Epílogo
El viento huele a hojas frescas y a pan dulce. Siempre huele así cuando él está cerca. Me acomodo en el césped, estirando las piernas mientras observo a mi cachorro correr en círculos alrededor de mí. Dieciséis años... ¿en qué momento pasó tanto tiempo? Aun así, cuando lo miro, sigo viendo el bebé que dormía sobre mi pecho y se calmaba solo con escuchar el latido de su padre.
—Appa —dice de pronto, acercándose con los ojos brillantes—. Hoy sí quiero que me cuentes la historia. La historia de verdad.
—¿Cuál de todas? —pregunto, aunque lo sé perfectamente.
El cachorro rueda los ojos, igual que Jungkook cuando intenta fingir paciencia.
—La historia de cómo conociste a papá. Pero no la versión corta... la completa. La que siempre dejas a medias.
Me río suavemente. Tiene la insistencia de su padre y mi sensibilidad. Una mezcla peligrosa... y preciosa.
—Está bien —cedo, dándole unas palmaditas en el pasto para que se siente conmigo—. Pero prométeme que escucharás hasta el final.
—Prometido.
Su cabeza se recarga en mi hombro, tan naturalmente pareciera que hubiera nacido para estar ahí. Igual que Jungkook.
Respiro hondo.Y empiezo.
—Yo no sabía quién era tu papá —le digo—. Ni su nombre, ni su título, ni que era mi alfa destinado porque en mis memorias estaba de manera fugaz nuestro día de bodas.
El cachorro abre muchísimo los ojos. A pesar de haberlo escuchado antes, esta parte siempre lo deja sin aliento.
—Tu padre me marcó, borrando la marca del alfa que me había repudiado creyendo que yo había cometido un crimen. —Me toco el cuello, justo donde la marca de Jungkook late aún, suave sin dolor—. Yo estaba muy mal, hijo. La marca vieja me estaba matando.
El cachorro asiente. Sabe esa parte. Sabe que hubo dolor antes de él. Pero nunca pregunta demasiado. Es igual que su padre: respeta los duelos ajenos.
—Tu papá colocó su mano aquí —digo, llevándome la mano a la frente—, y yo sentí que mi corazón volvía a latir con fuerza.
Mis ojos se nublan un poco, pero sigo.
—Cuando me marcó... no me dolió. Fue cálido. Sentí que me abrazaba desde adentro. Todo ese dolor antiguo desapareció. Estar con tu padre me ayudó a respirar sin miedo.
El cachorro sorbe aire, emocionado.
—Entonces, ¿papá te salvó?
—No solo me salvó, bebé —susurro—. Me eligió. Sin saber ni siquiera quién era yo. Solo... me eligió.
»Cuando nos casamos, estaba tan nervioso que Taehyung tuvo que darme un sermón entero. Decía que los omegas solemos buscar protección en un alfa... pero que tu padre... tu padre se transformó cuando me vio entrar.
Cierro los ojos por un momento, recordando.Los pasillos cubiertos de flores de luna...Las campanas tocando...Y Jungkook, esperándome con esa mirada que solo él tiene.
—La forma en que me miró ese día... —susurro—. A veces pienso que ahí fue cuando ambos supimos que un día existirías tú.
El cachorro sonríe tímido.
—¿De verdad?
—De verdad.
—No todo fue fácil —continúo—. Tu papá tenía que ser rey, y yo tenía que aprender a ser su pareja. Pero él... él siempre encontró la forma de hacerme sentir seguro.
Miro a mi hijo, que ahora juega con una brizna de pasto.
—Cuando naciste, lloró más que yo. No se lo digas, nunca te lo va a admitir.
El cachorro ríe.La risa de Jungkook.El brillo de mis ojos.Una mezcla perfecta.
Me acomodo mejor y lo abrazo por los hombros.
—Cuando coronaron a tu padre como rey, el día que tu abuelo Namjoon y tu abuelo Seokjin decidieron que era hora de hacerlo rey. Sentí mucho miedo porque no me creía digno, pero tu padre siempre me ayudó a tener confianza en mí mismo.
—Lo sé, papá es muy valiente.
—Así es. Yo sé que un día también vas a amar. Y quiero que recuerdes esto: nadie merece un amor que duela más de lo que sana. Nadie merece ser marcado por obligación. Ni vivir con miedo. Tu padre me enseñó que el amor verdadero llega con paz, incluso cuando es fuerte. Llega con luz, incluso cuando es feroz.
Mi cachorro baja la mirada, pensativo.
—¿Y tú...? —susurra—. ¿Tú fuiste feliz, appa? —Sonrío, acariciándole la mejilla.
—Soy feliz. Desde el día en que tu padre me marcó en aquella cama de hospital.
—¿Y ahora?
El viento trae el aroma que siempre me anuncia su llegada antes de ver su figura.
Sonrío.
—Ahora viene tu padre a buscarnos —digo, mientras el cachorro gira emocionado.
Ahí está Jungkook, caminando hacia nosotros con su paso seguro, la misma mirada enamorada de la boda, de la marca, de la primera vez.
Lo observo acercarse, mi hijo corre hacia él, y mi corazón... mi corazón late como aquella primera vez.
—Porque —concluyo— la mejor parte de esta historia... es que aún no termina.
Me levanto, corro a los brazos de mi esposo, mi rey alfa del reino de Haneul. Hundo mi rostro en su pecho, inhalo su aroma y me alegro porque se que estoy en el lugar correcto. Un lugar en donde me aman, cuidan y protegen. Un lugar en donde también puedo amar, cuidar y proteger.
—¿De qué hablaban, mi amor? —Pregunta Jungkook.
—De lo mucho que te amo... —susurro.