Capítulo treinta y ocho
Romeo
—La cuestión es que el hielo… siempre se derrite. —Zach hizo girar su vaso de whisky , observando una pintura de Elemer Nelson Bischoff en el garaje subterráneo que un grupo de arquitectos había convertido en una galería de mil cuatrocientos metros cuadrados.
Zach era prudente respecto a sus vehículos, su ropa, sus mujeres y su carrera, pero se descontrolaba cuando se trataba de arte. Desde que había prestado un cuarto de su colección privada a Sotheby’s hace dos meses, había aprovechado la oportunidad para llenar el espacio con nuevos hallazgos.
El hielo mencionado era mi corazón. Una referencia específica a mi acto con Madison trece días atrás en la fiesta improvisada de Dallas.
Me alegraba informarles de que, más allá de la gala solidaria en la que ella había pasado el tiempo averiguando las recetas secretas de un famoso maestro de cocina japonés, había pasado mi escaso tiempo en casa ignorándola, encerrado en mi oficina, trabajando sin parar para demostrarle a Senior que yo era digno del puesto de CEO.
—Mi corazón no está cubierto de hielo. Está rodeado de falta de preocupación. —Mi voz resonó en los muros con un eco. Caminé por el espacio inmenso y me detuve frente a una pintura abstracta de Gerhard Richter.
—Es cierto. —Oliver estaba posado en una parte vacía de la pared, bebiendo algo fuerte—.
Cuando pienso en alguien al que no le importa nada, pienso en un idiota que casi asesina a su archienemigo frente a cientos de personas en su propia casa, que está más custodiada que el maldito Pentágono.
Todo porque su némesis conversó con su esposa.
—No puedo creer que diré esto, pero estoy de acuerdo con Ollie en esto. —Zach deslizó una mano por su pelo negro como la tinta—. Ella te está cambiando.
—Ella es un desastre que necesito limpiar y ordenar —repliqué, avanzando hacia el siguiente cuadro.
—¿Podemos al menos acordar que se te da fatal? —Oliver abandonó la pared y avanzó hacia un Picasso auténtico. Extendió la mano para tocarlo.
Zach apareció a la velocidad de la luz y apartó la mano de Oliver.
—¿Qué crees que haces? No es una granja para acariciar animales.
Oliver bostezó y observó el lugar, probablemente en busca de la sección de desnudos.
—Nunca entenderé qué ves en esto.
—¿En Les femmes d’ Alger de Picasso? —Zach lo fulminó con la mirada como si hubiera sugerido reemplazar la obra con un retrato de su material fecal.
Oliver fue hasta el carro antiguo de bebidas y escogió un decantador de whisky . Lo hizo girar en el aire por el cuello.
—¿Fingiremos que esta «obra de arte» no parece algo pintado por un ama de casa aburrida en su centro YMCA local para expresar su dolor por el fin de su matrimonio con un asegurador que la dejó por su secretaria?
Zach parpadeó.
—Eso ha sido muy detallado y demasiado ignorante.
—No olvides que también ha sido condescendiente y estereotipado.
—¿Yo? ¿Condescendiente? —Oliver se ahogó en su licor—.
Digo la verdad de la persona promedio. Esto —señaló una pintura de Cy Twobly sin título— parece el dorso de mi cuaderno de cálculo de séptimo.
Y esto —señaló el 17A de Jackson Pollock— es sin duda lo que pasa cuando un jersey de Navidad de mala calidad y una bola de pelo procrean.
Zach frunció la nariz, caminó hasta el botón de pánico rojo en una de las paredes y lo presionó.
—Seguridad, hay un hombre aquí que necesito que saquen de mi propiedad.
Alcé una ceja y observé al hombre en cuestión.
—No diría que Oliver es un hombre.
Oliver asintió.
—Más bien soy una leyenda.
Zach se giró hacia mí.
—¿Ella ya sabe lo de Morgan?
—No precisamente.
Galletita sabía un poco, pero no las partes que habían formado a la bestia sin corazón que soy.
—¿Cuál es la estrategia de Dallas? —Oliver posó su vaso en la palma de una diosa griega. La única estatua que, según él, entendía—. Es obvio que tiene una.
Los tres nos separamos en direcciones distintas, cada uno orbitaba una obra de su preferencia.
Me detuve frente al perro de globos de Jeff Koons.
—Quiere quedarse embarazada.
Oliver rio.
—Suerte con eso.
No le conté que ella se aproximaba a su objetivo al saltarme encima en nuestra casa apenas vestida con lencería e intentando seducirme de modo constante.
—De todos modos, mi preocupación ahora no es la señora Costa. —Terminé mi cerveza de un sorbo y tiré la botella—. Licht Holdings salió a bolsa hoy.
—Lo vi. —Zach se acarició el mentón—. La predicción es que sus acciones se disparen al espacio.
Lo cual implicaba que era hora de avanzar y empezar a interferir con su empresa.
—He visto sus auditorías —dije mientras recogía mi abrigo Burberry y me lo ponía—. No son a prueba de balas. Sus ingresos no han crecido exponencialmente en los últimos años.
—Eso es porque estaban trabajando en lo tecnológico, no en la producción. —Oliver pasó su lengua sobre sus dientes superiores, curvando los labios hacia arriba—. Y porque todavía no han robado oficialmente tu acuerdo preexistente con el DDD.
Si no fuera por el hecho de que yo mismo deseaba ver a Costa Industries destrozada, encontraría el regocijo de mi amigo desagradable. Sin embargo, para heredar el puesto de CEO, necesitaba ocuparme de este asunto.
Una tarea nada fácil, considerando que Senior había tenido bastante éxito en joder la organización rentable de sus ancestros. Incliné un sombrero imaginario.
—Si me disculpan, caballeros, tengo trabajo que hacer.
Justo en ese momento, el equipo de seguridad de Zach irrumpió en el garaje. Igor y Dane automáticamente se acercaron a Oliver. No era la primera vez que Zach lo echaba por considerar a Oliver un troll de la vida real.
Oliver me siguió hacia la puerta.
—No os preocupéis, amigos. Me retiraré por mi cuenta.
Nos dirigimos hacia nuestros coches, que habíamos conducido a pesar de que los tres vivíamos en la misma calle. Antes de que Oliver se sentara en el asiento del pasajero, soltó un suspiro que decía «pregúntame qué pasa».
Sabía que complacerlo sería un error, pero no hacerlo rompería una tradición de tres décadas.
—¿Qué pasa?
—No sé cómo decir esto, Rom.
—Con la menor cantidad de palabras posible y rápido.
—El día que tu esposa organizó su pequeña fiesta… —Dudó, observándome. Alcé la guardia de inmediato ante la mención de Dallas—. Se me insinuó.
—¿Se te insinuó? —repetí—. ¿Quieres decir que te golpeó? Eso tendría más sentido. Y también encajaría con el carácter general de Dallas.
—Se me ofreció. —Apoyó un codo en la puerta abierta de su Alfa Romeo—. Dijo que lo haría solo para molestarte.
Eso podía creerlo.
Ahora que también recordaba que Dallas había accedido a hacerlo con mis amigos; el desafío que le había dado para burlarme de ella y que me había explotado en la cara empezaba a tener más sentido.
Se me calentó la nuca. Me hormigueaban los dedos por las ganas de estrangularlo.
Sentimientos que habían permanecido dormidos durante años regresaban, oscuros y sofocantes, llenos de resentimiento.
—¿Y cómo reaccionaste? —repliqué por fin.
Oliver mostró los dientes.
—Le dije que me llamara después de tu inminente divorcio, por supuesto.
Eso fue todo lo que necesité para abalanzarme sobre él. En segundos, lo aplasté contra el asfalto, con los puños apretados sobre su camisa.
Lo sacudí hasta que nuestras narices se aplastaron juntas, temblando de furia.
—Si vuelves a mirarla…
Antes de que pudiera terminar la frase, un aplauso débil apareció detrás de mi hombro. Zach salió de su garaje.
—Está bien, von Bismarck. Has ganado cincuenta mil dólares. Trata de no gastártelos en prostitutas.
Oliver me apartó, se puso de pie y sacudió su ropa limpia.
—Pero las prostitutas son mi pasión.
Enderecé la espalda y los miré, para nada sorprendido.
—¿Cuál fue la apuesta?
Zach señaló a Oliver con su mentón.
—Von Bismarck dijo que tendrías una reacción más drástica de la que tuviste después de lo sucedido con Morgan. —Hizo una pausa, ladeando la cabeza—. Cielos, Costa, he visto adolescentes más controlados en un concierto de One Direction. Eres una bomba de relojería cuando se trata de ella.
—No se me insinuó, amigo. —Oliver me dio una palmada en el hombro y se inclinó para mirarme a los ojos—. Aunque deberías saber que… si alguna vez lo hace, aceptaré con tanto entusiasmo que dejaré marcas en todo su cuerpo.
A veces, desearía que Oliver aún tuviera madre, solo para acostarme con ella y molestarlo al respecto durante toda la eternidad. Lo aparté y decidí que, a pesar de las circunstancias, terminaría la noche sin ser arrestado. Aunque estaba a punto de reunirme con Senior, así que aún no estaba a salvo.
—Es distinto —dije—. No la celo. La protejo. Dallas no ha hecho nada mal, más allá de existir.
—Denver ha hecho muchas cosas mal. —Una sonrisa triste apareció en el rostro de Zach—. Solo que siempre se lo perdonas todo.