CAPÍTULO 25 #2
Las succiones firmes provocan una corriente eléctrica que aflora en mi bajo vientre, haciendo que me palpite el coño. Mientras me chupa un pecho, la mano se va al otro, palpando y luego pellizcando la punta entre el índice y el pulgar.
La descarga de dolor es otra sorpresa placentera. Siento una contracción intensa y prolongada que se parece al preludio de un orgasmo.
No puede ser.
Estoy entrando en un frenesí de locura mientras Luke tortura mis pezones de una forma que nunca antes había sentido.
Ya he oído a chicas decir que se corrieron así, pero si a mí me costaba con la boca entre las piernas, imagínate en los pechos.
Cuando sus labios empiezan a bajar, no me quejo. Estoy en esa mezcla de ansiedad, excitación y un poquito de vergüenza por enseñarle una parte íntima de mi cuerpo a otra persona.
Por suerte, tengo la depilación al día. Porque sí. No voy a negar que quería exactamente lo que está pasando ahora.
Luke duda exactamente dieciséis segundos antes de decidirse a quitarme las bragas. Tengo la sensibilidad tan a flor de piel que me da un escalofrío con la tela de encaje resbalándome por las piernas.
—Ahora puedes enseñarme lo flexible que eres, nena. Me va a encantar —sugiere, con esa sonrisa ladina y una ceja arqueada.
Suelto una risa baja, avergonzada.
Pero no me echo atrás. Estiro las piernas hacia arriba y las voy abriendo despacio hasta completar el espagat, con el coño abierto de par en par para él.
Lo veo coger aire entre dientes.
—¿Y bien? —pregunto, pícara.
—¡Joder! Si fueras la mujer elástica del circo, entrarías hasta en la bola de la muerte.
Mi risa aumenta, y… enseguida se ve interrumpida por la sensación de su lengua caliente dándome una lamida lánguida que cubre toda mi vulva.
Después me lame un lado de la ingle, luego el otro, empezando una secuencia de mordiscos y besos húmedos. Lo hace varias veces y voy levantando la cadera, queriendo que su boca se deslice hacia dentro.
Sin control, le agarro el pelo e intento guiarlo como necesito. Me aparta la mano, alzando hacia mí esa cara de sabelotodo del sexo.
—Sé buena, nena. Aquí mando yo.
Frunzo el ceño, la respuesta está en la punta de la lengua a punto de salir. Pero él me da un beso suave en mi montículo de nervios, haciéndome retroceder.
Resoplo y echo la cabeza hacia atrás.
—Me irritas hasta cuando tienes la boca en mi coño, Grayson —murmuro.
—Me vas a suplicar que te irrite todos los días a partir de ahora. Confía en mí.
Y en la segunda respiración larga, por fin se desliza hacia los labios internos, subiendo, dando vueltas alrededor de mi clítoris, y bajando.
El movimiento es delicado, continuo, y poco a poco la presión de la lengua cambia. Su lengua acaricia alrededor de mi clítoris, haciendo círculos lentos, como si me estuviera poniendo a prueba. Cada roce, con la boca, con la lengua, con todo, me arranca sonidos que no puedo controlar.
Sus labios se cierran sobre el clítoris hinchado y chupa, en una succión rítmica. Mis manos se cierran sobre las sábanas mientras mis músculos sufren pequeños espasmos de placer.
Gimo, mirándolo entre mis piernas. Parece disfrutar tanto de lo que está haciendo que en ningún momento pensé en cuánto tiempo llevaba ahí. Solo en lo bien que se sentía.
Mi coño da la primera contracción fuerte que anuncia el orgasmo. Estoy cerca. Sonrío, envuelta en la alegría de no sentirme rota después de tanto tiempo.
Luke pone el índice en mi vagina, hundiéndolo poco a poco, manteniendo la boca en esa succión continua. Después suma otro dedo. Siento en el vaivén la aspereza que le ha dejado el deporte, y la fricción lo hace todo mejor.
—¡Ay, Dios mío! No pares… ah… estoy a punto —jadeo, suplicando, la sensación crece en mi bajo vientre en oleadas densas que recorren mi vulva, resbalando por el interior de mis muslos.
Dentro de mí, todo se contrae como si los músculos de mi vagina estuvieran en pleno esfuerzo de un ejercicio intenso.
Luke aumenta el ritmo de las chupadas y sus dedos siguen la misma orden. Esta vez, cuando le agarro el pelo, me deja.
Me quedo congelada un instante —y el momento siguiente me golpea como una descarga.
La tensión se contrae, estalla, se extiende, dominando todo mi cuerpo.
Suelto un sonido bajo, imposible de contener, porque la ola llega fuerte, repetida, quemando cada rincón de mí.
Se me corta la respiración durante unos segundos, y cuando suelto el aire, todo mi cuerpo se relaja a la vez, saciado. Las piernas me quedan como gelatina, caídas a los lados.
Luke baja la intensidad al notar las reacciones de mi cuerpo. Esbozo una sonrisa que se refleja en su cara.
—Creo que voy a chupártelo todos los días. Me encanta mandar y que tú obedezcas —dice el idiota, sonriendo, con la barbilla apoyada en mi pubis.
—No me estropees el momento, Grayson —refunfuño bajito, recuperando el aliento.
Suelta una risa que, al soplar justo ahí en mi coño, me provoca un escalofrío delicioso. Todavía estoy sonriendo cuando me incorporo, haciendo que me acompañe. Por puro instinto de agradecimiento, junto nuestras bocas, besándolo de nuevo.
—Estás demasiado vestido —constato, y empiezo a bajarle el pantalón junto con el bóxer.
Luke se baja de la cama solo para facilitarlo, se lo quita todo y vuelve a mí. El torso desnudo es todo un espectáculo, pero el cuerpo entero es todo un show aparte.
El remate de la «v» de su abdomen en esa polla digna de trofeo era un despropósito para todos los hombres sobre la faz de la Tierra. Tenía el miembro grueso, con las venas marcadas, y el glande sonrosado brillaba majestuoso.
Parpadeé varias veces para asegurarme de que no era una ilusión óptica. Los músculos de los muslos, tan definidos, mostraban el resultado de años patinando sobre hielo.
¡Qué hombre tan bueno!
Tiro de él de la mano, haciéndolo caer de espaldas en la cama, y me subo encima. Nuestros labios siguen los toques ya conocidos de la música, unas veces lentos, otras más rápidos, las lenguas encontrándose por el camino.
—No hace falta que lo hagamos todo hoy, preciosa. —Me detengo encima de él, examinándolo para asegurarme de que era el Luke Grayson que yo conocía.
—¿Has hecho algún curso?
—¿De qué?
—¿De decir las cosas justas para conseguir lo que quieres?
—No. Y nunca he dicho más de lo necesario durante un polvo. Ese beneficio es solo tuyo, bruja —el apodo llegó con un tono divertido, con un besito en la punta de mi nariz.
Suelto una risa por la nariz y le empujo los hombros para que vuelva al colchón.
—Yo lo pedí, ¿no? Ahora quiero sentirte en mi boca. —Levanto las dos cejas, mientras una de mis manos rodea su circunferencia. Él gime profundamente, y descubro que ese sonido me gustó más de lo que debería.
Por eso, me meto de golpe el glande en la boca, queriendo oír más.
—¡Joder, Julie! —su voz se quiebra con la primera chupada, lo he pillado por sorpresa. Me río todo lo que puedo con una polla en la boca.
Después, lo deslizo hacia dentro, intentando relajar la garganta para acomodarlo hasta donde puedo. Acabo usando la mano para poder abarcar el miembro entero.
Empiezo un vaivén. Tengo una rodilla a cada lado de sus piernas juntas. Mi coño sensible roza contra el vello de su espinilla, y la fricción me enciende todavía más.