Mi pesadilla con traje (CEOs Irresistibles 2)
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CAPÍTULO 1
«Y cuando todo parece ir bien...»
LUIZA GOULART
No consigo expresar como me gustaría lo feliz que estoy con mi vida actualmente.
Normalmente ya me considero una mujer alegre —incluso demasiado en ciertas ocasiones—, pero este mes está todo espléndido; por increíble que parezca, estoy viviendo el ápice de mi vida, en todos los sentidos.
Cuando dejé Argo's tomé una decisión arriesgada, sobre todo por ser consciente de que iba a cambiar un empleo cómodo y seguro por algo nuevo. Pero cuando seguimos nuestros sueños, hay que arriesgarse, y así lo hice.
Entré en GCR Turismo ocupando el puesto de Gerente Administrativa, lo cual estaba bien, porque no se alejaba demasiado de la realidad que vivía en Argo's; aun así me dejé la piel para adaptarme y superarme cada día.
Tenía como objetivo ascender, y hoy estoy en el puesto de Gerencia General , por competencia y mérito propios.
Este cargo no es de los más altos de la empresa, ya que los directores tienen mucho más poder que yo, pero estoy contenta con mi crecimiento, porque en prácticamente un año he conseguido un puesto mejor económicamente que en mi última empresa.
Mi sueño siempre había sido trabajar en una agencia de turismo, y por eso renuncié a la convivencia diaria con mi mejor amiga y a un buen sueldo para estar aquí, y hoy, mirando hacia atrás, puedo afirmar que no me arrepiento de nada, y pretendo seguir volando más alto.
Natanael acababa de pedirme que pasara por su despacho.
Es el CEO de la agencia y la persona con la que más trato tengo aquí, ya que básicamente tengo que rendirle cuentas de todo. Para mí incluso es mejor, porque algunos directores de GCR ...
Prefiero ni comentar, que Dios nos pille confesados !
— ¡Ya estoy aquí ! —Di dos golpecitos en la puerta, que estaba entreabierta, y enseguida me pidió que pasara.
—Hola. ¿Pudiste cerrar los informes que te pedí?
—Sí. Ya los he enviado por correo electrónico —sonreí.
— Ah , vale —dijo, y al momento miró hacia la ventana.
Es un hombre normalmente alegre, pero hoy no se parecía en nada a la persona a la que me había acostumbrado a ver el último año en la empresa.
—Está usted triste —rompí el silencio.
—Un poco, chica.
—¿Y qué ha pasado?
Vi que esbozó una sonrisa que ni siquiera le llegó a los ojos, y acto seguido bajó la cabeza, ligeramente abatido.
—Lo que ocurre en la mayoría de las empresas. Me han sustituido.
¡Espera un momento...!
Tardé unos segundos en asimilar lo que acababa de contarme, y a continuación incluso me senté.
—Pero... todo va bien —balbuceé—. La empresa está creciendo, los beneficios aumentan cada día, la tasa de despidos ha caído... No entiendo por qué ahora; no tiene sentido que haya otra persona en su lugar si todo está en perfecto orden.
Esa información no me gustó nada; me pareció todo aquello muy injusto.
Natanael siempre lo había dado todo por la empresa, y fue una de las personas que me prestó apoyo; cuando me ascendieron le pedí consejo, y fue gracias a sus muchas enseñanzas que hice cursos y más cursos para perfeccionarme y desempeñar lo que el puesto exigía de forma satisfactoria.
—Quieren sangre nueva, alguien más joven, con perspectivas diferentes. Bueno, al menos es lo que yo creo, pero nunca lo sabré con certeza.
—Yo... ni sé qué decir —apunté, cabizbaja.
—Luiza, tú sigue con el gran trabajo que estás haciendo hasta ahora —sonrió—. En este último año has sido la persona que más ha destacado en la empresa y confío en tu capacidad, porque eres la mejor gerente que tenemos. Sé que te llevarás bien con el nuevo CEO.
—¿Cómo se llama?
—No me lo han dicho, pero empieza esta misma semana. Mañana ya no haré falta aquí.
Por lo visto no tendré tiempo ni de prepararme psicológicamente; lo voy a echar muchísimo de menos, porque era un gran CEO y un guía cuando lo necesito .
A pesar de todo, soy una persona que se adapta con facilidad e intento llevarme bien con todo el mundo. Estoy segura de que eso ocurrirá con el próximo CEO; al fin y al cabo, soy Luiza Goulart...
Tras salir de la empresa fui directa a la nueva casa de mi amiga.
Antes de que Daniel y Beatriz se casaran, compraron un piso cerca de mi casa, y ni hace falta decir que vamos a ser un trío, porque básicamente todos los días les doy la lata a los dos gracias a internet, pero ahora también seré visita habitual en su casa.
—Amor, Luiza ha venido a tomar algo con nosotros, y por la cara que trae está disgustada —dijo mi amiga, y al momento oímos sus pasos viniendo hacia nosotras.
Daniel y Beatriz se casaron el mes pasado y volvieron de la luna de miel la semana pasada. Y sí, ya estoy en su casa; no les he dado ni tiempo de instalarse. Y sí, son recién casados y parecen cansados, pero me da igual.
Soy entrometida y no me importa. Daniel no se casó solo con Beatriz; yo venía en el paquete , y va a tener que aguantarme, quiera o no.
—Yo también estoy molesto —dijo Daniel acercándose para saludarme—. Yo quería dormir y ella me ha interrumpido —añadió a continuación, y al momento le lancé una mirada desdeñosa.
—Voy a ignorar ese comentario —apunté con cara de pocos amigos.
—Era una broma. ¿Qué ha pasado?
Les conté la noticia del inminente despido de Natanael, así como lo compenetrados que estábamos trabajando juntos. Le debo buena parte de mi crecimiento, ya que, igual que Beatriz, me reflejé mucho en mi jefe, convirtiéndome en una profesional bastante más capacitada.
—Espera... no me dijiste el nombre de la empresa en la que trabaja Luiza —se volvió hacia Beatriz cuando terminé mi lamento.
—¡Sí que te lo dije ! —replicó ella.
—No, solo dijiste que era algo relacionado con turismo, nada más.
Beatriz hizo memoria y enseguida me miró, asintiendo.
—Ya, creo que no.
—Pero no entiendo el motivo de que estés tan disgustada. Los CEO van y vienen con más frecuencia de la que imaginas, y eso ya lo sabes —dijo Daniel.
—Sí, lo sé; el problema es que todo va bien, la empresa está creciendo y teniendo un buen desarrollo; por eso no he entendido nada. Lo peor es que ni siquiera sé quién va a ocupar su lugar.
—¿Cómo se llama la empresa en la que trabajas? —preguntó Daniel.
— GCR Turismo.
Y bastó con que pronunciara ese nombre para que Daniel pusiera mala cara y se le formara una arruga en la frente.
Me quedé confundida por su sorpresa momentánea, y esa reacción suya me dejó un poco preocupada.
—¡ Mierda ! —dijo al cabo de un momento, cerrando ya los ojos y pasándose la mano por la cara.
— ¡Ay , Dios mío! Habla ya, hombre, me estás dejando angustiada... yo soy cardíaca !
Respiró hondo y enseguida se sentó con nosotras.
—¿Te acuerdas de un hombre que entró en nuestra boda con una botella de whisky ?
—¿ Que si me acuerdo ?! ¡Claro!
— ¡Amiga, céntrate ! —me interrumpió Beatriz, que tenía cara de pocos amigos.
— Vale —sonreí sin gracia—. Yo estaba lejos de vosotros, pero sí me fijé; recuerdo que Daniel incluso habló con él, y enseguida lo vi marcharse.
—Pues voy a resumirte la historia...
Daniel me contó que él y ese hombre, que se llama Victor Hugo Avelar, habían sido entrenados juntos por Arquímedes, un gran CEO, y que, por culpa de la competitividad, terminaron convirtiéndose en rivales.
Después habló un poco sobre la vida de mi futuro jefe , así como sobre las empresas por las que había pasado. Cosa que no me pareció nada del otro mundo; él parecía una persona normal para mí.
—Seamos sinceros... —Daniel juntó las manos analizándome metódicamente—. Quiero que me digas cuál era tu visión sobre mí cuando yo era el CEO de Argo's?
—A ver...
Le eché una miradita a Beatriz del estilo: «¿de verdad voy a poder despotricar contra tu marido?».
—¿Estás seguro de que quieres saberlo?
—Habla, amiga.
—Claramente fuiste un excelente CEO; en esos seis meses levantaste la empresa y conseguiste que volvieran a reconocerla, y todo eso, pero... conmigo siempre fuiste un capullo, un imbécil, un dictador, un tirano, un borde y otros preciosos adjetivos que no cabrían en un folio.
—Me lo imaginaba. Ahora... multiplica esos preciosos adjetivos por la falta de responsabilidad y tendrás como resultado al espécimen Victor Hugo Avelar —esbozó una sonrisa cínica.
—Eso es... ¡ imposible !
—Ah... te aseguro que no lo es —se burló—. Y eso es a lo que vas a enfrentarte, si lo que él mismo dijo es realmente verdad.
—¿Cómo dices...?
—Es extremadamente inteligente, y sabe utilizar a la gente como nadie. No es de los que trabaja; solo lo hace como último recurso. Yo me parto el lomo; él difícilmente lo hace.
—¡ ¿Qué mierda es esa? ! Ni siquiera debería ser CEO; está en el puesto equivocado.
—¡Lo mismo dije yo! —apuntó Beatriz, y Daniel sacudió la cabeza en desacuerdo.
— Ah... ¡él está donde debe estar ! —dijo con el semblante serio—. Es uno de los mejores, o el mejor, según el punto de vista de quien lo analice. Pero voy a darte un consejo muy importante: ¡ten mucho cuidado!
—¿Cuidado?
—Sí. Por lo que me dijo Beatriz, estás en la empresa en la que siempre quisiste trabajar, y piensas quedarte allí.
—Así es.
—Pues que sepas que a Victor Hugo Avelar le va a dar exactamente igual. Y ten en cuenta que despide a la gente simplemente por respirar a su lado. Así que mi consejo es que lo evites al máximo.
—Pero yo tengo que trabajar codo con codo con el CEO; soy la gerente general.
—Entonces tendrás problemas si no congeniáis, y Luiza... —Daniel hizo una pausa dramática, lo que elevó mi preocupación al nivel máximo, ya que él no suele ser tan expresivo—. No congenia con el noventa por ciento de la gente.
—¿Y qué hago al respecto?
—Céntrate en el trabajo e ignóralo, porque, si no... —respiró hondo mirando a Beatriz y a continuación a mí—. ¡Te va a hacer la vida un infierno! ¡Apuesta lo que quieras!