Mi pesadilla con traje (CEOs Irresistibles 2) CAPÍTULO 10
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CAPÍTULO 10

«... Y por un pequeño descuido nuestros secretos pueden ser parcialmente revelados.»

LUIZA GOULART

Encaro este día de trabajo como algo normal, pero sé que en realidad no va a ser así.

Tener una conversación con Victor Hugo intentando explicarle que no quiero tener problemas en la empresa va a ser extremadamente complicado, y no me imagino saliendo bien de una situación como esa. En fin, tendré que apañármelas para resolverlo.

Tras entrar en su despacho sin avisar, enseguida me miró, esperando alguna palabra.

Aún no sabía bien qué iba a decirle, o cómo, pero entonces me fijé mejor en su cara y vi algo extraño.

—¿Qué pasa? ¿Cuánto rato más vas a quedarte mirándome así?

—¿Te has puesto maquillaje? —pregunté, intentando contener algunas carcajadas.

—¿ Estás loca? ¿Por qué iba a hacer eso? —me miró con cierta sorpresa.

—Tienes la cara... —me acerqué más a él, y al momento se levantó; a continuación miró el espejo que tenía a su lado—. ...un poco sucia —añadí.

Victor Hugo analizó su propio rostro y trató de limpiar el punto concreto que vi. Aunque le dije que era maquillaje, parecía ser otra cosa, y no identifiqué bien de qué se trataba debido a su rapidez al limpiar esa mancha .

—¡Y yo qué sé qué mierda es esto! —Se volvió hacia mí, claramente impaciente—. ¿Qué necesitas?

Todavía no me creía que iba a decir esto, pero necesito una preocupación menos en mi trabajo.

—¡Necesito una tregua!

—¿ Tregua ? —Se sentó sobre la mesa y me miró con incredulidad.

—Eso mismo. Y quiero hacerte una propuesta.

— Hmm ... estoy empezando a gustarme el rumbo que esta conversacioncita despreocupada nos está llevando, ¿sabes?

Cerré los ojos.

Por desgracia, nunca conseguiré tener un diálogo serio con este hombre.

—No pienses ninguna tontería ni por un momento —fruncí el ceño, y al momento crucé los brazos, impasible—. Solo quiero que... seamos amigos . ¡Nada más, nada menos!

—¿ ¿Cómo dices?

Me miró de reojo, analizándome metódicamente. A continuación se levantó y abrió el whisky que tenía en la pequeña mesa de al lado, sirviéndose el líquido en uno de los vasos.

—Es justo lo que has oído. Tenemos que trabajar juntos, mi empleo depende del tuyo, y por lo visto al revés también.

Solo quiero facilitar las cosas para los dos, no quiero enemistad contigo, no tengo nada contra tu persona , pero entiende que tampoco a favor.

Así que espero que seamos... amigos. Nada más.

Pronunciar esa palabra dirigida a Victor Hugo era extraño.

—Bien —dijo con cuidado, mirándome aún—. Y sobre esa supuesta amistad, ¿tendré algún... beneficio ? —me guiñó un ojo y sonreí.

Victor Hugo ni siquiera disimula lo sinvergüenza que es. No soy ninguna mojigata, aun así sé separar las cosas en un entorno de trabajo. O al menos me estoy controlando para hacerlo.

—No. Amigos sin beneficios.

—¡Así no tiene ninguna gracia! ¡Paso! —Dio un trago al whisky , pero antes hizo una mueca.

Aunque sea un sinvergüenza, lo considero un tío con actitudes graciosas y hasta cierto punto sincero, porque dice a la cara cuando algo no le gusta, o incluso cuando no está de acuerdo con alguna opinión.

Pero no puedo olvidar lo que Daniel me dijo, y no sé hasta qué punto o cuándo exactamente estaré siendo manipulada, porque ya lo hizo en aquella apuesta de días atrás.

—¡Pero así es como va a ser! —dije por fin, seria.

—¿Y por qué ahora?

—Yo...

—Espera... déjame adivinar, me encantan los juegos de adivinanzas.

—Dio otro trago al whisky , clavando sus ojos en los míos, y esta vez me estremecí, porque parecía verme el alma con ese gesto—.

Daniel te dijo que no soy una persona de fiar; que me gusta manipular a la gente que me rodea; te habrá dicho también que no soy de abrirme con nadie; y que no me gusta la mayoría de la gente que me rodea.

Además, conociéndome poco te has dado cuenta de que no soy alguien fácil de tratar, y eso encaja con mi primera frase, ¿sabes por qué?

—Una risita burlona apareció en su cara.

—¿Por qué?

—¡Porque le hablaste de mí! ¿He acertado, verdad? —sonrió, pero no parecía afectado ni sorprendido.

Durante unos segundos me quedé sin palabras.

Daniel no iba a decirle a Victor Hugo nada de lo que habíamos hablado, porque ni siquiera parecen ser amigos. Su deducción es hasta cierto punto... impactante para mí.

—Tu convivencia conmigo ha sido y está siendo difícil para ti, y por eso decidiste abrirte con Daniel, que con todo su modo metódico y firme de ser, terminó dándote algunos consejos sobre mí, pensando que te ayudaría.

Como en algunos momentos tiene complejo de Dios , sugirió algunas ideas, y creo que hacerte mi amiga es una de ellas.

—Eso que has preguntado...

—No es una pregunta, preciosa —puso cara seria—. Te estoy contando hechos, ¡y contra hechos no hay argumentos!

Dicho esto, se acercó a mí, aún con el vaso en las manos.

Sinceramente, me gustaría saber cómo consigue captar tantas cosas sin estar presente en el momento en que se dijeron, pero sé que nunca conseguiré entender la percepción que tiene.

—Me dio consejos —dije por fin.

—Bueno... si eso te hace feliz, síguelos. Pero fingir ser mi amiga no me agrada en absoluto. Soy una persona sincera, a pesar de ser un capullo.

—¿ Sincero ? —me burlé—. Bien que lo noté cuando me engañaste al leer los archivos de la reunión.

— Ah , preciosa... me volví loco con la idea de verte desnuda, y lo confieso... no me arrepiento de nada, lo haría todo otra vez y me arrepiento de no haber puesto unas cositas más en la apuesta.

Compórtate, Luiza...

—Tuviste lo que querías. Ahora soy yo quien hace la pregunta: ¿yo tendré lo que quiero?

—Si tu deseo es tenerme una noche entera, cuando quieras. ¡Estoy libre para ti!

De nuevo cerré los ojos, negando con la cabeza.

—Sabes muy bien de qué estoy hablando, no cambies de tema.

—Entonces... ¿de verdad quieres ser mi amiga? ¡Mi amiga ! —repitió, mofándose de la situación.

—Sí, y espero que tú hagas lo mismo.

Victor Hugo me lanzó una miradita y enseguida me dio la espalda, sentándose a continuación.

—¡Acepto! No quiero verte tristita, y creo que esto será bueno para los dos.

—¡Excelente!

—Pero hay un pequeño pero.

—¿Qué pero? —pregunté dubitativa.

—No cambiaré mi forma de ser, te voy a provocar de todas las maneras posibles, y estoy seguro de que un día cederás a mi encanto, y a partir de ahí... ¡no conseguirás sacarme de tu cabeza!

—¡ ¡Eso ya lo veremos!