CAPÍTULO 29
«En las diversas circunstancias de nuestra vida tenemos que tomar una decisión, y el momento ha llegado...»
LUIZA GOULART
Vi que el Victor Hugo alegre y burlón había vuelto con fuerza en la empresa.
A lo largo del mes, todo volvió a la normalidad, incluso nuestras escapaditas periódicas en la empresa. El mayor problema es que eso terminaría, ya que a partir de mañana estoy de vacaciones...
—¿Preparada?
—¿Para qué exactamente?
—Para estar lejos de mí —esbozó aquella sonrisita habitual—. Hasta pensé que cancelarías tus vacaciones.
No me contuve y empecé a reír con su comentario.
—Prácticamente no me he tomado vacaciones desde que empecé a trabajar aquí, ¿qué te hace pensar que... un hombre cambiaría eso en mi cabeza? Y más tú, que aquí dentro me estorbas más de lo que me ayudas —me mofé.
—Últimamente andas muy descaradita , ¿no crees...? —se acercó más, mordiéndose el labio inferior.
—Fuerza de la costumbre, pero tengo que ser sincera: en el fondo he aprendido mucho trabajando contigo —dije, impasible.
—¿En serio?
—Sí, eres un cero a la izquierda , así que, como siempre digo, tengo que hacer básicamente todo tu trabajo. Tenía que haber un lado bueno, ¿no crees?
—¡Para mí ya basta! —dijo y tomó mi boca—. ¡A veces te prefiero callada!
—Y yo te prefiero duro... —jadeé y ni hace falta decir lo que pasó a continuación.
En los minutos siguientes su despacho parecía una sauna, y pronto me quedaría sin ropa.
Nuestro lío fue intensificándose, pero mi lado angelito apareció y me acordé de algo: no estaba nada bien ser despedida por actitudes obscenas el día antes de mis vacaciones.
—Tienes una presentación en pocos minutos, y Luigi está aquí, si nos ven... —intenté escabullirme, pero me sujetó.
—Preciosa... vienes, me provocas, prácticamente echas gasolina sobre todo este fuego que tengo por ti ¿y quieres parar justo ahora?
—¿Y quién dice que quiera...? —dije, mirando el reloj—. El problema es que la presentación es en quince minutos.
Victor Hugo puso mala cara y miró hacia la ventana, visiblemente disgustado.
—¿Para qué convocar una cosa de esas a las dos de la tarde? —dijo, apartándose—. Otra cosa: ¡odio las reuniones!
—¿En serio?
—Creo que ya lo sabes.
—Me di cuenta cuando hiciste que otra persona te presentara.
Empecé a reír.
—Claro, fue un espectáculo.
—¿Sí? —se acercó más pegando nuestros cuerpos, empezando otro espectaculito ...
— Ni voy a culpar al viento por este desorden, si fui yo quien dejó la ventana abierta entonces es mi cuuuulpa. Y ya que entraste en mi vida, llévate toda. Quiero ese beso de balcón y la luna de testigo, hasta tengo celos, el viento debe estar usando tu perfuuume...
Yo sabía que si el viejo Victor Hugo volvía, las canciones también vendrían en el paquete, y esta vez la elegida fue Beijo de Varanda, de Bruno e Marrone.
—Tus canciones...
—Son todas para mi inspiración, Luiza Goulart —me tocó la barbilla.
—Alguien se ha vuelto un hombre romántico —apunté.
Por lo visto íbamos a besarnos de nuevo y el ciclo recomenzaría, pero... tengo que ser la aguafiestas y al momento tomé distancia del hombre; era muy peligroso este reacercamiento.
—¡Prepárate para la reunión! Después finalizamos estos asuntos inacabados...
—Nací preparado, preciosa. Dentro de unos minutos estaré allí.
—Pues yo ya me voy. No quiero que piensen que nos estamos liando.
—¡ ¡Toda la empresa lo sabe!
Pensé en sus palabras y tenía toda la razón.
—Entonces... si toda la empresa lo sabe... —se fue acercando y al momento retrocedí.
—¡Mejor aléjate, de lo contrario voy a saltarte al regazo! —dije riendo, pero yendo ya hacia la puerta.
Mi jefe no dijo nada, solo sonrió, observándome con las manos en los bolsillos.
Echaba mucho de menos aquella sonrisa...
El orden del día de la ocasión era comentar sobre el crecimiento de GCR , y maneras de captar nuevos inversores. Estaba bastante confiada en lo que diría Victor Hugo, porque recopilé todos los datos, y esta vez me escuchó y estudió el material con antelación.
Aún había algo distinto esta vez, ya que una emisora de televisión iba a filmarlo todo.
Luigi quería estampar en la portada de todos los periódicos el crecimiento de la empresa, y para eso decidió innovar, lo que de hecho me pareció una buena idea.
Victor Hugo habla muy bien en público, y eso no será problema.
Últimamente ando bien contenta con el trabajo que estoy ejecutando en la empresa.
Aprendí muchas cosas nuevas con el viejo Victor Hugo, ya que tuve que ponerme al día con muchas cosas con las que no estaba tan familiarizada.
Fue como lo que ocurrió con Beatriz en Argo's ; la única diferencia fue que en mi caso corrí varios riesgos por culpa de mi jefe. ..
Y hablando del pecado , esta vez llegó a la hora. Tras vernos saludó ligeramente, pero hizo una pequeña pausa antes de llegar al escenario. No entendí ese gesto, pero noté que tenía la cara un poco rara, y que parpadeaba demasiado.
Al momento oí algunos murmullos a mi lado, y Luigi parecía haber visto lo mismo que yo, ya que el ceño se le frunció automáticamente.
Tras quedarse en esa posición unos segundos, fue al escenario, cogió el micrófono y... se cayó .
Me alarmé y me puse de pie, pero se recompuso y se levantó rápidamente.
No puede haber bebido algo en este intervalo...
—Estoy bien... —intentó sonar gracioso, y al momento fue hacia el ordenador—. Bueno, hablemos ahora de todo lo interesante sobre la empresa.
Tenía los ojos caídos y la voz un poco diferente.
—¿Qué está pasando contigo, Victor Hugo? —Luigi gritó a mi lado, y eso atrajo la atención de mucha gente que estaba en el auditorio.
—Nada, jefe. Estoy bien, y... —Cuando fue a apoyarse en la silla a su lado, se cayó, y se quedó allí durante unos segundos.
No sabía qué hacer, cómo iba a proceder, pero decidí actuar por instinto y fui hasta donde estaba, y cuando me acerqué vi que parecía no estar aquí en el mismo ambiente. Estaba asustada, no entendía.
—¡ ¡Estoy harto de que llegues borracho o con resaca a la empresa ! —Luigi se levantó gritando.
A mi jefe no le sentó bien oír eso.
Victor Hugo no parecía estar borracho, no ahora, y otra cosa: no habría dado tiempo a que llegara a ese nivel alcohólico por el tiempo que estuve fuera de su despacho. Pero estaba diferente, un poco distraído .
—¡ ¡Yo no estoy borracho ! —gritó de vuelta.
— Ah , ¿no? Pues levántate sin la ayuda de Luiza.
Lo miré, y al momento Victor Hugo asintió con la cabeza.
—Está bien, Luiza —dijo bajito.
Con mucha calma, se levantó, y se mantuvo de pie unos segundos, pero parecía estar flotando, yendo de un lado a otro y... volvió a caerse .
—¡ ¡Para mí ya está bien! —El hombre vino con grandes zancadas a donde estábamos—. Has sido de lejos la peor contratación que hice. No me importa si estás dando resultados o no, ¡tu conducta es una vergüenza para mí y para todos los que trabajan aquí!
—¿Quieres hablar de vergüenza de verdad? ¡No fui yo quien contrató a un CEO corrupto y pedófilo para trabajar aquí! ¡Mucho menos hice acuerdos con ellos! —dijo Victor Hugo bien alto, y al mirar al público vi que se quedaron impactados al oír eso.
—¿Qué historia es esta? —Amadeu se levantó, mirando a Luigi, que había palidecido al instante.
—¿No lo sabéis? —dijo Victor Hugo intentando levantarse, pero de nuevo cayó al suelo—. Por lo visto el problema aquí nunca fue solo una persona —añadió.
—¡Eres despreciable! ¿Crees que ayudar a niñitos con cáncer va a mejorar lo basura que eres como hombre?
Mi corazón se heló al oír esa frase, y al mirar a Victor Hugo vi el shock estampado en su cara.
—¡No eres un afortunado por haber luchado contra el cáncer; es por pena que haces ese gesto en los hospitales en los que eres voluntario! ¡Solo eres un perezoso que sale antes de la empresa y los usa como excusa!
Mi jefe no dijo nada durante un rato, solo se centró en levantarse, y se apoyó en la mesa que tenía delante.
—¿Que uso a los niños como excusa? —se mofó—. Me das pena...
—Me llevó tiempo, hasta tuve que comprar información de algunas personas, lo sé todo sobre ti, Victor Hugo. Tu remisión, tus visititas al hospital, el motivo de tu adopción —sacudió la cabeza—. Bien que Luiza me habló de ti...
¿Luiza?
Al oír mi nombre me quedé en shock. Jamás revelé esos secretos a Luigi, y que hablara de esa manera...
Automáticamente miré a Victor Hugo, y el brillo de sus ojos había desaparecido por completo. El desprecio con que me observaba me hirió, y simplemente no dije nada.
—¡ ¡Debería despedirte ahora mismo!
—¡No hace falta! ¡Yo mismo dimito!
Creo que nadie esperaba esa reacción, mucho menos Luigi.
Victor Hugo simplemente salió de la sala de reuniones con cierta dificultad y desapareció de nuestra vista...
No perdí tiempo, y le grité a Luigi: —¿Por qué citaste mi nombre? ¿Cuál es tu problema?
—Dije tu nombre por cómo se comportaba en la empresa. Me hiciste varias quejas al principio. Sobre los asuntos personales fui yo mismo el que descubrió lo que hace... hacía, qué sé yo ; ¡no debo darte explicaciones!
Una rabia creciente se apoderó de mí, y cuando me preparaba para decir algo, fue rodeado por varios directores del consejo.
—¿Por qué nos escondiste algo tan importante? —preguntó Amadeu con los brazos cruzados.
—¡ ¡Soy el dueño de GCR ! ¡No tengo que dar explicaciones!
—Bueno, ahora sí... —indicó con la mano y... ¡la emisora de televisión filmaba todo!
Por un momento se me había olvidado eso, pero todo fue transmitido en cadena nacional, y eso sí que traerá un impacto negativo para la empresa.
El caos se instauró en la sala de reuniones, y no sabía qué hacer. Después de un rato, fui al despacho de Victor Hugo, pero no lo encontré. Al mirar en el aparcamiento de la empresa, vi que su coche aún estaba allí.
Busqué por toda la empresa dónde podía estar, pero no lo encontré. Ignoré todo lo que estaba pasando en el auditorio, y noté una mano tocándome.
—Amiga, vi a Victor Hugo saliendo de la empresa sin el coche —dijo Estela.
—¿Hace cuánto?
—Diez minutos. Te estaba buscando aquí dentro, pero no te encontraba en ninguna parte.
—Gracias.
No lo pensé mucho y cogí el coche y di vueltas por los alrededores de la calle de la empresa. No lo vi en ninguna parte, y eso me desesperó.
Su coche seguía en el aparcamiento de la empresa.
—¡ ¡Cálmate y piensa ! —me dije a mí misma, y después de algunos momentos fui hacia su casa. La distancia no era muy grande, podía perfectamente haber ido a pie.
Después de llegar allí, toqué el timbre un sinfín de veces, aporreé la puerta y nada. Creo que su vecina pensó que iba a echar abajo la puerta, ya que se quedó analizándome, pero acto seguido dijo: — ¡No está ahí !
—¿Estás segura?
—Sí. Llevo unas horas sentada aquí fuera.
—Gracias.
No sabía qué hacer.
Después de subir al coche, el móvil me sonó y vi que era Estela.
—¿Lo has encontrado? —pregunté apresurada.
—Volvió a la empresa y cogió el coche. Todo el mundo que intentó hablar con él fue ignorado. Amiga, estaba muy nervioso, nunca lo había visto así, solo... aquel día que destrozó el despacho!
Su última frase me desesperó. Necesitaba ir a otro sitio.
Después de llegar al destino, llamé a la puerta y toqué el timbre; segundos después me abrió Daniel, que al ver mi desesperación preguntó: —¿Estás bien?
—No.
Tuve que contarle dos veces lo que había pasado. Atropellé mucho las palabras, y en todo momento me pedía calma, porque no entendía.
—Daniel... no sé qué hacer. Ya no sé dónde buscar —dije, desesperada.
—¡ ¡Te voy a ayudar a buscarlo!