CAPÍTULO 4
«Hay que tomar medidas drásticas ante una situación inevitable...»
LUIZA GOULART
Tuve que llevar un montón de documentos al despacho de Victor Hugo, y entre idas y venidas me di cuenta de cuánto me miraba con curiosidad.
No tengo tiempo para quién sabe qué esté pensando, y gracias a Dios estoy terminando mi jornada.
—Luiza, ya que vamos a trabajar juntos, quiero que me hables de ti —preguntó cuando me preparaba para salir de su despacho.
—¿Qué quiere saber?
—¿Tienes novio?
—No me gusta la idea de tener a alguien encima, y mucho menos dar explicaciones a ningún hombre —fui escueta.
—¡ Vaya ! Eres casi yo... en otro cuerpo —sonrió, burlón.
—Entonces entiendes lo que digo.
—¡ Claro ! Admiro a las personas así, que no se dejan abatir por nada, decididas por naturaleza.
No sé hasta dónde quiere llegar con esta cháchara, pero no puedo darle mucha cuerda a este tío; su belleza me deja despistada en ciertos momentos, y eso no es nada bueno. No quiero que ni siquiera lo sospeche.
—Sabes... confieso que será muy difícil verte desfilando por la empresa tan... —miró mi cuerpo, mordiéndose a continuación el labio inferior—. ¡ Magnífica !
Sonreí y me crucé de brazos.
Nada zalamero...
—No tengo la culpa de que mi belleza te incomode.
—¿ Incomodar ? —soltó una carcajada—. Es justamente lo contrario, y por eso aún estás aquí.
—¿ ¿Cómo dices?
—Te despediría si no cumplieras mis expectativas.
Entrecerré un poco los ojos, sin creerme lo que este tío estaba diciendo.
—Espera un momento... ¿me estás queriendo decir que si yo fuera fea o algo del estilo, simplemente irías a... despedirme sin más ?
—No es exactamente así... —Apartó los ojos, mirando al vacío durante un rato—. Es decir, en realidad es exactamente eso . Me gusta observar la belleza esté donde esté. —Cogió una manzana que tenía sobre la mesa y la mordió; acto seguido apoyó los pies encima.
No hay duda, este hombre es un idiota que se cree Dios. Nunca pensé que pudiera llegar a pensarlo, pero ¡echo de menos a Daniel!
—¿Qué estás pensando? ¡Puedes decírmelo a la cara!
Si supiera la cantidad de mierdas sobre él que me rondan la cabeza, hoy mismo estaría despedida; mejor quedarme calladita.
—¡Creo que eso no es asunto tuyo!
—Muy lista por tu parte. —Se levantó dejando el resto de la manzana sobre la mesa—. Debes de pensar que soy un capullo idiota, ¿verdad?
Creo que por primera vez ha dicho algo con lo que estoy de acuerdo.
—Quizá.
—Bueno, déjame decirte una cosita... —Se acercó hasta quedar a centímetros de mi cara—. ¡Soy un capullo idiota! Pero, por desgracia para ti, Luigi me contrató porque soy el mejor.
—¿En serio? He trabajado con Daniel Falcão, y a día de hoy sigue siendo el mejor CEO que...
¡Mierda!
Paré de hablar cuando me di cuenta del nombre que había mencionado, y ni hace falta decir lo furiosa que se le puso la cara al oírlo.
—¡Más te vale tener mucho cuidado! ¿Vas a decirme a la cara que mi rival es mejor que yo? —El hombre se acercó un poco más, prácticamente pegando su cara enfadada a la mía.
—Y-yo...
—Tranquila, es una broma. —Su rostro se suavizó y al momento posó las manos sobre mis hombros—.
Pero voy a darte un aviso sutil. —Se acercó muy cerca y susurró en mi oído, lo que hizo que un escalofrío me recorriera el cuerpo—.
Daniel es un niño en comparación conmigo, porque él solo dice lo que piensa, le duela a quien le duela, mientras que yo tengo otros métodos, y si quiero reduzco a alguien a polvo sin que ni siquiera lo sospeche, así que más te vale elegir con cuidado lo que vas a decir, preciosa .
La semana de trabajo me ha dejado agotada. Literalmente.
— Está por nacer alguien más vago que ese Chewbacca —dijo Lenna, una de las chicas que trabaja en la empresa, al pasar a mi lado.
—Estoy de acuerdo —dije, riéndome de este nuevo apodo que le han puesto al CEO trasto.
He trabajado como una mula para intentar de algún modo asistir a Victor Hugo, pero todo estaba mal desde su punto de vista.
Además de que el desgraciado no hace nada, encima tengo que oír que lo estoy decepcionando. Para empeorarlo aún más, hubo dos momentos en los que fui a su despacho y estaba durmiendo.
¡Durmiendo!
No tiene sentido contratar a un tipo como él para ser el CEO de una empresa tan grande como GCR Turismo ; aún no sé qué tenía Luigi en la cabeza para hacer algo así.
—Y encima los martes y jueves se va dos horas antes del cierre de la jornada. Qué fácil es trabajar como él —volvió a decir.
No sé por qué lo hace, pero los martes y jueves sale de la empresa a las cuatro de la tarde, sin falta. Creo que es la única hora a la que es puntual, porque su horario de llegada es un caos. Lo he visto entrar en la empresa a las doce y cuarto, y ligeramente borracho, aunque no se lo dije a nadie.
Pese a las numerosas peticiones que me dirigió, no lo he visto mucho esta semana. Aun así, hoy tengo que resolver algunos asuntos urgentes con él, y no tengo un buen presentimiento.
—No tenemos otra opción que aceptarlo, amiga —dije.
—Sí, por desgracia.
Volví a mi sección y cuando abrí la bandeja del correo una rabia descomunal se apoderó de mí.
No... ¡este idiota tiene que estar tomándome el pelo!
Me ha pedido un sinfín de documentos para hoy, y desde luego no tendría tiempo de hacerlo. Además, tengo más cosas que hacer y ni pasándoselo a mi equipo conseguiría terminar.
Decidí tomar una decisión y minutos después ya estaba en su despacho, con los brazos cruzados.
—¿Qué pasa, preciosa ? —preguntó, y por primera vez parecía estar concentrado en el trabajo, porque tecleaba frenéticamente en el ordenador que tenía delante, lo que realmente es un milagro, hay que recalcarlo.
—Tu correo —fui directa—. Tengo otros trabajos; lo que me has mandado ha sido muy a última hora, mis tareas están acumuladas, y...
—¿Y a mí qué? Estás aquí para trabajar.
Hijo de una...
No voy a insultar a su madre, ella no tiene la culpa de tener un hijo tan imbécil !
—Sí, estoy aquí para trabajar, ¿y tú? ¿Has venido a trabajar en una empresa de turismo precisamente por ser un turista? —repliqué, ya al límite de mi paciencia.
— Luzia ...
—¿O has venido a GCR para tener los pies sobre la mesa, salir más temprano y solo pasarnos tu trabajo? Y entiéndelo de una vez por todas: no es LUZIA, ¡joder! Es Luiza, LUIZA, ¿queda claro?
No aguanté y solté lo que tenía atorado en la garganta.
Este tío no ha hecho absolutamente NADA desde el primer día en que puso un pie aquí.
Mientras que Natanael andaba siempre desbordado de trabajo, y a veces salía de GCR sobre las nueve de la noche, este mierdas solo se la pasa jugando con uno de los infinitos cubos de Rubik que tiene.
¡Es un cero a la izquierda!
—Una curiosidad interesante: ayer mismo resolví un cubo de Rubik sin mirarlo en un minuto. Fue mi récord, ¿sabías? —esbozó una amplia sonrisa, dejándome más cabreada aún.
Realmente cambia de tema cuando le conviene. ¡Demente!
—Eso no me interesa.
—¡ A mí sí me interesa ! Deja que te explique una cosa, preciosa : haz tu trabajo, por el que te pagan muy bien, y olvídate de mí un rato; no soy un hombre al que le guste que le cuestionen. Mi puesto es superior al tuyo; si alguien debe explicaciones aquí, eres tú a mí y no al contrario.
—Y yo no cobro para trabajar en casa, y es lo que he hecho los últimos días. Así que, si quieres el trabajo bien hecho, o haces una parte o no voy a responsabilizarme de lo que falte. —Crucé los brazos.
—¡ Apuntado ! —Bostezó y miró hacia la izquierda, admirando el ambiente—. ¿Crees que va a llover hoy? El clima aquí es distinto al que estoy acostumbrado...
¿Qué? ¡Increíble!
No tengo palabras para expresar lo cabreada que estoy . Puedo decir que este es el primer hombre que despierta tantos sentimientos malos en mí, que las ganas de estrenar mi expediente limpio con él son absurdas. Por muy guapo que sea, ¡sus actitudes lo convierten en un capullo!
Otra vez respiré hondo, necesitaba aire, pero aún tengo que decirle algo, y estoy segura de que ni siquiera debe de saberlo, ya que esta persona no se preocupa por una mierda !
—No sé si estás lo suficientemente ocupado haciendo nada , pero mañana hay reunión, y serás tú quien la dirija —me burlé, pero ni siquiera cambió el semblante.
—¡Pásaselo a otro! Odio las reuniones.
Me lo imaginaba.
Cerré los ojos y respiré una vez más.
—Esa reunión se ha convocado para que la gente te conozca mejor. ¿Cómo va otra persona a hacerlo, si eres tú quien debe presentarse?
—Yo qué sé, ¡apáñatelas! Pídele a alguien que investigue sobre mí, soy un libro abierto. Sorpréndeme, preciosa !
—Victor Hugo...
—Y, pensándolo bien, creo que me voy a divertir. Nunca he ido a una reunión donde alguien hable de mí en tercera persona. —Me miró maravillado abriendo los brazos.
—¿ En serio ? —me mofé.
—Sí. Yo hablo de mí en tercera persona a veces, no es que te importe, pero está bien ensalzar nuestras propias cualidades, ya que la gente difícilmente nos elogia.
—¿Y por qué será, no ? —usé el cinismo para cuestionarlo.
—Lo cierto es que no me gusta mucho escuchar a la gente, ¿sabes? Y tampoco me importa lo que piensen o dejen de pensar cuando mi nombre está de por medio. Siempre son malas cuando hablan de mí...
Victor Hugo forzó una cara triste, pero yo sabía que era fingimiento, porque acto seguido esbozó una gran sonrisa.
Realmente creo que tiene problemas mentales. Serios problemas mentales, dicho sea de paso.
No dijimos nada durante un rato. Yo ni tenía qué decir.
Además de cambiar de tema cuando estoy hablando de trabajo, usa el cinismo en básicamente todo, y es prácticamente imposible dialogar con una persona así.
—En fin... buena suerte encontrando a alguien para que dirija la pequeña reunión; de lo contrario, tu último día de trabajo será mañana.
—¿ ¿Cómo dices? —dije, incrédula, pero esta vez su ceño estaba bastante intimidador, y no vi rastro de broma en él.
—No me gusta repetir las cosas, y lo has entendido bien. —Clavó los ojos en los míos—. Tendrás que escoger a alguien de la empresa que no seas tú para esa presentación, y espero que sea una sabia decisión, ¡porque tu empleo dependerá exclusivamente de eso!
No conseguí trabajar concentrada durante el resto del día.
La palabra despido me martilleaba constantemente en la cabeza, y no sabía qué decisión tomar. Necesitaba a una persona que entendiera sobre su vida, pero ¿quién dentro de GCR sabe a fondo sobre Victor Hugo?
Al final de mi jornada fui al despacho de Renato. Es auxiliar administrativo y trabaja junto con Carlos, el gerente administrativo.
En las ocasiones en las que hemos hablado me he dado cuenta de lo desenvuelto que es para hablar. No vi un nombre mejor.
Mi queridísimo jefe sabía que me esforzaría al máximo para no perder mi empleo, y por eso está haciendo que sea yo quien delegue la elección.
¡Capullo!
Estuve hablando unos treinta minutos con Renato y le expliqué mi situación. Prácticamente le supliqué que me ayudara, ya que no era su obligación hacer este trabajo, porque además de presentar mañana por la mañana, tenía que estudiar la vida del trasto el resto de la tarde y la noche.
—No te preocupes. Voy a ayudarte.
Suspiré aliviada.
—Gracias, Renato. No sabes lo importante que es esto para mí.
Después de salir de la empresa fui directa a casa de Beatriz.
Mientras conducía imaginé varios escenarios que podrían ocurrir mañana. ¡En la mayoría de ellos estaba en la calle!
No soy una persona pesimista, pero es inevitable pensar en lo peor, ya que el Chewbacca malvado es un enigma con patas , y nunca sé qué puede estar pensando.
Después de aparcar el coche, toqué el interfono.
¡Cinco veces!
Cuando la puerta se abrió vi a Daniel, un poco titubeante, y al fijarme en su cara me di cuenta de que lo había despertado.
—Beatriz no está en casa, y...
—¡No me importa! —entré sin más—. ¡Mi asunto es contigo !
—¿Conmigo? —se asustó—. Ah , ya hasta lo sé... —suspiró.
—¡Tu amigo el CEO es un mierda ! ¡ ¡Capullo ! —recalqué al sentarme en el sofá, seguida por él.
—Primero: no es mi amigo; y segundo: te dije que podía ser difícil.
—¿Difícil? Sería estupendo si solo fuera difícil, pero es imposible .
—¿Qué ha hecho?
Le conté todo lo que me había pedido, así como la orden de que otra persona lo presentara , y al final Daniel no parecía sorprendido.
—Lo considero leve viniendo de él, prepárate para cosas peores si consigues conservar tu empleo.
—¿ Peores ? ¡No me lo puedo creer! —bufé—. ¡Mi situación está tan crítica que te echo de menos! Eso mismo, a un tirano como tú. ¿Ahora puedes entender mi nivel de desesperación?
Daniel sonrió.
—Puedo ayudarte en algo, mínimamente, pero puedo.
—¿Que sería...? —me interesé.
—Un consejo: haz algo que lo saque de su zona de confort. A Victor Hugo le gustan los juegos, sentirse desafiado. Creo que te has dado cuenta de que la mayor parte del tiempo está aburrido, pero cuando alguien lo desafía en algo...
—Pero eso sería peor, ¿no?
—No si tú tienes el control de la situación —me lanzó una sonrisita venenosa—. Dale el beneficio de la duda. Ahora, si no quieres hacerlo, no me extrañaría que provocara tu despido a propósito. O incluso que hiciera que dimitieras tú misma.
—¡ ¡Yo nunca dimitiría!
—Luiza... ya te lo he dicho, no lo conoces como yo lo conozco. Concéntrate en la presentación de mañana. Si todo va bien, haz lo que te he dicho y ve un paso por delante de él. Victor Hugo odia perder o quedarse a oscuras, y esa será tu ventaja a la hora de tratar con él...