Mi Omega Untouchable Final
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Final

Jimin abrió los ojos con lentitud. El peso del brazo de Jungkook aún rodeaba su cintura. El príncipe dormía profundamente, respirando contra la coronilla de Jimin, por un instante, Jimin solo lo miró.

Miró su mandíbula relajada, el ángulo fuerte de su cuello, el pequeño mechón rebelde que había caído sobre su ceja. Sintió ese calor familiar en el pecho... y la certeza absoluta de que no había otra persona en el mundo con la que quisiera caminar hacia el altar lunar.

—Hoy... —susurró Jimin para sí mismo—. Hoy seré tuyo ante todos.

Jungkook murmuró algo adormilado, como si su cuerpo hubiera escuchado incluso las palabras pronunciadas en sus pensamientos.

Jimin sonrió.

No quiso despertarlo todavía, así que se quedó allí, escuchando sus latidos, memorizando el aroma cálido que siempre lo había hecho sentir seguro.

Pero los pasos de los sirvientes empezaron a escucharse a lo lejos. Las puertas abriéndose y cerrándose, instrucciones murmuradas con nerviosismo. Hasta que finalmente tocaron la puerta, fueron tres golpes suaves, temían interrumpir.

—Alteza... —la voz de Taehyung atravesó la madera con una mezcla de emoción y desesperación—. Es la hora.

Jungkook abrió un ojo. Jimin dio un respingo.

—¿Taehyung? —dijo Jungkook con voz ronca—. Aún no sale el sol por completo.

—¡La ceremonia será al mediodía y falta todo! —respondió Tae, nervioso—. Vestimenta, preparación espiritual, baño de agua de luna, los sacerdotes, ¡Jimin no puede retrasarse!

Jungkook gruñó.Jimin rió bajito.

El alfa lo miró y su expresión se suavizó. Le apartó un mechón de la frente y le dio un beso chiquito en los labios, cálido, lento, que dejó a Jimin sin aire.

—Buenos días, mi futuro príncipe consorte —susurró Jungkook.

Jimin sintió que se le calentaban las orejas.

—Buenos días, mi príncipe.

Jungkook acarició una última vez su mejilla antes de incorporarse.

—Debo... irme antes de que Taehyung derribe la puerta.

—¡Escuché eso! —gritó Taehyung desde afuera.

Ambos rieron.

Jungkook se levantó, estirándose igual que un felino poderoso, y fue hacia la puerta con el torso descubierto. Jimin observó cómo Taehyung retrocedía un paso en cuanto el alfa abrió.

—Taehyung, te juro por las lunas del norte, si entras un minuto más temprano...

—¡Es la boda real, Jungkook! —Taehyung lo empujó suavemente para apartarlo del marco—. ¡Muévete! Jimin necesita empezar y tú tienes que ir con los sacerdotes para tu purificación. ¡Alfa irresponsable!

Jimin soltó una carcajada.Jungkook lo miró por encima del hombro.

—Volveré por ti cuando el reloj marque la sexta campanada.

Los ojos se encontraron. En ese segundo, Jimin sintió que no había ejército, reino ni destino capaz de detenerlos. Cuando Jungkook salió, Taehyung entró como un torbellino de telas, perfumes y ansiedad.

—¡Arriba! —ordenó Tae—. ¡Hoy te conviertes en consorte real y necesito que estés DESLUMbrANTE!

Momentos después dieron inicio al baño ceremonial que estaba listo en una sala adornada con piedras luminosas de cuarzo lunar. El agua, templada, flotaba con pequeñas hojas blancas que desprendían un aroma suave. Las sacerdotisas lunares lo esperaban.

—Park Jimin —dijeron al unísono—. Hoy te unes a la línea de la Llama Eterna. Este baño te purificará para el juramento.

Jimin dejó que lo ayudaran a entrar al agua.La calidez lo envolvió, se sentía igual que un abrazo.

Cerró los ojos mientras una de las sacerdotisas murmuraba:

—Respira. Esta agua escucha los deseos de tu corazón.

Jimin, no deseó huir, ni esconderse, ni retroceder. Deseó avanzar, deseó pertenecer.

Cuando el baño terminó, su piel brillaba como si el agua lunar hubiera dejado un rastro de luz sobre él.

Lo vistieron con una túnica blanca temporal, mientras las costureras traían las capas, el manto y la corona que usaría al final.

Taehyung sabía que debía ser discreto, pero no podía callarse.

—Jimin... —susurró mientras lo ayudaba con una cinta—. Luces hermoso.

—Gracias —dijo él, sonrojado.

—No. —Taehyung negó con la cabeza—. Es más que eso. Estás... pleno. Así no te había visto nunca.

Jimin bajó la mirada.

—Creo que... por fin encontré un lugar donde encajo.

—No. —Taehyung le tomó la mano, firme—. Encontraste a alguien que te protege para que puedas encajar en cualquier lugar. Y hoy, cuando camines hacia Jungkook... ese hombre se va a derretir.

Jimin rió, nervioso.Pero una parte de él sabía que era verdad.

Al mismo tiempo, en otra sala, Jungkook se arrodillaba ante los sacerdotes lunares. El agua del río sagrado le caía sobre los hombros desnudos mientras recitaba el juramento alfa:

—Con mi vida lo guardo.Con mi fuerza lo sostengo.Con mi destino lo elijo.Park Jimin será mi luna clavada en el alma,y yo seré su sombra que nunca lo abandona.

Los sacerdotes lo observaron con respeto.

—Príncipe—dijo uno—. Nunca habíamos escuchado un juramento tan... feroz.

Jungkook alzó la mirada.

—Porque nunca nadie ha amado con la fuerza que yo lo hago..

Las campanas comenzaron a sonar en la torre este.

Una.Dos.Tres.

Jimin sintió que el pecho se le apretaba.

Taehyung lo miró con ternura.

—Cuando suenen las seis... Jungkook vendrá por ti.

—Lo sé —susurró Jimin, tocándose el cuello, donde la marca brillaba tenue—. Ya le pertenezco, pero aún así me pone muy nervioso.

Taehyung sonrió.

—Cuando me casé con Yoongi me sentía parecido. Los omegas regularmente se sienten protegidos con los alfas. Pero un alfa siente que por fin su vida tiene sentido... Me refiero a que finalmente encontramos a alguien para proteger y al mismo tiempo sabemos que encontramos a alguien que daría todo por nosotros. Yo sé que si llego a usar mi voz de mando, mi esposo haría cualquier cosa por más bárbara o absurda que parezca. Pero lo amo tanto que sería incapaz de hacerle algo así.

»El príncipe Jungkook te ama, nunca lo había visto enamorado y entregado. Cuida su corazón, se que él cuidará del tuyo.

—Gracias Taehyung, yo... prometo cuidarlo.

La cuarta campanada retumbó.

Los guardias formaron filas.

Las flores de luna fueron esparcidas por los pasillos.

Los invitados empezaban a llenar el santuario.

La quinta campanada vibró en los muros.

Jimin respiró hondo.

Al sonar la sexta...

Las puertas se abrieron.

Y allí estaba Jungkook.

Vestido con la armadura ceremonial negra y blanca, la capa real ondeando detrás, la corona baja de heredero sobre la cabeza... y los ojos puestos única y exclusivamente en él. Jimin sintió que el mundo entero desaparecía.

—Jimin —dijo Jungkook, ofreciendo su mano—. Estoy aquí por ti.

El omega tragó saliva, extendió la mano...

El tacto de las manos de Jungkook y Jimin fue suave, pero tan lleno de chispa que ambos contuvieron la respiración. Cuando sus dedos se entrelazaron, el santuario entero pareció iluminarse reconociendo la unión que estaba por sellarse.

Jungkook acercó su frente a la de él un instante.

—Estás hermoso... —susurró. Jimin sonrió, tembloroso.

—Tú también, mi príncipe.

Jungkook apretó su mano con un orgullo silencioso que lo decía todo. Los dos caminaron por el pasillo cubierto de pétalos plateados. Los sacerdotes lunares cantaban una melodía antigua, un canto que acompañaba cada paso que daban. Los invitados se inclinaron al verlos pasar. Nunca un alfa había mirado a su omega de esa manera: pareciera que lo hubiera encontrado en medio del fin del mundo.

Taehyung estaba en primera fila, tomando la mano de Yoongi con una sonrisa orgullosa.

El rey Namjoon y el rey consorte Seokjin observaron de pie, recibiendo a la nueva pareja real como si fueran dos astros destinados a encontrarse.

Frente al altar, las velas sagradas esperaban, ardiendo en luz azulada.

Jungkook colocó a Jimin a su lado y no le soltó la mano ni por un segundo.

—Hoy, ante la luna que todo ve, se unen Jeon Jungkook, príncipe alfa de Haneul... y Park Jimin, omega destinado. —Su voz recorrió las paredes blancas—. Seremos testigos de que esta ceremonia no crea su lazo... solo lo revela.

Hizo una señal y ambos se giraron para mirarse de frente. Jimin sintió que le faltaba el aire. Jungkook parecía una divinidad hecha hombre. El sacerdote levantó un pergamino antiguo.

—Príncipe heredero Jeon Jungkook, habla. Declara tu juramento.

Jungkook tomó aire. Después, con voz profunda, clara y llena de emoción, dijo:

—Jimin... Desde el día en que te vi temblando en la orilla de aquel río, supe que mi vida había cambiado. Después, cuando te marqué pensé que lo hacía nada más para salvarte la vida porque mi lobo lo exigía... pero ahora veo que era amor, que era destino, que era porque tú eres mi destinado. —Sus ojos brillaron, y Jimin sintió que algo en su pecho se rompía suavemente—. Prometo protegerte con mi vida. Prometo escucharte incluso cuando el mundo quiera callarte. Prometo ser tu hogar, tu escudo, tu compañero. Si alguna vez titubeas, te sostendré. Si alguna vez caes, te levantaré.Si alguna vez dudas... te recordaré que eres lo más sagrado que he tenido.

»Hoy, ante todos, te elijo. No porque debo... lo hago porque no podría elegir a nadie más aunque lo intentara.

El santuario se llenó de un murmullo emocionado.Jimin tragó saliva, con lágrimas en los ojos.El sacerdote asintió suavemente.

—Park Jimin... declara tu juramento.

Jimin respiró hondo.Su voz tembló solo al principio:

—Jungkook... —susurró—. Tú me encontraste cuando yo ya no creía que tenía valor. Cuando pensé que era un error, una carga, un omega roto. Pero tú... me miraste como si yo fuera alguien importante. Como si fuera luz.

»Prometo caminar a tu lado, no detrás ni debajo. Prometo ser tu raíz cuando necesites calma y tu abrazo cuando necesites fuerza.

»Prometo cuidarte, amarte, escucharte y honrar lo que somos.

»Y prometo, con todo lo que soy... que mientras viva, seré tuyo. Solo tuyo porque eres mi único alfa, mi destino... mi hogar, el único con el que quiero estar por el resto de mis días. Seas príncipe o seas mendigo, yo... Estaré contigo por la eternidad.

Las lágrimas bajaron por las mejillas de Jungkook sin que él intentara ocultarlas.

El sacerdote acercó las dos bandas de unión. Una dorada para Jimin. Una blanca para Jungkook.

—Que el fuego eterno bendiga esta unión. Pongan sus manos.

Jungkook tomó la mano de Jimin.

El sacerdote calentó las bandas sobre la llama sagrada... y al colocarlas en sus dedos, un destello de luz azul los envolvió. Los invitados ahogaron un suspiro. La llama había reconocido el vínculo. El lazo era verdadero.

—Desde este momento —declaró el sacerdote—, ante la luna y la llama, quedan unidos como consortes reales.Un alfa, un omega, un destino indivisible.

El santuario retumbó con aplausos.Pero Jungkook no escuchó nada.Solo vio a Jimin.Y Jimin solo lo vio a él.

El príncipe lo tomó por la cintura y lo acercó con delicadeza, casi temblando.

—Mi esposo... —susurró Jungkook.

Jimin sonrió con lágrimas brillantes.

—Mi alfa.

Después, se besaron por primera vez como esposos, bajo el resplandor de la llama eterna. El santuario entero estalló en júbilo. Jungkook lo sostuvo con fuerza porque era la única cosa importante en el mundo. Jimin se aferró a él como si finalmente hubiera encontrado su lugar.

Y así fue.

Había encontrado su lugar.

Jimin sintió que su marca ardía, allí en medio de aplausos y regocijo, observaba a Jungkook, sentía sus brazos fuertes, la calidez de sus manos y la promesa de ese matrimonio hermoso que se acababa de consolidar, pero la marca ardía, era demasiado el dolor. Tan fuerte que comenzó a sollozar, después abrazó a Jungkook, hundiendo el cuello en su pecho y cerrando los ojos. Pronto los gritos de júbilo de los invitados y la voz alegre de Jungkook dejaron de escucharse, en su lugar escuchó:

—Tiene la marca de alfa, pero está tan inflamada que parece reciente. —Era la voz de Jungkook, en un susurro.

—¿Lo repudiaron? Que lamentable. —Escuchó ahora al voz de Taehyung.

Jimin abrió los ojos y de pronto se encontraba ahí mismo, en el altar, frente a Jungkook. Ya no había invitados. Solamente estaba el alfa frente a él. Apretando la mandíbula, mirándolo con ojos tristes. Después con el dorso de la mano tocó la frente de Jimin, siempre mirándolo a los ojos.

—Está ardiendo en fiebre interna—murmuró, miró a Jimin, que estaba confundido por completo—.Su cuerpo está frío, pero la marca... Es como una quemadura viva.

—¿Jungkook? —preguntó Jimin, con lágrimas en los ojos.

Pero Jungkook ya no lo veía a los ojos, Jungkook apretó los dientes.

—Lo llevaré conmigo—dijo al aire.

—¿Qué es esto, Jungkook? —Jimin sintió una vibración extraña en su cuerpo y pronto comenzó a ver que sus piernas y manos comenzaban a deshacerse, a convertirse en humo.

—¿Está seguro, alteza? Si está marcado... —Jimin seguía escuchando la voz de Taehyung, pero ya no veía a Taehyung. En ese lugar, en el altar solamente estaban él y Jungkook. Ambos convirtiéndose en humo.

—Lo sé —dijo Jungkook, sin apartar la vista Jimin. Lo observó con algo parecido a una furia calma, estaba tomando una decisión sabiendo que cambiará el rumbo de su vida.

Después hubo silencio.Jimin alcanzó a escuchar el sonido del río a lo lejos

Y...

Frente a sus ojos se desvaneció Jungkook.

Jimin veía su propio cuerpo desvanecerse, estaba aterrado, estaba llorando. ¿Había sido todo una alucinación? ¿Un sueño hermoso del que no quería despertar?

De un segundo a otro apareció la oscuridad...

Jimin navegaba en un valle oscuro, en su mente...

Y en medio de la navegación pudo sentir un brazo por debajo de su cuerpo. Lo reconoció al instante... El cuerpo de su destinado...

—No puedo dejarlo aquí—dijo Jungkook finalmente, caminando hacia sus caballos—.Es un omega repudiado y herido. Entre nosotros y la muerte, solo tiene esta oportunidad.

—Ya sabía que diría eso. —Jimin escuchó de nuevo la voz de Taehyung.

Jungkook acomodó a Jimin sobre su caballo, subiéndose detrás de él para sostenerlo firme.

—¡Mi capa!—gritó—.Sería demasiado fácil dejar que se ahogue en su destino—murmuró Jungkook.

En ese instante Jimin lo entendió...

Todo había sido un sueño, tal vez una predicción, había visto su futuro con aquel alfa. Pero estaba demasiado débil como para abrir los ojos y decirle “Hey tengo dueño, pero somos destinados.”

Aunque sabía en el fondo de su corazón que no importaba si le decía. El omega tenía la certeza de que Jungkook ya había tomado la decisión de cuidarlo porque su instinto protector se había activado.

Jimin sabía que ese alfa lucharía contra quien fuera necesario.Incluso contra otro príncipe.Incluso contra un reino entero.Porque ese omega abandonado no era basura.No era mancha.No era crimen.Era una vida.

Una que, desde ese instante, le pertenecía al protector más inesperado de todos. A su alfa.

Jimin supo que a partir de ese momento sería un omega intocable, no porque estuviera con el príncipe... No.

Era porque estaba con su alfa, el verdadero, el destinado, el único con el que debió estar desde su nacimiento. Mientras escuchaba el trotar del caballo se decía a sí mismo que estaba dispuesto a volver a pasar por todo el sufrimiento muchas veces con tal de llegar a los brazos de su verdadero y único amor.

FIN

Yyyyyyy así acabamos Mi omega untouchable!!!!!!

Muchas gracias por leer, si la historia te gustó no olvides comentar, votar, compartir y leer mis otras historias. Esta fue cortita, pero creo yo que bonita!

No olvides leer el epílogo!!!