Mi peor trato (Herederos del Hielo 2) CAPÍTULO 17
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CAPÍTULO 17

Luke Grayson

Ganarle hoy a los Pioneers no era solo una obligación deportiva.

Era una necesidad.

Necesitaba que la fiesta en la Kappa supiera a victoria. Necesitaba el ambiente adecuado, la energía adecuada, la excusa perfecta para hacer lo que llevaba queriendo hacer desde que firmé cierto acuerdo.

Acercarme a Juliette delante de todo el mundo.

Y ganamos. Y de qué manera.

A mitad del último periodo, el número 25 de ellos le hizo una jugada rastrera a Sean cerca de la valla y no me lo pensé dos veces. Lo agarré del brazo, tiré los guantes al suelo y fui a por él.

Cuando el árbitro nos separó, la sangre ya estaba lo bastante caliente como para ni sentir el corte en condiciones.

Ahora, en el vestuario, la adrenalina va bajando poco a poco. Los tíos están en pleno subidón post-partido, cachondeándose de la pelea y comentando lo de la fiesta en la Kappa.

Jake está cerca de su taquilla, quitándose las cintas de la muñeca, cuando me ve terminar de pasarme la toalla por la cara.

—Luke —me llama, con esa voz que no pide. Ordena.

Levanto la vista.

—¿Qué?

Hace un gesto breve con la cabeza, señalando el rincón más apartado del vestuario para que lo acompañe.

—Ven aquí.

Pongo los ojos en blanco, pero voy.

Me paro frente a él, todavía con el cuerpo caliente. Se cruza de brazos y me mira con esa expresión clínica de capitán, mejor amigo e hijo de puta perspicaz que se cree que me conoce más de lo que debería.

Cosa que, por desgracia, es verdad.

—¿Va todo bien? —pregunta.

Suelto una risa nasal.

—Acabamos de ganar. Así que sí, joder.

—No es eso lo que he preguntado.

Me paso la mano por la nuca, ya intuyendo que esta conversación me va a irritar.

—¿Y por qué no iba a ir bien?

Jake entorna los ojos.

—Porque has salido al hielo más subidito de lo normal. Has repartido más leña de lo que es tu estilo habitual. Y cuando has agarrado al veinticinco del brazo después de esa jugada. —Sacude la cabeza despacio—. He pensado que le ibas a arrancar la cabeza.

—No se la arranqué.

—Casi.

Noto que sus ojos se fijan en un punto de mi cara. Sabía que me había cortado la ceja.

—Y esa pelea ha sido fea de cojones. Sé que se te da bien. Pero me he quedado mirando esa mierda pensando si pasaba algo raro.

Suelto el aire por la nariz.

No va del todo desencaminado.

Tampoco tiene toda la razón.

Querer ganar hoy tenía más que ver con la fiesta que con el partido. Más que ver con la Kappa. Con Juliette. Con las ganas concretas de merecerme lo que estaba por venir.

Pero no pienso soltar prenda así como así.

—Quería ganar. Ya está.

Jake sigue mirándome fijamente.

Silencio.

De esos que él mantiene a propósito hasta que a la otra persona le incomoda.

—Suéltalo ya —exige, por fin, con ese tono a medio camino entre mejor amigo y capitán que suele funcionarme mejor de lo que debería.

Suelto un taco por lo bajo y desvío la mirada un segundo.

—Ni de coña.

—Luke…

Vuelvo a mirarlo de frente.

—No empieces. Tú no sabes guardar un secreto delante de Caroline. Esta vez no voy a caer en la misma tontería.

Jake suelta una risa seca, sin gracia.

—Sí sé guardar secretos.

Arqueo una ceja.

Se pasa la lengua por la comisura de la boca, conteniendo la respuesta.

—¿Es algo por lo que debería preocuparme?

Lo pienso unos segundos.

Jake no se va a enterar de cada detalle de la locura que firmé con Juliette Carter. Pero pronto va a descubrir lo principal.

Que ahora soy un tío comprometido.

Aunque sea de mentira.

—Lo vas a descubrir pronto.

Frunce el ceño.

—¿Eso se supone que tenía que tranquilizarme?

—No. —Me encojo de hombros.

Me estudia unos segundos más, valorando si insiste o me da espacio. Conozco bien esa pausa. Está sopesando cuánto quiere presionarme y lo mucho que sabe que voy a mandarlo a la mierda si insiste demasiado.

Al final, elige la opción sensata.

—Vale —dice—. Pero, si esto se lía, quiero saberlo antes de que se convierta en un incendio.

—Descuida, capitán.

Jake asiente una vez, firme, y me da una palmada en el hombro antes de alejarse.

Puede que me mate cuando descubra toda la verdad. Pero, por ahora, que le den.

Voy a ducharme y a prepararme para encontrarme con mi bruja.

•  •  •

Un rato después, estoy apoyado en la pared en un rincón del salón, de cara a la puerta doble de cristal que da al jardín trasero.

Y de cara a mi pequeño gran problema.

Juliette Carter llegó después que yo, y observé cada paso que dio hasta el sitio donde está ahora, fijándome en cada detalle más de lo que debería.

Minifalda negra. Corta hasta el punto de ser considerada un problema de seguridad nacional. Top de hombros al descubierto, de un tono claro que no consigo identificar bien si es rosa o beige, pero que brilla como un cartel luminoso para que la encuentren.

Y aunque no brillara, yo la encontraría igual.

He descubierto que tengo un radar específico para brujas buenorras.

Sobre todo cuando firman un acuerdo conmigo.

Va sin gafas. Con el pelo suelto, cayendo en ondas suaves hasta la espalda. Y las botas militares.

Siempre las botas militares.

Ya he aceptado que ese es el único tipo de calzado que existe en su universo particular. Debe de ser algún tipo de mecanismo de defensa. Un recordatorio constante de que sigue siendo un sargento de batallón militar. Yo qué sé.

Está con sus amigas, con un vaso en la mano y un aire peligrosamente más suelto de lo habitual.

He visto que se ha tomado unos chupitos.

Me he dado cuenta de que Morgan y Michelle cambian de sitio con ella cuando Piper se acerca.

Un movimiento limpio y natural de protección.

Cuando miro hacia un lado, veo a Jake y Caroline conmigo, observando la misma escena. O, al menos, él sí. Caroline ya tiene el cuerpo medio girado, lista para ir con sus amigas.

—Voy para allá, ¿vale? —dice, como si alguien fuera a impedírselo.

—Vale. Yo me quedo aquí con… —responde Jake, automático.

—Nosotros también vamos —corto, terminándome la cerveza y dejando el vaso en la mesa que tengo detrás.

Jake gira la cara hacia mí con esa mirada de reojo, del tipo que dice «no hagas ninguna tontería».

Esbozo una media sonrisa.

Se cree que voy a provocar a la bruja.

Esa es la idea.

Pero no del modo que él se está imaginando.

Me sostiene la mirada como si estuviera intentando adivinar qué clase de caos estoy a punto de organizar esta vez.

Suerte con eso, pienso.

En fin, él sigue a Caroline de todos modos.

Mientras camino, recorro la fiesta con la vista. Por desgracia, acabo fijándome en el detalle que hace que apriete un poco más la mandíbula.

Gavin.

El ex de mierda.

Caminando detrás de Piper como un perrito bien adiestrado.

Mierda.

Si lo estoy viendo yo, Juliette también. Y ahora necesito saber una cosa antes de dar el siguiente paso.

Si todavía quiere poner en marcha nuestro plan hoy.

Me paso la lengua por la comisura de la boca, calculando la distancia, el momento y el ambiente.

Se ríe de algo que Reese dice con naturalidad. Solo que he descubierto que es una actriz estupenda.

Enderezo la postura y empiezo a caminar hacia ella; cuando me acerco al grupo, Morgan me ve primero. Después Michelle. Y, por último… ella.

—Buenas noches, señoritas —digo, deteniéndome a su lado.

—Mirad quién es, el héroe de la noche —se burla Morgan, dándole un trago a la cerveza a continuación.

Michelle mira mi cara y frunce el ceño.

—¿Tenías que pelearte, encima?

—Forma parte del juego —respondo.

—No siempre —replica Morgan—. Pero confieso que me ha gustado el puñetazo que le has dado a ese imbécil.

Sonrío, satisfecho.

Intento mirar la cara de Juliette para ver la misma aprobación ahí. Pero sería demasiado evidente, porque ya estoy a su lado, prácticamente pegado a ella.

—¿Sabes que a mí también me han dado, no? Creo que necesito un apoyo para mantenerme en pie. —Y usando esa excusa tan tonta, rodeo con el brazo el hombro de Julie, que se limita a reírse y acepta mi avance.

Sus amigas abren mucho los ojos mirándola, y ella simplemente se encoge de hombros.

Solo por eso, Jake no interviene para nada.

—No te pases, Grayson —replica Julie, con una sonrisa indescifrable.

Menos mal que era tanto por mí como por sus amigas.

Mis pelotas seguían a salvo.

—¿Qué tal, chicos? —Reese llega al corro, con Thomy a rastras—. Menudo partido, ¿eh?

—¿Qué te ha pasado, tío? ¿Te han dado? —pregunta su novio, señalando el pequeño corte de mi cara.

—Tendrías que ver al otro.

—No se puede negar que al otro le ha tocado peor —aclara Caroline.

Mientras tanto, mi mano baja hasta la cintura de Julie. Su cuerpo se tensa al instante.

Inclino la cara hasta su oído y hablo bajito, sin borrar la sonrisa de la boca:

—Tranquila. Yo controlo la situación.

Ella sonríe de un modo que, para todos, parece aceptación.

Casi me convence también a mí.

—Te voy a cortar las pelotas y te las voy a hacer tragar si bajas esa mano ni un centímetro más de lo pactado, Grayson —susurra, lo bastante dulce como para que cualquiera piense que me está dando las gracias.

Mi mano se queda paralizada en el sitio.

—Voy a esperar impaciente el día en que me supliques que apriete tu coño con la mano, Carter —replico, en el mismo tono.

Ella se atraganta con la cerveza.

—Amiga, ¿estás bien? —pregunta Reese, asustada.

Juliette tose, se limpia la boca y asiente demasiado rápido.

—Sí. Se me ha ido por otro lado.

—Ven a bailar conmigo, que así se te pasa todo —digo, y antes de que reorganice su sistema nervioso, tiro de ella para que me acompañe.

Nuestros amigos están en una mezcla de curiosidad, cautela y expectación por el próximo acto.

Yo también.

Lo que jugó a mi favor fue el momento que tuvimos durante su borrachera en el bar 213, antes del escándalo que montó su ex.

En cuanto estamos entre otras personas que bailan más sueltas que en pareja, me lanza una mirada asesina.

—No pierdes el tiempo, ¿eh?

Sujeto su mano y tiro suavemente para que su cuerpo se pegue al mío.

Me paro frente a ella y tiro de su cuerpo un poco más cerca. Nada exagerado. Nada que parezca desesperación.

Ella vuelve a clavar los ojos en mí, fríos.

—Si no dejas que te bese, nadie se lo va a creer —murmuro, sin apartarme.

Juliette me sostiene la mirada.