Mi pesadilla con traje (CEOs Irresistibles 2) CAPÍTULO 32
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CAPÍTULO 32

«¿A quién no le gusta una reunioncita animada?»

LUIZA GOULART

Estoy ansiosa.

Hoy es sábado, pero toda la pandilla iba a estar reunida.

Sí, creo que estoy un poco emocionada por reunir a los dos CEO que hicieron de mi vida un infierno, junto con Beatriz y mi muñequita.

Si alguien hubiera dicho que esto pasaría más de una vez, le habría reído en la cara.

—¡Han llegado! —dijo Victor Hugo y al momento fue a recibirlos; al fin y al cabo la casa era suya.

Ayudé a mi hombre a hacer la limpieza antes de que vinieran. Parecía bastante animado, y aunque ahora está desempleado, no está parado, porque ahora está haciendo ejercicio, empezó la terapia esta semana, y dejó de beber.

Por ahora no ha habido ningún desliz, y lo estoy controlando bien de cerca.

Después de que Beatriz, Daniel y Renata pasaran por la puerta, fui al salón a saludarlos.

—Me ha gustado esto —dijo Daniel—. Es bien sencillo y tranquilo, al contrario del dueño que es bien complejo y aparatoso.

—También me caes bien tú, Daniel.

Lo que no ha cambiado entre los dos son las provocaciones constantes.

—Gracias por aceptar la invitación, y si veis alguna suciedad por la casa, culpad a este hombre —apunté a Victor Hugo—. ¡Él hizo la limpieza!

—¿Mi rival hizo la limpieza? ¿Perezoso como es? —apuntó Daniel.

—Mira, Falcão ...

Las chicas me miraron y pusieron los ojos en blanco, y como si lo supieran, me acompañaron hacia la cocina.

—¡ ¡Son dos niños ! —siseó Beatriz, ayudándome con los platos.

—Mi mentalidad es más madura que la suya —dijo Renata—. Creo que hasta la de Luiza lo es.

Puse mala cara y casi mandé a mi muñequita a paseo.

—Ya hemos entendido, señorita demasiado adulta para su edad , ahora ayúdame aquí.

Después de juntarnos, cogimos todo y lo llevamos al salón. Daniel y Victor Hugo estaban allí discutiendo, pero por lo visto el tema es deporte, porque involucra pelotas, y de eso no entiendo mucho. Dudo que estén hablando de sus pelotas...

En fin, todo estaba preparado, y podríamos cenar tranquilamente.

— Anda , deja eso. Los Bulls nunca estuvieron mejor, ¿tienes mierda en la cabeza, Daniel?

O quizá no...

—Chicos... la comida está lista.

Ambos se quedaron mirándose con la cara seria: uno con los brazos cruzados y el otro con las manos en los bolsillos.

—¡Esto está lejos de acabar, Victor Hugo!

—¡Apuesta lo que quieras, Falcão!

Después del fin de la discusión, pudimos comer y hablar tranquilamente.

Ahora el foco era Renata; el problema es que la respuesta a la pregunta que le hicieron fue un tanto arriesgada.

— Ay , bajita, es lógico que sepas quién es el mejor profesor. Y no me vengas diciendo a mí que es Falcão, ser fan suya es una cosa.

—Ya he dicho que no tengo preferidos —dijo, impasible.

—Soy yo, pero ella no lo va a decir, Victor Hugo. Estamos en tu casa, te respeta.

Empecé a reír y Beatriz hizo lo mismo.

—¡ Un cuerno ! Si no trabajara con Beatriz, diría la verdad.

—¡Eso me es indiferente! —Los miró a los dos con aire de superioridad, y no lo entendí bien—.

La persona más poderosa aquí es Beatriz, después Luiza y yo, solo después.

.. los hombres . Os quiero, mis profesores, sabedlo, pero ahora sois amos de casa.

Dejad los temas de negocios para quien está en el sector.

Beatriz no se contuvo y soltó una carcajada, e incluso yo me descentré después de esa puñalada que les dio Renata a ambos.

—Mereces otro ascenso, Renata —dijo, y al momento ella sonrió.

—¿Has visto eso, Falcão? ¡Mira cómo nos tratan!

—Realmente, antes tenía más valor, ahora... son cosas así las que recibo en casa.

—¿Y el drama? ¿No exageras un poco? —dijo Beatriz y Daniel se calló.

—Oí rumores de que estarías estudiando un tiempo para montar una empresa, ¿por qué aún no veo la Daniel Falcão Entertainment creada? —preguntó Victor Hugo.

—¡ ¡Con ese nombre jamás la verás ! Pero sí, estoy estudiando algunos temas y creo que el año que viene voy a abrir mi propio negocio.

—¿Y por casualidad no necesitas un CEO? —guiñó un ojo nada discreto.

—¡Sí. Yo mismo!

—Puedo ser el dueño entonces, y tú mi CEO. No me importa. Pero si quieres contratarme, solo necesito salir antes algunos días y tener un horario flexible de trabajo.

Sonreí. Estos dos...

—Gracias por ofrecerte para el puesto, pero la respuesta es no.

— Ah , ahora me gusta la idea. Sería excelente volver a trabajar con una persona por debajo de mí en cuestión de inteligencia.

—¡Fue una pésima idea venir a tu casa!

—Pero como estás aquí, me vas a escuchar...

Y allá se fue el poco tiempo de paz que quedaba, porque les cayó la máscara de adulto y al momento volvieron a sus comportamientos habituales de niños mimados. Parecían más bien hermanos en realidad.

—¡Por eso estoy soltera! —Renata señaló a ambos, que volvieron a discutir—. ¡Soy capaz de matar a un hombre si me toca las narices! Yo siempre tengo que tener la razón al final.

— Muñequita . Eso es porque aún no has encontrado el amor verdadero. Nos volvemos un poco tontas , ¿no, Beatriz?

—Sí... —puso una carita de pobre—. No tenemos escapatoria.

—¡Por Dios! ¡Prefiero mi soltería!

—Beatriz... últimamente noto a Renata muy para abajo.

—Yo también —respondió.

—¿ Eh ?

—¿ ¿Qué? —preguntaron los dos hombres al mismo tiempo, y eso me sorprendió.

—Centraos en vuestra conversación, esto es asunto de mujeres —dijo Beatriz.

—Las casas de masajes son asunto de hombres —dijo Victor Hugo.

—Estoy de acuerdo —asintió Daniel.

—Como decía... seguid con vuestra discusión, estamos orientando a Renata.

—¡No! Ahora necesito a mis profesores a mi lado. Podéis entrar en el tema —sonrió de forma amable y los dos se entremiraron, pero se volvieron hacia ella con desdén.

—No fuiste capaz de decir quién era el mejor, así que apáñatelas sola —dijo Victor Hugo.

—¿Daniel...? —preguntó Renata, y enseguida él suspiró.

—Te quiero mucho, pero confío en tu potencial, eres demasiado lista, así que... resuélvelo con ellas.

Fue gracioso ver a los dos dejándola tirada.

— Hombres ...

—¿Cuál era el tema del día...? —pregunté y Beatriz me lanzó una sonrisita maliciosa.

Mis invitados se quedaron aquí varias horas.

A pesar del constante enfrentamiento de mis jefes , al final fueron a ver un partido de baloncesto en la televisión.

—Nunca pensé que esto fuera a pasar —Beatriz señaló con la cabeza en su dirección, y Daniel se reía de algo que dijo su rival.

—¡A quién se lo dices! Sabiendo la historia de los dos también lo creía algo imposible, pero qué bien que las dos estábamos equivocadas.

—Solo necesitaban conocerse mejor. Estuvieron tan centrados en competir el uno con el otro que se olvidaron de lo que realmente importa, y estoy contenta por este acercamiento.

—¡Yo también! —sonreí, y al momento miré a Victor Hugo burlándose de Daniel.

Tuve todos los motivos para odiar a los dos.

Daniel no era una flor de persona en Argo's y fue enérgico varias veces conmigo, casi haciéndome llorar en algunas ocasiones. Victor Hugo, por su parte, me irritaba casi todos los días con su pereza.

Es un buen duelo al final del día.

—¿Qué tanto tecleas en ese móvil, Renata? —preguntó Beatriz.

—¡Rechazando citas! Los hombres no saben oír la palabra no , y cuando abren mi Instagram y ven mis fotos se vuelven locos. Soy guapa, pero a veces cansa, ¿sabéis? —dijo y al momento empezamos a reír.

—Creo que andas demasiado con Luiza. Tu autoestima está por las nubes.

— Ah , siempre lo estuvo. Luiza también es así, pero ella es un poco...

—¡ Piénsate bien lo que vas a decir, sino este móvil te va a volar en la cara, mocosa !

Renata sonrió y se acercó más abrazándome.

—Te quiero mucho, Luiza.

—¡Más vale! —dije, fingiendo estar seria, y al momento se apartó.

—Pero iba a decir que era un poco tontita . ¡Solo a veces!

Me levanté del sofá y fui detrás de la criatura , y ella corrió, porque no es tonta y sabía que se llevaría una zurra.

—¡ ¡Quiero a dos mujeres ! —dijo Beatriz, divirtiéndose.

—¿Vamos, amor? No aguanto más a Victor Hugo mintiéndome a la cara. —Se levantó del sofá.

— Anda , vamos. Yo seré el mejor para la Daniel Falcão Entertainment. —Hizo lo mismo.

—Quiero al mejor, no al peor.

—Discutiremos los términos del contrato. Sé que vas a cambiar de opinión.

—¡Ni de coña!

—¡Convéncelo, Beatriz! Tu marido necesita salir más, despejarse la cabeza, hablar con alguien tan inteligente como él. Además, voy a sacarlo de casa, ¡sé lo coñazo que puede llegar a ser!

Mi amiga soltó una risita, volviéndose hacia su marido.

—Me parece una buena idea, amor.

—No me hagas pedir el divorcio, por favor —dijo y empezamos a reír.

Viendo a toda la gente feliz, me di cuenta de que necesitamos momentos así. La vida es demasiado corta para apegarnos al pasado; el presente es y siempre será el periodo más importante de nuestra vida...