Epílogo
Mackenzie
Ocho meses después…
—Ya sabes que no me gusta llevar estas putas cosas —dice Colton mientras tira de la corbata que lleva anudada al cuello.
—Y tú sabes que estás jodidamente sexy con esas putas cosas —digo mientras me pongo de puntillas y lo beso en los labios.
Si no tuviéramos que ir a casa de mis padres, volvería a devorarlo una vez más.
Pero es la cena de Navidad y mis padres son muy estrictos con la puntualidad.
Además, acabamos de retomar el contacto y todavía pisamos terreno inestable.
Lo conseguiremos, y esta noche va a ayudarnos mucho a llegar a ese punto en el que podamos volver a ser una familia.
Hace poco les conté que estoy embarazada y mi madre se puso contentísima. Mi padre pareció… inseguro, pero mi madre me aseguró que acabaría aceptándolo.
Eso espero.
Las posesivas manos de Colton empiezan a recorrerme el cuerpo y suspiro mientras me dejo caer de espaldas sobre la cama. Vamos a llegar tarde…
Llegamos a casa de mis padres —una hora tarde… ¡ups!— y ambos nos reciben con un cálido abrazo.
Mi padre parece haberle dado al ponche de huevo, pero se lo ve feliz cuando rodea los hombros de Colton con un brazo y se lo lleva al estudio.
Mi madre y yo nos miramos y luego nos acercamos sigilosamente a la puerta para escuchar a escondidas.
—Lo siento, Colton —le oímos decir—. Me equivoqué contigo. Al principio fui demasiado obstinado para escuchar, pero Mackenzie me contó lo que ocurrió en la fiesta. Salvaste a mi hija. Dos veces. Y te estaré eternamente agradecido por ello.
—Gracias, señor —dice Colton mientras mi madre me dedica una gran sonrisa—. La quiero muchísimo. Siempre la protegeré y la trataré como se merece. Sé que no tengo unas cuentas bancarias como las suyas, pero soy muy trabajador y acabo de alquilar un local para abrir mi propio taller.
—Me gustaría hablar contigo de eso —prosigue mi padre—. Montar un negocio puede salir caro y nos gustaría hacerte un regalo para ayudarte a empezar.
—No quiero estar en deuda con nadie.
—No es una deuda —continúa mi padre—. Es un regalo. Vas a ser el padre de nuestros nietos. Nos gustaría ayudarte a empezar con buen pie.
—Gracias por la oferta, señor —dice Colton con firmeza—. Pero me gustaría hacerlo por mi cuenta.
Es un hombre orgulloso y por eso lo quiero. No me cabe duda de que Colton triunfará. Este bebé le ha hecho ponerse las pilas.
Después de intercambiar unas palabras más, salen y mi madre y yo fingimos estar examinando una de las fotografías de las paredes.
—¿Os ha gustado lo que habéis oído, chicas?
—pregunta mi padre, negando con la cabeza.
Nos conoce demasiado bien. Me mira directamente y se le suaviza el semblante—.
He odiado estos últimos meses. —Trago saliva cuando los ojos empiezan a llenárseme de lágrimas.
Yo también los he odiado—. Dejémoslo todo atrás y no volvamos a hacer algo así nunca más.
Sollozo por la nariz y asiento, deseando que todo termine de una vez.
—Bien —dice mi padre mientras nos rodea con los brazos a mí, a mi madre y a Colton—. Ahora somos una familia y, dentro de unos meses, seremos un poquito más.
Parece tan feliz mientras nos abraza a todos…
—Y ahora, ¿qué hay de los nombres? Había pensado en Greg si es niño, por mi golfista favorito, o en Bertha si es niña, por mi palo de golf favorito.
—Tú no vas a decidir el nombre del bebé —dice mi madre mientras lo agarra del jersey y tira de él hacia la cocina, dejándonos solos en el pasillo—. ¡Y no van a elegir un nombre relacionado con el golf!
Sonrío y me dispongo a seguirlos hasta la cocina, pero Colton me agarra y me aprieta contra su cuerpo duro. La piel se me eriza de calor al instante mientras alzo la mirada hacia sus preciosos ojos azules.
—¿Adónde vas, ardillita? —pregunta con voz ronca—. No puedes dejarme aquí a medias.
Levanta la mirada y yo miro hacia arriba para ver qué señala. Sonrío al descubrir el muérdago que cuelga sobre nuestras cabezas.
—Feliz Navidad, cariño —dice mientras me estrecha entre sus brazos.
Levanto la barbilla y cierro los ojos.
—Feliz Navidad —susurro contra sus labios antes de que me bese.
Todo ha salido bien y es todo mío.
Y lo mejor de todo es que yo soy toda suya.