Mi pesadilla con traje (CEOs Irresistibles 2) CAPÍTULO 21
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CAPÍTULO 21

VICTOR HUGO

Después de lo que me contó Amadeu ayer, leí su informe un sinfín de veces, para entender mejor lo que estaba pasando.

Me quedé en GCR hasta las diez por eso, ya que hice algo que era realmente necesario. Hoy tuve que llegar pronto también, dado que la reunión era por la tarde.

Me fijé bien en la cara de Luiza al recibir esa noticia, y vi lo preocupada que está.

Por lo general no me equivoco con la gente cuando convivo con ella, pero en relación con Luiza pude haberme equivocado sobre lo que GCR Turismo representa para ella.

No imaginé que hiciera tanto por la empresa, ni que ascendiera tan rápido en la misma.

En fin...

—¿Podemos empezar? —preguntó Amadeu y al momento miré a mi lado derecho, donde estaba Luiza. Intentaba a toda costa permanecer indiferente en esta situación, pero eso va a ser bastante complicado después de lo que vendrá.

—Sí —respondimos juntos.

Dicho esto, Amadeu puso algunos documentos delante de Luiza, que supuse serían los mismos que me había presentado el día anterior.

—Puedes abrirlo —dijo, y así lo hizo ella.

No tardó ni treinta segundos en que me diera cuenta de que se le ponían rojas las mejillas.

—Espera... —dijo, volviéndose hacia el consejo—. ¿ La ropa que llevo aquí es uno de los temas en el orden del día?

—Sí, la manera en que te vistes y...

—¿Eso qué tiene que ver con la forma en que trabajo? —dijo más alto al interrumpirlo y al momento cerré los ojos.

—Eso entorpece bastante, los hombres...

—¿Y yo qué tengo que ver con eso? ¡El cuerpo es mío! ¿Qué clase de broma de mal gusto es esta? ¿Habéis oído hablar de la libertad de...?

—Luiza, queremos decir...

—¡Los dos! ¡Callados! —subí el tono, analizando a todos a mi alrededor—.

Voy a ser muy claro aquí: vosotros, yo y Luiza tenemos mucho trabajo hoy, y desviar el foco de lo que importa no va a ayudar en nada, así que quiero que esta reunión dure el menor tiempo posible, y para eso voy a marcar yo lo que se hará, cuándo se hará, quién hablará y otras cosas. ¿De acuerdo?

Vi a todos moviendo la cabeza asintiendo, pero Luiza parecía ajena a todo eso, ya que cuanto más leía los documentos, más triste se ponía.

—Esto es lo que va a pasar: vosotros del consejo hablaréis primero, después Luiza se defenderá de lo que estime conveniente, y por último será mi turno. Voy a decidir lo que pasará, y cuando esté hablando, independientemente de mi decisión, no quiero interrupciones. ¿Está claro?

De nuevo todos asintieron.

—¡Estupendo!

—Hablaré por el consejo —se prestó Amadeu.

—Entonces empieza.

—Creo que el poder de estar en este cargo se le ha subido demasiado a la cabeza a Luiza.

Pocas personas han conseguido subir en GCR tan rápido, y claramente no está dando abasto.

El propio Recursos Humanos dice que la mayoría de cosas que piden no se entregan ese día o falta documentación importante.

—¡Me mato a trabajar para hacerlo todo! Hasta me llevo trabajo...

—¡Luiza! —reprendí—. Después hablas tú.

No le sentó nada bien oír eso, pero se calló. Habíamos acordado que cada persona hablaría en su momento, y eso sería crucial para mi decisión.

—Hemos puesto varios puntos en el documento que entregué.

Veamos... —Analizó el papel—. Estamos hablando de la ropa, de las risas altas, del tiempo de comer, documentos importantes que no se entregan, documentos enviados de manera incorrecta, falta de compromiso de personas de su sección, despidos injustos que ha efectuado y varios otros asuntos.

Vi que Luiza se había quedado bastante disgustada al oír esas palabras, y no dijo nada.

—¿Cómo podéis poner este tipo de cosas? —dijo tan bajito que solo yo oí su frase—. ¿En qué mundo vivimos, en el que se me juzga por mi ropa y por cómo sonrío? —añadió un poco más alto y me pasé la mano por la cara dirigiendo mi atención a Amadeu.

—Luiza, tendrás tu momento. —Me volví hacia Amadeu—. ¿Hay algo más que decir?

—Sí.

Durante treinta minutos profundizó en los dichos puntos sobre Luiza.

Escuché atentamente cada palabra, e hice algunas anotaciones en el otro dossier que tenía en las manos.

—Voy a hacer dos preguntas aquí y quiero la respuesta ahora: ¿cuántos de vosotros queréis que Luiza deje el cargo?

¡Unánime!

Todas las manos se levantaron, y respiré más hondo.

—¿Cuántos de vosotros queréis que Luiza sea despedida?

En ese momento pude ver rastros de vacilación en sus caras, pero exactamente la mitad levantó la mano. Cinco de diez personas.

—Luiza, es tu turno de hablar ahora.

Vi que había suspirado, y durante unos segundos no dijo nada, solo se quedó mirando los papeles que tenía delante.

No tenía rastros de quien va a romper a llorar, pero noté lo triste y desanimada que estaba.

—¿Y qué puedo decir? —sonrió de forma insolente—.

Han tenido la capacidad de hablar de mi ropa, de hablar de cómo sonrío dentro de la empresa.

Creo que para todos vosotros es un crimen divertirse, intentar hacer más llevadero un día agotador, solo que por lo visto la equivocada soy yo —dijo mirándolos—.

Sí, soy una persona falible, como cada uno de vosotros aquí, cometo errores, pago por ellos, y la mayor parte del tiempo me cuestiono a mí misma intentando mejorar.

No soy un robot defectuoso como queréis aparentar aquí en esta sala de reuniones.

Pero si queréis hablar un poco sobre cada punto voy a decir algo; sin embargo, ignoraré la parte de la ropa y de las risas, porque eso es una payasada !

—Puedes continuar —apunté.

—Sí, en algunos momentos tardo más en comer, pero eso ocurre porque soy tan perfeccionista que intento por todos los medios terminar mi trabajo para por fin salir de la empresa en paz; aun así, cuando me paso de la hora de comer siempre lo compenso quedándome más tiempo en GCR , y mi hoja de fichaje está ahí para demostrar lo que digo.

En cuanto a la parte de documentos importantes que no se entregan, es un fallo mío, pero como mi sección aquí es la que tiene menos personal, no consigo muchas manos que me ayuden, y mis peticiones para más empleados las está ignorando continuamente el consejo, así que. ..

—No es exactamente así, nosotros...

—¡Tú! —dije—. ¿Qué parte del hay que estar callado y dejar que cada persona hable cuando le toca es la que no entendiste ?

Uno de los directores bajó la cabeza y enseguida dije: —Continúa.

—Sobre documentos erróneos ni voy a decir nada, porque no lo hice y estoy segura de ello.

En cuanto a la falta de compromiso de las personas de mi sección que mencionó.

.. ni sé qué decir. Somos humanos, hay días en que estamos mal, y todo eso unido a la enorme cantidad de trabajo y a la poca plantilla tiende a dejar a la gente estresada, y realmente puedo tener culpa en eso, porque los fuerzo al límite, pero aun así soy yo quien hace de todo para que todo esté en orden.

Y sí, despedí a personas y volvería a hacerlo; quien sabe si están trabajando como deben soy yo, y no vosotros.

Yo convivo con ellos, trabajamos codo a codo, así que nada mejor que su jefa para hacerlo.

Creo que es eso. Pensé que esta reunión me mostraría algo en lo que realmente me hubiera equivocado, algo susceptible de despido, pero esos puntos suyos.

.. —sonrió, volviéndose hacia mí—. No se entiende que esté siendo juzgada por lo que han escrito. Sinceramente.

—¿Alguno de vosotros quiere decir algo?

—Se está haciendo la víctima. Claramente —dijo Jeferson y al momento se instauró un murmullo.

—No he preguntado si se está haciendo o no la víctima. Quiero saber si hay algo más relevante que decir sobre el trabajo.

—Creo que lo hemos dicho todo —dijo Amadeu.

—¡Excelente! Porque ahora hablo yo...

Me levanté y cogí la otra carpeta que había traído conmigo.

En ella había diez hojas, con cosas escritas por ambas caras. Me aseguré de entregárselas persona por persona. No le di una copia a Luiza, no era necesario.

El título de aquellos documentos era: Luiza Goulart.

—No voy a mentir, leí incontables veces los papeles que elaborasteis y me quedaba incrédulo a medida que los releía, y... —Miré a Luiza, y al momento se quedó asustada—. Me contuve mucho para no tirarlo todo a la basura.

—Pero, Victor Hugo, aquello...

—¡Calla! Interrumpirme no es buena idea. ¡Hazme caso! —apunté y al momento dirigí mi atención a los hombres—. Leedlo y os explicaré algunas cosas —añadí, y a continuación empezaron.

Pude observar un poco a Luiza y realmente no sabía en lo que se había metido, o qué era ese papel que los ejecutivos leían. Aun así, le lancé una breve sonrisa, y claramente se calmó más.

Después de cinco minutos vi que todos en la sala habían acabado de leer, así que por fin podría exponer mis consideraciones. Sería rápido, estoy seguro de que lo van a entender sin enrollarse.

—Voy a empezar diciendo algo obvio, donde con seguridad entenderéis de qué lado estoy: ¡tenéis suerte de que Luiza Goulart esté trabajando en GCR !

Eso es —me senté analizando a aquellos hombres de corbata que tenía delante—.

Pero, antes de profundizar en algunos asuntos, vamos a la sección curiosidades: ¿sabíais que ella siempre tuvo el sueño de trabajar en GCR ?

Bueno, creo que no, perdisteis tanto tiempo analizando los vestidos que usa en la empresa que olvidasteis lo que realmente importa.

Pero, mirad, hablar de sus sueños no es el foco aquí, sino su trabajo, así que vamos por partes.

Algunos de los directores ya ni me miraban, pero iban a escuchar, y por más que pensara que todos seguirían sentados hasta que terminara, acabé cerrando la puerta con llave.

¡Solo por si acaso!

—Luiza Goulart lleva en GCR Turismo menos de un año y medio y ya ha alcanzado el puesto de Gerencia General. ¿Alguien ha hecho esto aquí dentro? ¿Subir tan rápido?

—Creo que hubo una persona...