Mi primer vuelo 6
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Ismael sonrió sin tan siquiera mirarme. Se atusó el pelo hacia atrás y le dio un trago a su copa.

―Vaya, vaya, ¡qué sorpresa!, ¿otra vez aquí?, ¿es que no podías dormir? ―me preguntó.

―He escuchado a Fran y a Sandra desde mi habitación...

―Ah, ¿sí?, ¿y qué tal?, ¿te ha gustado?

―Se ha comportado como un cabrón...

―Bueno, los dos son adultos, y ella ya sabía lo que había, un polvo y ya está... ―dijo encogiéndose de hombros―, y tú, ¿por qué has bajado otra vez? ―y removió la copa, pasando un dedo por el borde del vaso.

―No lo sé... no podía dormir...

―No voy a follarte...

―Ya te gustaría, no he bajado para eso...

―¿Entonces?, ¿es para que vea cómo vas vestida?, vienes sin bragas, ¿verdad?

No quise contestar a su pregunta, aunque tampoco fue necesario. El silencio lo hizo por mí. Y en ese momento me arrepentí por haber bajado sin la ropa interior.

¿Por qué me estaba comportando así?

―¿Te has estado tocando en la habitación después de nuestra charla tan interesante? ―me soltó mirando los últimos restos de su copa, girando en círculos el escaso alcohol que quedaba.

―No... no he hecho nada...

―Claro que te has tocado escuchando cómo se follaban a tu amiga..., y ahora estás que te subes por las paredes...

―¡Vete a la mierda!

―¿Te has corrido?, nah, no creo, o no hubieras vuelto a bajar, seguro que los dedos todavía te huelen a coño, je, je, je...

pero bueno, si no te has corrido mejor, ¡ya no vas a hacerlo!

, así mañana estarás todavía más cachonda en el vuelo de vuelta a Madrid, quiero que vayas sin ropa interior, tal y como estás ahora...

solo el traje de azafata y nada debajo...

, te aseguro que tu novio me lo agradecerá cuando llegues a casa...

Y se levantó de la silla, quitándome el vaso de la mano.

―Anda, no bebas más, ven conmigo... ―me pidió dejando un billete de veinte euros en la barra.

―¿A dónde?

―Es tarde y ya hemos bebido bastante por hoy, solo quiero acompañarte a tu habitación...

―No voy a acostarme contigo...

―Ya lo sé... ―afirmó, comenzando a moverse torpemente por el pasillo―. Tampoco te lo he pedido y además, ya te lo he dicho antes..., ¡no voy a follarte! ―me soltó como si él decidiera lo que íbamos a hacer.

Caminamos juntos y en silencio hacia el ascensor y permanecimos callados hasta que se abrieron las puertas. Entramos dentro e Ismael pulsó el número 5. Reconozco que estaba muy nerviosa y él aprovechó para pegarme un buen repaso visual de arriba abajo.

―Entonces, ¿te has quitado las bra... ¡¡joder!!, ¡¡no me fastidies que llevas un pendiente de esos en las tetas!!, ¡me cago en la puta!, vaya, vaya, eso sí que no me lo esperaba, tú tienes mucha más clase que esa ridiculez que llevas ahí, ¡no me fastidies!, ¡eso es de guarras!

―Es solo un piercing...

―¿Y no te duele?

―No...

Sin que me lo esperara, puso sus manazas en mi cintura e hizo que me girara para mirarme el culo. Intentaba hacerse el duro, pero al bajar la mirada comprobé que tenía el paquete muy marcado. Y en ese instante, me gustó saber que él no había podido evitar excitarse.

Descubrir que aquel hombretón iba empalmado bajo los pantalones todavía me encendió más.

―Lo que yo decía, esa falda te queda mejor sin braguitas ―y se situó detrás mí, y nos miramos a los ojos a través del espejo del ascensor―. ¿Te ha gustado quitarte la ropa interior porque yo te lo he pedido?

Su polla rozó de manera imperceptible mi trasero y estuve muy tentada de echar la cadera hacia atrás para sentirla mejor entre mis glúteos, aunque no tuve tiempo, pues Ismael se retiró unos centímetros, dejando un pequeño espacio entre los dos cuerpos.

Esa mirada tan penetrante me intimidaba demasiado. Tenía el rostro serio y me costaba adivinar sus intenciones. El muy cabrón estaba jugando conmigo y sentí su aliento mi nuca, respirando con fuerza.

―No olvides lo que te he pedido mañana...

―¿El qué...? ―acerté a decir en una especie de suspiro.

―Ya sabes, lo de ir sin ropa interior durante el vuelo...

―No puedo hacer eso ―me negué cuando el ascensor llegó a nuestra planta.

―¿Por qué?

―¿Tú qué crees?, es mi segundo día, no creo que a Leticia le hiciera mucha gracia que fuera sin sujetador, y se me notaría el piercing debajo de la camisa...

―Está bien, te voy a conceder eso solo porque es tu segundo día, y no quiero que Leticia te eche una bronca por mi culpa, pero mañana tienes que subir al avión sin braguitas... ¿entendido? ―dijo situándose frente a mí en cuanto salimos del ascensor coló una mano por la abertura de mi falda larga.

Sentí sus gruesos dedos manoseando mis glúteos desnudos y después estiró el corazón, para pasarlo entre mis labios vaginales.

Me dio mucha vergüenza que descubriera mi humedad cuando me acarició el coño de esa manera furtiva y volvió a sonreír, apretándome el culo de manera ruda, antes de retirar la mano que acababa de colar bajo mi falda sin pedirme permiso.

―¿Entendido?

―Sí...

―Estás demasiado mojada para llevarme la contraria ―afirmó mirándose los dedos―.

Así me gusta, que seas obediente ―y con esa misma mano me atrapó el pezón en el que estaba el piercing.

Me lo pellizcó con dos dedos, tirando a través de la tela de la camiseta, y el dolor hizo que me pusiera de puntillas.

―¡¡Aaaaah, me has hecho daño, joder!!

―Todavía no me has dicho por qué has vuelto a bajar... ―insistió retorciéndome el pezón―. ¿Ha sido porque te has puesto cachonda escuchando los gemidos de tu amiga?

―No... ¡¡aaaaah!! ―grité cuando me volvió a tirar de los pezones.

―O porque querías complacerme...

―¡¡Aaaaah, mmmmm, me haces daño!!

―¿Querías que te viera así vestida?

―Nooo, aaaah, aaaaah...

―No me mientas..., ¿por qué has bajado?

―No lo sé...

―¿Quieres que te folle?

―¡No!

―De acuerdo, mira, te voy a contar una cosa ―y acercó su cara a la mía, apoyando sus manazas en mi cintura―.

Llevo muchos años sin tirarme a una azafata, pero hoy has conseguido excitarme de verdad...

hacía tiempo que no me cruzaba con una como tú...

―me soltó en las narices, llegándome su aliento a alcohol.

―¿Una como yo?

―¿Alguna vez le has puesto los cuernos a tu novio?, y sé sincera conmigo, al menos esta vez...

―No, nunca... ―susurré tratando de aguantarle la mirada, apoyando mis manos en sus antebrazos.

―Pues mira, ahora sí que te creo, veo que eres sincera ―dijo apuntando con su dedo en mi frente―, aunque por otro lado me extraña mucho que en ocho años nunca le hayas engañado, ¿sabes por qué?, ¡porque estás demasiado buena, pero eres muy facilona!

―¡Te estás pasando!

―Ya sé que estás que derrites, pero recuerda, hoy no puedes correrte... ―y se pasó el dedo por la nariz, aspirando el olor que emanaba―. Mmmmm, delicioso... ―y después se lo metió en la boca.

―¡No eres más que un cerdo y un puto borracho! ―exclamé dándole un empujón y separándome de él.

Me giré dejándolo allí plantado y caminé deprisa por el pasillo hasta mi habitación.

―Ja, ja, ja... ¡buenas noches, Andrea!, ¡qué duermas bien! ―le escuché que se jactaba tras de mí.

Cerré deprisa en cuanto entré, sin atreverme a mirar por si me seguía y apoyé la espalda contra la puerta, dejándome caer con las manos en la cara.

―¡Mierda, mierda!, pero, ¿qué he hecho?

Mi cuerpo no paraba de temblar y sentía un nudo en el estómago. Cogí aire y solté dos exhalaciones profundas, tenía que intentar tranquilizarme porque me encontraba muy nerviosa. No entendía lo que acababa de suceder, y es que no me reconocía en mi comportamiento.

Y al mirar hacia mi derecha me vi reflejada en el cristal de la habitación, tenía los pies apoyados en el suelo, las rodillas semiflexionadas y por la abertura de la falda, asomaba toda mi pierna desnuda.

Me aparté el pelo de la cara y en ese instante caí en la cuenta del calor que emanaba la cara interna de mis muslos.

Entonces recordé los gruesos dedos de Ismael acariciándome bajo la falda, sobándome el culo con rudeza, pero rozando de una manera sutil mis labios vaginales.

Apreté los dedos en mi piel desnuda y me dieron unas ganas locas de acariciarme. Agaché la vista y al apartar un poco la tela de la falda, me encontré con mi coño desnudo y mojado. Empapado.

―¡¡Joder!! ―suspiré apretándome el muslo―. No, no puedo hacerlo, uffff, Ismael me ha dicho que no puedo correrme... ¡me lo ha prohibido, mmmm!

De repente alguien llamó insistentemente con los nudillos en la puerta de una habitación de mi planta y unos segundos después, escuché a dos personas hablando.

No reconocía las voces, pero mi curiosidad pudo más que mi nerviosismo y sin pensármelo, pues podrían haberme descubierto, abrí la puerta tratando de no hacer ruido.

Y al asomarme con discreción allí lo vi. Con esa figura enorme y descamisada era imposible equivocarme e Ismael avanzó un par de pasos y se metió en una habitación, aunque esa no era la suya.

¿Quién estaba ahí?

Recordé cuando llegamos a media tarde del vuelo, que avanzamos las cuatro tripulantes de cabina por el pasillo con la maleta, y yo me quedé en mi habitación, Sandra en la de al lado y Beatriz y Leticia siguieron andando.

Tenía que ser una de las dos. Beatriz estaba casada, dos hijos, era una chica seria, formal y no había mostrado el más mínimo interés en ninguno de los pilotos, por lo que enseguida la descarté.

Tenía que ser Leticia, pero tampoco podía confirmarlo al cien por cien.

Otra vez dentro de la habitación, me quité la ropa y ya desnuda, me lavé los dientes, y me eché crema hidratante por la cara en mi ritual de limpieza de cutis. Eso ayudó a calmarme, pues habían sido demasiadas emociones para ser el primer día.

Aun así me acosté nerviosa, excitada y pensé en Sebas. Me sentí muy mal por él, joder, después de ocho años había estado a punto de serle infiel.

Y lo peor es que Ismael tenía razón, no creo que a mi chico le hubiera hecho mucha gracia ver cómo me había comportado.

Me fastidió mucho tener que meterme en la cama en ese estado, incluso tardé en conciliar el sueño un par de horas, moviéndome de lado a lado, retorciéndome de placer, sintiendo el calor que emanaban mis muslos y reprimiendo una imperiosa necesidad de correrme.

Estaba muy arrepentida por lo que había hecho y necesitaba urgentemente hablar con mi chico.

Sería mi primera tarea nada más abrir los ojos.

Todavía tenía seis horas de descanso por delante y cuando me despertara, solo deseaba que todo hubiera sido un mal sueño...