Mi pesadilla con traje (CEOs Irresistibles 2) CAPÍTULO 5
12%

CAPÍTULO 5

«No basta solo con entender la dinámica de una empresa; tienes que ir más allá si pretendes plantarle cara a alguien cualificado...»

LUIZA GOULART

Confieso que, para garantizar que todo saliera de la mejor manera, también tuve que documentarme sobre la vida del gran Dios CEO anoche. Tenía miedo de que dirigiera alguna pregunta a Renato y este no supiera responder. Si eso ocurría, podía estar en un buen lío.

Toda GCR al completo estaba en la sala de reuniones, al menos las personas con cargos más altos. Conté como mínimo unas cien, pero aún faltaba alguien ...

Sabía que convocar una reunión a las nueve no sería una buena idea, sobre todo conociendo la «puntualidad» de Victor Hugo.

—Apuesto a que no llega a la hora —dijo Juliana.

Miré el reloj y eran las ocho y cincuenta y ocho.

—Yo también creo que no —sonreí, intentando disimular mi nerviosismo.

—Tranquila, amiga, todo va a salir bien, y...

Juliana paró de hablar y se le puso la cara un poco más seria. Al notar en sus ojos hacia dónde miraba, hice lo mismo y... vi que había llegado.

¡Adelantado!

—¡Buenos días a todos! —dijo, y algunas personas respondieron.

—Estáis muy desanimados. ¡Buenos días a todos ! —esta vez prácticamente gritó y casi todos al unísono dijeron a la vez: —¡Buenos días!

Victor Hugo entró pasando entre la gente, con una sonrisita cínica en la cara, y se colocó delante de todos. Acto seguido cogió el micrófono.

—Os agradezco a todos que dispongáis de un ratito del trabajo para estar aquí.

Como le dije ayer por la tarde a Luiza, tengo una gran molestia en la garganta, estoy enfermo y con 39° de fiebre.

Me está costando terminar este simple discurso, para que os hagáis una idea.

Creo que conseguiré hablar unos cinco o diez minutos como máximo.

Madre mía... ¡qué tío más falso!

Si tenía dudas de que fuera bipolar, ahora tengo la confirmación ante mis ojos.

—¡De eso no me habías hablado, amiga!

—¡ ¡Claro! ¡Es mentira ! —La fulminé con la mirada.

— Ah ...

—Estoy seguro de que la persona elegida desempeñará un buen papel hablando de mí, ¿verdad, Luzia ? —continuó su discurso inventado y se volvió hacia mí, así que enseguida le dediqué mi sonrisa más falsa, asintiendo a continuación.

Este cretino tonto me cambia el nombre a propósito solo para fastidiarme.

¡Si yo fuera la dueña de esto, estaría apañado!

—Bueno, vamos a acabar con esto cuanto antes.

Después de que dejara el micrófono encima de la mesa, Renato se levantó y se dirigió al pequeño escenario, y Victor Hugo se acercó más a mí.

—¿Cómo te llamas? —preguntó a mi amiga.

—Juliana.

—¿Podría sentarme en tu lugar, Juliana? Tengo que hablar con Luiza.

— Ah , claro. —Se levantó al momento.

—Muchas gracias —agradeció con una preciosa sonrisa, sentándose acto seguido.

Mi vida se ha convertido en una tragedia con patas estos últimos días, y todo gracias a él.

—¿Qué desea?

—Nada. Quedarme a tu lado. He venido a analizar tu comportamiento y ver si estás nerviosa ante la posibilidad de dejar la empresa; además, no me perdería la oportunidad de admirar tu belleza.

Sonreí, cerrando los ojos a continuación.

—Puede que tengamos algunos problemas porque soy un capullo la mayor parte del tiempo, pero como ya he dicho antes, eres preciosa, la mujer más guapa de la empresa, y no me canso de mirarte, ¿lo sabías?

Clavé los ojos en los suyos, pero esta vez había algo distinto ahí. No percibí burla, tono de superioridad ni siquiera intento de intimidarme, parecía algo genuino, y me quedé confundida porque hablara así.

—Gracias —dije, analizándolo brevemente.

El problema fue que, al mirarlo para decírselo, me fijé en algunos detalles, como el olor que desprendía, sus ojos, su boca, el tatuaje cerca del cuello, la barba sin afeitar...

Contrólate. Tu empleo está en juego y no es de fiar...

—Bueno... ¡que empiece el espectáculo!

Renato empezó hablando un poco de la empresa, de lo afortunada que era GCR Turismo por tener a Victor Hugo Avelar como CEO.

Creo que eso le hizo feliz, ya que vi en sus ojos cierta alegría.

Victor Hugo Avelar ha trabajado en veinticinco empresas de los más variados sectores. Ha tenido éxito en todas, e incluso en su último reto, que consideré el más difícil, supo encontrar una solución, prácticamente triplicando los rendimientos de la empresa en pocos meses.

¡Aplausos!

La gente lo miró maravillada, y... yo no sabía qué pensar.

—Este tío es bueno, ¿verdad? —preguntó.

—Sí. Renato sabe como nadie...

—No él, sino la persona de la que está hablando. —Me guiñó un ojo al interrumpirme.

Pues sí...

Algunas personas tienen la autoestima por las nubes, y él ha superado a la mía, sin lugar a dudas.

—¡Ahora habla de mi vida fuera de las empresas en las que he trabajado! —gritó, cruzando los brazos.

—¿ Cómo ? —Renato claramente se asustó con su afirmación.

—Cuenta las polémicas, peleas y procesos que rodean mi vida.

—Yo... no me parece buena idea.

—Eso lo decido yo. ¡Vamos, no te enrolles! —vociferó.

Percibí el momento exacto en el que Renato me miró y asentí moviendo la cabeza.

Si así lo quiere...

—¿Alguna en concreto?

—Sorpréndeme, Roberto .

Equivoca los nombres de la gente para provocarlos, y eso ahora me queda muy claro. Pensé que era una cosa suya, pero no, no lo hace sin un motivo bien definido en su mente.

¡Este hombre está demostrablemente loco!