CAPÍTULO 18 #2
No hicieron falta ni diez segundos para que me cayera bien Samantha.
—Es gay , Luiza.
— Ah , no me digas —replicó Samantha con una mano en la boca, tomándole el pelo—. Y, hablando de eso, ¿qué día montamos una fiestecita particular?
Victor Hugo solo sonrió y sacudió la cabeza en desacuerdo.
—Creo que ya lo sabes.
—Aguafiestas. —De nuevo abrió su abanico, abanicándose, y empezó a caminar por la casa—. ¡Acompañadme!
—¿Es él quien...?
—Hace todo el procedimiento antes de que vaya al hospital —completó—. Generalmente paso algunas veces por aquí el mismo día cuando voy a visitar a los niños.
—¿Por qué algunas veces el mismo día? —pregunté.
—Por los disfraces. A algunos les gustan distintos superhéroes, y tengo que retocar el maquillaje, cambiarme la ropa, entre otras cosas. Aquel día me viste disfrazado de Capitán América , pero una hora antes estaba caracterizado de Spider-Man , ¿sabes?
No pude contener una sonrisa.
—Lo sé, es difícil contentar a los niños últimamente, los gustos son muy variados.
—Vamos, guapo . Llegas tarde. Y disculpa, ¿cómo era tu nombre, cariño? ¡Soy un maricón muy despistado!
—Luiza.
—¿ Quééé ? ¿Tú eres la Luiza que trabaja con él? —Abrió mucho los ojos.
—Sí —respondí, pero con cierto recelo, mirando directamente a Victor Hugo.
—A ver si eres tú de verdad... —dijo y me asusté, porque aquel hombretón de casi 1,90 m se acercó más y... me palpó los pechos. De la nada.
—¡Madre mía!
Empecé a reír sin más, y vi a mi jefe asintiendo con la cabeza.
—¿Le vas a contar todos mis secretos así, a la primera de cambio?
—Depende... —Se volvió hacia él—. ¿Nuestra fiestecita va a ocurrir o no? —le lanzó un besito, y lo vi cerrar los ojos.
—Puedes revelar mis secretos. No me importa.
—¡ ¡Es lo que pensaba!
Mi día estaba atípico. Hasta pensé que sería despedida por decirle lo que sabía, pero acabaremos juntos en el hospital.
No sabía qué pensar, de nuevo. Victor Hugo es una caja de sorpresas, y por lo visto va a seguir sorprendiéndome.
—Cielo, sabes que Victor Hugo lo va a negar hasta la muerte, pero tiene muchos celos de ti, ¿no ?
—¿En serio?
—Samuel...
—Ah, soy un maricón cotilla de verdad. Así que... ¡creo que esa cosa horrible que adoro llamada ménage ya no va a pasar! —soltó una carcajada y casi me dio un patatús—. ¡Es un poco posesivo!
Samantha es el sinónimo de felicidad y mofa al mismo tiempo, y no estoy consiguiendo lidiar.
—Nada como tener un amigo así para revelar nuestros secretos —fue su turno de hablar mientras Samantha le retocaba el maquillaje.
— Ah , cielo. Pero entiendo tu lado. Si yo fuera hetero y tuviera una morena preciosa como tú entre las manos, no la dejaría escapar de ninguna manera, y la querría solo para mí. Pero a mí me gusta algo grande y gordo. Creo que me entiendes.
—Gracias —agradecí soltando una carcajada—. Y te entiendo más de lo que imaginas —añadí con cara traviesa.
Si pudiera definir mi día sería algo así como: sorprendente .
Aunque me quedé aquí casi una hora, hablamos mucho, y el tiempo pareció volar. Samantha es una persona muy graciosa, y consiguió romper el hielo incluso con Victor Hugo, que entró en la broma en algunas ocasiones.
—¡Estás listo, guapo!
—Entonces es mejor que nos vayamos, Luiza, llegamos tarde. —Miró el reloj, pero a mí me interesaba otra cosa.
—¡Espera un momento! —dije—. Déjame admirar esa obra de arte.
Mi querido jefe estaba caracterizado de Thor , y su martillo...
¡Que Dios nos pille confesados...!
—¡Yo también quiero admirarlo! —Samantha abrió su abanico, y casi me deja sorda—. ¡De nuevo lo bordé, y tú como modelo también lo bordaste!
—Gracias. Puede que vuelva hoy.
—Sin problema. ¡Te voy a esperar en pelotas en el sofá! —soltó una carcajada y tuve que acompañarla.
Victor Hugo refunfuñó algunas cosas y sonrió; acto seguido salimos de su casa, subiendo al coche.
Durante unos segundos observé a mi jefe, y no sabía qué decir.
—Presta atención: si vuelves a ver a Samuel, por el amor de Dios, no comentes bajo ningún concepto que no me quito ese maquillaje de la manera correcta. Si se entera de que tengo ese descuido, va a soltarme un montón en el oído, y estresado... —puso los ojos en blanco.
Empecé a soltar carcajadas, admirando a aquel guapo hombre que tenía delante.
—Tienes una fan. Dos ahora contándome a mí.
—Eso es porque aún no has visto a los niños. ¿Estás lista?
—No sabes cuánto...
—¿Voy a poder entrar de verdad?
Estábamos en la recepción del Intermedical Center , y el miedo a no poder acompañarlo ya daba señales.
—Ya me las he apañado. Hoy vas a conocer a Vitória, y a algunos otros niños.
Victor Hugo empezó a caminar, pero me quedé parada y le cogí una de las manos. Tras ese gesto se detuvo, y me miró con duda.
—¿Qué pasa?
—Pensé que estabas enfadado conmigo. Después de lo que dije no hablamos más. No imaginé que me traerías aquí, un lugar que tanto escondes.
—Luiza, tengo mis motivos. Pero confío en ti, y no solo confío sino que me gusta tenerte cerca. Solo necesito que tengas paciencia conmigo.
—Puedo vivir con eso —dije y al momento fuimos juntos a un pasillo que recuerdo muy bien.
Después de que Victor Hugo y yo apareciéramos en una habitación específica, enseguida vi a una niña gritando al verlo acercándose a ella.
¡Vitória!
—Estaba eufórica aquí —dijo una señora que estaba sentada y se levantó.
—Luiza, esta es la señora Marlene, la madre de Vitória.
—Encantada, mi niña —me dio un beso en la mejilla y se volvió hacia él—. Os voy a dejar a solas.
La señora Marlene salió de la habitación, y cuando Victor Hugo se acercó a la niña, ella lo abrazó fuerte, y aquello me dejó bastante emocionada.
Soy una blandengue para ciertas cosas.
A pesar de todo, después de que ese momento pasara, la niña me miró bien desconfiada. No sabía exactamente cuál sería su primera impresión sobre mí.
—Es mi amiga, Vitória —apuntó—. He traído a Luiza para que te conozca.
—Encantada, Vitória —dije, con la esperanza de que me diera una pequeña apertura.
—Encantada —dijo y al momento se volvió hacia él—. Es solo tu amiga, ¿no ? —preguntó, y al momento sonreí, entendiendo el motivo de la pregunta.
—Sí, angelito.
—Entonces cuando sea mayor de edad seguimos casándonos, ¿no ?
Por lo visto su encanto cautiva incluso a los niños de aquí.
— Déjame pensar ... —guiñó un ojo—. Si obedeces a tu madre, haces todo lo que te pidan los médicos, mandas ese cáncer lejos , te voy a esperar con los brazos abiertos.
Solo hay un problemilla, ¿no ? Por desgracia creo que vas a romperme el corazón y te vas a enamorar de algún chico más joven.
.. —dijo, haciendo poses, simulando tristeza.
—Quizá, pero soy difícil.
Empezamos a reír, y vi que mi día no podía estar mejor.
Observar lo que Victor Hugo se proponía a hacer me dejó fascinada, de verdad. Las conversaciones, la manera en que interactuaba con Vitória, cómo los temas de los dos encajaban...
En fin, a cada segundo que pasa estoy más feliz, y ni sé expresarlo en palabras.
—Dime, ¿cuál va a ser tu petición de hoy?
— Mundo Paralelo, de Vitor Kley. —Le brillaron los ojitos.
—¡Marchando ya !
Después de que Vitória pidiera su canción, mi jefe sacó la guitarra que llevaba a la espalda y empezó la melodía...
Mamá, ya no le tengo miedo a la noria
Ni al coche veloz ni a la película de terror
Cuando se vaya la luz y esté en el ascensor
Mamá, ya he visto que la vida es cuestión de un instante
Y en un parpadeo todo puede desmoronarse
Y yo aquí preocupándome por lo que voy a publicar
Me cansé, ya no quiero seguir jugando
Despacio, me desapego de este mundo paralelo
Y siento la falta que hace un abrazo, sí que hace
Despacio, me desapego de este mundo paralelo
Y siento la falta que hace un abrazo, sí que hace
Lo sé
El tiempo va pasando, las cosas van cambiando
Sí que van cambiando
Pero tened la certeza
De que el amor es infinito
Un abrazo es infinito
No tiene fecha de caducidad
No tiene un nuevo modelo
No se le acaba la batería
Un abrazo es eterno
Y la sonrisa de quien recibe el abrazo lo es más todavía
Creo que todos nos emocionamos con la melodía, y la niña lloró. Yo intenté disimular, pero una lágrima resbaló por mi cara.
—¿Te ha gustado o estoy oxidado?
—Me ha gustado.
—¿Y dónde está mi abrazo?
Se acercó más y los dos se abrazaron.
Aquel gesto me mostraba tanto, y una gran felicidad irradiaba en mi corazón. A cada segundo que pasaba, más admiraba a mi jefe, y creo que eso sería algo recurrente ahora.
—Después de que habláramos un poco, Vitória notó que rápidamente hablamos sobre algo relacionado con el trabajo, y preguntó: —¿Ella trabaja contigo?
—Sí. Soy su jefe.
— Ah , ¡debes ser el jefe más majo del mundo!
No pude contenerme y solté una risa muy fuerte. Pobre Vitória, poco sabe ella lo que ya he pasado...
—Digamos que...
—Tiene sus buenos momentos —le guiñé un ojo a ella al interrumpirlo—. Pero hay veces que quiero matarlo, ¿sabes...? —puse los ojos en blanco siseando esa frase, y al momento Vitória empezó a reír.
—¿En serio? Parece tan bueno.
—No te engañes con su apariencia tierna. Es bien malo cuando quiere.
—¡No me lo puedo creer! —Se volvió hacia él, perpleja—. ¡Me dijiste que eras bueno conmigo !
—¡ ¡Pero lo soy, mi ángel!
—Para nada —repliqué y al momento Vitória y yo soltamos una carcajada, mientras una sonrisa leve brotaba en su cara.
—No me puedo creer que os vayáis a juntar para hablar mal de mí... —dijo, simulando tristeza.
—¡ ¡Pues sí ! —Tanto Vitória como yo dijimos al mismo tiempo.
—Por lo visto he perdido esta batalla...
Uno de los mayores miedos que tuve cuando pisé el hospital fue que no le cayera bien a Vitória, o que no me recibiera bien, pero fue lo contrario.
Durante varios minutos pudimos divertirnos, hablar de cosas de mujeres, irritar un poquito a mi jefe, y al menos por algunos instantes olvidar que ella libraba una batalla contra la leucemia.
Ni sé expresar exactamente lo que sentí en las dos horas que estuve en el hospital. Conocí a un montón de niños, y cada vez que acompañaba a Victor Hugo, más tenía la certeza absoluta de que estaba dejando aflorar su lado bueno ante mí.
¡Aquí podía ser él mismo!
Creo que es difícil no enamorarse de una persona así, y por primera vez en mi vida no estoy pensando en las consecuencias de entregarme a un solo hombre...