CAPÍTULO 12 #2
—Sabes... ¿ya te he dicho que te pones preciosa cuando te enfadas? Las mejillas se te ponen rojitas, y me dan ganas de achucharte mucho, preciosa .
—¡ ¡Capullo! ¿Estoy hablando en serio, puedes parar con esa payasada y prestar atención a tu trabajo solo un poco para variar?
Creo que exageré con el tono, ya que varias cabezas se volvieron hacia nosotros, y solo entonces me di cuenta de que no había cerrado la puerta. Muy al contrario, estaba abierta de par en par.
Victor Hugo no dijo nada, pero puso mala cara al instante, y no sé bien por qué, pero me preocupé.
—Bien... bien... bien... —dijo, levantándose acto seguido y acercándose más, al menos eso pensé, pero en realidad simplemente cerró la puerta.
—Victor Hugo...
—¡ ¡Calladita, ahora hablo yo ! —Su tono me dio miedo—. Nunca te he gritado, y confieso haberme controlado bastante ahora para no hacerlo, así que ¿con qué derecho crees que puedes entrar en mi despacho y hablarme como te dé la gana?
—¡ Ah , vete a la mierda!
—¿ ¿Cómo dices? —se metió las manos en los bolsillos, mirándome con incredulidad.
—Es justo lo que has oído. Estoy harta de tu pereza, de tus excusas baratas para aplazarlo todo.
Y otra cosa, no me vengas con ese cuentito de: «¿con qué derecho crees que puedes entrar en mi despacho y hablarme como te dé la gana?
» , porque eso vale para las dos partes, y tú me tiras los tejos a menudo.
—Sí, y ya dije que eso no cambiaría.
—¡Increíble, eres un capullo!
—¡Has acertado de nuevo!
—¿Sabes una cosa? ¡Eres un pésimo CEO! ¡El peor!
— Ah , ¿y quién es un buen CEO? ¿Daniel Falcão? —preguntó, y vi un odio aparente creciendo en su cara.
—Sí, considero que él es un buen CEO, pero estoy hablando de Natanael, el hombre al que sustituiste. Él sí era alguien con índole y carácter, además de valorar el trabajo, al contrario que tú.
Realmente no esperaba lo que ocurrió a continuación, pero sus dos manos se golpearon violentamente contra la pared, prácticamente acorralándome contra ella, aunque no me había tocado.
—¡ ¡Ya basta ! —gritó, y estoy segura de que toda la empresa lo oyó, porque su voz fue tan alta que casi me dejó sorda—. ¿Cuántas veces tengo que decirte que no me compares con Natanael? —continuó con el tono elevado, pero no me intimidé.
—La verdad duele, ¿no? Ser un hombre totalmente opuesto a él es tu karma .
Automáticamente cerró el puño derecho, golpeando la pared violentamente, mirándome como si fuera a matarme. Acto seguido movió el índice con la otra mano, agitándolo delante de mí, simulando darme un aviso sin abrir siquiera la boca.
No dije nada, pero noté el momento exacto en que se acercó a mis labios, pero sabía que no era para besarme, había algo escondido en ese gesto.
—La próxima vez que se me compare con un hombre que desvió dinero de esta empresa, y sobre todo abusó sexualmente de una empleada menor de edad, lo pagarás con tu vida , porque me aseguraré de que, además de ser despedida de GCR, nunca más vuelvas a conseguir un empleo decente.
NUNCA. ¿ Me estás escuchando? —vociferó.
—¿ Có-cómo dices ?
Me quedé blanca, y ni siquiera conseguí formular una frase mejor.
—Es justo lo que has oído. Tu ejemplo perfecto de CEO salió de aquí por la puerta de atrás porque estuvo tirándole los tejos a Débora, nuestra becaria. ¿Y sabes lo peor? ¡Tiene quince años! ¡Quince años! —bramó.
El silencio que siguió fue embarazoso.
Lo que dijo aún no me había bajado por la garganta, pero al ver su ceño, así como la manera en que había dicho sus palabras, no lo dudé.
Se llevó las dos manos a la cara, frotándosela varias veces. Pensé que se alejaría de mí, ya que dio algunos pasos atrás, pero no, de nuevo acortó la distancia, mirándome con bastante rabia y desprecio.
—¿Querías poder, Luiza? Pues date por satisfecha, ¡porque te lo he servido en bandeja!
—¿De qué estás hablando?
Lo sentí respirando profundamente cerca de mí, y a continuación se llevó las manos a la cabeza, visiblemente nervioso. Conforme pasaban los segundos, profirió algunos insultos que no oí bien, recolocándose la postura a continuación. Por lo que vi, eso lo calmó.
—Luiza, presta mucha atención: firmé un acuerdo de confidencialidad sobre lo que te acabo de contar. Y, si alguien se entera de este pequeño secretito ... me iré a la calle sin recibir un duro, y para empeorarlo mi nombre quedará manchado como hombre de negocios. ¡Eso es!
—¿Eso que has dicho de Natanael es verdad?
—Sí, Luiza. No mentiría sobre algo que involucra a una niña.
No tengo ningún respeto por quien abusa de menores.
Puedo ser el peor sinvergüenza de todos, tener todos los defectos del mundo, pero jamás voy a tolerar que me comparen con un ladrón o un.
.. pedófilo. Y otra cosa... —Levantó el dedo, aún con la expresión seria—.
¡Si fueras solo un poquito más atenta en tu trabajo, sabrías que ya firmaste la porquería de papeles que dejaste en mi mesa, y los entregué el viernes mismo!
—Pero sobre los documentos dijiste...
—¡ No ! —espalmó una mano—. Ya sé lo que vas a decir, y en ningún momento dije que ese documento estuviera hoy aquí conmigo.
Verdad. En eso tenía razón. Lo que hizo fue picarme, y acabé estallando a continuación.
¡Mierda! Odio estar equivocada cuando se trata de trabajo.
—No entiendo por qué Recursos Humanos vino a reclamarme hoy por la mañana.
—¿Y yo qué sé? ¿Acaso tengo cara de adivino ? Ve a Recursos Humanos e infórmate mejor, pero no llegues gritándome aquí ni comparándome con nadie sin conocerme, ¡porque ya sabes cuál será tu destino!
Nos quedamos mirándonos durante unos segundos, y pude ver cómo se le suavizaba la cara.
—Está bien, jefe .
Salí de su radio de acción, un poco cabizbaja. No sé qué me afectó más, pero oír aquello sobre Natanael no me sentó bien. Lo admiraba tanto...
Cuando me preparé para cruzar la puerta, de pronto oí su voz de nuevo: —¡ Luiza !
—Sí.
—Antes de que te vayas, debes saber que... te debo una disculpa por gritarte —dijo, mirándome a los ojos—. Nada justifica esa reacción, ni siquiera que yo tenga razón en algo.
Intenté ver algún rastro de vacilación en su cara, pero no lo vi. Había sinceridad en su ceño, y él mismo vio lo mucho que se descontroló.
—Está bien —dije, saliendo enseguida de su despacho.
No estaba preparada emocionalmente para todo lo que este lunes me estaba proporcionando...