CAPÍTULO 2 #2
—No estaba en mis planes. Te lo juro —respondo, sentándome ya a su lado.
—Bueno... échale un vistazo rápido a eso, porque todo apunta a que va a ser una batalla campal —Morgan me señala la pizarra y me quedo bloqueada.
Veo que a la profesora McLaurin le ha dado por inspirarse a la hora de escribir, porque hay un montón de temas repartidos en columnas delante de nosotras.
Habla con firmeza, paseándose por la sala:
—Vais a trabajar en parejas. Trabajaremos con todos estos temas en las próximas clases —revela la dinámica del curso—.
Preparaos para defender una postura. No se trata de tener razón.
Se trata de convencer. Así que, ahora, simplemente leed y hablad con el compañero que tenéis al lado. Será vuestra pareja.
Morgan y yo nos damos la mano, contentas de que le haya funcionado guardarme el sitio.
Vale.
Después nos ponemos a leer los temas en silencio. Doy golpecitos con el boli en el cuaderno, analizando cada uno.
«Manipulación emocional en campañas políticas»
No.
Muy obvio.
«Framing: cómo la forma cambia la percepción de la verdad»
Interesante..., pero un poco manido.
—También está este —ella señala un poco más al lado—. «Sesgo cognitivo y toma de decisiones: cómo convencer a alguien que cree que tiene razón».
Hago una mueca leve.
—¿O aquel...? —señalo más abajo—. «Persuasión en las relaciones: influencia, poder y reciprocidad».
Morgan levanta una ceja.
—¿Quieres aprender algo? —pregunta, con esa sonrisita sarcástica—. Buena falta que te hace.
—¡Que te den! —digo, y ella suelta una carcajada.
Nuestra amistad se basaba en la sinceridad.
Lo que pasa es que la sinceridad de Morgan sobre lo mucho que le cae mal Gavin era demasiado explícita. Se pasa la vida diciendo que me utiliza para hacer sus trabajos de la universidad.
Yo solo ayudo a mi novio. Nada más.
Y, como la quiero mucho, ignoro su opinión, diciéndole que ve cosas que no existen. Punto.
La verdad es que nunca hablamos mucho de relaciones. Nuestros temas son más de clases y de hockey.
La profesora da una palmada.
—Podéis ir eligiendo —da el pistoletazo de salida—. El tema es de quien llegue primero. Tachadlo y poned vuestro nombre delante.
Bastaron dos segundos para que se instalara el caos.
Me levanto rápidamente, arrastrando a Morgan conmigo.
—¡Joder, Julie! Tú es que tenías que meterte en el hockey con esa fuerza que tienes.
—No sé patinar —replico, bajando los escalones de las filas de la sala de dos en dos—. Vamos a por el de toma de decisiones antes de que alguien lo pille.
Pero alguien ya lo ha pillado. Una pareja pasa por delante de mí y lo tacha.
—¿En serio? —refunfuño.
—Voy a por el otro —dice Morgan—. El de la última columna de la pizarra.
Y, como no estamos sobre el hielo, la delantera tarda en llegar a la segunda opción.
Tachado por dos idiotas que se chocan la mano.
—No me lo puedo creer.
—Pues el tercero —señala Morgan—. Está más cerca de mí.
Miro y me doy prisa.
Persuasión en las relaciones.
Morgan me iba a dar la lata, pero que le den. Mejor este que el último.
Tengo la mano en el boli, en la primera letra de la palabra, cuando...
—¡Coge ese, guapo! —una voz femenina, demasiado alta, llega de algún sitio detrás de mí.
Cuando miro, hay una mano masculina tachando el tema antes que la mía.
¡Joder!
Parpadeo un par de veces, procesando la mezcla de frustración y rabia hacia el energúmeno ese, sin amor a la vida.
Giro el cuello, muy despacio, todavía absorta por la grosería de...
Entonces veo el nombre escrito al final del tema: Luke Grayson y Piper Mayer.
Él termina de escribir, tranquilamente. Después me mira, con el descaro de guiñarme un ojo.
—Lo siento, guapa —dice, con esa sonrisa que claramente ya le ha funcionado con demasiada gente—. Ya sabes... hay que ser rápido.
Me quedo parada medio segundo.
Hasta que se me escapa una risa indignada.
¿Y encima sigue tirándome los tejos?
¿Es que no tiene vergüenza?
Pongo los ojos en blanco, sin poder creerme la arrogancia del idiota.
—Qué gracioso —disparo, con una risa corta y seca, cruzando los brazos para no abalanzarme sobre él ahí mismo—. Hay gente que se cree que estar bueno compensa la falta de educación.
Luke ladea la cabeza, todavía con el boli en la mano, y la sonrisa torcida se le ensancha, como si acabara de divertir al infeliz ese.
—Ahora se explica por qué no dejas de comerme con los ojos —replica, con un tono demasiado ligero—. Te parezco bueno, ¿eh?
Siento cómo me sube la sangre de una forma nada elegante y aprieto el boli entre los dedos, entrecerrando los ojos.
—No te emociones tanto —replico, seca, dando un paso hacia la pizarra—. Yo miro fijamente cuando estoy analizando un error.
Luke suelta una risa baja, girando el boli entre los dedos.
—Pues sigue mirando —murmura, demasiado tranquilo—. A ver si aprendes algo.
Aprieto la mandíbula, sacando pecho y controlando la respiración caliente que se me escapa por la nariz.
—Devuélvenos el tema —exijo, entre dientes.
—Llegué yo primero. Supéralo —mantiene esa sonrisa burlona, y la sangre me empieza a hervir por dentro.
—Llegué yo primero, idiota.
—Vaya... —la sonrisa torcida se le acentúa—. ¿Siempre eres así o hoy has decidido esmerarte?
—Solo cuando se cruza en mi camino alguien especialmente insoportable.
Suelta una risa corta, sacudiendo la cabeza.
—Ya veo —sus ojos bajan por mí y vuelven a subir—. Eres una arpía.
—Ahora vas a ver tú lo que es una arpía...
En ese momento siento a Morgan tirando de mí por la cintura.
—Tranquila, tía. Sin estrés. Todavía tenemos que elegir un tema. Estamos perdiendo el tiempo.
Gruño, dando una patada en el suelo, y él ensancha aún más la sonrisa, dándome la espalda.
—¡Odio a ese tío! —afirmo, volviendo a mirar la pizarra, con muy pocos temas ya libres.
Mierda.
—Eres la primera. Pero, en fin...
La primera vez que él no gana, porque yo jamás caería en las garras de un capullo.
Resoplo, echando los hombros hacia atrás de golpe.
Después busco algo que todavía no esté tachado.
Y claro.
Los tres que Morgan y yo queríamos ya han volado.
Todos.
Recorro la pizarra con la mirada otra vez, sin nada de paciencia ya, hasta que me detengo en uno que... da igual.
«Apelaciones racionales frente a emocionales: ¿cuál convence más?»
Si optara por el lado emocional en este caso concreto, Luke Grayson acabaría tirado en el suelo con la nariz sangrando. Pero usando la razón... su cara parece muy dura y me haría daño en la mano.
Sin contar con que acabar en el rectorado por agredir a otro alumno no es el mejor camino para convertirme en una futura abogada de prestigio.
—¿Qué te parece este? —pregunto. Y Morgan coge el boli, escribiendo nuestros nombres antes de que aparezca alguien de la nada.
—No era el que queríamos. Pero nos vale.
Volvemos a nuestros sitios, y veo a la parejita de mal gusto cuchicheando y riendo dos filas más adelante.
—Qué rabia me da.
—Ni te calientes. Vamos a arrasar —dice Morgan, anotando algo en el portátil.
—¿Ves eso? —los señalo, aunque gesticulo más hacia la chica—. Por eso estos idiotas que juegan al hockey se creen dioses.
—Ya... ¿verdad? ¿Qué se le va a hacer? —Morgan se encoge de un hombro—. Piper es solo una más en la larga lista de Luke. Una pena que sea tan hueca.
—¿La conoces?
—¿Se te ha olvidado que Carol sale con su capitán?
Pongo cara de circunstancias, porque sí. Se me había olvidado que mi amiga —y ahora capitana del equipo de hockey— sale con otro jugador.
Hasta entiendo que a una chica le guste alguien que comparte sus mismos intereses. Al fin y al cabo, Gavin y yo somos perfectos precisamente por eso.
—Ese Luke debe de ser tan hueco como su novia —digo, pensando en voz alta.
—La verdad es que él mola. Y ella no es su novia.
—Siempre están juntos. Pensé que eran... ya sabes... compatibles.
Ella se encoge de hombros y dice:
—No está con ella por lo que le sale de la boca..., sino por lo que él le mete dentro —sonríe con malicia, arqueando las cejas.
—Eres una viciosa —me río y le doy un empujoncito en el hombro.
—Nah... solo digo la verdad —vuelve a desviar la vista hacia el portátil—. Tranquilízate, Julie. Mejor no le sigas el rollo. Ese tío es un profesional de la manipulación. He visto a muchos jugadores cagarla por caer en sus provocaciones.
—A mí también me gusta provocar. Vamos a ver hasta dónde aguanta él con la pose.
Morgan levanta la cabeza despacio.
—¿Peligrosa, eh?
—Que se ande con cuidado.
Cierra el portátil un momento, claramente disfrutando más de la cuenta.
—Vale... ahora me preocupa un poco Luke —dice, disimulando la sonrisa.
—Voy en serio. Apúntalo. Todavía le voy a dar una lección a ese idiota.
Morgan suelta una risita, incrédula, dudando de mi capacidad. Y yo aparto la cara, enfurruñada.
Ella pierde el interés en mi rabieta y vuelve a teclear algo.
Yo vuelvo a mirar fijamente esa nuca ancha dos filas más adelante, sintiendo las mismas ganas infantiles y nada elegantes de tirarle algo a esa cabeza tan creída.
Luke Grayson tiene el tipo de arrogancia que me da alergia.
Puede que el problema sea justo ese.
Los tíos como él siempre creen que tienen el control.
Estoy deseando que llegue el momento en que descubra que no lo tiene.