Mi oscuro Romeo (Dark Prince Road 1) Capítulo cincuenta
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Capítulo cincuenta

Romeo

Si tan solo pudiera ver la cara de Madison cuando pronunciara este discurso, la enmarcaría en la galería de Zach. Como no podía, contraté a Alan para capturarla, por eso había añadido una hora extra antes de esta conferencia de prensa.

El hombre necesitaba tiempo para encontrar el ángulo perfecto.

Me coloqué detrás del podio de Costa Industries en la sala de prensa de nuestra sede.

Había practicado en el espejo hacía unos minutos, ya que no tenía experiencia.

Arrepentido, devoto y solemne. No fue difícil, considerando que me había pasado la mayor parte de la tarde dándome ánimos para no matar a mi padre.

Tenía un grupo de reporteros, periodistas y fotógrafos de medios nacionales e internacionales delante.

Me tomé mi tiempo, intentando no mostrar mi satisfacción.

Bueno, la poca gratificación que poseía.

Galletita se había asegurado de arruinarme el día. Y la vida.

—Damas y caballeros. Hoy, aproximadamente a las 10:30 hora del este, se difundió la noticia de que la Corporación Licht Holdings, a quienes considerábamos colegas, compañeros y copilotos en el esfuerzo por fortalecer al Ejército de Estados Unidos, desechó docenas de productos químicos tóxicos PFAS en el río de Newsham, Georgia, una pequeña ciudad en la que Licht Holdings fabrica armas.

Hice una pausa, fruncí el ceño, fingí preocupación. La suficiente para convencer a la gente de que realmente me importaba, y para que no sospecharan que yo había dado la primicia a los reporteros.

—Tras una investigación detallada, hemos confirmado que esto ha causado altas tasas de cáncer, depresión, suicidio, discapacidades de aprendizaje y asma dentro de esta comunidad que ya tiene bastantes dificultades.

—Otra pausa—. Todavía estamos en el proceso de descubrir todo el sufrimiento y dolor que este movimiento imprudente e irresponsable de Licht Holdings ha infligido.

Sin embargo, quiero asegurarles, aquí y ahora, que Costa Industries repudia estas acciones.

Estamos, y siempre estaremos, comprometidos con servir a las comunidades de las que formamos parte y no al revés.

Algunos periodistas levantaron las manos.

Los fotógrafos sacaron fotos, llenos de energía.

No se puede contar una historia como esta sin imágenes, así que pagué una buena suma a las familias afectadas por los productos tóxicos para compartir fotos de sus familiares moribundos, pulmones hechos trizas, miembros infectados…

No me sentí ni un poco culpable por ello. Por haberle pagado a personas angustiadas para que compartieran sus historias trágicas. Y tampoco por sacar esto a la luz y evitar que otras empresas tuvieran este comportamiento en el futuro.

—Aunque comparto poco sobre mi vida personal en público, sería negligente no mencionar que mi esposa es georgiana. Por lo tanto, siento un cariño especial por el estado.

Una ola de risitas recorrió la multitud. Al menos los extraños me consideraban un galán. Lástima que las últimas palabras de Galletita fueron una promesa de morderme allí abajo si volvía a acercarme a ella.

—He coincidido con Madison Licht, el hijo del CEO de Licht Holdings, Theodore Licht, muchas veces, y lo consideraba un colega.

Los Licht tienen profundos lazos con Georgia, así que estoy atónito, por no decir completamente sorprendido, al descubrir que le hicieron esto a su propia gente, a su propio estado, a sus propios recursos naturales.

—Lo dije con tanto énfasis que me sorprendió que mis propios ojos no salieran rodando de sus cuencas.

Era hora de terminar antes de caer en la exageración—.

Mientras nos enfrentamos a esta nueva era de incertidumbre, trauma y pérdida de vidas valiosas en esta gran nación, me gustaría hacer un juramento, en nombre de Costa Industries, de nunca fallar a la gente de este país.

A los estados que nos albergan como fabricantes.

—Más manos se levantaron, agitándose. Periodistas.

Tan impacientes—. Además, me gustaría anunciar que, a la luz de los hallazgos recientes sobre el daño de los PFAS, Costa Industries ha donado cincuenta y cinco millones de dólares a los trabajadores y residentes de Newsham, que actualmente están sufriendo las consecuencias de una política catastrófica, una gestión irresponsable y un mal ejemplo de empresa de defensa.

—Los aplausos estallaron por toda la habitación.

Algunas personas se pusieron de pie, en especial aquellas que había plantado en la multitud para fomentar el apoyo—.

Gracias por confiar en Costa Industries.

Prometemos no traicionar vuestra fe. —Absorbí los aplausos, permitiendo que los fotógrafos capturaran cada ángulo antes de alejarme del escenario.

Nuestra oficial de relaciones públicas se paseó por el escenario, sonriendo en su traje elegante.

—El señor Costa no responderá preguntas.

Comprensiblemente, le gustaría estar con sus seres queridos y asegurarse de mostrar apoyo a la familia de su esposa.

—Los Townsend no vivían cerca de Newsham.

Y Shep Townsend era tan de clase trabajadora como yo una camarera de Hooters, pero desafiarme no encajaba en la narrativa de los medios de comunicación.

Mientras me escondía detrás del escenario, Cara y Dylan, mi analista financiero, me seguían, corriendo para igualar mis largos pasos.

—Dame buenas noticias. —Me aflojé la corbata, dirección al ascensor.

Había hecho mucho trabajo de campo para asegurarme de que esta historia llegara a manos de los principales medios de comunicación de Estados Unidos.

—Sus acciones se están desplomando. —Los ojos de Dylan permanecían pegados a su iPad.

Se puso bien las gafas—. Esto es catastrófico.

Estamos hablando de una reducción del cincuenta por ciento en su valor.

Al menos. Algo sin precedentes. Ni siquiera después de Parkersburg.

Y las acciones de Licht ya eran inestables en primer lugar, ya que acaba de salir a bolsa.

No dijo nada que no supiera ya.

Este debería haber sido mi momento para deleitarme con el daño y la miseria que había infligido a los Licht, sin embargo, todo lo que podía sentir era el molesto y persistente pinchazo de culpa.

Dallas. Siempre se abría camino en mi psiquis.

—¿Señor? ¿Ha escuchado lo que acabo de decir? —Dylan agitó su iPad—. Sus acciones están cayendo. ¿Por qué no está feliz?

Una excelente pregunta. Quería la respuesta tanto como él.

Cara contestó al teléfono.

—Sí. Se lo diré. Gracias. —No tenía que decirme quién era ni qué quería, pero lo hizo—. Tu padre solicita tu presencia en su oficina. Parece muy satisfecho.

Casi lo suficientemente complacido como para darme el puesto de CEO. Podía sentirlo. Lo había convencido. Me había hecho saltar a través de aros de fuego y, hasta ahora, las llamas no me habían tocado.

—Iré a verlo de inmediato.

Tenía la victoria al alcance de la mano, tan potente y dulce que casi podía saborearla.