Mi pesadilla con traje (CEOs Irresistibles 2) CAPÍTULO 17
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CAPÍTULO 17

«Y con el tiempo nuestras amistades se vuelven cada vez más verdaderas...»

LUIZA GOULART

Los minutos pasaban y el trayecto hasta el lugar al que íbamos se acortaba. Me di cuenta de que Renata cada dos por tres me miraba con desconfianza, y lo único que podía hacer era contener la risa.

Nuestra amistad es muy sincera, pero es una pena que vaya a quedarme sin mi amiga después de que acabe este día.

—Estamos llegando, muñequita .

—De eso es de lo que tengo miedo: de llegar .

Sonreí. Es que no sabe que la estoy llevando a un sitio que probablemente le va a desagradar.

Aparqué el coche y al momento los ojitos curiosos de mi amiga se dirigieron a la nave en la que entramos.

—Secuestrarme no es buena cosa. Apuesto a que los secuestradores no aguantarían ni un día conmigo —dijo, y al momento le di un pellizquito en la mejilla.

—Te quiero, amiga.

— No puedo decir lo mismo —se mofó y al momento bajó del coche.

Conforme nos adentrábamos en el lugar, más alta sonaba la música, y cuando por fin Renata entendió lo que estaba sonando...

—Espera, no me puedo creer que me hayas traído a una rueda de... pagode !

—Cálmate, muñequita . Si te dijera adónde íbamos, no estarías aquí, ¿no?

—¡Obviamente no! ¿Lo dudas? Pero lo que quiero saber es: ¿cuál es el motivo de traerme aquí?

Iba a decir algo, inventarme alguna excusa, pero no me dio tiempo, porque Renata oyó cierta voz...

—¡Mira quién está aquí! ¡Renatchiiiiita !

Mi amiga bajó los ojos y me analizó, suspirando a continuación.

—Olvida ahora lo que dije sobre que me caía bien Victor Hugo, por favor. Por lo visto la idea fue suya.

—Sí. Ahí tienes el motivo por el que te obligué a venir.

—¿Cómo estás? —Se agachó quedando a su misma altura.

—¿Con mi vida? Bien. ¿Respecto a ti? Odiándote un poco más a cada segundo.

— Ah , deja eso. Yo te caí bien.

—Justamente. Me caíste bien en pasado. Porque traerme aquí...

Renata miró alrededor y había gente bailando samba, cantando, montando follón, gritando, besándose...

Me gustó el sitio, va con mi estilo.

—Es para soltar el estrés acumulado. Un pagodito es bueno. ¿Sabes bailar?

—No voy a responder.

—Yo te enseño, cualquier cosa.

—No, gracias.

Después de sentarnos en una de las mesas, empezamos a hablar, o a intentarlo. Renata todavía estaba incrédula.

—¿Cómo van los asuntos en la empresa, fan de Daniel Falcão ? Me he enterado de que te han ascendido.

Renata me miró automáticamente, e hice lo mismo con Victor Hugo. No le había contado eso.

—Sí. Pero Luiza solo te ha contado lo básico.

— Ah , ella no me ha contado nada. Lo he deducido, vosotras dos sois iguales en eso. Luiza subió muy rápido, y tú harás lo mismo en Argo's , tengo certeza.

No sé cómo recibió ese elogio Renata en su cabeza, pero su cara se suavizó.

—Me recuerdas mucho a una persona —dijo Victor Hugo con una mano en la barbilla.

—¿A quién?

—A mi rival y tu ídolo: Daniel Falcão.

—¿Por qué? —pareció interesarse.

—Es difícil explicarlo, pero hablo de temperamento, manera de comportarse, cuestión de trabajo, ¿sabes? Así que... —Dio un trago a la cerveza sin apartar los ojos de nosotras—. Creo que vas por buen camino, porque es uno de los CEO más famosos del país, y lo sabes.

—Sí —Renata dio también un trago a la cerveza—. Beatriz me está ayudando mucho ahora que él ha dejado Argo's.

—Y, en lo que necesites, puedes contar conmigo.

Tras esa frase, Renata arqueó las cejas, desconfiada.

—Si lo estás haciendo porque quieres acostarte con Luiza, que sepas que no me necesitas, ella te lo dará cuando le apetezca, que es prácticamente a cada rato.

—¿Y el respeto por mí? ¿Adónde se ha ido? —fingí nerviosismo y al momento apartó la cara.

—Amiga... ahórratelo, ahórrate, ahórranos.

Los tres empezamos a reír, y al momento el ambiente se volvió más divertido.

—Me has caído bien, Renata. Y, además, para empeorar la situación un poco más, tanto Luiza como yo tenemos algo en común: nos encanta irritarte.

—Ni me había dado cuenta...

—Pero lo que no sabes es que pretendo ayudarte en lo que necesites. Sé que eres fan justamente de mi rival, que es bastante menos inteligente que yo, dicho sea de paso, pero un día puedes necesitarme.

—Quién sabe... pero, ¿cómo pretendes conquistar a una persona como yo trayéndome a una rueda de pagode ? —sonrió al preguntar—. No ha sido tu mejor idea.

—Eso es porque no conoces mi segunda idea.

Y por lo visto ni yo. ¿Qué está tramando este hombre ahora, madre mía?

—¿Que sería...? —preguntó, recelosa.

—Cuando Luiza dijo que ibais a salir juntas hasta lo encontré mejor, ¿sabes? Investigué algunas cosas y encontré tu Facebook recientemente, y junto con él tu usuario en Spotify , y ¿sabes qué me llamó la atención?

—¿Qué? —preguntó, dividiendo la atención entre Victor Hugo y yo.

—Tienes 340 canciones guardadas. Son muchas.

—Sí, pero conozco a personas que tienen más. No entiendo adónde quieres llegar.

—Pero vi algo distinto ahí... —lanzó una sonrisita burlona—. Tienes un pagode entre ellas.

— Ah , ¿y por eso decidiste traerme a una rueda de pagode ? ¡Con increíbles 1 canción en mi lista !

—La respuesta a tu pregunta es: sí .

—Victor Hugo... —lo llamó un hombre detrás de una de las barras—. Tú y Renata sois los siguientes.

—Gracias por avisar, João.

Miré a mi jefe y Renata hizo lo mismo sin entender qué estaba pasando.

— Ah ... se me olvidó contar que aquí tenemos un videokaraoke , así que la bajita y yo cantaremos la dichosa canción que tiene en la lista . Juntitos.

Casi escupo la cerveza al oír esto, y al momento se le pusieron rojas las mejillas a Renata.

—¡Esto solo puede ser broma! —gruñó Renata—. ¡Ni de coña voy a cantar pagode contigo! ¡Jamás!

— Renatita , ¡por favor! —dijo melosamente.

—Esa voz suave puede que funcione con Luiza, pero conmigo ni de broma.

— Ah , vamos. ¿Qué puedo hacer para que aceptes? Tiene que haber algo a mi alcance, todos queremos algo.

De repente el semblante de Renata cambió, y su postura se irguió un poco más. No debió haberle preguntado eso.

—¿Realmente crees que puedes chantajearme?

—A todo el mundo se le puede chantajear, así que... sí.

—Pues bien. Haz tres cosas por mí y canto contigo —apuntó decidida.

—¡ ¡Cerrado!

—Primero: recientemente ha salido el curso de Mário Lustosa, uno de los mejores vendedores del país, y tengo muchas ganas de comprarlo, pero estoy corta de dinero, o sea, tú serías mi dinero .

Segundo: hay un tema en el que tengo dificultad sobre ventas, y sé que Beatriz anda muy ocupada, pero necesito asistencia urgente con eso, y puede ser incluso tú explicándomelo , no me importa.

Tercero: nunca más me lleves a un sitio que no sepa dónde es. Cuarto...

— Eh , ¿no eran tres cosas?

—Sí, pero mi cuarta petición no tiene relación conmigo. Es una pregunta que te voy a hacer. Nada más.

—¿Solo?

—Sí. ¿Y bien, estamos de acuerdo?

Yo literalmente estaba en las nubes durante la conversación, porque no sabía que Victor Hugo tenía planes de cantar con mi muñequita ni que Renata tenía un contraataque preparado.

—Claro que estamos. El curso lo compro hoy mismo; cuando quieras hacemos una videollamada o nos encontraremos en persona para explicarte lo que necesites; y a partir de hoy te diré adónde vamos cuando salgamos juntos.

—¿Y la pregunta?

—También. Podrás hacerme cualquier pregunta.

—¡Excelente!

Vivir para aprender...

Debí haberme imaginado que Renata iba a sacar provecho de esta saliducha nada convencional. Lo que me sorprendió fue que en este chantaje ambos salieron ganando, y ni siquiera pelearon ni nada por el estilo.

—Es vuestro turno —oímos de nuevo la voz del hombre al fondo.

—¿Preparada, Renatita ?

—Yo ya nací preparada, cariño. Y que sepas que yo no canto, yo doy espectáculo .

—¡Así se habla!

No sé si la emoción de mi amiga fue más en relación al curso o a las enseñanzas que se llevaba en bandeja, pero su confianza subió por las nubes en un corto periodo, y eso me hizo bastante feliz. Quiero mucho a mi muñequita , más de lo que se imagina.

Cuando los dos fueron al escenario improvisado, el espectáculo empezó de verdad. La canción elegida fue Deixa em off, de la Turma do Pagode.

Yo sé

Que no era para que nos involucráramos

Que no era para que nos encontráramos

Pero este amor bandido no lo puedo evitar

Es cosa de piel, un lance criminoso

Un frío en la barriga, escalofrío en el cuerpo

Lejos del mundo entero

Amor a nuestra manera

Déjalo en off

Off, nuestro amor es más sabroso en off

Prohibido, escondido en off

Solo tú y yo perdidos en love

Déjalo en off

Victor Hugo hasta cogió una guitarra de la nada para cantar junto a Renata, y aquella escena estaba tan graciosa que la filmé y no se la voy a enseñar a nadie.

Al final de la canción los aplaudió prácticamente todo el mundo, y vi a mi muñequita visiblemente feliz.

—¿Ha sido difícil?

—No. He ganado varias cosas en menos de cinco minutos. Ni de lejos este chantaje ha sido malo para mí.

— Hmm . Creo que estabas tramando algo desde el principio.

—¡Claro! Sabía que tendría alguna pullita en todo esto. Yo solo... —sonrió de un modo sarcástico—. ¡Quería aprovecharme de ti!

— Ah , ¿sí? Bueno es saberlo.

Seguimos hablando y bebiendo durante algunas horas, y hasta se me olvidó que en realidad todavía falta algo por hacer.

—Creo que ya es nuestra hora.

—Yo también lo creo —dijo Renata—. Pero antes tengo que hacer mi pregunta.

—Claro. —Cruzó los brazos analizándola.

—Ya que Luiza no va a preguntar, lo haré yo. ¿En qué día y año naciste?

Automáticamente miré desconfiada a Renata sin entender el motivo de tal pregunta.

—¿Esa era la pregunta importante?

—Llegaremos ahí. Respóndeme esto primero.

—29 de mayo de 1985.

—Espera un segundo, déjame hacer unos cálculos.

Por unos momentos Renata pareció contar algo mentalmente, y al instante me preocupé, porque tuve una intuición del motivo de la pregunta.

—Bien. Mi pregunta es: ¿por qué tienes un tatuaje en el cuerpo con la fecha 10/05/1992? En esa fecha tenías 6 años, 11 meses y algunos días. No le veo sentido.

Victor Hugo como que se trabó unos segundos al oír esa pregunta, y a continuación miró al cielo reflexionando algo. No estaba nervioso ni nada por el estilo, parecía estar un poco sorprendido con esta pregunta.

No voy a juzgarlo, yo misma no me esperaba que precisamente Renata preguntara sobre eso, pero mi pequeño angelito quería ayudarme con algo, y me sentí feliz.

—No tenemos hasta mañana. ¡Suéltalo!

—Bueno... sobre eso no te voy a responder, querida alumna —apuntó con la cara amigable hasta el exceso.

—¡Dijiste que podía hacerte la pregunta que quisiera! —dijo, nerviosa.

—¡ Exactamente ! Lo que no dije es que respondería a la pregunta, ¿verdad, bajita ? —lanzó un guiño y Renata se puso loca.

Sabes... a pesar de no obtener la respuesta que tanto me intrigaba, en el fondo me sentí muy feliz. Mi muñequita se cree lista la mayor parte del tiempo, y hasta ella ha sido pillada por sorpresa ahora.

—¡Te odio tanto, Victor Hugo! Primero me traes al pagode, después me haces cantar una canción contigo, ¡y ahora me engañas así!

—Qué pena que me odies, pero por suerte o por desgracia me caíste bien y vamos a seguir siendo amigos, quieras o no. ¡Porque al fin y al cabo... me he convertido en tu profesor particular a partir de hoy!