Mi pesadilla con traje (CEOs Irresistibles 2) CAPÍTULO 13 #2
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CAPÍTULO 13 #2

—No importa lo que me digas ahora. En el momento en que quiera, te llamaré, y como la jerarquía es poder, vas a obedecerme.

— ¡Victor Hugo Avelar!

—No, no te pareces ni de lejos a mi madre para decir mi nombre completo.

Crucé los brazos, mirándolo.

—En fin... dejémonos de charla: ¿qué tenemos para hoy?

— «Lo que tenemos para hoy es saudade...» —cantó, tocando algunas cuerdas de la guitarra.

Sonreí.

—Me rindo contigo.

—Por favor, no hagas eso. Estoy esforzándome para mejorar como persona para que los demás me quieran —bajó la cabeza, y me quedé ligeramente conmovida.

—¿En serio? —pregunté, y al momento la levantó.

—¡ No ! ¡Me importa una mierda la opinión de los demás! Ya he dicho que no necesito agradar a nadie.

De nuevo sonreí. Debería haber desconfiado.

— Vale ...

—Pero ya que me has preguntado... —Abrió uno de los cajones y enseguida cogió un pequeño dossier—. Necesito que revises lo que he marcado en el papel suelto que está ahí dentro. Y, si pudiera ser para ayer , lo agradecería mucho. Estoy intentando cumplir plazos.

Me acerqué más y le cogí el documento de la mano, pero al momento le solté una pullita básica: —Quién te ha visto y quién te ve... ¿qué te ha entrado para que decidas ¿trabajar?

—Ahórrate las gracias.

Se mordió el labio inferior y no dije nada.

—Mejor me voy —dije, dirigiéndome ya hacia la salida.

—Sí, realmente es mejor...

Me ordenaron que volviera al despacho de mi jefe antes de que acabara la jornada.

Cuando llegué allí con el informe pedido, lo vi enseguida con la guitarra en las manos mirándome de un modo raro.

—Cierra la puerta, por favor.

Genial...

¿Cuál será la canción de turno?

—¡Aquí está! —dejé el dossier en su mesa y solo me miró... con deseo. —¿Algo más?

—No. Puedes irte.

Expectativas creadas. Expectativas frustradas.

Cuando di media vuelta y posé la mano en el pomo, he aquí que...

— «Ven, siéntate aquí a mi lado, déjame mirarte y sentir tu olor, para renovaaarme, habla de lo que quieras, quiero oír tu voz, háblame del mundo, de tus planes, háblame de nosotros...»

Yo sabía que estaba esperando la oportunidad adecuada para cantarme algo, y cuando empezó a entonar Minha Herança, de João Neto y Frederico , decidí darme la vuelta, permitiéndome admirarlo.

Victor Hugo Avelar...

El hombre de muchas caras. Si tuviera que definirlo, no sabría cómo hacerlo. Se muestra como una persona demasiado compleja para ser etiquetada, e incluso prefiero no intentarlo.

—¡Enhorabuena! —aplaudí.

—¿De verdad te ha gustado?

— Ha estado pasable.

No voy a elevarle el ego, ya que lo tiene muy alto.

—Viniendo de ti es un elogio importante —dejó la guitarra con cuidado en su silla y vino hacia mí—. Digamos que esta zona mía es bastante talentosa.

—¿ Zona ? —Crucé los brazos, desconfiada.

—Eso mismo. Estoy hablando de las cuerdas vocales, boca, lengua...

Bajé ligeramente la cabeza y empecé a reír.

—¿Y yo qué tengo que ver con eso? —entré en la provocación.

— Ah ... de momento nada, pero dentro de poco voy a querer saber tu opinión sobre mis otros dones.

A medida que pasaban los segundos, más se acercaba, y eso se estaba poniendo peligroso.

—Victor Hugo...

—¿Qué pasa? —preguntó, pero siguió acercándose, hasta que quedamos a centímetros uno del otro, ya que no retrocedí.

No soy una persona que dé pasos atrás, prefiero enfrentarme cara a cara a cualquier problema .

—Tu boca está demasiado cerca de la mía.

—Eso no es problema mío, Luiza.

Y fue cuando una de sus manos me agarró el cabello con brutalidad que mi infierno astral empezó de verdad...

No tuve mucha elección cuando su lengua entró en mi boca. Difícilmente niego besos, y además fue del propio hombre tal gesto, así que... yo simplemente respondí.

El problema es: ¿cómo voy a pensar en trabajo cuando nuestras lenguas se confrontan? Y, para empeorarlo un poco más, la voracidad con la que recorría con sus manos mi cuerpo me fue dejando cada vez más sin aliento; aun así no quería que el momento cesara. Si él empezó, mejor que lo termine.

—Besarte es más placentero de lo que imaginaba —dijo, y cuando iba a responder, sus labios se conectaron de nuevo a los míos y ahora una de sus manos se posó en mi nuca, así que cerré los ojos—. Entrégate... —susurró cerca de mi oído, y la cagada estaba hecha.

No sé cuánto tiempo duró el beso, lo que sí sé es que nuestras manos pasearon con expectativa por el cuerpo del otro. Cuando ese momento cesó, los dos parecíamos haber rodado por el suelo, ya que teníamos la ropa arrugada y la respiración entrecortada.

Después de mirarme un rato, Victor Hugo dijo: —Cuando quiero algo, voy a por ello y lo cojo, preciosa , ¡pase el tiempo que pase! No lo olvides...

Salí un poco aturdida y desorientada del despacho de mi jefe.

Tuve que pasar por el baño antes de volver a mi despacho. Mi cabello era una calamidad, y... ¡maldición !

Vulnerabilidad es una palabra bien desafortunada, y me pillaron desprevenida. Miré al espejo del baño y vi que parecía estar del revés . Y eso que todo no pasó de unos buenos magreos .

Todo culpa de aquella canción...