Mi pesadilla con traje (CEOs Irresistibles 2) CAPÍTULO 23
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CAPÍTULO 23

«¿Qué puede pasar cuando dos personas inflamables están juntas?»

LUIZA GOULART

Nuestra noche estaba siendo bastante divertida, e incluso Renata, que no era muy de abrirse, hablaba por los codos . Victor Hugo, al parecer, por fin consiguió ganársela.

—Bueno, ya he molestado bastante a los tortolitos, así que me retiro —dijo Renata de la nada, pillándonos desprevenidos.

—Tú no molestas, solo a veces, mejor dicho... siempre —se mofó Victor Hugo.

—Lo sé, y lo hago a propósito. Acostúmbrate. Luiza es mía.

—Puedo vivir con eso.

—Disfrutad de vuestra noche, y gracias por aquello. —Se volvió hacia Victor Hugo—. Que sepas que ahora te considero mi amigo, más que a Luiza, por cierto.

—¿Y qué significa eso? —pregunté, incrédula.

— Significa que se te acabó el tiempo, cariño. —Se pasó la mano por el cabello haciendo poses y simplemente se fue.

—¡ ¡Desvergonzada!

¡Quiero a mi muñequita!

Después de que Renata se fuera, empezamos a hablar sobre el pequeño espectáculo que tuve el placer de observar de cerca.

—Más vale que no te hayas aprovechado de mi cielito ; le tengo más celos a ella que a ti.

—¡ ¡Solo le robé un poquito! —guiñó un ojo y al momento se llevó un buen cachete.

Esta cosa , o lo que sea, va demasiado rápido.

No consigo odiar a este hombre o encontrarle algún defecto.

Claro, la pereza en el trabajo aún sigue ahí , pero no sé, estoy muy confundida sobre lo que estoy sintiendo en el pecho cuando estamos juntos.

Nunca le di pie a ningún hombre, y con él es. .. natural .

—Luiza, vamos a ver: se gustan . Pero conociendo a Renata... yo qué sé, es difícil. Nunca he conocido a alguien tan imprevisible, pero trabajan en la misma empresa, vete tú a saber si ha habido alguna escapadita.

—¡No la conoces! Renata se toma el trabajo en serio, demasiado.

—¡Nosotros también! —dijo y soltamos una carcajada al instante.

Pese a este momento de distensión, mi querido jefe no apartó los ojos de los míos ni por un segundo. No sé qué está pensando, pero cuando observo la manera en que me desea... es complicado pensar en otra cosa.

—¿Por qué me miras así? —rompí el silencio.

—Solo estoy pensando que cada día es más difícil conquistar a las mujeres en general.

—No siendo un capullo la mayor parte del tiempo ayudaría mucho, ¿sabes? —provoqué.

—Ya estás pidiendo demasiado.

—Entiendo que puede ser bastante complicado para ti —me mofé.

—No tanto. Te conquisté siendo un capullo, ¿y mira cómo estamos? Por lo visto alguien se enamoró bastante rápido.

—¡ ¡Habla por ti!

La conversación fluía con normalidad, y a cada rato nos divertíamos con algunos temas aleatorios, lo único con lo que no contaba era con un pequeño problemita de gafas acercándose hacia nosotros.

—Hola. —Una mano tocó el hombro de Victor Hugo y al momento me alarmé.

—Hola...

—Milena —apuntó—. Yo... me he estado fijando en ti, hace ya un ratito.

¿Es esto un déjà vu por casualidad?

¿O, como dice mi amiga, esto es un Djavan?

Victor Hugo me miró de reojo, divirtiéndose con la situación, pero si de verdad estoy teniendo un déjà vu , sé bien qué hacer...