Mi Primer Todo Capítulo Uno #3
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Capítulo Uno #3

—Creo que se han ido —dice, acercándose mucho. Le huele el aliento a ron y tabaco—. Yo te haré compañía.

Mira fijamente el vaso que tengo entre las manos. —Salud —dice, chocándolo con el suyo—. Bebe.

Me observa con atención mientras da un sorbo. Se le iluminan los ojos cuando me llevo el vaso a los labios y finjo beber, como si intentara complacer a un niño pequeño que acaba de ofrecerme un trozo de comida de plástico. Sí. Sin duda, el ganador de la ruleta del Rohypnol.

Scorpion mira dentro de mi vaso y frunce el ceño cuando lo bajo. Tiene copos de caspa sobre los hombros y aún más adheridos al pelo largo y grasiento.

—Bueno, ha sido un placer conocerte, Scorpion —digo con una sonrisa mientras retrocedo.

—Pasemos el rato juntos —dice, sin dejarme marchar.

Desliza su mano indeseada por mi brazo y siento que las náuseas me suben por la garganta.

Meto una mano en el bolso y agarro el brillo de labios, dispuesta a utilizarlo como arma si es necesario, pero, a menos que sea alérgico al brillo de labios, estoy desesperadamente indefensa.

—De verdad que debería volver con mis amigos —digo, respirando de forma rápida y entrecortada. Intento alejarme, pero me sigue.

—Tus amigos se han ido —dice, lamiéndose los labios de lagarto—. Relájate, bebe cerveza. —Vuelve a mirar mi vaso, deseando que me lo beba.

Saco el móvil. —Voy a llamarlos. Además, mi novio llegará de un momento a otro. Es policía.

Se ríe de mi novio imaginario. Por lo visto, no soy la primera chica que se inventa un novio en su presencia y no lo he engañado. Me imagino a esas otras chicas atrapadas en su sótano en este preciso instante. Llamo a Joy y me llevo el teléfono al oído, rezando para que conteste.

No lo hace.

Por supuesto.

—Hola, cariño —le digo al buzón de voz de Joy. Su voz grabada me pide que no deje ningún mensaje y que le envíe un mensaje de texto.

—Genial, ya estás aquí —digo al teléfono—.

Ven a buscarme. Estoy en el salón. —Miro a Scorpion, esperando verlo huir de Todd (sí, le he puesto nombre), mi novio imaginario, pero se limita a quedarse ahí plantado con una sonrisa burlona, sin creérselo.

Hago un último intento desesperado—. ¿Qué?

¿Llevas la pistola encima? Sabes que no me gusta que la lleves en público.

Ya sé que no puedes dejarla en el coche.

Vale, tráela. —Ay, Todd y su conducta responsable—. Yo también te quiero. —Todd me quiere.

Pero, por lo visto, Scorpion también. No va a rendirse tan fácilmente. Por desgracia.

—Déjame ver eso —dice mientras me arranca el móvil de las manos.

—¡Eh! —grito, intentando recuperarlo, pero lo sostiene fuera de mi alcance—. Devuélveme el móvil —digo con mi mejor voz de profesora enfadada.

Scorpion sonríe con suficiencia mientras curiosea en él, invadiendo mi intimidad como si nada.

—¿Tu novio se llama Joy? —pregunta entre risas mientras intento recuperar el móvil y fracaso estrepitosamente.

—Lo llamo Joy porque me hace feliz. —Sí, suena verosímil. Raro, pero verosímil.

—¿Tienes alguna foto desnuda aquí?

Soy demasiado baja para ver qué está mirando, pero aun así se me enrojecen las mejillas. No hay más que fotos de mi gato, pero me siento ultrajada de todos modos.

—Por favor, devuélveme el móvil —suplico. Mantengo la voz baja para no montar una escena.

—Ven a buscarlo —dice mientras se da la vuelta. Camina hacia la puerta trasera con mi móvil en alto y no me queda más remedio que seguirlo, justo como él quiere.

Maldigo entre dientes al salir al patio trasero. Aquí la música suena amortiguada. Hay varias personas dispersas por el jardín, fumando y bebiendo. Tengo el pulso desbocado. Mi sentido arácnido está alerta. Ahora mismo odio a Joy y me prometo no volver a salir con ella jamás.

Dejaría atrás el móvil, pero tengo toda mi vida ahí y no soporto imaginar a este tío revisándolo entero. Además, lo necesito para llamar a un taxi y largarme de aquí de una puta vez.

—¿Puedes devolverme el móvil, por favor? —pregunto con la mano extendida. Aquí oigo mi voz con más claridad, incluso por encima del pitido que me ha dejado en los oídos la música atronadora.

—A cambio de algo —dice con una sonrisa repulsiva.

—¿Cuánto? —pregunto. Estoy dispuesta a pagar una fortuna para que este tío salga de mi vida ahora mismo.

—No quiero dinero. —Sonríe. Sus ojos siniestros se clavan descaradamente en mi pecho y ahora me alegro de no haberme puesto la camisa negra.

Pulsa la pantalla con los dedos manchados de negro y sonríe cuando le vibra el bolsillo. —Ahora tengo tu número.

—Genial —digo, sintiendo que se me revuelve el estómago—. ¿Y ahora puedes devolverme el móvil?

Scorpion se lo mete en el bolsillo de los vaqueros. Empuja la entrepierna hacia delante. —Ven a buscarlo.

Arrugo la nariz con asco y retrocedo. Puede quedárselo.

—Vale, puedes cogerlo —dice.

Me quedo quieta, presintiendo una trampa. Me agarra de la muñeca y tira de mí hasta pegarme a su cuerpo. —A cambio de un beso.

Me tiemblan las entrañas cuando sus repugnantes labios se abalanzan sobre los míos.