Capítulo ochenta y ochoZach
Capítulo ochenta y ocho
Zach
Había buenas y malas noticias.
La buena noticia era que mi madre no había muerto. Bueno para mi conciencia, bueno para su salud, y positivo en general.
La mala noticia era que, en ese momento, yo estaba en un hospital de Chiang Mai con un vuelo de vuelta a los Estados Unidos cancelado, a la espera de que mi madre despertara después del infarto sufrido, cortesía de quien suscribe.
—Te dije que no te enfrentaras a ella por lo de Eileen.
Casi la matas. —Celeste Ayi se paseaba por la pequeña habitación, vestida de Chanel de pies a cabeza, haciendo compras en línea con el teléfono en la mano—.
Ah, creo que acabo de encontrar un par de Louboutin de Moda Operandi.
Nadie se dará cuenta de que son de segunda mano, ¿no?
Me senté junto a la cama de mamá y miré la pantalla de mi teléfono.
—Los médicos han dicho que ha sido un miniinfarto.
Ya había visto dónde estaba Eileen en el teléfono de mamá hacía un par de horas y me había reservado asientos en todos los vuelos de regreso de la semana siguiente, por si acaso; por si mamá tardaba en despertar y por si no encontraba un chárter privado.
No había manera de que me hicieran pasar por el infierno de la clase turista de nuevo.
—Sí, pero ¿quién se va a quedar con ella hasta que la den de alta? —Celeste Ayi se detuvo frente a la ventana, sin dejar de atender a las oportunidades de los diseños exclusivos—. Yo. Y ya tengo unas Navidades muy ocupadas. Estoy invitada a cantidad de eventos.
—No, no lo estás.
—Bueno, no lo estoy, está bien. Pero sí me han invitado de acompañante.
Puse el teléfono en el soporte junto a la cama del hospital y le di unos golpecitos con el dedo. Decir que no me importaban los compromisos sociales de mi tía era hasta demasiado sutil.
Cuanto más pensaba en todo lo ocurrido, más difícil me resultaba sentirme arrepentido de haber confrontado a mamá sobre la boda.
Claro que yo no la quería en un hospital.
Y claro que era fácil pensar eso cuando ya sabía que su vida no corría ningún peligro real.
Pero al fin había cerrado el ciclo. Podíamos seguir adelante desde aquí.
Tal vez incluso volver a nuestra relación anterior. Antes de la muerte de papá.
Celeste Ayi se detuvo y se volvió hacia mí.
—¿Zachary?
—¿Sí?
—¿Crees que debería ir a traerme una maleta? Me quedaré aquí durante un buen tiempo, después de todo.
—Es buena idea. Yo me iré de aquí en las próximas cinco horas. —Tenía que hacerlo, de hecho, si quería alcanzar a Farrow.
—¿Quieres algo del hotel? —Celeste soltó el teléfono dentro de su Birkin—. ¿Un tentempié? ¿Algo para asearte? ¿Un par de modales nuevos?
—Estoy bien en todos esos frentes. —Le hice un gesto para que se fuera y seguí mirando la pantalla, a la espera de una llamada de la empresa de chárteres—. Salvo el de los modales. Pero, francamente, no me importa.
Celeste Ayi torció una comisura de los labios y se detuvo en la puerta antes de marcharse. Me miró fijamente a los ojos durante un rato.
—Estás distinto
—¿Distinto cómo?
—Te has convertido en… —pensó en la palabra adecuada y siguió—: un ser humano.
—De acuerdo.
Se encogió de hombros.
—No me disgusta, ¿sabes?
—No me importa.