón.
―¿Hace cuánto que empezamos tú y yo, Chloe?
―Más de siete años ―suspiró Beatriz, dándose la vuelta y acercándose a él.
―¿Sigues subiendo al avión sin ropa interior?
―Cuando me toca contigo, por supuesto, mmmm...
―¿Y eso te pone cachonda...?
―Muchísimo...
Subió una pierna y la apoyó en la cama, plantándole su depilado coño delante de la cara. Ismael acarició su culazo desnudo, manoseando sus dos glúteos y después le soltó un pequeño azote.
¡PLAS!
―¡¡Mmmmm, síííí!!, ¡¡aaaahggg, cuanto tiempo!!, ¡te he echado mucho de menos!
―No voy a castigarte ahora, zorra, es muy tarde y montaríamos un buen escándalo...
―Hoy es el último día, puedes hacerme lo que quieras, por favor... ―murmuró Beatriz moviendo las caderas delante y atrás y luego se sentó a su lado, estirando el brazo para acariciarle el paquete por encima de los pantalones―.Va a ser nuestra última vez, ¿verdad?
―Sí.
―Por favor, Ismael...
―¿Le has puesto estos años los cuernos a tu marido?
―No, ninguna vez, solo cuando estuve contigo...
―¡Qué desperdicio!, seguro que más de uno de esos guaperas del gimnasio ha intentado follarte.
―Sí...
―¿Y hay alguno que te guste en particular?
―Bueno, hay uno que...
―Está bien, pues si te gusta, esta semana te lo tienes que follar...
―Nunca me habías pedido eso.
―¿Y no lo harías por mí, Chloe?
―Sí, pero... está bien, lo haré con una condición...
―¿Desde cuándo pones tú las condiciones, jodida puta? ―le preguntó Ismael agarrándola con fuerza del pelo.
―¡¡Aaaaaahgg!!
―A ver, ¿qué me quieres pedir a cambio?
―Que me folles ahora...
―Sabes que no puedo hacer eso.
―Venga, Ismael, va a ser nuestra última vez...
por favor, por favor y no dejes de llamarme Chloe mientras me follas ―gimoteó Beatriz, sin dejar de palparle el paquete―.
¡Mmmm, quiero que me la metas!, no tienes que hacer nada, solo dejarme a mí, yo me encargo, quiero tenerte dentro, al menos hoy...
―le pidió ella comenzando a desabrocharle el pantalón.
―¿Has echado de menos mi polla, Chloe?
―Síííí... ―murmuró Beatriz sacándosela muy despacio.
―Al principio no te gustaba que te lo llamara...
―No.
―Pero ahora...
―Ahora me pone muy cachonda, mmmmm, lo he echado tanto de menos...
―Chloe, mmmmm...
Y cuando la tuvo entre los dedos miró hacia abajo. Era tal y como la recordaba. La polla de Ismael era igual que él. Grande, ancha y muy dura. Beatriz se lanzó a su cuello y comenzó a besuquearle esa zona, moviendo la mano arriba y abajo, haciéndole una paja al Comandante.
―Nada de besos, ya lo sabes, joder ―protestó él, tirando de su pelo, para apartar los labios de su cuello.
―¿Tan especial es Andrea? ―le preguntó Beatriz, sacudiéndosela muy despacio.
―Sí...
―Parece buena niña y es muy atractiva... ¿vas a hacer con ella lo mismo que conmigo?
―Sí, incluso más...
―¡JO-DER! ―jadeó ella mordiéndose los labios―. ¡Fóllame, Ismael, por favor!, ¡fóllame! ―le pidió montando una pierna encima de su muslo, pero rápidamente él se la quitó de encima.
―¡Cuidado, zorra, no te pases!, ¡que todavía no he terminado contigo!
―¡Sííí, síííí, hazme lo que quieras!
―Hoy voy a dejar que me hagas una paja, y mañana te tienes que correr durante el vuelo...
―¿Quieres que te la chupe?
―¿Has olvidado las putas normas o qué te pasa?, ¡solo una paja!
―Mmmmmm, sí, vale... ―dijo poniéndose de rodillas delante de él a toda velocidad―. ¿Vas a correrte encima de mí? ―le preguntó mirándole a los ojos mientras le sacudía la polla.
―Por supuesto, Chloe... ahora empieza, y ya lo sabes, prohibido tocarte...