Mi pesadilla con traje (CEOs Irresistibles 2) CAPÍTULO 2
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CAPÍTULO 2

«No tengas miedo de vivir como un loco cuando sea necesario...»

VICTOR HUGO

¡Trabajar con resaca es una mierda!

En realidad no lo es, por eso lo hago a menudo. El problema es que hoy es mi primer día en la empresa y, curiosamente, estoy con pereza y desanimado.

No, eso también es mentira. Por lo general me pasa.

Miré la fachada de GCR Turismo y al momento suspiré cerrando los ojos.

Apenas había pasado por la puerta de entrada cuando, para mi sorpresa, me abordó un hombre que aparentemente me estaba esperando. Al mirarle la tarjeta vi que trabajaba aquí.

—Buenos días, Victor Hugo. Me llamo Carlos, soy el gerente administrativo y voy a enseñarle GCR...

Era como si el hombre estuviera de guardia ahí, solo esperando a que llegara.

—Vale, hijo mío, agiliza el proceso y enséñame el despacho, Marcos —interrumpí al hombre, ya sin paciencia ante su perorata larga e innecesaria.

—Soy Carlos, señor.

—Eso mismo he dicho —me encogí de hombros.

Entramos en la empresa y fui analizando rápidamente las instalaciones. No veía nada del otro mundo. Yo ya he trabajado en sitios más grandes y mucho más llamativos.

—Como puede ver, este es un lugar ventilado, amplio, con buenas vistas y...

—¡Pare! —Me quité las gafas de sol y metí la mano —la que no estaba ocupada— en el bolsillo del pantalón, y lo miré incrédulo.

—¿Qué pasa?

—¿Tú eres gerente, arquitecto, ingeniero, urbanista y qué más? Qué quiero saber yo cómo es el espacio de esta cuchitril; tú enséñame mi despacho, Marcos.

—Mi nombre... —suspiró—. Está bien.

No caminamos ni un minuto y ya estaba en mi supuesto despacho. Por lo visto esto es bastante más pequeño de lo que imaginaba, y ahora me pregunto si realmente GCR Turismo es la empresa más famosa de la zona.

Claro que hice mis investigaciones, pero todo parece demasiado básico. Ni siquiera tengo un baño en mi despacho. Esto es inadmisible, y...

Respiré hondo. Es mi primer día, tengo que calmarme y ser amable.

El problema es ser «una persona amable», ya que básicamente solo lo soy en dos sitios.

—¿Necesita algo más?

—De momento no —sonreí, o al menos lo intenté.

—Ya me voy, señor. Para cualquier duda estaré a su disposición.

—Ah, espera, voy a decirte otra cosa. —Controlé la respiración, pero acto seguido esbocé una amplia sonrisa—. Señor está en el cielo, llámame Victor Hugo.

—Va-vale.

—Ahora que ya está aclarado... ¡a por ello, Marcos! —Mantuve la sonrisa.

—¿Cómo dice?

—¡Madre mía! Qué hombre más lento... ¡vete, lárgate!