CAPÍTULO 19
«¿Qué pasa cuando tu jefe es un chiflado, pero tú eres aún peor?»
VICTOR HUGO
Revelarle a Luiza lo de mi otro trabajo ha sido bueno.
En realidad no es exactamente una revelación, ya que me pillaron in fraganti, pero estoy bien, porque confío en ella.
El primer día me irrité un poco, no voy a negarlo.
Soy muy reservado en relación con los niños, y tengo mis motivos. Puedo ser el peor hombre del mundo, pero siempre haré lo mejor por ellos. Mi familia y aquellos niños vienen en primer lugar en mi vida. Trabajo encuentro en cualquier sitio, pero familia y amistades verdaderas no funcionan así.
—¿Por qué eres voluntario?
Y, como si el Universo ayudara, me preguntaron justamente sobre lo que estaba pensando en ese momento.
—No te apegues a los motivos, apégate a lo que hago. El porqué de hacerlo no es importante.
—¿Y todo este misterio en torno a mi querido jefe, eh ?
—Acostúmbrate, preciosa . Soy reservado.
Luiza sonrió arreglándose el cabello, y aquello...
Es complicado lidiar con esta mujer. No sé qué se me pasa por la cabeza cuando observo su sonrisa, la manera en que me mira, nuestra cercanía.
Nunca he estado tan cerca de alguien como está ocurriendo ahora.
Por lo general quiero acostarme con las mujeres y punto, pero con Luiza siento que tengo cierta conexión, no sé.
No sé explicar estas cosas, soy emotivo y sentimental con los niños, ahora con ella.
.. es diferente . Pero quiero y voy a descubrir qué es esto. Y empezaré ahora.
—¡Pero para mí te has convertido en un encanto!
No tanto...
—Pero tengo un terrible defecto. —Me levanté, rodeé la mesa y me acerqué más a la silla en la que estaba sentada.
—¿Cuál?
—No me importan las consecuencias de absolutamente nada de lo que hago.
Tomé su boca, y vi lo sorprendida que se quedó, pero acto seguido se entregó, y... maldición !
Ya no puedo apartar a esta mujer, y eso puede ser demasiado peligroso.
—Victor Hugo... ¿de verdad me has besado sin más? —preguntó, mordisqueándose los labios.
—Sí. Y me estoy conteniendo, porque merecías más que un beso.
—¿Y estás diciendo que...?
—Luiza... —le toqué la mejilla.
—¿Qué pasa?
—Solo pensé otras cosas. Nada del otro mundo.
—Luiza... deja de ser problemática —provoqué, pero sabía que ese no era el punto.
—Victor Hugo... —respiró hondo—. ¡Te mereces el mundo entero! ¡Lo que desees! Yo no te admiraba, voy a ser muy sincera, pero después de las cosas que he visto... no tengo palabras. De todas las personas del mundo, eres el que más me ha sorprendido. Eso es.
Tuve diez minutos para recuperarme. El problema fue que eso no ocurrió.
—¿Se ha ido? —le pregunté a mi secretaria.
Mucha gente piensa que las secretarias de los CEO están cerca de ellos, pero la mía es diferente. La mantengo aislada, justamente para que no me molesten.
—Sí. ¿Por qué...?
Colgué el teléfono. Solo necesitaba esa información.
Salí de mi despacho y como un depredador fui en busca de mi presa.
Luiza Goulart...
—¿Te has recuperado? —preguntó al verme.
No hice ceremonia y le cogí el brazo derecho.
—Vamos a dar una vueltita.
—¿Una vueltita adónde?
—Digamos... que vamos al médico.
—¿Al médico? —se mofó.
—Sí. ¡Y no digas una palabra más a partir de ahora!