Mi Oscuro Deseo (Dark Prince Road 2) Capítulo sesenta y cincoFarrow #2
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Capítulo sesenta y cincoFarrow #2

Los dientes de Eileen raspaban sobre el labio inferior mientras ella miraba a lo lejos.

—Mientras tanto, absorbía cada chisme que oía de él por mis padres y recopilaba toda la información que podía en las redes sociales: de los mensajes de sus amigos, los compañeros de clase, su tía.

¿Acaso éramos tan diferentes realmente? Yo también había hecho mi investigación sobre él antes de conocerlo. Ambas habíamos conocido a Zach bajo un disfraz de otra cosa, ambas habíamos firmado un contrato con él, y ambas habíamos caído en la trampa rápida, intensa y profundamente.

Eileen hojeó el álbum de fotos sin mirarlo realmente.

—Para cuando volví a encontrarme con Zach, me había transformado en la versión de mí misma que requería.

Le mostré todo lo que necesitaba mostrarle: una mujer inteligente, fría y desinteresada en tocar a los hombres; alguien que le daría familia sin arruinarle su estilo de vida actual. Yo sabía que congeniaríamos, y así fue.

Una pequeña y triste sonrisa se le dibujó en los labios. Se me rompió el corazón por ella; y también por mí. Porque por fin entendía lo que era amar a alguien que nunca podría ser tuyo por completo, ni de verdad.

—Cerramos el acuerdo de compromiso el mismo día que nos «conocimos» y volví a casa satisfecha de poder ayudarle; sabía lo aliviado que debía sentirse de encontrar a alguien que podía darle todo lo que necesitaba sin comprometer ninguna parte de sí mismo.

Cada palabra suya me desgarraba por dentro. Sentí náuseas de culpa, dolor y horror. No podía ni hablar.

—Su madre me adora. Su tía me quiere. Estoy dispuesta a seguir sus reglas.

Si me quiere cerca, estaré a su lado. Si quiere que me mantenga lejos, puedo hacerlo también.

Estaré ahí con cada versión de sí mismo, sin importar si sigue así o si cambia.

Voy a moldearme y convertirme en cada cosa que él necesite.

¿Puedes tú decir lo mismo? ¿Eres capaz de abandonar todos tus sueños por él?

Mi mente me llevó a la oficina de Andras.

Me vi a mí misma, temblando de rabia, incapaz de abandonar mi sed de venganza.

Y vi a Andras ordenándome que la soltara para poder perseguir nuestro sueño en común.

Y en ese momento me di cuenta de que la idea de quitarle algo a Vera ya no me entusiasmaba.

Quizá no podía renunciar a mi sed de venganza por la esgrima, pero sí podría hacerlo por Zach.

Eileen tomó mi silencio como una señal de acuerdo, cerró el álbum de fotos y lo dejó apoyado sobre su regazo. Entonces, dijo:

—Mi vida es estable. Tengo un trabajo real, un horario adecuado y la capacidad de formar una familia; y eso a nivel emocional, físico y económico. Y nunca jamás le he robado a nadie ni he engañado en mi vida.

«Pero sí le mentiste a Zach», estuve a punto de señalar, aunque me tragué las palabras porque no tenía derecho a juzgarla. «Mentiste sobre quién eres, no le dijiste que os conocéis de antes y que no compartís fobias».

—Farrow, te digo esto porque creo que eres una buena persona y con una mente clara. Debes ver que soy más adecuada para él. Que tus problemas no serán más que una carga. Si de verdad te importa él, y yo creo que es así, lo dejarás ir.

—¿Qué me está pidiendo que haga?

En los márgenes de mi mente, se encendió una señal de alarma gigantesca. Me obligué a dejar de lado mis emociones y pensar desde la lógica.

«Todo en ella es mentira. Y esa llamada telefónica… Se reía de cómo había engañado a Zach y se lo llevó a esa cena a la fuerza, y lo convirtió en una cita. No confíes en ella».

Eileen se recogió un pelo suelto por detrás de la oreja.

—Te estoy pidiendo que te subas a un vuelo, te vayas de la casa de mi prometido y no vuelvas nunca. Y si lo haces, yo me haré cargo de los gastos legales de tu caso…

Me eché hacia atrás y me pregunté cómo se había enterado siquiera de eso.

—No necesito su caridad.

¿Había metido la nariz ella sola? ¿Se lo había contado Zach? Yo sabía que él no lo haría.

Eileen se puso a juguetear con el enorme anillo de compromiso que llevaba en el dedo.

—No es caridad. Es un acuerdo. No es diferente del que tienes tú con Zach.

Salvo que sí era diferente. Yo quería ayudar a Zach.

El deseo de Eileen era meramente de existir a su lado.

¿Cómo podía amar a alguien que no había visto desde la infancia?

¿Acaso lo conocía siquiera? ¿Sabía que odiaba la lluvia, pero que amaba el frío?

, ¿que fingía sentir asco por los Cheetos picantes, pero los devoraba a miles si le ponían un paquete cerca?

, ¿que su actitud de indiferente era solo en apariencia, pero que poseía una lealtad feroz cuando se trataba de sus amigos y familia?

Sin alzar el volumen de mi voz y manteniendo con sumo cuidado mi expresión facial neutral, le dije:

—Mi acuerdo con él termina pronto.

—Tu acuerdo con él termina ahora . —Metió el álbum en el bolso y se puso de pie—. Creo que ya he tenido bastante paciencia.

—No soy yo con quien tiene que hablar. En realidad, hasta donde recuerdo, era usted quien pedía que fueran más estrictas las cláusulas de no contacto y la que sugirió que quedaran permitidas las relaciones extramatrimoniales…

Ya me parecía dudoso que a ella le pareciera bien mantener esas clausulas para siempre.

De hecho, hubiera podido apostar algo al hecho de que ella las había sugerido proactivamente para bajarle la guardia.

Como si me hubiera leído el pensamiento, echó unas risitas cortas dentro de las puntas de los dedos.

—¿Crees que él hubiera aceptado casarse si yo no hubiera pedido esas cláusulas?

—Lo engañaste.

—Es solo una mentirijilla piadosa.

—Una mentirijilla piadosa es cuando le dices a un niño de cinco años que su hámster está en la granja cuando en realidad se ha muerto. Inventarse una fobia entera como base para un compromiso no lo es.

Siempre me había preguntado por qué mis hámsteres necesitaban ir en busca de aire libre a esa granja que no tenía dirección postal.

—¿Y qué importa? Funcionó. Estoy comprometida con él. Tú solo eres la asistenta. Entérate de cuál es tu lugar. —Le dio vueltas a ese anillo hasta que el diamante gigante quedó frente a mi rostro—. Tu acuerdo con mi prometido se termina hoy.

Levanté el mentón.

—Zach ya es mayorcito y es capaz de tomar sus propias decisiones.

—Pedirte que te vayas es algo que hago por pura cortesía.

—Eileen se elevaba por encima de mí, tan alta que podía oler la pastilla de menta de su aliento.

No se le movió ni un músculo de la cara cuando dijo—: No te equivoques.

Me libraré de ti, de un modo u otro. Lo que me falta de imaginación, lo compenso con ambición.

Fue raro, pero me relajé con esas palabras. Esta era mi zona de confianza, gracias a Vera. Se me levantaron un poquito las comisuras de los labios.

—¿Me estás amenazando?

—No, Farrow, te lo estoy diciendo . —Eileen me despegó con dos dedos una espina que yo tenía sobre la manga—. No te mereces el amor de Zachary Sun. Da un paso al lado y deja pasar a quien sí. O seré yo quien se encargue de que te hagas a un lado.

No sabía qué me deparaba el futuro con Zach, pero lo que sí sabía era que él jamás podría ser feliz con esta mujer manipuladora.

—Me complace que hayamos tenido esta charla, Eileen.

—Con una sonrisa, me puse de pie, y me sentí más ligera de lo que me había sentido desde hacía días—.

Buena suerte con eso de convencer a Zach de que se enamore de ti.

Quién sabe… —Hice una pausa y me acordé de sus palabras durante aquella llamada, así que se las arrojé de vuelta—: Una vez que le muestres lo buena que eres en la cama, ese cerebrito caerá rendido.

Me di la vuelta sobre los talones de un saltito y me encaminé de regreso a mi habitación.

—Te estás metiendo con la perra equivocada. —Eileen me agarró del brazo para detenerme—. Estoy a punto de dejar caer cada uno de los círculos del infierno de Dante sobre ti.