Mi Primer Todo Capítulo Cinco
50%

Capítulo Cinco

Mackenzie

El sol entra a raudales en la habitación cuando abro los ojos por la mañana. Inspiro profundamente y sonrío mientras una intensa sensación recorre todo mi ser: una satisfacción plena y absoluta.

Anoche fue una noche de primeras veces. Mi primer beso, la primera vez que vi desnudo a un hombre, la primera vez que tuve sexo y la primera vez que me he enamorado.

Creía haber estado enamorada antes —de Matthew Willis, desde octavo hasta décimo—, pero ahora sé que aquello no era más que un encaprichamiento. Esto —lo que tengo con Colton— es amor. Lo siento irradiar por todo mi cuerpo en un ciclo interminable de cálida satisfacción.

Vuelvo la cabeza sobre la almohada, impaciente por contemplar su precioso rostro dormido y su cuerpo duro y tatuado, pero no veo más que las mantas revueltas. Se me encoge el estómago y siento que voy a vomitar. ¿Se ha marchado?

Salto de la cama y corro hacia la ventana para comprobar si su moto sigue allí. El corazón me late con fuerza. No sé si podré soportarlo si para él solo ha sido un rollo de una noche y se ha ido.

Exhalo aliviada cuando veo su moto justo donde la dejamos. Desde aquí tengo unas vistas magníficas del espectacular lago y un movimiento llama mi atención.

Sonrío al verlo. Está nadando en mitad del lago.

En mitad de mi lago.

Suelto una risita al pensar en lo que dirían mis padres si supieran que estoy aquí con un chico en lugar de con Joy. Se pondrían hechos unas fieras.

El móvil vibra con un mensaje y enciendo la pantalla. Hablando de la reina de Roma.

Es Joy.

Perdona por dejarte tirada anoche. Si hubieras notado lo dura que la tenía Brad, lo entenderías. ;)

Te llamo luego.

Ni te molestes.

Dejo caer el móvil sobre la mesilla y trato de no pensar en mi supuesta mejor amiga. Por lo que ella sabe, podría estar ahora mismo encerrada en el sótano de Scorpion. Como si le importara.

No dejes que te arruine el día.

Ya no la necesito. Tengo a Colton, y él me basta.

Con el cuerpo vibrando de emoción, corro hacia la cómoda y saco mis bañadores.

Quiero algo sexy.

Tengo uno de una pieza, azul con lunares blancos, que es justo lo contrario de sexy.

Un bikini turquesa que me tapa todo el culo y algo más.

¡Sí! Cojo mi bikini negro, más escotado en las caderas que los demás.

La parte de arriba no enseña gran cosa, aunque, siendo sincera, tampoco tengo mucho que enseñar.

Siempre he sido miembro de pleno derecho del club de las tetas diminutas.

Me lo pongo, me miro el culo en el espejo, me ahueco el pelo y bajo corriendo al encuentro de Colton.

Para cuando salgo, está muy adentrado en el lago, nadando a crol.

Cuando era pequeña, mi abuelo me instaló un embarcadero a unos cuarenta y cinco metros de la orilla. Me encantaba ir nadando hasta allí y saltar al agua con mis amigos. Decido esperar allí a Colton.

El agua está lo bastante templada para resultar agradable, pero lo bastante fría para refrescar. Me sumerjo y nado hacia el embarcadero.

Me encanta este lugar. Guardo muchísimos recuerdos felices de mi infancia en esta casa junto al lago, y algo me dice que, después de hoy, tendré muchos más.

Llego al embarcadero y compruebo que no haya arañas antes de subir por la escalerilla y buscar a Colton con la mirada.

Está lejos, pero ya viene de regreso hacia la orilla, así que me siento sobre los tablones de madera y admiro las vistas.

El sol empieza a calentar con fuerza y parece que va a hacer un día precioso, sin una sola nube en el cielo azul.

Alzo la mirada hacia el sol y sonrío cuando cinco patos sobrevuelan mi cabeza, graznando sobre lo que sea que hablan los patos.

El lago está apartado y mi padre compró la mayor parte de los terrenos de la ribera para que tuviéramos toda la intimidad que pudiéramos necesitar y más. Desde aquí solo se ven nuestra casa y el bosque. No hay ninguna otra cabaña a la vista.

Cuando era pequeña, deseaba que hubiera un montón de casas junto al lago para tener otros niños con quienes jugar, pero ahora me alegro de contar con esta intimidad. Voy a necesitarla para lo que tengo pensado.

—¡Colton! —grito cuando pasa nadando. Se detiene y sonríe de oreja a oreja al verme en el embarcadero.

El cuerpo empieza a vibrarme de emoción cuando da media vuelta y nada hacia mí.

—Pensaba que ibas a dormir todo el día —dice mientras agarra la escalerilla con sus manos tatuadas—. Espero que no te importe que haya ido a nadar.

—¿De dónde has sacado un bañador? —pregunto mientras empieza a subir—. ¿Has entrado en la habitación de mi padre...? ¡Oh!

Está completa y absolutamente desnudo.

Trago saliva cuando su cuerpo esbelto y musculoso aparece ante mis ojos.

Unos preciosos e intrincados tatuajes cubren casi cada centímetro de su piel, desde los dedos de los pies hasta el cuello.

Sus músculos ondulan y se tensan mientras sube por la escalerilla y se planta sobre el embarcadero.

Las gotas de agua resbalan por su piel tatuada, sortean las curvas de sus enormes brazos y recorren los profundos surcos de sus abdominales esculpidos.

Abro mucho los ojos cuando aparece su polla, larga y gruesa. Aparte de la cara, es la única zona de su piel que no está cubierta de tinta, y no puedo evitar contemplarla sin el menor pudor.

Está medio dura y cuelga pesada entre sus piernas. Se me hace la boca agua mientras recorro con la mirada desde la gruesa base hasta el precioso glande que anoche estuvo hundido en mi interior. Aprieto las piernas y tiemblo de nerviosa excitación al asimilarlo.

Esa preciosa polla me quitó la virginidad. Esos enormes testículos, que se balancean ahora, estuvieron apretados contra la parte inferior de mi culo mientras vaciaba hasta la última gota de su semen dentro de mí y yo gritaba pidiendo más.

Debería aterrarme que no usáramos protección. No tomo nada. Ni píldoras ni nada de nada. Podría estar embarazada ahora mismo.

Pero, por algún motivo, me gusta esa sensación. No me asusta, sino que me llena de anhelo. Anhelo que llegue el día en que pueda llevar en mi vientre un hijo de Colton, si tengo la suerte de que suceda.

—¿Te gusta lo que ves, ardillita? —pregunta con esa voz profunda y ronca que tiene.

No respondo. Me limito a pasarme la lengua por los labios.

—Como sigas humedeciéndote esos labios, preciosa, voy a tener que meterte la polla entre ellos.

Noto sus ojos clavados en mi boca mientras observo cómo se le endurece la polla. Empieza a erguirse y se me hace la boca agua al preguntarme qué se sentiría al chupársela.

Saco la lengua para humedecerme los labios y provocarlo.

—Joder —gime mientras se agarra la polla dura y empieza a acariciársela—. Te lo advertí, chica. Ahora abre la boca.

Me pongo de rodillas mientras él se acerca, acariciándose la polla a cada paso. La tengo justo delante de la cara y jadeo al apartarle la mano para rodeársela con los dedos.

Dios santo, es enorme. Tiene el miembro palpitante y tan grueso... Mis manos parecen diminutas a su alrededor mientras se lo acaricio de arriba abajo con torpeza.

—Mójala bien con esos labios tan sexys —ordena—. Pasa esa lengua caliente a su alrededor.

No sé muy bien qué hacer, así que me limito a abrir la boca y meterme su polla. Echa la cabeza hacia atrás y gime. El pulso empieza a acelerárseme. Quiero oírlo emitir más de esos sonidos guturales tan sexys. Y quiero ser yo quien se los arranque.

Empiezo a hacer girar la lengua alrededor de su miembro mientras muevo la cabeza hacia delante y hacia atrás.

Un sabor salado me llena la boca y gimo al comprender que es su líquido preseminal, que empieza a rezumar.

Eso me anima a seguir y chupo con más fuerza para obtener más.

Para sacarlo todo. Quiero tragarme su semen y sentir cómo me calienta por dentro.

—Tu boca es el paraíso, preciosa —dice mientras empiezo a acariciarle la polla y le lamo los testículos. Al principio sabe al agua del lago, pero después su sabor se vuelve sencillamente maravilloso—. Como sigas así, voy a correrme sobre esa lengüecita.

—¿Lo prometes? —pregunto justo antes de volver a metérmela en la boca. Él sonríe mientras deslizo la palma por su vientre y noto lo duros y tensos que están sus abdominales.

—¿Quieres que me corra en esa boquita codiciosa?

Lo miro a los ojos mientras me lo hundo en la garganta hasta donde llega y asiento. Estoy desesperada por sentirlo. Quiero proporcionarle tanto placer como me dio él anoche.

—Pues abre bien —dice mientras hunde sus grandes manos en mi pelo mojado. Me sujeta la cabeza y la inclina hacia atrás, justo donde él quiere.

—Baja las manos —ordena. Dejo caer las dos y la derecha se introduce de inmediato bajo la braguita del bikini, hasta mi coño.

Estoy empapada. Me duele el clítoris de excitación.

Todo me palpita hasta el punto de doler.

Necesito correrme desesperadamente. Se suponía que esto era para él, pero no puedo evitar desear correrme también.

Me froto el clítoris con círculos cerrados y vigorosos, masturbándome como nunca lo había hecho. Me he tocado antes, pero siempre con suavidad y sin prisas. Esto es distinto: frenético, enérgico y cargado de urgencia.

—Relaja la garganta —dice mientras me mantiene inmóvil la cabeza—. Y, hagas lo que hagas, ni se te ocurra morder.

Al principio entra despacio, abriéndose paso entre mis labios con sus caderas grandes y poderosas. Primero dejo que su polla se deslice sobre mi lengua y después empiezo a hacerla girar alrededor de su miembro duro y palpitante.

—Esos labios tan sexys van a acabar conmigo, ardillita —dice con un gemido bajo y gutural—. ¿Puedes meterte más adentro mi enorme polla?

Mis ojos se encuentran con los suyos y expresan todo cuanto siento. Me la meteré tan adentro como él quiera. No me importa que duela. Quiero sentirlo al fondo de la garganta.

—Muy bien —gruñe—. Relaja la mandíbula. Ya lo tienes.

El corazón empieza a golpearme el pecho cuando dejo la mandíbula floja. Su agarre sobre mi cabeza se intensifica mientras empieza a embestir dentro y fuera, despacio al principio, pero después cada vez más deprisa y con más fuerza.

Se hunde profundamente en mi boca mojada y me atraganto, tensándome y a punto de tener una arcada cuando el glande hinchado de su enorme polla me golpea el fondo de la garganta. Cierra las manos en puños, me tira del pelo y hace que mis ojos llorosos se alcen hacia los suyos.

—Te he dicho que te relajes, ardillita —repite—. Esta polla está hecha para tu garganta. Déjala ir adonde pertenece.

Su mirada rebosa amor y lujuria al mismo tiempo. Me envuelve y me hace sentir capaz de cualquier cosa. Incluso de esto.

Vuelvo a concentrarme y me tranquilizo mientras relajo la mandíbula.

—Sí —gruñe, animándome a continuar—. Justo así. Esta boca era virgen cuando me conociste, pero ahora es mi boquita de puta y voy a cubrírtela con mi semen caliente. ¿Me has entendido, Mackenzie?

No puedo asentir apenas porque me sujeta la cabeza con las manos y la mantiene inmóvil, pero lo intento.

Sigue penetrándome la boca lentamente mientras mi dedo vuelve a encontrar el clítoris. Me lo froto deprisa y con fuerza, y el calor que emana de él relaja todo mi cuerpo. La mandíbula se me afloja y encontramos un buen ritmo mientras me folla la boca de la mejor manera posible.

Las rodillas me rozan contra la madera del embarcadero, pero no me importa. Solo puedo concentrarme en el dedo que frota mi clítoris hinchado y en la enorme polla palpitante que trata mis amígdalas como si fueran una piñata.

Estoy a punto de correrme. Noto cómo el orgasmo crece a toda velocidad, se apodera de mí y convierte mi sangre en fuego blanco.

Alzo la mirada hacia él y gimo alrededor de su polla al ver la expresión de sus ojos. Es pura lujuria desesperada mientras observa cómo acepto de buen grado cada centímetro de su grueso miembro.

—Eres jodidamente preciosa —gime mientras bombea la polla dentro y fuera de mi boca—. Recordaré esta imagen hasta el día de mi muerte.

Con la mano libre, agarro la parte superior del bikini y tiro de ella hacia abajo para enseñarle lo duros que tengo los pezones. Están duros por él y quiero que lo vea.

—¿Estás preparada para mi semen? —pregunta, dedicándome una sonrisa seductora.

Tengo los ojos muy abiertos. Lo deseo con desesperación.

—Aquí viene. Tiene el pecho y los brazos tatuados en tensión mientras me sujeta la cabeza y se hunde con una embestida profunda y brutal. Estoy a punto de atragantarme con su polla, pero entonces me alcanza el orgasmo y todo mi cuerpo se relaja, incluida la mandíbula.

El calor me atraviesa justo cuando se corre contra el fondo de mi garganta. Cierro los ojos y gimo al sentir cómo se desliza hacia mi pecho, cálido y ardiente, iluminándome de dentro afuera.

Las piernas de Colton flaquean, pero consigue mantenerse en pie mientras expulsa las últimas gotas. Respira con fuerza y me contempla con los ojos entornados.

—Eres jodidamente perfecta —dice mientras saca la polla. Aprieto los labios a su alrededor, deseando que disfrute de cada segundo que permanece dentro de mi boca. Y lo hace. Lo sé por el gemido que escapa de sus sexys labios—. Tú y tu boquita de puta.

Gimo al saborear los últimos restos de su semen mientras el glande hinchado se desliza sobre mi lengua. Cuando su polla sale de entre mis labios, me lo trago todo, saboreando hasta la última gota.

Ya nadie puede llamarme mojigata. Soy adicta a la polla, pero solo a la de Colton. Para él, soy una putita hambrienta de polla.

Se agarra el miembro y sacude las últimas gotas de semen sobre mi pecho. El coño se me contrae cuando las gotas calientes caen sobre mis senos.

De inmediato, extiendo el semen sobre mis pezones, haciendo que se endurezcan aún más.

Contemplo a Colton mientras da un paso atrás. Estoy a punto de preguntarle qué ocurre cuando da un salto mortal hacia atrás desde el embarcadero y cae al agua.

Me río cuando vuelve a emerger con una sonrisa capaz de pararme el corazón.

—Métete —dice, haciéndome una seña—. Te sentará de maravilla.

—Nada podría sentar mejor que lo que acabamos de hacer.

Sonríe.

—Si piensas eso, prepárate para una tarde de locura.

Con el cuerpo ardiendo de expectación, salto tras él al agua fresca.