Capítulo veinticuatroZach #2
—Papá, ¡no! —Los ojos del hijo se aferraron a los de su padre—. Te está presionando y hará lo que quiera contigo. No la vendamos. Trabajaré más horas. Esta vez, te prometo que hasta iré a la oficina. Te lo juro…
—Cierra la boca y déjame pensar. —Brett padre dio un golpe sobre la mesa haciendo repiquetear platos y cubiertos. Algo de comida rodó hasta el borde de la mesa.
Dallas se lamentó.
—¡Ay, no! Las cerezas rellenas…
El personal irrumpió en la habitación, retirando los segundos platos y reemplazándolos con los de la siguiente ronda. Una mano se llevó mi comida intacta. Me relajé un poco en mi asiento, sabiendo que era Farrow quien estaba cerca de mí; que, aun si se rozaban nuestros codos, no me desplomaría.
Se inclinó sobre la mesa junto a mi brazo derecho para tratar de alcanzar un plato con los acompañamientos.
El vestido corto se le subía por los muslos y revelaba la curva de su trasero redondeado.
Era un milagro: mis dedos ansiaban arañar la parte de atrás de su rodilla, deslizarse hacia arriba por su muslo interno, acariciarle la entrepierna a través de la ropa interior y deslizar un dedo en sus bragas, frotando la costura de su apretada y húmeda feminidad.
El deseo me chamuscó el cuello, se me enrolló por el cuerpo como unas cintas que me apretaran de arriba abajo, y se deslizó por el pecho y el estómago hasta llegar al pene.
Tuve una erección. Por primera vez en la vida, tenía una erección por una mujer. Una mujer de carne y hueso. En teoría, siempre había apreciado a las mujeres a nivel sexual, pero nunca de cerca. Quedé atónito ante la comprensión de que yo realmente quería tocar a Farrow Ballantine.
Ya no era solo que no me disgustara, más bien me gustaba y la deseaba activamente.
—Disculpen, señora Costa, caballeros. —Brett padre se puso de pie—. Necesito un minuto con Jasper.
Brett hijo se puso de pie de un salto y se pasó la lengua por los dientes. Su padre negó con la cabeza:
—A solas.
El hijo parpadeó varias veces con gesto incrédulo.
—¿Me estás tomando el pelo?
Le hice un gesto hacia la puerta, con la voz espesa por el dolor del deseo a punto de explotar.
—Tiene una sala a su izquierda.
Jasper y Brett padre salieron. Brett hijo se pasaba los dedos por el pelo tirando con fuerza. Miró a Oliver y entrecerró los ojos:
—Ey, tú, ¿yo no hice un trío contigo en algún momento?
—Éramos cinco —dijo Oliver, que sacudió la cabeza y miró el móvil con el ceño fruncido—. Pero había dos que se fueron cuando te vieron la espada. O más bien, la navajita esa que tienes.
Dallas soltó una risita. Romeo, un suspiro.
—Vaya, qué sorpresa… —Sentí la respiración de Farrow sobre mi oreja—. Jamás lo hubiera imaginado.
No sabía por qué, pero me parecía mal que estuviera sirviéndonos.
A Dallas, en especial. Farrow se merecía sentarse al lado de esa belleza sureña, para chismorrear y estar a su mismo nivel.
Ir vestida con las mejores ropas de diseño, y que todos la admiraran y adoraran.
Se merecía el mundo entero, mierda. Anhelé con todas mis fuerzas que algún día lo tuviera.
Aun cuando me dolía todo el cuerpo de pensar que no sería yo quien se lo diese.
Dallas asintió con la cabeza y levantó la mano en señal de admiración:
—Así se habla, hermana.
Brett hijo miró a Farrow con desprecio.
—Nadie te pidió la opinión, Cenicienta.
—Cuidado con lo que dices cuando te dirijas a ella. —Y, una vez más, incrusté un cuchillo de carne en la mesa, lo que causó una reacción general en todos los comensales—. O me aseguraré de que no te queden dientes para hablar.
—¡Ay, no! —Oliver se puso la mano en la frente mientras negaba con la cabeza—. No con el personal de servicio, Zachary. ¿Quién diría que de todas las personas del planeta, a ti te pasaría como a Chris?
Rom se detuvo en una rebanada a medio comer:
—¿Qué Chris?
—Christopher Marshall.
—Nunca he oído hablar de él. ¿Es alguien a quien le arruinamos la vida, quizás?
—Era el candidato a senador —indicó Farrow sin inmutarse—, en aquella película con Jennifer Lopez.
Oliver se levantó y empezó a darle palmadas en el hombro como si la felicitara por un golpe de golf:
—¡Bravo! Por fin una mujer profunda y culta. La película se llamaba Sucedió en Manhattan . Lloro cada vez que la veo. —Se secó una lágrima invisible con el dedo—. Pero estoy seguro de que Zachary prefiere lo que suceda en Maryland, que prefiere a una Mary que limpie en Maryland…
No me sorprendió que Ollie lo supiera todo sobre Farrow y su empresa de limpieza. Lo más probable era que mamá se hubiese desahogado con él antes de con Romeo, mientras se comía sus galletas de almendra y su té Da Hong Pao recién importado.
—Silencio. —Apunté con un tenedor a mis mejores amigos, un psicópata reformado y un sexópata con más kilómetros que un coche usado—. Los dos.
Farrow se volvió hacia Dallas, ignorándome por completo.
—Oye, deberías probar el tuétano relleno de maíz que vamos a traer. Está increíble. —Me señaló con el pulgar—. Me he zampado la porción de este aguafiestas en dos segundos.
Dallas se llevó la palma de la mano al pecho.
—¡Me muero! ¿Acabamos de convertirnos en mejores amigas?
—Es posible.
—Ya mismo nos consigo entradas para Taylor Swift —dijo Dal con el teléfono en la mano. Farrow subió y bajó las cejas varias veces—. Y haré pulseras de la amistad. ¿Tus colores favoritos?
—Violeta y verde.
Brett hijo miró a Fae con las pupilas dilatadas, listo para lanzar otra diatriba.
—Hablando de rellenos… —Luchó contra un ataque de mocos, claramente drogado hasta la médula, con la nariz más nevada que Nueva York en Navidad.
Pero ella ni le prestó atención. Ya se había dado la vuelta y avanzaba hacia la salida con siete platos sucios en una mano.
Él se limpió la nariz, se levantó y salió detrás de Farrow—.
Voy a hacer una escapada rápida al baño.
Oliver echó su silla hacia atrás y suspiró.
—Me aseguraré de que se comporte.
—No. —Me levanté con la palma de la mano en alto—. Ya se ha pasado de la raya demasiadas veces. Quédate aquí. —Y después de una pausa, agregué—: Y quizá llama a mi abogado.
Brett hijo se estiró la ropa deportiva que tenía puesta y murmuró unas palabras incomprensibles.
—Voy a darle una lección a esta chica…
Se me trabó la mandíbula.
— Definitivamente , llama a mi abogado.
Me fui tras él y lo seguí de cerca mientras iba siguiendo a Fae, haciendo crujir el cuello y los nudillos. Ella entró en la cocina principal, ajena a los hombres que la seguían. Brett y yo entramos en fila, la miramos descargar los platos en un fregadero que ya estaba lleno.
—Uf. —Apoyó la mano en la encimera y se secó la frente—. Qué pedazo de personaje…
—Y tú, qué pedazo de culo. —Brett hijo avanzó. Se detuvo cerca, a unos pocos centímetros de ella, que ni levantó la vista de los platos y abrió el grifo listo para enjuagarlos.
—Yo, en tu lugar, no intentaría ninguna estupidez.
—Ah, ¿no? —Él se acercó más y sentí que la sangre en las venas me hervía a la temperatura del núcleo solar. Su nariz estaba descontrolada—. ¿Y eso por qué?
—Porque sé pegar más fuerte.
—Ah, así que te gusta duro, ¿eh?
Observé con meticulosa quietud como Brett hijo levantaba las manos, movía los dedos pegajosos y los estiraba, apuntando al trasero de Farrow. Se acercó a su objetivo y ya casi rodeaba la curva entre una de las nalgas y esas piernas tonificadas que se movían con destreza grácil en la pista.
— Farrow.
La tensión de mi propia voz me sorprendió.
Al tipo se le congeló la mano en el aire.
Pulpi giró la cabeza y parpadeó, sorprendida.
—¿Qué?
—¿Eres impresionable?
—Para nada.
—Bien.
Saqué mi cuchillo y lo arrojé directo a la mano extendida de Brett hijo.