CAPÍTULO 21 #2
—¡ No ! —lo interrumpí—. La respuesta es no, porque investigué todo lo que necesitaba ayer cuando esta mierda de dossier fue a parar a mi mesa.
Desde la fundación de GCR , en 1995, nadie tuvo un ascenso tan rápido excepto.
.. Luiza Goulart , esta que está observando lo mucho que el consejo es.
.. mejor no decir lo que pensé ahora —respiré hondo—.
Déjame preguntarte una cosita, Amadeu...
—¿Qué? —gruñó con impaciencia.
—¿Cuántas horas trabajas al día?
—Diez, a veces doce.
—Es una carga horaria muy alta, lo confieso.
Ahora otra curiosidad, ¿sabéis cuántas horas trabajó Luiza el año pasado?
¡Entre 360 y 400! ¡Al mes! —repetí—. 12 horas al día de lunes a lunes llega a esas 360 horas.
Pero ahí me preguntáis: ¿por qué cuentas el sábado y el domingo?
Sencillo: ¡porque la mayor parte del tiempo se lleva trabajo a casa!
—golpeé la mesa con fuerza—. Así que hice algunos cálculos y llegué a ese número.
Miré a Luiza, y no sé ni cómo describir cómo tenía la cara. Creo que es una de las primeras veces que la veo sin reacción.
—Subió rápido en la empresa... se toma el trabajo en serio.
.. hace algo mal que es llevarse trabajo a casa, lo confieso, pero ama la empresa en la que trabaja, solo que por desgracia tiene un grave defecto.
—Paré, dirigiendo mi atención a ella, y sacudiendo la cabeza negando—.
Luiza Goulart viene con la ropa que quiere y se ríe demasiado alto, así que.
.. no puedo tolerar eso, porque anula todo lo que dije.
¿Cómo voy a mantener aquí a una persona que no tiene miedo de elegir sus propios vestidos y se ríe alto cuando alguien le cuenta una broma en un día estresante?
Es inadmisible, ¿no? —me mofé y al momento la vi sonriendo, hasta emocionándose.
—¡Para mí ya basta! —Amadeu se levantó, e intentó salir del despacho, pero... la puerta estaba debidamente cerrada con llave.
—Yo no he terminado —bramé—. Como dije, vais a escuchar todo, y queráis o no, vosotros me respondéis a mí.
—De nuevo espalmé las manos en la mesa, irritado—.
Podéis tener todos los motivos para querer me lejos de la empresa, porque sé que no soy un ejemplo de persona, pero ella —señalé a Luiza—.
Ella es la única que se ha plantado conmigo hasta hoy, que me ha echado en cara lo mucho que me enrollo con los plazos, que hizo mi trabajo cuando procrastiné.
¿En qué mundo vivís si pensáis que voy a despedir a una de las mejores empleadas de la empresa? ¿Qué mierda tenéis en la cabeza?
—No quieres eso porque te lías a besos y magreos con ella en la empresa. Esa es la verdad —dijo Amadeu.
Caminé lentamente más cerca de él, pero no estaba irritado, todo lo contrario. No me avergüenzo de eso.
—Voy a dejarlo muy claro: ¡ella llegó aquí antes que yo !
Y no es porque bese o deje de besar a alguien que esté en un puesto tan alto.
Si Luiza está en esta posición de la empresa es exclusivamente por su competencia y no de privilegios que le haya dado.
¿Lo has oído bien? Y la próxima vez que pidan otra reunión sin sentido como esta, podéis estar seguros de que el orden del día no será su despido, sino el de buena parte de vosotros.
—Luigi ni siquiera confía en ti —replicó Amadeu.
—¡ ¡Pero me contrató porque sabe que soy el mejor! Y si quiere despedirme, romperá un contrato que me dejará rico. ¡Estoy hablando de millones! ¿Así que quién está en mejor posición aquí? Si quiero, hago mi trabajo y el vuestro, ¡y mucho mejor, por cierto!
Nadie dijo nada.
Si me excedí no viene al caso.
¡El mensaje quedó claro; para ellos, es mejor meterse conmigo que con Luiza Goulart!
CAPÍTULO 21
«Solo necesitamos un pequeño voto de confianza...»
LUIZA GOULART
Después de que todos los directores salieran de la sala de reuniones, me quedé admirando a mi increíble jefe.
Aún no me ha caído la ficha sobre todo lo que oí aquí dentro, ya sea por el lado bueno o por el malo. Que se juzgue a una mujer por la forma en que se viste y no por su capacidad solo me demuestra que nuestro mundo va de mal en peor; pero menos mal que en medio de todo esto está él .
La manera en que me defendió Victor Hugo me hizo admirarlo de tal forma que aún me encuentro sin palabras.
—¿Y bien, Luiza, sigues echando de menos las reuniones con el consejo?
Ni me molesté en responder; simplemente me acerqué más y lo abracé.
Ninguna persona me había defendido de esa manera ante nadie. Siempre estuve acostumbrada a aguantarlo todo sola, defendiéndome como podía, pero ahora va y hace esto...
Siempre dudé de la capacidad de Victor Hugo para gestionar GCR, y se lo dije a la cara en varias ocasiones, ya fuera por sus retrasos o por su falta de ganas y compromiso, pero a pesar de todo, que reconociera mi trabajo de esa manera solo me demostró que voy por buen camino.
—Yo solo dije la verdad —esbozó una bonita sonrisa.
—¿No quieres? —parpadeé, picando un poco más al hombre.
—Luiza... no me provoques.
Sonreí.
—Será mucho mejor, pero va a tardar un poquito. Necesito encontrar una cosita antes...
En el mes que siguió trabajé mucho.
Luigi decidió ponerme las pilas, y al parecer a Victor Hugo también. Se reunieron al menos dos veces a solas y sé que todo eso fue por aquel debate en el consejo.
Hubo muchos días en que temí perder el empleo debido a la tensión que se instauró en GCR , pero cuando eso pasaba me tranquilizaba Victor Hugo.
Estudié el balance patrimonial de la empresa en ese periodo y vi un gran crecimiento, así que me quedé un poco más aliviada, pero por lo visto los directores ahora presionan para que Victor Hugo se vaya, y fue él mismo quien me lo contó.
—¿Fue todo bien en tu última conversación con Luigi?
—Luiza... no te preocupes por mí, sé apañármelas. No hicimos nada mal, trabajamos todo el día, así que todo está en orden.
Sonreí.
—Eso no va a ocurrir. Prometo intentar controlarme.
—¿ Intentarlo ? ¡Vaya ayuda!
—Sí. Creo que ya sabes todo el apetito sexual que tengo, así que...
Si hay algo que me gusta más que trabajar aquí, es provocar a Victor Hugo Avelar. No consigue controlarse, y esta es una de las pocas ocasiones en que lo veo de cierto modo vulnerable.
—Cambiemos de tema —respiró hondo.
—No te voy a calentar —dije—. Entonces, dime: ¿cómo van las clases con el amor de mi vida ? —pregunté.
—Renata me está sorprendiendo. Es aplicada, pregunta todo lo que duda, se esfuerza cuando no sabe algo; en fin, ahora sé por qué Daniel Falcão la considera una discípula. La bajita tiene talento.
—Creo que merezco un premio por ayudar a mi muñequita .
—Y ella no fue capaz de aguantarse sin provocarme... —gruñó—. Pero ya que has empezado, quiero saber el regalo que merezco.
—¿De verdad quieres saberlo? —me acerqué más con la intención de besarlo, pero esquivé su boca y susurré cerca de su oído: — Pronto vas a descubrirlo...