Mi peor trato (Herederos del Hielo 2) CAPÍTULO 6
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CAPÍTULO 6

Luke Grayson

Esta semana, la clase de la señora McLaurin ha sido una prueba de resistencia.

No por el contenido —que, todo hay que decirlo, hasta tiene su gracia—, sino por la ausencia de cierta desgracia con forma de persona, que convertía cualquier debate en un pique en toda regla.

La pulguita infernal que no se calla y pone los ojos en blanco cada vez que doy una opinión distinta a la suya en clase.

A veces hasta estoy de acuerdo con ella, pero verla escupiendo fuego, centrada en mí, se ha convertido en mi entretenimiento personal.

He descubierto —un poco sin querer, un poco prestando demasiada atención— que solo ha desaparecido de esta clase en concreto. Lo cual es rarísimo de cojones, porque normalmente son las chicas las que se empeñan en aparecer donde estoy yo, no al revés.

¿Pero Juliette?

Nooo...

Juliette es el gnomo de jardín que prefiere tener una mancha en su currículum impecable antes que lidiar conmigo.

Mierda.

Al principio pensé en provocarla esta semana. Nunca he dicho que sea lo bastante maduro para hacer lo contrario. Solo que es imposible cuando ella me ha estado evitando.

Me ha estropeado los planes.

Y puede que sea justo por eso por lo que me quedo aquí, mirando fijamente la silla vacía al lado de Morgan —el sitio que siempre es el suyo— como un completo idiota.

Aparto la mirada, cabreado conmigo mismo.

Patético.

Peor aún es recordar aquella noche en la que la vi con otros ojos.

Riéndose, completamente suelta, cantando fatal, y luego...

Yo.

Bailando con ella.

Y, durante unos segundos...

No parecía odiarme.

Aprieto la mandíbula, apartando el recuerdo lo más lejos posible, porque lo que viene después lo estropea todo.

El novio perfecto que apareció de la nada, se hizo el héroe y encima se ganó un plus de «hombre del año» por limpiar el desastre de su novia borracha.

Otro episodio que Morgan Montgomery me contó a modo de advertencia para que mantuviera las distancias con su amiga.

Tío... yo solo quería provocar un poco a Juliette para ver a ese demonio pequeño que me planta cara en cuanto tiene ocasión. Habría estado bien sacar un poco de ventaja.

Pero sus amigas se están comportando como si yo quisiera algo más.

Está buena. Y sí... estaría disponible, si la chica estuviera soltera y me quisiera a mí.

Juliette no cumple ninguno de los dos requisitos.

De repente, el arrastrar de sillas me saca de mis cavilaciones. La clase ha terminado y todos los alumnos han activado el modo huida.

Cojo la mochila y salgo de la sala, con la cabeza dándole vueltas al día que apenas empezaba y yo iba a cámara lenta.

Ni el entrenamiento de esta mañana ha conseguido despertarme para el mundo de los vivos. El entrenador gritándome para que espabilara es un recordatorio de lo lento que iba.

Café.

Necesito café urgentemente.

Así que cruzo el vestíbulo y voy directo a la zona común del edificio de Humanidades.

El olor a grano molido me llega antes incluso de doblar el pasillo. Mejor pillar un café que sea mi subidón del día, ya que he vuelto a perder «otra vez» el debate matutino. Otro logro más que Juliette tiene contra mí, porque después de nuestros piques sentía que me había tomado dos energéticas.

Me pongo en la cola y me quedo mirando las opciones de un menú pegado en la pared, cuando oigo mi nombre lanzado al universo con una voz que conozco muy bien.

En los últimos meses ha estado gimiendo de una forma interesante.

Más, Luke...

Fuerte, Luke...

Métemela hasta el fondo...

El recuerdo de la noche pasada me viene a la mente y tengo que controlarme para no empalmarme. Y encima mirando fijamente la nuca fina de una de las novatas.

Miro hacia mi entrepierna y cambio el peso de una pierna a otra, en un intento de calmar la situación por ahí abajo.

En cuanto controlo la situación, sonrío de lado y aguzo el oído hacia la conversación que se desarrolla unas cuantas personas por detrás de mí.

Sé exactamente lo que va a venir: siempre son las mismas cosas.

«¿Y ese rollo con la lengua? Qué rico...»

«La tiene enorme, joder...»

«Pero sabe cómo encajarla...»

Suelto el aire despacio, casi satisfecho. Lo sabía. Y más aún cuando la chica era bastante más bajita que yo. Aquí todo es proporcional, así que ir al ritmo adecuado para que se aceptara hasta el fondo requería su paciencia.

Algo que a mí me sobraba, sobre todo cuando se trataba de tener un agujerito caliente y húmedo esperándome.

Ya... si hay algo que se me da bien, es dejar recuerdo.

Cruzo los brazos, fingiendo interés en el menú mientras espero las frases que me inflan el ego.

Solo que...

—Y encima sigues con esa rarita. Ya ni tienes derecho a reclamarme nada.

Mi sonrisa no desaparece.

Pero se traba.

Despacio.

Porque no era eso lo que esperaba oír.

Piper estaba con otra persona además de conmigo, por lo visto.

Bien por ella.

Nuestro trato no incluía fidelidad en el paquete. Y que compartiera su coño con otra persona me daba exactamente igual.

Ella sabía que también compartía mi polla, incluso al mismo tiempo. ¿Cómo se llamaba esa amiga suya?

Antes de que consiga recordarlo, oigo a la otra voz responderle:

—No estoy con ella. Te lo juro. Ni podría, después de estar contigo. Eres mejor en todo, nena.

—Sigues paseándote arriba y abajo con esa zorra. No mientas, que no sirve de nada.

—Ten paciencia conmigo. No se puede cortar una relación así, de la nada. Pero lo voy a hacer... te lo juro —se justifica el tío.

Algo se me atraganta mal. El tío estaba saliendo en serio con alguien y encima liado con Piper.

Menuda mierda.

Si fuera solo un rollo, tío. Una putada. Pero perdonable.

¿Pero está saliendo en serio con alguien, y encima con otra?

Seguro que es un bastardo hijo de puta.

—No quiero un tío a medias —continúa Piper, con la voz más baja, pero afilada de cojones—. No quiero nada más con Luke, precisamente por eso. Es solo medio hombre.

¿Qué coño es esto?

¡Medio hombre, y una mierda!

—Yo soy entero, nena. Entero para ti. Voy a cortar con ella hoy mismo.

Suelto una risa corta por la nariz, sin ninguna gracia esta vez.

Así que era eso.

Inclino un poco la cabeza, mirando a la nada por un instante.

Qué gracioso.

Hace unos minutos me estaba acordando de cómo decía mi nombre en la cama.

¿Y ahora la oigo reducirme a la mitad mientras dice que un tío que tiene pareja es entero?

O es tonta, o tiene serios problemas con las matemáticas.

Doy un paso hacia delante en la cola cuando ella avanza, todavía oigo cuchicheos entre los dos, y por alguna razón quiero enterarme bien de todo antes de dejar ver que lo estoy oyendo.

Ni siquiera he tomado café todavía y ya siento un amargor apoderándose de mi boca.

No son celos.

Para nada.

Es una mezcla de ego herido con la sensación de gilipollas por haberme creído las mentiras de esa chica. Es la personificación de la canallada. He perdido la cuenta de las veces que decía que le parecía bien nuestro trato sin compromiso.

¿Y ahora viene a llamarme medio hombre porque no me enamoré de ella?

¿Va en serio?

La media mujer es ella, que dice una cosa queriendo decir otra.

Porque si hay algo que yo no soy, es medio nada.

Inclino ligeramente la cabeza, fingiendo que necesito otro ángulo para ver los tipos de café que tenemos delante.

Intento mirar de reojo, lo suficiente para pillar un vistazo del tío. Pero la posición es una mierda.

Y no pienso girarme.

Todavía no.

Piper sigue hablando.

Y, joder...

Quiero oírlo.

—Eres completamente distinto a él —murmura, con un tono que conozco demasiado bien—. Contigo es... no sé. Es mejor.

Se me traba la mandíbula.

Claro que lo es.

Pongo los ojos en blanco, por dentro.

Qué conveniente decir eso cuando estás enrollada con otro.

—Ayer casi ni pude estudiar... me quedé pensando en ti todo el rato —continúa ella, bajando la voz, más íntima.

Solo si estabas estudiando anatomía humana, pienso.

En concreto... la de mi polla, porque, hasta donde yo sé, su boca no se apartó de mí anoche.

Menuda hipocresía.

—Me quedé como una tonta... mientras tú estabas ahí con ella, esa creída de mierda.

Pobre chica. Encima de que le pegan los cuernos, la están poniendo a caldo sin que pueda defenderse.

Y el tío sigue murmurando palabras para que esa loca lo perdone.

Ahora me inclino un poco más, intentando pillar su reflejo en alguna superficie —cristal, metal, lo que sea que me revele la cara del tío.

Nada.

Solo fragmentos.

Un hombro.

Parte del brazo.

Alto.

Pero no lo suficiente para identificarlo.

—No la he tocado desde que empezamos, nena. Soy solo tuyo.

—No eres solo mío mientras todo el mundo piense que eres suyo.

Él suelta una respiración profunda antes de hablar:

—Me hizo un trabajo de la universidad. Tengo que recogerlo y luego...

¡Joder!

¿La chica encima le sigue haciendo los trabajos?

¿Quién será la pobre?

La que está haciendo el papel de tonta mientras su novio planea cortar con ella... en medio de una cola de café... con otra mujer prácticamente pegada a él.

—También te puedo ayudar yo, guapo. Corta con ella hoy, que vas a sacar más que un nueve —responde Piper, sin dudarlo.

—Vale... —suspira él.

Después ya no oigo nada más que el ruido de un gemido bajo y unos chasquidos de labios.

Inclino un poco más la cabeza, ahora claramente intentando ver.

Quiero saber quién es.

Quiero ponerle cara a ese tío.

Y, sobre todo...

¿Por qué coño me está molestando esto más de lo que debería?