Capítulo cuarenta y nueve
Romeo
Ollie vB: Santo cielo. No me puedo creer que Rom LO HAYA HECHO.
Zach Sun: ¿Quizás él no fue el que lo hizo? ¿Quizás los medios de comunicación convencionales acertaron por una vez?
Romeo Costa: No lo hicieron.
Zach Sun: Por eso el optimismo debería ser ilegal. Básicamente es publicidad engañosa gratuita.
Ollie vB: ¿Es verdad la historia?
Romeo Costa: Sí lo es.
Ollie vB: Esto es genial.
Zach Sun: ¿Genial para quién? No para la naturaleza y sin duda no para la humanidad.
Ollie vB: PARA ROM. Gracias, Zach, por cagarte la fiesta de tu mejor amigo. Sabes que la palabra «aguafiestas» existe por una razón, ¿no?
Zach Sun: También la palabra «asesinar» y no significa que sea por algo bueno.
Romeo Costa: @ZachSun, para. Harás que le explote la cabeza.
Zach Sun: Hablando de asuntos explosivos, se rumorea que el ejercicio de hoy no ha salido bien.
Romeo Costa: Puedes atribuirle el desastre a mi esposa. Nos costó 800 mil dólares, sin incluir la mano de obra adicional.
Ollie vB: Su talento para quemar dinero es asombroso. ¿Has considerado inscribirla en America's Got Talent ?
Zach Sun: Por cierto, ¿cómo está Des Moines?
Romeo Costa: No me habla.
Ollie vB: El matrimonio es genial.
Ollie vB: @ZachSun, próximamente será tu realidad.
Zach Sun: Nunca me casaré con una desconocida (claramente desequilibrada).
Romeo Costa: Nunca digas nunca.
***
Resistí la tentación de vigilar a Galletita a través de las cámaras. A diferencia de Senior, yo cumplía con las promesas y los contratos a los que me comprometía. Seguía abriendo el cajón de mi escritorio. Cada vez que lo hacía, me calmaba un poco más.
Había una pistola Glock 19 dentro. Descargada.
Una especie de manta reconfortante.
Cada vez que Senior me llevaba al borde de la locura, la miraba y recordaba que él pronto estaría muerto. No sería nada más que un recuerdo lejano y huesos podridos.
Su muerte inminente me ponía de buen humor, pero después de un rato, mi mente volvía a la imagen de él tocando a Dallas. Si hubiera estado allí, no habría pasado.
Por ello, me había encerrado en el helicóptero como medida preventiva. ¿Qué estaba previniendo? Cumplir mi amenaza de sacarle los ojos a todos los que la miraron con deseo.
En el helicóptero, apreté un vaso de whisky con fuerza en mi puño. El cristal me cortó la piel. Cara tuvo que coserme cuando regresó de escoltar a Dallas a casa.
En cuanto a Senior, debería haber sabido que no podía contenerse. No debería haber asumido que no le interesaba ella, solo porque había estado con Morgan para darme una lección.
Pero Dallas no era Morgan. Era indiscutible e irrevocablemente mía. Una constante no negociable en mi vida. Por la que iría a extremos asombrosos para que todo el mundo lo supiera.
Incluyendo, aparentemente, llamarla puta.
Pocas palabras me repugnaban.
Esa lo hacía.
No existía criatura más cobarde que un machista, algo que había sido de manera espectacular. Hoy había sido la primera vez. Y la última.
Utilizarlo para provocarla fue un acto de rebeldía juvenil. Era necesario una disculpa. Como nunca me había disculpado con nadie en mi vida, estaba noventa y nueve por ciento seguro de que lo fastidiaría.
Además, parecía ser el tema general de nuestro matrimonio.
Cara entró en la oficina con los documentos que había solicitado.
—Olvidé decirte algo que me pareció muy tierno. —Siempre encontraba cosas encantadoras sobre Dallas, aunque cuando compartían una habitación, apenas le prestaba atención.
Cerré mi cajón de golpe y acepté el discurso que ella había impreso.
—Dudo que comparta el sentimiento, pero continúa.
—Se puso el pijama en cuanto puso un pie dentro.
—¿Estás segura de que la palabra que buscabas es «tierna» y no «perezosa»?
—Pero lo que hizo después, cuando pensó que no estaba mirando, fue muy dulce. Arrastró tu abrigo por toda la casa como si fuera un juguete, oliéndolo cuando pensaba que nadie la miraba.
Galletita mostraba señales de domesticación. Uno pensaría que eso me complacería. Yo quería conservarla a mi lado.
Por desgracia, no me causaba placer ver a mi esposa ingenua confundiendo el deseo con algo más profundo. Yo no era una criatura adorable. No pretendía serlo.
Repasé el discurso, con los labios fruncidos, haciendo cambios rápidos antes de la conferencia de prensa urgente que había programado para dentro de una hora.
—Gracias, Cara.
—Y si sirve de algo… —Cara se detuvo, suspirando—. Parecía realmente afectada por lo que pasó. Creo que se arrepiente. Yo también lo siento, Rom.
Odiaba que Cara supiera que Morgan me había engañado con Senior. Odiaba que me hubiera dado la noticia, solicitando mi presencia urgente en el ático todos esos años atrás, porque sabía que necesitaba encontrarlos por mí mismo para creérmelo.
—No tengo ningún interés en el estado mental de mi esposa.
—Me puse de pie y le entregué los cambios del discurso mientras mascaba chicle, sorprendido de que mi mandíbula aún estuviera intacta a pesar de haber mascado en exceso todo el día—.
Ocúpate de que lo editen, lo revisen y me lo devuelvan en los próximos veinte minutos.
Y tráeme mi corbata dorada. La que sale mejor en cámara.
Cara hizo una mueca y aceptó los papeles.
—Estás proyectando, Rom. Dallas no es Morgan. Es solo una niña. Una niña rebelde, pero buena. No debería pagar por los pecados de Morgan.
Galletita no era para nada Morgan. Ella nunca estaría en posición de hacerme daño.
Mis muros eran demasiado altos, gruesos y fríos para que ella los atravesara.