CAPÍTULO 11
«Y en momentos inesperados florece una amistad verdadera...»
VICTOR HUGO
Como de costumbre me desperté con una tremenda resaca.
Es tan habitual que incluso pillando una buena cogorza consigo despertarme temprano, y hoy no ha sido distinto. Antes incluso de las siete ya estaba en pie y listo para trabajar.
Llegué a GCR antes de las ocho y adelanté el trabajo acumulado en mi mesa, que no era poco.
Tengo un lema bien definido en un entorno de trabajo: nunca dejes para hoy lo que puedas hacer mañana , y por eso siempre tengo trabajo de sobra, independientemente del día.
Confieso que ese pensamiento no agrada a la mayoría de los gestores que me contratan, pero tienen que saber que a final de mes entregaré todo lo que pidan, así que mi teoría se ha demostrado eficaz hasta hoy.
Tras ir al comedor, acabé cruzándome por casualidad con mi empleada favorita: Luiza Goulart . Claro, no perdí la oportunidad de darle conversación; al fin y al cabo, ahora somos amigos .
—¿Cómo estás, preciosa?
—Bien —fue escueta y apenas me miró. Por lo visto está muy ocupada, porque evitar mi cara bonita es bastante difícil para la mayoría de las mujeres.
—¿Qué vas a hacer hoy?
—A ver... —hizo memoria y por fin me miró—. Tengo que resolver algunos problemillas en mi sección, tengo que modificar el informe que me envió Gilson, también hay...
—¡Para! —cerré los ojos—. Hablo de después del trabajo. ¿Sabes una cosa...? Aquí no me interesa mucho cómo o cuándo vayas a hacer las cosas; lo que importa es que las ejecutes.
Creo que ni hace falta hablar de la incredulidad que se reflejó en su cara al oír esas palabras. Pero es como he dicho, soy un CEO bastante distinto. Bien está no caer en la rutina.
—Salir con una amiga —dijo por fin, un tanto dubitativa.
—Bien. ¿Y adónde iréis?
—Al Fábrica's Bar.
—¿Sobre las ocho? —pregunté—. Es una hora bastante concurrida.
—Sí. Hemos quedado a esa hora. ¿Por qué la pregunta?
—Sencillo, porque te haré compañía a ti y a tu amiga.
—Oye, tranquilo , ¿de qué estás hablando? —preguntó con incredulidad.
—Ahora somos amigos , y como buenos amigos saldremos juntos algunas veces para conocernos mejor, así que te veo allí a las ocho. No soy una persona que se aferre a los horarios, así que llegaré un poco más tarde. Hasta será mejor, porque puedes preparar el ánimo de tu amiga y presentármela.
Luiza empezó a reír y me erguí.
—¿Qué te hace tanta gracia?
—No le vas a caer bien, y por lo visto a ti tampoco ella.
—A todo el mundo le caigo bien.
—Sí, hasta que abres la boca.
Pero qué...
No voy a replicar, tiene toda la razón.
—Me has pillado. En fin, el mensaje queda dado —apunté, saliendo ya del comedor—. Nos vemos allí.
Después de volver a mi despacho, vi un mensaje de Jarvas en WhatsApp :
Mi hija se está recuperando. Está fuerte y pronto volveremos a casa. Gracias por dejarme cuidar de ella.
Justo debajo envió una foto, donde Andressa sonreía junto a él y a su mujer.
Me quedé mirando esa foto durante unos minutos, y cuando me guardé el móvil en el bolsillo, fue inevitable que se me dibujara una sonrisa en la cara...