CAPÍTULO 31
«Cuando el amor llama, hay que entregarse...»
VICTOR HUGO
Después de bajar una parte de la colina de las arañas , vi una figura conocida esperándonos.
—¿Qué tal, Falcão?
Durante un rato no dijo nada, solo me miró con curiosidad, alternando su atención entre Luiza y yo.
—¿Qué estabas haciendo ahí? —preguntó con cierta impaciencia.
—Liberándome —le besé la frente a Luiza, y parece que ese gesto junto con mis palabras hicieron que su cara se suavizara.
—¿Entonces no viniste para...?
—¿ Tirarme ? ¡No! Vi que está un poco alto, ¿sabes? Tuve miedo —guiñé un ojo y me llevé un buen cachete de Luiza.
—¡Las bromas tienen un límite! Salgamos de aquí que está oscureciendo.
Recorrimos el sendero con cuidado, y cuando me di cuenta ya estábamos subiendo a su coche, saliendo de la colina.
—Era necesario, Daniel —dije en automático, sin hacer ningún tipo de broma—. Tengo que dar un paso cada vez, y este fue el primero. El segundo es dejar de beber, y el tercero hacer terapia, cualquier cosa que me ayude a estar estable.
—Luiza me contó que en la presentación de hoy te mareaste y caíste, pero que no parecías estar borracho.
—Sí. Me tomé algunos medicamentos por mi cuenta. Mezclé Diazepam con otro y creo que el efecto secundario me dejó...
—Confundido. Eso se llama vértigo.
—Sí, debe ser. No bebo desde que fui a tu casa —sonreí a Luiza, que me devolvió la sonrisa.
—Entonces ya vas por buen camino.
Después de que Daniel arrancara el coche, fuimos a casa de Luiza, a petición suya.
No hablamos mucho, pero intercambiamos algunas palabras entre nosotros. Daniel por lo visto sigue siendo un hombre serio la mayor parte del tiempo, y si realmente un día llegamos a ser amigos, le voy a tocar las narices, con respeto.
O no...
Tras llegar, Luiza y yo bajamos del coche, y me volví hacia mi eterno rival.
—Gracias por ayudarla a encontrarme, Daniel.
—No tienes que dármelas. Los dos: cuidaos . Por favor, mantenedme al día de tu progreso —dijo esa última frase y al momento su coche arrancó, sin darme derecho a respuesta.
—Aparentemente a Daniel Falcão le caigo bien. Poco, pero le caigo —siseé.
—Está al principio, pero al parecer sí te está dando una oportunidad. Creo que se identifica con tu pasado, más de lo que crees.
Después de entrar, fue inmediatamente a contestar una llamada.
Por la forma en que hablaba, vi que su charla era con Renata, y el tema era yo, para variar.
Después de colgar, se sentó en el sofá, analizándome.
—Mi muñequita estaba muy preocupada por ti, me llamó varias veces para saber si te había encontrado.
—Sabes, me cae muy bien.
—A mí también. Pero... —Luiza esbozó una pequeña sonrisa—. Me insultó bastante por no devolverle la llamada mientras estaba en el coche contigo. Esa es Renata, lo quiere todo para ayer y no consigue esperar.
Sonreí.
No estoy acostumbrado a convivir con personas que se preocupen por mí. Antes de volver a Florianópolis , sabía que mis padres tenían ese sentimiento por mí, y también los niños que ayudé a lo largo de los años.
Ahora es distinto. Tengo más personas a mi alrededor, y eso me está ayudando bastante. Ni hace falta decir que fue Luiza quien empezó este proceso. Abrió las puertas de mi corazón, literalmente.
Siempre escondí lo que sentía, y me guardaba todos los dolores que acumulé en mi camino, pero ahora siento que voy por el buen camino para hacer nuevas amistades, y de cierto modo olvidar una parte de mis traumas.
—Estás muy pensativa —dije, y apartó los ojos de los míos.
—Estaba hablando con Daniel, y estoy planteándome presentar la dimisión.
—Luiza, voy a decirte lo mismo que con seguridad te dijo él: no tienes la culpa de lo que pasó.
—¿Cómo lo sabes?
Sonreí.
—Sencillo, tenemos los mismos pensamientos, y estaba seguro de que diría lo mismo que yo.
Cuando Luigi citó tu nombre, me cabreó bastante, y te culpé por todo al instante, pero después de enfriar la cabeza me di cuenta de que no le dirías algo tan personal.
No culpo a Luigi, en su lugar yo también querría saber el motivo por el que la persona más importante sale antes de la empresa algunos días, pero la manera en que expuso aquello delante de todo el mundo, y también metiendo a los niños en medio de esa manera. ..
Respiré hondo. Eso sí que me irritaba profundamente.
Decir que ayudo a los niños por pena y decir que no soy un afortunado por luchar contra el cáncer y vencer me reventó la cabeza, y acabé tirándolo todo por los aires.
—¿Y te arrepientes?
—Ni un poco. Estoy cansado, Luiza. Llevo varios años desmotivado, sin ganas para nuevos desafíos, así que no voy a seguir dándole vueltas; voy a hacer ahora lo que me hace feliz.
—¿Y qué es lo que más te hace feliz?
—Estar al lado de los niños —sonreí, y su sonrisa reflejó la mía—. No sé qué puedo hacer además de ser voluntario, tengo mucho dinero guardado, puedo viajar, estar presente, qué sé yo.
—Es un gesto muy bonito.
—Y aún te tengo a ti —posé mi mano en su cara, admirando a la mujer increíble que tenía delante—. Mi mejor regalo está justo aquí, y voy a ser un hombre muy tonto si no valoro a esta mujer maravillosa.
—¿Soy tu regalo? —se mordió el labio inferior.
—Sí, Luiza.