Mi peor trato (Herederos del Hielo 2) CAPÍTULO 24 #2
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CAPÍTULO 24 #2

—Julie… te vas a poner mal —le advierto, asumiendo el papel de adulto responsable, una función muy incómoda para mi currículum.

—Ni siquiera sabe a alcohol.

—Por eso es peligroso.

Me ignora por completo. Y cuando me doy cuenta, va por el tercer vaso de esa bebida infernal.

Media hora después, Juliette está en la pista.

No sola. Morgan y Blair están con ella. Caroline también, y Jake se está conteniendo a mi lado para darle espacio a su novia.

Bella levanta el vaso al ritmo de la música, orgullosa de su propia contribución al declive de la civilización.

Y Juliette…

Juliette está bailando.

O intentándolo.

Al principio, hasta parece sensual. Las caderas siguiendo el ritmo, esa boca sonriendo como si se hubiera olvidado de todos sus problemas.

Pero en cierto momento… me doy cuenta de la coreografía del pulpo.

Mierda.

Los brazos le suben y bajan en un ritmo que se parece menos a bailar y más a una llamada de auxilio en alta mar.

Juliette gira, casi le da a Morgan, se ríe de sí misma y sigue como si fuera absolutamente profesional. Como si esa coreografía tuviera nombre, historia y quizá hasta un certificado expedido por una academia de pulpo borracho.

Sean se inclina a mi lado, encantado.

—Tío, tiene un estilo único.

—Parece que se está debatiendo en un mar de gente —observa Ravi—. Como le meta otro codazo a esas tías de ahí, tu chica se va a llevar una buena.

Jake me mira.

—Ve a por tu chica antes de que líe una buena.

Esa chica imposible.

Mi bruja.

El idiota lo dice como si fuera fácil.

Como si a mí no me afectara.

Vuelvo a mirar hacia la pista.

Juliette se está riendo. Riendo de verdad. El pelo revuelto, las mejillas sonrojadas, y esa alegría torcida de quien olvidó, durante unos minutos, que el mundo ya intentó destrozarla.

Y, joder…

Está preciosa hasta bailando con más brazos de la cuenta.

Dejo el vaso en la mesa y voy hacia ella antes de que convierta la pista en un campo de batalla con víctimas inocentes.

—Se acabó el espectáculo, brujita —aviso, sujetándola por la cintura cuando casi gira contra una chica de vestido rojo.

Juliette levanta la cara hacia mí, ofendida.

—Estaba arrasando.

—Sí. Con la integridad física de los demás.

Entrecierra los ojos.

—Eres pésimo.

—Y tú serías genial de señalizadora de aeropuerto.

Refunfuña algo incoherente y me limito a llevarla de vuelta al reservado. Caroline ya está ahí, de pie, colgándose el bolso del hombro, con Jake a su lado.

—Nosotros también nos vamos —avisa Caroline.

Jake cierra los ojos medio segundo, aliviado.

—Menos mal.

—Joder, capi —suelta Sean—. ¿No quieres seguir celebrando con la peña?

—Ya he celebrado. Ahora quiero celebrar con mi novia.

Y Caroline le da una palmadita tímida en el hombro que él aprovecha para envolverla en sus brazos, besándole la coronilla.

Bajamos al aparcamiento del Silver Fox con Jake delante, cogiendo a Caroline de la mano, y yo detrás, manteniendo a Juliette lo bastante cerca como para que no decida abrazar una farola por motivos emocionales.

Jake abre el coche, Caroline se sube al asiento delantero y yo le abro la puerta de atrás a Juliette. Ella me mira como si acabara de hacer algo muy noble.

—Todo un caballero —murmura.

—No lo divulgues.

Sonríe, torcida y satisfecha, antes de subir al coche.

Me siento a su lado.

El problema empieza cuando Jake sale del aparcamiento y coge el camino hacia la Alpha sin preguntar nada.

Claro que lo coge.

Para él, tenía sentido. Juliette y yo estábamos juntos. Ella había insistido en quedarse conmigo. Yo no lo había corregido.

No podía corregirlo sin convertir la noche en una reunión de emergencia de explicaciones para la que, desde luego, no estaba preparado.

Solo que la Delta quedaba en la otra dirección.

Y en cada manzana, el camino equivocado parecía más acertado.

Porque mandar a Juliette a su hermandad en ese estado también parecía una idea pésima. Las chicas podían estar ya repartidas por ahí, cansadas, durmiendo, o peor: confiadas en que yo estaba cuidando de ella.

Cosa que, por lo visto, estaba haciendo.

Acerco la cara a la suya y hablo bajito:

—Carter.

—¿Mmm?

—¿Quieres que le pida a Jake que te deje en la Delta?

Levanta la cabeza de mi hombro con esfuerzo, como si el cuello se le hubiera puesto en huelga.

—¿Por qué?

—Porque es donde vives.

—Pero yo quiero quedarme contigo.

Caroline gira un poco la cara en el asiento delantero con una sonrisita cómplice.

Jake mira por el retrovisor.

Genial.

Público.

Juliette parpadea despacio, completamente ajena al estropicio que está causando en mi vida.

—Los novios duermen juntos, ¿no?

Mi cerebro se bloquea.

Solo un segundo.

Un segundo en el que pienso en veinte respuestas posibles y todas terminan con Jake interrogándome.

—A veces —respondo, eligiendo el camino más neutro posible.

—Por cómo está, hoy toca dormir y ya está, tío —suelta Jake con una risa baja.

—Gracias por el análisis, capitán.

—De nada.

Caroline le da una palmada en el brazo.

—¿Qué? Estoy ayudando —dice, con una sonrisa irónica.

—Estás siendo un inoportuno.

—También.

Suelto el aire, hastiado de mi mejor amigo. Sentimiento que dura poco, hasta que me doy cuenta de que Juliette está prácticamente tumbada sobre mi pecho.

Le arreglo el pelo, apartándole un mechón de la cara. Abre los ojos, somnolienta, y sonríe con ese gesto entorpecido por la bebida. Y mi corazón parece entrar en el mismo estado, saltándose un latido.

Llegamos a la Alpha unos minutos después. Jake y Caroline se meten dentro con esa prisa sospechosa de pareja que lo llama cansancio de sueño, pero tiene toda la pinta de ser otra cosa.