Mi pesadilla con traje (CEOs Irresistibles 2) CAPÍTULO 18
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CAPÍTULO 18

«Nuestros demonios deben ser confrontados a diario...»

LUIZA GOULART

El ambiente en GCR se volvía más distendido a cada día que pasaba.

Confieso que ya me había acostumbrado a la idea de tener un jefe tirano dictándome las reglas y tirándome los tejos, pero ahora todo es distinto, y he vuelto a amar cada parte de mi trabajo, y debo decir que trabajar con Victor Hugo me hace feliz...

Fui al despacho de mi jefe, y casi entré, pero vi que había otra persona con él: Jarvas.

No oí la conversación de los dos, les di cierta privacidad aunque me quedé parada en la puerta, pero lo vi agradeciéndole mucho a Victor Hugo, y hasta parecía un poco emocionado. Mi jefe, por su parte, estaba... sonriendo .

Eso es algo inédito, al menos cuando hablamos de otros empleados de GCR . Sus sonrisas generalmente están dirigidas a mí, y la mayoría son sarcásticas.

Después de que Jarvas pasara a mi lado, entré en su despacho.

— Preciosa ... ¿cómo estás?

—Bien, y parece que cierta persona también.

—He recibido algunas buenas noticias hace un rato. Es solo eso —apuntó—. Ahora, vamos a resolver los asuntos pendientes...

Hoy ha sido uno de los pocos días en que trabajamos juntos en algo. Hasta parecía estar más animado de la cuenta, y eso no es propio de él, ya que Victor Hugo y trabajo... bueno, no voy a juzgarlo, parece estar mejorando, y le doy las gracias al cielo por eso.

Nos quedamos en silencio durante varios minutos mientras revisábamos algunos documentos, pero creo que ya sabéis que cuando dos cotorras están juntas, es inevitable que una abra la boca.

—¿Qué te parece que sea el nuevo profesor particular de tu querida amiga? —cambió de tema, girando el bolígrafo entre los dedos.

—Sobre eso... estuve pensando ayer en mi casa, y aún no me creo que Renata te engañara —le dije a mi jefe, después de terminar uno de los informes que se entregarían a Recursos Humanos.

—¿Y quién ha dicho que me engañaran? —preguntó—. Renata no se abre mucho, pero en el fondo todos queremos algo, y ella no iba a decir nada si se lo preguntaba directamente, por eso le monté una cosita pequeña —añadió guiñando un ojo.

—Tú y tus tramoyas... —dije—. Es horrible cuando caemos en ellas, somos los últimos en saberlo.

—Eso no importa, preciosa . No perjudico a nadie haciéndolas, todo lo contrario.

—Puede ser verdad... —siseé, dejando de centrarme en sus ojos, que a veces me desnortan—. ¿Puedo hacerte una pregunta personal?

—¡Claro! Que yo responda ya es otra historia.

—No soy Renata —dije con tono firme—. Sé que vas a responderme.

— Inténtalo .

Analicé sus facciones, admirando a aquel hombre que poco a poco fue trastocando mi mente. Sé que entenderlo del todo será difícil y requiere tiempo, pero quiero descubrir al menos un poco sobre Victor Hugo Avelar.

—¿Por qué eres así?

—¿Así cómo? —preguntó.

—A la vez que no te importa, parece que te importa. Ayudas a la gente sin pedir nada a cambio, haces amistades fácilmente, a pesar de eso no parece que tengas amigos cercanos... —paré reflexionando sobre mis siguientes palabras—. Creo que la pregunta correcta es: ¿qué significa la vida para ti ?

Creo que mi pregunta está directamente relacionada con lo que presencié en el hospital.

Aquella imagen aún sigue muy presente en mi memoria, y de vez en cuando recuerdo ese gesto bonito, y por eso quiero descubrir algunas cosas más.

Sé que no es mala persona, y hasta el hecho de ayudar a Renata me demuestra que no estoy volviéndome loca.

Mi jefe respiró hondo, y a continuación, de manera despreocupada, puso los dos pies sobre la mesa.

No es nada previsible, y hasta eso me llama la atención.

—Es como les digo a mis padres... —Me lanzó una breve sonrisa y dirigió la atención a la ventana, bastante pensativo—.

Tenemos que aferrarnos de tal manera a nuestra mente y a nuestro cuerpo que vivir intensamente debe convertirse en una obligación, ya que no sabemos si vamos a despertarnos al día siguiente.

Puede que no aproveche mi vida de la forma que la sociedad considera correcta, pero si he aprendido algo es que no todos tienen la oportunidad de salir de sus casas o de los hospitales y observar un simple atardecer; respirar el aire fresco de una montaña; decirle a alguien lo especial que es esa persona; así que hago lo que me apetece a la hora que me apetece, aunque sea beber hasta caer, porque me considero un vencedor por todo lo que pasé en mi vida, y querría que todas las personas que están muriendo pudieran tener esta oportunidad de disfrutar un día más de vida.

Ese es el significado de la vida para mí, Luiza, una oportunidad en la que podemos hacer y ser lo que nos dé la gana, donde no hay espacio para arrepentimientos. Por eso soy así, y vivo intensamente.

No me contuve y mis ojos se llenaron de lágrimas; sin embargo, lo disimulé lo más rápido que pude.

—No lo dije con la intención de hacerte llorar, es solo... mi filosofía de vida.

Él no sabe el motivo...

—Me siento mal por saber algo tan profundo sobre ti y fingir que no lo sé.

—¿Luiza...?

—Espera, soy yo quien va a hablar ahora. Me equivoco y mucho al juzgar a la gente sin conocerla, y jamás imaginé que pudieras tener un lado bueno, que te preocuparas por la gente, porque en la empresa no lo demuestras. Te empeñas en ignorarlo. Sé que tienes muchos secretos.

—Todos tenemos secretos —rebatió, con una pequeña sonrisa en los labios—. Y, lo más importante: motivos para guardarlos . Yo no soy diferente, ciertos temas prefiero guardármelos .

—Pues entonces tu error fue dejarme tomar libre algunos días atrás.

Noté que su expresión había cambiado, pero ya no quería guardarme más esto. Tiene que saber que descubrí algo que él esconde.

—¿Por qué mi error?

—El padre de Beatriz, que está casada con Daniel, se sintió mal en un supermercado de la ciudad, y ella me llamó desesperada, temblaba mucho y difícilmente conseguiría llegar al hospital.

Como estaba libre, fui a Argo's y fuimos juntas al Intermedical Center , y.

.. —sonreí, sin gracia—. Creo que ya puedes adivinar el resto.

—No. No lo sé. Continúa —dijo impasible.

Respiré profundamente.

—Después de que vimos que su padre estaba bien, fui a la salida del hospital para llevar a mi amiga a la empresa, y fue entonces cuando... —paré, analizando sus ojos, que no expresaban agitación alguna—. ¡Te vi !

Un largo silencio llenó el despacho, y no dije nada más.

Quería mucho saber lo que podía estar pensando.

—Sé clara. ¿Qué viste, Luiza?

—A ti en Oncología Pediátrica , disfrazado de Capitán América , cantándole a una niña... la misma de la foto que me enseñaste días atrás. Lo que haces en ese hospital es un gesto muy bonito, y sé que los niños a los que ayudas...

—Vuelve al trabajo —dijo interrumpiéndome, pero con un tono demasiado calmado.

No me miraba en ese momento, simplemente dirigió la atención a la ventana tras pronunciar la frase.

—Victor Hugo...

—¡Luiza! —Me miró profundamente—. ¡No voy a repetirlo, vuelve al trabajo!

—Yo solo quería... —hice una pequeña pausa, intentando encontrar las mejores palabras, pero no lo hice—. ¡Olvídalo! Fue un error decir que lo sabía.

Decidí salir de su despacho.

No sé si mencionar lo que descubrí fue una buena idea, y lo que teníamos puede cambiar drásticamente después de que me fuera de la lengua.

Durante la semana siguiente Victor Hugo ni siquiera me dirigió la palabra dentro de la empresa.

No sabía bien qué pensar sobre todo lo que estaba pasando, porque pensaba en él constantemente, y la preocupación en mi pecho solo aumentaba. Al principio pensé que no, pero ahora veo que echo de menos nuestras conversaciones diarias, y eso ha cesado.

Decidí centrarme en mi trabajo, pero eso se complicó un poco cuando lo vi apoyado en la puerta de mi sección, mirándome con dureza.

—Luiza, quiero todo listo para mañana a las tres. Voy a necesitarte después de esa hora —dijo después de quedarse unos segundos en mi sección y darse la vuelta.

—Por ese tono preveo problemas —dijo Estela mientras me miraba asustada; al momento respiré hondo e intenté imaginar lo que quería.

No sé si fue buena idea exponer lo que sabía. Tengo que guardarme ciertos asuntos y dejar de intentar entender la cabeza de la gente que me importa. Un día eso me va a meter en líos, tengo la absoluta certeza.

—Si tú lo crees, yo lo tengo claro.

Hoy mi día ha pasado tranquilamente y pude dejarlo todo bastante adelantado, ya que él había avisado de que me necesitaría...

Bien quisiera que necesitara mi ayuda en algo relacionado con el placer, pero al ver su cara ayer, pude tener la certeza de que no era el asunto.

Después de respirar hondo varias veces, decidí encarar a la fiera, y en este momento estábamos cara a cara.

—¿Has terminado lo que te pedí? —preguntó, con la cara seria.

—Sí. ¿Qué necesitas ahora?

—¡ ¡Que vengas conmigo!

—¿Adónde?

—Lo descubrirás pronto. ¡Vamos!

Pensé que iba con Victor Hugo a otra empresa, a visitar a algún cliente, qué sé yo, así que simplemente fui hasta su coche y subí.

No se dijo ni una palabra hasta que por fin llegamos al destino, y ahora estamos llamando al timbre de una residencia, y no entiendo nada de lo que está pasando.

—Me he aguantado demasiado para hablar. ¿Qué está pasando, y por qué parece que me están secuestrando?

Una pequeña sonrisa apareció, y a continuación clavó la mirada en la mía durante un momento, dejándome desarmada.

—Voy a presentarte a una persona.

Cuando me preparé para decir algo, he aquí que la puerta se abrió, y un guapo hombretón negro apareció delante de nosotros con un abanico gigante.

—¡ ¡Mi cieeelo ! ¡Hoy has llegado pronto! —dijo y al momento me miró de arriba abajo—. Hmm . ¿Y esa preciosa, quién es? —preguntó de la nada y se acercó a mí cogiéndome la mano y haciéndome dar una vueltecita.

—Mi amiga.

Miré a Victor Hugo sin entender nada, y lo vi sonreír a continuación.

—Bueno, guapa, me llamo Samuel o Samantha , como prefieras.

Solté una carcajada.