Mi oscuro Romeo (Dark Prince Road 1) Capitulo diecinueve
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Capitulo diecinueve

C APÍTULO DIECINUEVE

Romeo

Mis padres vivían en una mansión estilo francés envuelta en ladrillos.

A pesar de vivir en la misma calle, tardamos diez minutos en llegar a su puerta, sumado a los dos minutos que tardamos en atravesar su entrada de un kilómetro.

Su casa era lo bastante majestuosa y sencilla a la vez para dejar claro que no eran nuevo ricos.

A través de las ventanas, se veía que unas luces de ambiente iluminaban una mesa larga llena de comida preparada por profesionales.

Sabía que, para cualquier otra persona que no fuera yo, era la imagen de la perfección doméstica.

Le di a Dallas una advertencia final antes de tocar el timbre.

—Recuerda que esta noche eres una mujer de buena familia.

—¿Y hambrienta? —Dallas dio un grito ahogado, haciéndose la tonta—. Por favor, dime que habrá salsas y pan. O algo para untarlo.

Los tacones de Monica resonaron al otro lado de la puerta. En cuanto la abrió, lancé a Galletita a sus brazos, mi sacrificio humano.

—Madre, Dallas Townsend. Dallas, ella es Monica, la mujer que me dio la vida, probablemente para molestarme.

—Cielos, mírate. —Monica dejó a un lado todo decoro y protocolo y sujetó las mejillas de Dallas con sus garras para observar el rostro delicado de mi futura esposa con sus pupilas histéricas—.

No fingiré que no he hecho algunas llamadas para saber más de ti.

Todos me dijeron que eras preciosa, pero la palabra no te hace justicia.

Galletita abrazó a mi madre (que en general era reticente al contacto físico) con un movimiento teatral. Aunque no me caía bien ninguna de las dos en particular, me alegraba que encajaran.

—Bueno, señora Costa, ya sé que nos llevaremos bien.

—Por favor, llámame mamá.

Yo nunca la llamaba así.

—Ah, si insistes. ¿Sabes si hay tiendas buenas en la zona, mamá ?

—¿Si lo sé? —Monica casi tuvo un paro cardíaco—.

Tengo un comprador personal para cada una de ellas.

—Posó los ojos en el collar de perlas que Dallas debía haber robado de mi habitación.

Sabía que había estado husmeando (había dejado sus huellas dactilares por doquier), pero me acababa de dar cuenta de su accesorio.

Monica se llevó los dedos a los labios y miró a Senior—.

Ay, amor, Rom le ha dado a Dallas el collar de tu bisabuela. El compromiso es serio.

Detrás de ella, Senior, Bruce y Shelley espiaron a Dallas.

Observé a mi padre. La rigidez de sus hombros, como temblaban con cada exhalación.

Colocó una mano en la baranda. Supuse que para no perder el equilibrio, aunque nunca lo admitiría.

Odiaba mostrar debilidad. La mala noticia era que Senior seguía vivo.

¿La buena noticia? Parecía un poco peor que la última vez que lo había visto.

Bruce y Shelley avanzaron cuando Dallas logró despegarse del abrazo de Monica.

—Cariño. —Shelley apretó el hombro de Galletita con una expresión lúgubre que eclipsó su rostro—. Escuchamos lo que pasó en el baile de debutantes. ¿Está bien?

—Señorita Townsend. —Bruce pasó entre ellas y cogió las manos de Dallas con una actuación digna de un Oscar—. Si necesita hablar en privado de lo que sea, estoy a su disposición. —El idiota quería que Galletita cayera a sus pies y le suplicara que la salvara del gran lobo malo.

Había predicho el comportamiento de Bruce, al igual que la respuesta de Dallas: ella sabía que era imposible huir de esto. No había hogar al que volver. Chapel Falls solo la aceptaría como mi esposa después de la debacle del jardín de rosas.

Aunque había esperado que Dallas callara a Bruce, no había previsto que alzara la nariz y lo mirara como si fuera un simple sirviente.

—Bruce, ¿cierto? —Ella entrecerró los ojos y retrocedió.

—Sí. —Él inclinó la cabeza con falsa modestia—. No es necesario que ponga buena cara. He visto los vídeos en redes sociales…

—Ya sabes lo que dicen sobre las redes sociales. —Galletita se miró las uñas con un mohín condescendiente—. Se alejan mucho de la realidad.

Shelley dio un paso adelante e intentó extraerle alguna clase de confesión a mi prometida.

—Pero parecía tan consternada…

—Oh, lo estaba. —Dallas rio, retorciendo un mechón de cabello en su dedo.

Me fijé en que tenía una constelación de pecas en forma de ala en la nariz—.

Pero luego tuve tiempo para calmarme y considerar lo obsesionado que está este hombre conmigo.

Mirad hasta donde llegó para que nos casáramos.

Lo juro, cada vez que me mira, se le llenan los ojos de lágrimas.

No puede contenerse. Tengo su felicidad en mi puño.

¿No es romántico? —La besaría en este instante.

Aunque ella seguramente me mordería los labios a modo de venganza.

Decepcionados, Bruce y Shelley se apartaron y Senior por fin avanzó hacia Galletita. Se me heló la sangre y se me tensaron los músculos. Coloqué una mano posesiva sobre la cintura de Dallas.

Ella asimiló el bienestar general de mi padre.

O la falta de este. Un millón de preguntas bailaron en sus ojos color miel.

Esperaba que Senior las viera todas. Él odiaba la idea de que las personas supieran lo que le había pasado.

Que su cuerpo imperial le había fallado y que pronto se marchitaría.

Y por esa razón había escogido retirarse antes de que el público general atestiguara lo que su enfermedad le estaba haciendo.

Senior capturó la mano de Dallas y se la llevó a los labios, haciendo contacto visual con ella.

—Romeo, es preciosa.

—Tengo ojos —le informé.

—También tienes manos y parecen estar sobre ella todo el tiempo. Relájate. —Rio—. No huirá, ¿verdad?

Dallas observó el anillo humano que la rodeaba, intentando leer la situación. Saltaba a la vista que había resentimientos entre los presentes. Decidió tomar el camino más seguro al sonreír y entrelazar su brazo con el de Monica.

—Me encantaría ayudarte en la cocina, mamá.

—Llevo sin entrar en mi cocina desde 1998. —Sacudió una mano—. Los sirvientes se ocupan de todo.

Dallas esbozó una sonrisa deslumbrante, pero vi que no le gustó que Monica usara la palabra sirvientes . ¿Acaso mi joven prometida tenía moral? Era poco probable. Mejor no averiguarlo.

—¿Nos sentamos a cenar? —sugirió Senior.

—Buena idea, Romeo. —Bruce estuvo a punto de rodar y pedirle que le rascara la barriga.

Cuando los tres entraron al comedor, Galletita permaneció atrás, se acercó a mí y susurró:

—¿Tu padre está bien? ¿Tiene algún problema?

Senior tenía muchos problemas. La ataxia de Friedreich era lo único bueno que le pasaba.

En algún momento, lo mataría. Aunque era demasiado lenta para mi gusto.

Pero mientras tanto, disfrutaba de ver la progresión de sus síntomas.

Cada vez que intentaba caminar rápido. El cansancio. La lentitud del habla.

—Tiene una enfermedad hereditaria poco común que causa daño progresivo al sistema nervioso. —Entré al comedor, negándome a susurrar como ella. No me importaba si Senior me oía. De hecho, lo disfrutaría.

Ella frunció el ceño.

—¿Hereditaria? ¿La…?

—¿Si la tendré? No. Necesita dos genes recesivos. —Me incliné hacia ella y rocé con mis labios el borde de su oreja—. Cuidado, Galletita. No quisiera equivocarme y pensar que te importa.

La cena consistió en Bruce y Shelley interrogando a Galletita sobre el baile de debutantes, Monica intentando tentar a Dallas con un viaje a Europa para ir de compras y Senior evaluándola en busca de debilidades, de las cuales había muchas.

Mi prometida se acurrucaba en el asiento como un camarón pasado de cocción, lo cual sin duda era para ponerme aún más nervioso.

No le gustaba defender nuestra relación, por el simple hecho de que no existía.

Estaba obligada a mentir por un hombre que la había apartado de su encantadora vida.

Cuando llegó el postre, me sorprendió que ni siquiera lo probara.

Bruce y Shelley le hicieron un millón de preguntas sobre su relación con Madison Licht. Dallas bebió varios sorbos de agua, dosificando su fuego habitual.

—… me resultó extraño que después de que Madison te halagara ante la mitad del departamento, rompierais el compromiso por coquetear con nuestro pequeño Junior…

Bruce hubiera insistido en el tema hasta el cansancio si Galletita no hubiera dicho:

—¿Disculpa?

Mis padres compartieron una mirada confundida.

—Adelante. —Me puse de pie y moví la silla para ella.

Dallas desapareció más rápido que un bikini en una fiesta universitaria en Cancún. Bruce me habló.

—Junior, hijo, lo que le estás haciendo a esta niña es deplorable.

—Igual que lo que tú estás haciéndome a mí —señalé.

—¿Qué te estoy haciendo?

—Existes.

—Romeo. —Senior me reprendió en broma. Mierda, le encantaba nuestra competencia por su trono—. Deja de burlarte de Bruce. Sabes que debes respetar a tus mayores.

Bebí un sorbo de brandy.

—Él empezó.

Bruce frunció el ceño.

—¿Cómo?

—Por el mero hecho de nacer.

Nada sacaba a flor de piel mi niño interior como discutir con mi némesis frente a mi padre.

—Madison se pasea por ahí diciéndole a todo el Departamento de Defensa que les hará una oferta por un contrato anual.

—Senior tomó un bocado de su pastel y cambió de tema.

El tenedor temblaba, ya fuera por fastidio o por su enfermedad—.

El que actualmente tenemos por antigüedad.

Como sabéis, su empresa tiene los derechos del prototipo del sistema de ondas de choque del taser.

Mis fuentes me dicen que es crucial. Tienen planos innovadores que nosotros no tenemos.