Mi Oscuro Deseo (Dark Prince Road 2) Capítulo cuarenta y sieteZach #2
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Capítulo cuarenta y sieteZach #2

—No es cosa mía. —Farrow terminó la frase por mí—. Tenemos un trato. Sé que estás comprometido y debería haberme…

—Déjame terminar. —La miré a los ojos—. Había planeado esa cena para ti. Las velas. La comida. Las flores… Todas esas cosas incómodas de las películas.

—¿Acaso tú ves películas románticas? —Parecía desconfiada.

—Involuntariamente y solo para sacar ideas que te hagan sentir… que no te uso . —Esbocé una sonrisa—. Porque tenemos un acuerdo frío, pero eso no significa que debas sentir que me aprovecho de ti. —Hice una pausa y continué—: Ollie me hizo una lista.

Ella apretó los labios.

—¿Qué viste?

—Oh, por Dios, unas cosas horribles. —Me estrujé la camisa para secarme la manga y la hice reír aún más fuerte—. Cuando Harry conoció a Sally . ¡Qué porquería!

—Es un clásico —protestó Farrow—. ¿Qué tiene de malo?

—En mi opinión, dos personas con un pelo tan horrible no deberían procrear. De ahí solo puede salir algo malo.

Farrow echó la cabeza hacia atrás, riendo a carcajadas.

—¿Qué más odiaste ver?

— Titanic . ¡Pero si tenía sitio sobre esa puerta, Farrow! Hasta había espacio para tres personas si se apretaban un poco.

El coche tembló con la risa. No entendí por qué. No me parecía gracioso, solo le decía los hechos. Se las arregló para sacudir la mano en señal de que no le diera importancia.

—Continúa, por favor.

Solté un suspiro y proseguí:

—Y luego la del baile ese… ¡ Dirty Dancing !

Por favor, debería llamarse Creepy Dancing , el baile espeluznante.

Joder, salta a la vista que Swayze era bastante mayor que ella…

Y luego aquella de Llámame por tu nombre , que es American Pie , pero con un melocotón.

Sea como sea, lo que quiero que conste es que pasé por horas de incomodidad extrema para disculparme por tu cumpleaños.

Su sonrisa me deslumbró, tan grande que me llené de calor por dentro.

—¿Me preparaste la cena?

—Con todos tus platos preferidos.

—¿Y compraste rosas y velas?

—Era tu cumpleaños. Y, bueno, montaste todo ese escándalo por mi regalo, aunque todavía sigo pensando que fue un buen gesto.

—¿Y pediste consejos a tus amigos? —Se tapó la boca con la mano y aulló detrás de ella.

No pude evitarlo y yo también sonreí. Su felicidad era contagiosa.

—Deja de pavonearte tanto —le ordené.

—¿No te gustó un poco ni una? —Subió y bajó las cejas—. Digo las películas.

—Pulpi, es objetivo: son malísimas.

Sus risitas se metían por mi torrente sanguíneo y me hacían sentir ligero.

—Llámame así otra vez.

—¿Pulpi?

—Sí.

—Pulpi.

Sonrió.

—Qué apodo tan inusual.

Sonreí.

—Para una chica muy inusual. —Me quité la chaqueta—. En todo caso, estaba sentado allí, rodeado de rosas, con una comida casera hecha por mí y me di cuenta de lo patético que resultaba. Tú no estabas. Es más, parecías contenta de irte, incluso cuando te rogué que te quedaras.

—Pensé que era una demostración de poder. —Se le suavizaron los ojos y la creí—. ¿Y cómo terminó Eileen donde tendría que haber estado yo sentada?

Le dirigí una mirada vacía y desapasionada.

—Se me apareció en la puerta. Vino a visitar a mi madre al otro lado de la calle, y supongo que pensó que podríamos revisar nuestra lista mientras estaba en la ciudad.

Mamá había aparecido detrás de ella antes de que pudiera decir que no, la había arrastrado a mi despacho y había insistido en que cenáramos todos juntos.

Luego había huido al minuto, sin siquiera tomarse un vaso de agua: «Ya sabes cómo me duele la cabeza si me acuesto tarde», había dicho.

Era la excusa menos convincente del planeta, hacía tres décadas que no le dolía la cabeza.

Farrow parecía sumida en sus pensamientos y se daba unos golpecitos sobre los labios.

—¿Por qué no le dices a tu madre que no quieres casarte con ella?

—Porque no solo le debo un buen matrimonio a mamá. También se lo debo a papá.

—¿Y estás dispuesto a sacrificar tu felicidad por la de tu madre?

—Sí —dije sin dudarlo—. Yo estoy acostumbrado a ser infeliz. Mejor dicho, estoy acostumbrado a no sentir nada en absoluto. Pero al menos mamá todavía tiene una oportunidad de ser feliz.

No había muchas cosas en el mundo que me afectaran, pero esos seis años en que mamá se había alejado de la vida me habían asustado mucho. Una repetición de eso la dejaría fuera de combate, y Celeste Ayi y yo haríamos todo lo posible por evitarlo.

Farrow parecía triste y eso me ponía triste a mí . Detestaba cuando su estado de ánimo se infiltraba en el mío, como si estuviéramos conectados por un hilo invisible.

—Eso lo entiendo, y lo respeto. —Asintió—. Todo lo que siempre he querido en la vida ha sido una familia, un lugar al que pertenecer. Puedo entender que quieras inventarte una familia como sea, aun cuando no sea de lo más natural.

Me di cuenta de que Farrow temblaba violentamente; también le castañeaban los dientes.

—Deberíamos desnudarnos —le solté de pronto.

Ella me dio un golpe en el pecho.

—¡Qué conveniente!

Me mojé los labios.

—Para no tener una neumonía.

—No tengo tanto frío.

—Bueno, en ese caso, hazlo por mí.

—¿Me quieres desnuda?

—Te quiero de todas las maneras posibles —admití, con plena seguridad de que ella no me malinterpretaría en mis intenciones—. Pero desnuda me encantas, y aún más encima de mí.

Ella buscó el dobladillo de la sudadera que llevaba y se la sacó de un solo tirón.

Y así, sin más, de un momento a otro, me hundí en el deseo.