CAPÍTULO 22
«Y la pareja de actores ataca de nuevo...»
LUIZA GOULART
Desplomada en mi cama solo pensaba en una cosa: ¡chocolate!
Y, como por arte de magia, mi chocolate me llamó. Perdón por el juego de palabras, ha sido horrible y me da vergüenza.
—No estoy disponible —bromeé tras contestar.
—¿Cómo que me despachas y ni siquiera he abierto la boca? —preguntó.
—Realmente me gusta cuando no dices nada y haces, tengo que confesarlo.
—Qué contradictoria... primero me despachas y ahora me halagas. Me estás malacostumbrando, preciosa.
Sonreí.
—¿Qué necesitas?
—Que veas una película conmigo. En mi casa.
—Pensé que serías más inteligente y propondrías sexo.
—Deja de tonterías, amiga ! Es solo una película —se mofó.
—¿En serio? Pues más vale que así sea, porque estoy en esos días.
Durante unos segundos no oí nada por el teléfono, y pensé que había acertado el motivo de su invitación.
—¿Es ahora cuando cuelgo el teléfono y digo que la fiestecita queda cancelada?
—Sí.
Prácticamente nos reímos al mismo tiempo después de mi confirmación.
De nuevo me sorprendí riendo al teléfono. ¿Qué demonios está haciendo este hombre conmigo...?
De nuevo se me dibujó una sonrisa y confirmé que estaría pronto en su casa.
—No tardes. Voy a preparar algo especial para nosotros.
—¿Especial?
—Sí... palomitas, zumo, esas cosas.
Cerré los ojos, imaginándome cualquier otra palabra.
— Hasta luego, adefesio.
—Hasta luego, preciosa.
—Realmente fue un milagro que te portaras bien toda la película.
—No quiero solo besarte cuando estamos juntos —analizó mi rostro de un modo serio. Demasiado.
—¿En serio?
Su cara cambió y aquella expresión a la que ya estaba acostumbrada irradió enseguida.
—No. Solo con mirarte quiero poseerte.
—Me has herido. Tengo sentimientos, ¿sabes? —simulé estar disgustada al bajar la cabeza.
—Por lo que sé eres tan problemática como yo, incluso más. No voy a caer en tus juegos, preciosa .
—Somos las peores personas el uno para el otro —suspiré.
—Sí, y por eso nos divertimos tanto.
Por primera vez Victor Hugo, Renata y yo salimos juntos a un sitio que sugirió mi muñequita . Esa fue una de sus condiciones en la apuesta que mi propio jefe hizo, y ahora la veo más a gusto con nosotros.
Conozco a Renata desde hace pocos años, pero sé que no tiene muchos amigos. Sus vínculos son más con mujeres, y Victor Hugo también lo notó, ya que en todo momento quería incluirla en la conversación.
—Tengo que confesarlo: ¡Renata es la alumna más aplicada e inteligente de todas las que he enseñado!
—¿En serio? ¿Y a cuántas personas has enseñado hasta hoy?
—A una. Contándola a ella.
No aguanté y empecé a reír; Renata solo lo miró y le hizo una peineta, sonriendo también.
—Soy una alumna excelente en absolutamente todo a lo que me comprometa.
—Lo sé muy bien...
Después de hablar un rato con mi jefe sobre temas triviales, vi que la cara de Renata había cambiado, y no entendí bien el porqué. Como el adefesio también es un hombre observador, sus ojos encontraron los míos enseguida, revelando que su percepción estaba tan afinada como la mía.
Después de echar un rápido vistazo alrededor, vi un rostro conocido...
¡Lo sabía!
— Renatita ... —dijo Victor Hugo con calma, y al momento me preocupé—. Soy tan observador como una mujer y me he dado cuenta de que cuando viste a cierta persona hasta cambió tu postura, ¿sabes?
—Deja eso y no empieces, ¡Luiza 2! —apartó la cara.
—¿Vas a contarme de qué se trata o tengo que descubrirlo?
—¿Y cómo lo vas a descubrir? —preguntó con sorna.
—Mira... —Se levantó—. Yendo hasta el hombre. ¿Qué te parece la idea?
Renata se puso roja de la nada, y a continuación bufó.
—Diego trabaja conmigo en Argo's . Era mi profesor al principio, me enseñó muchas cosas sobre tecnología, y...
—¡ Le gusta a ella ! —interferí—. La muñequita lo va a negar hasta la muerte, pero es un hecho.
—¡ Luiza !
—No, Renata. Pongamos las cartas sobre la mesa. No hace falta fingir, a todos nos gusta alguien.
—¿Y ese tal Diego te ha decepcionado de alguna manera?
— Chicos ... —nos analizó, y no descifré qué estaba pensando—. ¿Podéis desviar el foco de mí? Hasta podéis hablar de las posturas que ya habéis hecho, a mí me da igual.
—¡Yo creo que sí la decepcionó! —dijo él, mirándola fijamente a los ojos, ignorando su comentario.
—Solo que fue decepcionada de una manera diferente. No le hizo caso a Renata y posiblemente tiene una novia o algo del estilo, eso la tiene bastante disgustada. —Añadió Victor Hugo.
Ante la incapacidad de respuesta de mi querida amiga, mi jefe dedujo que tenía razón.
— Victor Hugo y Luiza , ¡no me hagáis odiaros un poco más a los dos!
—Pero ¿sabes lo que ese tío no sabe y yo sí? —preguntó—. Es un idiota si no se fija en una mujer tan guapa e inteligente como tú, así que necesitamos saber si los dos están en la misma sintonía, o si están jugando al gato y al ratón.
Miré a Renata, que me miró de vuelta sin entender nada. A continuación, Victor Hugo me besó en la boca, y una sonrisita burlona apareció en su cara.
—Luiza, eres preciosa, realmente me caes muy bien, pero...
—¿Pero...? —arqueé las cejas y crucé los brazos.
—Mejor olvida algunas cositas que van a pasar ahora. —Se volvió hacia Renata, que sacudía frenéticamente la cabeza negando.
—¡ ¡Si la besas, te castro ! —avisé enseguida.
—No haré eso. Pero puede ser algo similar.
—¡ ¡Yo sí que no voy a entrar en tus tramas otra vez ! ¡Niiii muerta ! —exclamó Renata.
— Ah , sí lo harás. Y después me lo agradecerás —dijo, dirigiéndose hacia ella enseguida y cogiéndole la mano derecha—. ¿Vas a decirme que no quieres gastarle una broma?
Renata observó a mi jefe y se volvió hacia mí.
Es una gran actriz, y probablemente esta oferta es irrechazable.
—Está bien. Pero solo porque me gusta engañar a ciertas personas.
—Estupendo. Solo... sigue la corriente y déjame el resto a mí.
La bajita se levantó y cogió la mano de Victor Hugo, mi hombre , que quede claro. Pese a ese gesto, sentí curiosidad por lo que venía a continuación; sin embargo, me llevé un susto importante cuando los dos se acercaron a Diego, y mi querido jefe empezó... a cantar mirando a Renata.
I found a love for me
Darling, just dive right in
And follow my lead
Well, I found a girl, beautiful and sweet
Oh, I never knew you were
The someone waiting for me
'Cause we were just kids
When we fell in love
Not knowing what it was
I will not give you up this time
But Darling, just kiss me slow
Your heart is all I own
And in your eyes you're holding mine
Claro que la canción Perfect, de Ed Sheeran fue para llamar la atención de Diego, que al ver a la muñequita con mi hombre...
¡Madre mía! Ni hace falta describir la cara que se le quedó. Cuando trabajaba en Argo's, nunca vi a Diego nervioso, pero sus ojos echaban chispas y pensé que se iba a abalanzar sobre el cuello de Victor Hugo, pero fue más sutil y solo se acercó a los dos.
Vi que Renata lo vio acercándose, pero fingió que no era con ella. La sesión de cine había empezado de verdad...
—¡Renata! —dijo, y al momento buscó quién la llamaba.
—Ah, hola, Diego.
Unos segundos de silencio llenaron el ambiente, y vi a Diego apretando el vaso con más fuerza, pero se quedó quieto analizando a la parejita falsa.
—Veo que estás acompañada y pareces muy feliz.
—Bueno, yo... —balbuceó, vacilante.
¡Ánimo, chica! ¡Demuéstrale quién manda y no lo eches todo a perder!
—¿Sabes qué? ¡Sí, lo estoy! —miró a Victor Hugo y lo abrazó cerrando los ojos—. Necesitaba un hombre de verdad, y nunca encontré a alguien que me hiciera tan feliz como él. Creo que es eso, el amor vino y... me inundó el corazón.
—Cuando te encontré perdí el norte, cariño. Fue... inevitable enamorarme.
¡Madre mía! ¡Los dos son actores de primera!
—Qué raro. ¡Nunca te he visto abriéndote con nadie!
—Debe ser porque lo hago solo con quien siento de verdad una conexión.
Vaya... ¡esa dolió!
—Entiendo, yo...
—¿Volvemos a la mesa, mi amor? —Victor interrumpió a Diego—. Allí estábamos mucho mejor.
—Claro, cariño... —Le tocó la nariz y volvieron a la mesa cogidos de la mano.
¡Se van a ir al infierno...!
La mirada de desaprobación en la cara de Diego solo me demostraba lo inevitable: tiene muchos celos de ella.
Después de que los dos volvieran, Diego se quedó de pie unos breves segundos, pero después regresó a su mesa. No solo eso, minutos después simplemente se fue, y vi la incredulidad en la cara de sus amigos, que no entendían el motivo de su actitud.
—Mi veredicto es que os gustáis, pero sois demasiado orgullosos para decíroslo el uno al otro, o pasó algo y os alejasteis.
Renata no dijo nada, pero sonrió. Parecía haberle gustado este pequeño plan y debió haber observado bien las mismas cosas que yo, ya que es una mujer lista.
—Dejaré tu frase en el aire, pero ahora ¿qué tal si hablamos mal de los demás y bebemos un poco más? —Levantó el vaso de cerveza.
—Así se habla —hice coro y empezamos a reír.