CAPÍTULO 9
«Independientemente de lo que ocurrió en el pasado, toda acción genera una reacción...»
LUIZA GOULART
—Luigi está al teléfono y quiere hablar contigo —dijo Clarice, una de las chicas que trabajan en la sección, y al momento tapó con una mano una parte del teléfono—. Y está bastante nervioso —añadió, así que ya esperé lo peor.
—Pásamela —sonreí, y ella así lo hizo enseguida.
Después de unos segundos con la línea muda, me preparé para decir algo, pero Luigi se me adelantó.
—¿Me oyes?
—Soy yo, Luigi. ¿Ha pasado algo? —pregunté, sabiendo ya la respuesta.
—¡ ¡Eso eres tú quien me lo va a contar ! —apuntó con la voz alterada.
A pesar de ser el dueño de la empresa y de verlo con cierta frecuencia, no recuerdo muchas ocasiones en las que lo haya visto nervioso. Está claro que ocurre, pero no era algo habitual.
—¿Qué ha pasado?
—¡He sabido que Victor Hugo hizo una presentación importante borracho! ¡ Borracho ! —repitió la palabra y al momento cerré los ojos—. ¿Es eso verdad?
En realidad no estaba borracho, pensé para mis adentros.
Claramente estaba con resaca, e incluso pudo trabarse con alguna palabra, pero al final consiguió transmitir todo lo que yo había puesto en aquel enorme dossier.
—La presentación fue correcta. No hubo ninguna anormalidad, Luigi —intenté sonar lo más convincente posible, y para ello tuve que defender a Victor Hugo, sin saber exactamente por qué lo hacía.
—¡ ¡No es eso lo que quiero saber ! —vociferó al otro lado de la línea—. Te he hecho una pregunta sencilla: ¿estaba borracho o no?
No me puedo creer que Luigi me esté poniendo en esta posición. Y no me creo lo que voy a decir.
—¡No lo sé! Aunque lo estuviera, no podemos juzgarlo por lo que hace fuera de la empresa. Lo presentó todo perfectamente.
Se hizo silencio al otro lado de la línea, y no sabía si había tragado mi respuesta. Pero lo que más me sorprendió fue lo que oí salir de su boca acto seguido...
—¡A partir de hoy serás la responsable de él!
—Espera... ¿cómo que responsable ? —pregunté, aunque tenía una idea de lo que estaba diciendo.
—Creo que lo sabes. Estoy hablando de vigilarlo.
Es el colmo...
Nunca he tenido que ser la niñera de nadie en toda mi vida.
Muy al contrario, me fui de casa a los quince años y me las he arreglado desde entonces.
Aprendí prácticamente todo sola por el simple hecho de querer hacerlo, nunca quise depender de mi padre o de mi madre, y eso me hizo crecer como mujer, porque aprendí a valorar las pequeñas cosas. ¿Y ahora Luigi me sale con esto...?
—Es injusto, Luigi. No soy ninguna niñera, mucho menos de un hombre hecho y derecho como Victor Hugo.
—La vida es injusta, Luiza. Y ahora tienes otro trabajo: controlar a Victor Hugo Avelar. De lo contrario... las consecuencias serán para ambos.
¡Increíble!
No sé qué me dio, pero salí pisando fuerte de mi despacho, y enseguida estaba delante de Victor Hugo, que esbozó una amplia sonrisa al verme.
—Siento decepcionarte, pero no podemos hacer lo que pide nuestra carne aquí en la empresa —dijo, y al momento me cabreé más.
Este tío se cree...
—No vengo aquí a hablar de lo de ayer, sino...
—Ah, ya, claro, preciosa —de repente se acercó más y me agarró por la cintura, pegándome a la pared.
—¿¿Qué estás haciendo? —pregunté, con una rabia creciente inundándome el cuerpo.
—Dándote una muestra de lo que soy capaz.
—¿Ah, sí? —sonreí, mordiéndome un poco la boca.
Pues vamos a jugar, Victor Hugo...
—Pues déjame darte una muestra de lo que soy capaz.
Me acerqué más al hombre, y cuando mis labios llegaron cerca de su boca, oí su voz suave: —Estoy empezando a gustar un poco más de ti, preciosa...
—¿Sí? Entonces escucha con atención lo que voy a decir.
.. —Le sujeté la barbilla con fuerza, y sus ojos automáticamente se volvieron fríos—.
Le doy mucho valor a mi empleo, y si tú no lo haces, ¡es tu problema!
—paré, recordando las palabras de Luigi—.
O mejor, no solo tuyo, porque ahora tengo que ocuparme de un tipo grandote que por lo visto ha dejado de crecer.
—¿Ocuparte de mí? ¿Qué quieres decir? —tomó distancia, recolocándose la postura a continuación.
—Luigi me ha pedido que sea tu niñera y te impida hacer mierdas, lo que por lo visto es bastante habitual.
—¿Eso quiere decir que vas a estar vigilándome? —Cruzó los brazos, y no sabía bien si estaba impaciente o si se divertía con la situación.
—¡Sí! Alguien hizo cierta presentación borracho, o con bastante alcohol en sangre.
—Sí. ¿Y qué tiene que ver? Ya he hecho ese tipo de cosa un sinfín de veces. —Se encogió de hombros, y su indiferencia hacia el trabajo solo me irritaba un poco más.
—¿Te estás oyendo? —vociferé—. ¿Te parece eso... normal?
—Sí. Es mi normalidad.
Madre mía. Es increíble lo irresponsable que es y el placer que siente al restregarme su falta de escrúpulos en la cara.
No te haces una idea de lo mucho que echo de menos a Natanael, el CEO al que sustituiste. Él sí es un hombre que se tomaba el trabajo en serio.
Mi frase claramente no le sentó bien, porque sus ojos cambiaron al instante, y pude ver una gran oscuridad en ellos, así como indiferencia. No entendí el porqué de esa reacción, pero por lo visto no le gusta que lo comparen con nadie.
—Más vale que no me compares con él. Por tu bien, este va a ser tu primer y último aviso.
—Victor Hugo...
—¡Quítate de mi vista! —prácticamente gritó, y las ganas de mandarlo a tomar por culo no hicieron más que crecer; aun así, no lo hice. Solo que ahora tenía cierto poder entre mis manos, y lo iba a usar. Si quiere seguir en la empresa, más le vale comportarse de forma profesional.
—Me voy, pero más te vale empezar a comportarte. Luigi fue muy claro cuando hablamos, y por lo visto no está nada satisfecho con el actual CEO de GCR Turismo.
No le di tiempo a responder y salí pisando fuerte de su despacho.
A pesar de haberme sentido mejor al decir eso, sé que no conseguiré controlarlo, y eso en el fondo puede ser un problema mayor pronto...
Por desgracia, mi día avanzó a paso de tortuga, y mis idas constantes al despacho de Victor Hugo solo empeoraron la situación.
Es un coñazo hablar con él sobre trabajo, porque claramente ese no es su tema favorito aquí dentro.
Sus bromitas en determinados momentos me sacan de quicio, y cuando me mira con deseo acaba sacándome del eje, ya que la mayor parte del tiempo es complicado ignorar su sonrisa destacada, así como su belleza apabullante y su olor. Ah , su olor...
No puedo quedarme deseando a alguien que me despierta tanta rabia, sobre todo cuando tengo que hacer mi trabajo y el suyo, además de trabajar como niñera , dicho sea de paso.
En una de mis pequeñas visitas a su despacho me fijé en que estaba canturreando mientras apagaba el ordenador.
—¿Adónde vas? —pregunté en automático.
—Hoy es jueves, preciosa. ¿Se te ha olvidado que salgo más temprano?
Ah, encima eso.
Se me olvida el horario flexible del adefesio. Bueno, mejor mantengo la calma y me concentro en el trabajo...
Ah , ¿sabes qué? Esta vez no.
Voy a decirle exactamente lo que pienso. Este idiota podrá ser mi jefe; aun así, tiene que oír algunas verdades de vez en cuando.
—Vienes con resaca a trabajar y prácticamente no trabajas, sales más pronto dos veces a la semana, pareces estar en otra dimensión las veinticuatro horas del día, haces bromitas inoportunas la mayor parte del tiempo... ¿qué más puedo decir de tu trabajo ?
—Luiza... —dijo mi nombre clavándome los ojos profundamente y me sentí desafiada—. Hoy es uno de los pocos días de la semana en los que de verdad me permito ser un hombre feliz, así que no me des motivos para que mi día se vuelva una desgracia. ¡Hoy no!
—Tienes que oír algunas verdades de vez en cuando —apunté y al momento lo vi acercándose más, con la mirada seria.
—Y tú también, así que presta mucha atención.
.. —se acercó a mi boca, pero paró, analizándome la cara durante un rato—.
Ocúpate de tu vida, porque puedes muy bien ser la favorita de Luigi, pero basta con que chasquee los dedos para que acabes en la calle.
Así que más te vale pensarlo dos veces antes de irritarme, porque a partir del momento en que me convierta en un enemigo, no tendrás ninguna posibilidad de salir ganando, ¡y creo que tienes una ligera idea de lo que soy capaz!
Gracias a Dios el resto de mi día fue más tranquilo.
¡Un brindis por el adefesio que salió antes de la empresa!
En realidad, qué brindis ni qué leches, ya que su trabajo cae todo sobre mis espaldas prácticamente. A cada momento le daba vueltas a la noticia de que ahora soy la niñera de un hombre hecho y derecho...
Al menos hoy puedo relajarme un poco más. Beatriz me había invitado a su casa, y quería contarme algunas novedades, y una de ellas estaba siendo revelada en este preciso momento...
—¡Daniel y yo planeamos un hijo para dentro de dos años! —dijo con enorme alegría y al momento sacudí la cabeza negando.
—¡ ¡Planificación... planificación... y más planificación ! ¿Por qué no dejar que las cosas fluyan con normalidad?
—Porque, como bien has dicho, somos empresarios y todo requiere disciplina y tiempo libre, lo que no tenemos en este momento.
—Amiga... tu frase no me ha convencido, pero respeto tu opinión, y estoy ansiosa por conocer al Daniel Júnior, o Juninho si así lo prefieres.
—¡Por Dios! ¡Ese nombre jamás!
—¡ He oído mi nombre !
Daniel vino hacia nosotras, trayéndome la cerveza. Ya iba siendo hora.
—Tu preciosa esposa acaba de contarme los planes para tener hijos —enfaticé la palabra esposa y al momento él arqueó las cejas.
—Lo estamos pensando —apuntó, y al momento Beatriz lo fulminó con la mirada.
—¡Pensando un cuerno! ¡Está todo decidido!
Daniel me miró con aquella cara de «aún tengo dudas», pero enseguida sonrió a Beatriz.
—Claro, mi amor —dijo por fin, y se notaba a la legua que por lo visto eso no era algo decidido al cien por cien.
Creo que estoy empezando a tomarle un poco más de cariño a Daniel ahora que parece humano...
Al final hablamos sobre asuntos triviales la mayor parte del tiempo, y hasta me divertí con algunos relatos de Beatriz cuando dijo que Daniel se enredaba con las tareas domésticas.
—¡Es mentira! ¡En mi defensa siempre he sido un gran amo de casa!
—Mi amor... ¡acepta que duele menos!
Tras su frase los tres caímos en una carcajada, y vi que realmente estaba necesitando sonreír un poco; mi trabajo, que antes era motivo de alegría constante, se está convirtiendo en una larga jornada de batallas con el adefesio .
—¿ Cómo van las cosas en la empresa, Luiza?
—¿De verdad quieres saberlo? —arqueé las cejas, dubitativa.
—Después de esa cara tuya me he quedado un poco más curioso.
—Yo también, amiga.
Tenía decidido en la cabeza que no hablaría de Victor Hugo con Daniel, pero eso se complicó a partir del momento en que el propio Daniel me preguntó cómo iba mi trabajo, así que decidí cantar.
Decidí contarle que me había engañado. Daniel no se sorprendió ni una pizca, y por lo visto sabía lo de la memoria fotográfica del desgraciado.
Le conté también que Luigi me había dicho que yo era la nueva responsable del tipo grandote, y rememorar esa historia solo aumentaba mi dolor de cabeza, léase: rabia , odio . Como prefiráis.
—Si crees que no puedes trabajar con él, mejor búscate otro empleo...
—¡Jamás! —le repliqué a Daniel—. ¡Es mi sitio y donde voy a quedarme!
—Entonces acostúmbrate. Y puedo decir que tu situación se ha complicado.
—¿Cómo? —Entorné los ojos, preocupada y atenta.
—Tu error fue decirle a Victor Hugo que Luigi te pidió que lo vigilaras.
Ahora, más que nunca, te va a provocar, porque sabe que valoras tu empleo.
—Daniel cruzó los brazos y sonrió—. Basta hacer la analogía con un niño caprichoso para entenderlo mejor.
Cuando no tiene lo que quiere, empieza a llorar, a montar follón, a llamar la atención, entre otras cosas.
Victor Hugo tiene rasgos de un niño caprichoso.
Te va a provocar, poner a prueba tus límites, ignorarte cuando quiera, entre otras cosas que ya has experimentado en carne propia.
—Entonces... no tengo nada que hacer —balbuceé.
—Cierto —asintió—. A pesar de todo, hay algo que puedes intentar para suavizar esto.
—¿Qué? —me interesé.
—Creo que conoces este dicho, pero lo recalcaré: ten a tus amigos cerca y a tus enemigos más cerca aún.
—¿Y estás queriendo decir...?
—Sé amiga suya, al menos inténtalo. Finge importarte, no sé. Si tu empleo depende tanto de Victor Hugo, mejor no considerarlo un enemigo, de lo contrario, tu tiempo en la empresa terminará rapidito.
—No consigo esa proeza. Él... me irrita —gruñí—. Es irresponsable, no ejecuta las tareas para las que fue contratado, y... me irrita.
—Has dicho eso dos veces, amiga.
—¡ Para que entiendas el nivel en el que estoy ! —Volví la atención hacia ella—. Bia ... no lo entiendes, no consigue tener una conversación seria con nadie, y cuando me ve parece que está mirando una tarta de chocolate .
Beatriz empezó a soltar carcajadas de la nada, e incluso Daniel esbozó una breve sonrisa.
—Su debilidad declarada siempre han sido las mujeres guapas, así que, a no ser que pases desapercibida ante los ojos de Victor Hugo, eso va a continuar.
—¡No me voy a poner fea o menos deseable por culpa de ese adefesio !
—Pues entonces sabes exactamente qué hacer —apuntó.
Nadie dijo que la vida fuera fácil.
Realmente estoy en un callejón sin salida , y lo único que puedo hacer es intentar seguir el consejo de Daniel, ya que él sí lo conoce bien. El mayor problema es si está equivocado y eso no sirve de nada...