CAPÍTULO 25 #3
Se da cuenta de lo que estoy haciendo, y coloca la pierna para mejorar el encaje.
Sigo chupándosela, deslizándola en un vaivén preciso. Y cuando noto que está a punto, hago girar la lengua alrededor del glande unas cuantas veces. Espero oír ese sonido de frustración, pero cada vez que miro a Luke, solo lo veo completamente perdido en mí.
—Amor, aunque esto esté buenísimo, necesito que pares. —Paro. En parte por lo que me pide. En parte porque me ha llamado amor. En parte porque salió demasiado natural.
Lo miro confundida, pero Luke ya tiene un paquetito de papel plateado en una mano. Lo abre con los dientes, y con una agilidad impresionante se enfunda la polla con el condón.
—Ven aquí, ven —pide, rodeándome la cintura, cambiando otra vez nuestras posiciones.
Tengo la espalda pegada al colchón y él encima.
Mi cerebro se bloquea medio segundo, hasta que su boca busca la mía. Me sube la rodilla derecha y se encaja entre mis piernas como si siempre hubiéramos hecho esto.
La punta de su polla corona mi entrada y me penetra, estirando los músculos despacio.
—Estás apretadísima, joder —suelta entre dientes, gimiendo con cada centímetro ganado.
Me siento llena, ensanchada, acomodándolo dentro de mí.
—Fóllame, Luke… —pido, sin reconocer mi propia voz—. Fóllame bien.
—Suplicando así, te voy a follar todo el día, amor.
Y ahí estaba otra vez esa palabrita fuera de contexto, fuera de nuestro esquema, fuera de todo lo que habíamos acordado.
Debe de hablarles así a todas. Un seductor.
Grayson sabe qué decir para que todas las mujeres quieran más de él. Esa palabrita formaba parte, únicamente, de su jueguecito conmigo.
Así que me aferro al placer que estaba sintiendo. Era eso lo que él me estaba dando. Y era exactamente eso lo que yo estaba disfrutando de él.
Solo placer.
Su cara baja hasta mi pecho y me chupa el pezón, mientras se mueve dentro de mí. Las primeras embestidas solo sirven para que mi cuerpo se acostumbre a su tamaño. En cuanto correspondo al movimiento, saliéndole al encuentro, Luke aumenta la velocidad.
Vuelve a besarme, y cuando abro los ojos veo ese azul profundo de los suyos.
En ese instante, lleva la mano derecha hasta la mía y entrelaza nuestros dedos.
Las palmas encajan.
Frunce el ceño, mirando fijamente nuestra conexión. Cuando vuelve a mirarme, noto un cambio sutil en su semblante. La sonrisa le estira una comisura de la boca, y ahí veo mi problema de metro noventa.
Diversión.
Soy pura diversión para él.
Y yo… tonta. Casi caigo en la trampa.
No, Juliette.
No vas a caer.
—Quiero probar otra cosa —digo, y él se detiene un poco.
Salgo de debajo de él y me pongo a cuatro patas sobre la cama, pegando la cara a las sábanas, levantando el culo en el aire.
—¡Hostia puta, Carter! ¿Quieres matarme así? —jadea, y rápidamente se coloca detrás de mí, metiéndomela de una sola estocada.
Gemimos juntos con el encaje en esa postura.
—No puedes morirte. Tienes fecha de caducidad de dos meses, ¿recuerdas? —bromeo, y él se ríe, embistiendo con más fuerza.
—Te voy a enseñar la potencia de esa fecha de caducidad. Tu coño se va a acordar de mí todo el año —dice, hundiéndose más adentro.
Mi vagina parece abrazar con fuerza su polla, contrayéndose sin querer. El vaivén se intensifica y el roce constante en mi punto G provoca otro orgasmo.
Vuelvo a entrar en un sopor de saciedad.
Siento el cuerpo vibrarme con cada temblor que me sacude de dentro afuera.
Es como si todo se concentrara en un solo punto —una acumulación de tensión y deseo que explota en un segundo arrollador.
Hundo la cara en las sábanas para contener el grito que me atraviesa por dentro y dejo que se desborde fuera la sensación de la cima del placer.
La sensación se prolonga, sus dedos se hunden en mi cadera, las embestidas se vuelven más intensas, y el sonido gutural que oigo me eriza todo el vello del cuerpo.
El tiempo simplemente se detiene un minuto.
Luke tira de mi torso, pegando mi espalda a su pecho, me aparta el pelo y besa la curva de mi cuello con cariño. Demasiado cariño.
—Me ha encantado follarte así. Lo único que no me ha gustado es que lo usaras para huir de mí, brujita.
Agradezco tener la cara escondida, porque los ojos se me abren de par en par, traidores, en cuanto me doy cuenta de que él se ha dado cuenta. Me aclaro la garganta a toda prisa para replicar:
—¿Mmm? ¿Estás loco?
Suelta una risa baja, tumbándose en la cama. Me siento en la cama, viéndolo deshacerse del condón, hacerle un nudo y tirarlo al suelo.
Cuando Luke se gira hacia mí, me levanta del brazo para que me tumbe en su pecho.
No rechazo el gesto, porque necesito ese contacto.
Desliza las yemas de los dedos por mi espalda, me besa la coronilla y murmura en mi pelo:
—No hace falta que huyas cada vez que me acerco demasiado.
El pecho se me aprieta de una forma ridícula.
Porque Luke lo dice como si fuera fácil. No lo es.
Debería responder. Hacer una broma. Llamarlo creído e insoportable.
Pero su cuerpo está caliente. Su brazo me rodea firme. Y, durante un segundo vergonzosamente cómodo, quiero creer que tiene razón.