Mi Omega Untouchable [16]
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La decisión fue impuesta por Seokjin; “el palacio entero se tiene que preparar porque la ceremonia de unión se llevará a cabo en tres días.” El rey consorte no iba a permitir que la estabilidad de alfa y omega se siguiera viendo afectada. Además quería que el reino de Arterhya comprendiera finalmente que Jimin era el futuro rey consorte de Haneul y que nadie lo iba a impedir.

El murmullo estalló entre los consejeros y sirvientes.Jimin contuvo el aliento.

Tres días.

Sintió el tirón suave de Jungkook en su cintura cuando la orden del Rey consorte fue dada y respaldada por el Rey soberano de Haneul.

—Vamos —dijo el príncipe en un susurro grave que solo Jimin escuchó—. No dejaré que hagas esto solo.

Desde ese instante el palacio entero entró en movimiento, pareciera que un ejército invisible hubiera recibido órdenes urgentes.

Sirvientes corrían por los pasillos llevando telas, cofres, libros antiguos. Los consejeros discutían sobre protocolos de las uniones reales entre alfa y omega. Los sacerdotes lunares preparaban sellos y ofrendas. Los artesanos trabajaban en la fragua encendiendo metales preciosos para moldear las bandas de unión.

Pero la mayor atención estaba sobre él.Sobre Jimin.

Por primera vez en su vida, Jimin sintió lo que era ser visto... no como posesión, no como carga, no como error... era alguien que merecía ser celebrado.

Taehyung lo acompañaba a su habitación nueva, una pre-sala del ala real, mientras comentaba sin parar:

—¡Príncipe consorte en tres días ! Jimin, ¡van a bordar su ropa con hilo estelar! ¡El hilo estelar! Eso solo lo usan para los herederos. Bueno, y para las uniones antiguas... —Taehyung bajó la voz y lo miró con ojos brillosos—.Te lo mereces. Después de todo lo que pasaste, lo mereces.

A Jimin le ardieron los ojos.

—Yo...

—No llores. —Taehyung sonrió, palmeándole la espalda—. Bueno, llora, pero después porque ahorita te van a tomar medidas.

En otro extremo del palacio, Jungkook discutía con su padre y los generales, pero no como príncipe heredero... lo hacía como un alfa que está a punto de reclamar a su omega frente al mundo.

—No aceptaré guardias cerca del santuario durante la ceremonia —dijo, firme.

—La tradición dice que debe haberlos —replicó un general.

—La tradición también dice que el omega no debe hablar durante el juramento, y Jimin hablará —respondió Jungkook sin ceder—. Si se le pregunta si acepta mi marca por el resto de sus días, él responderá con su voz. No voy a permitir que nadie lo silencie nunca más.

El rey Namjoon lo observó con orgullo silencioso.

—Mi hijo —dijo finalmente—, que la ceremonia sea como él la necesite. Como ambos la necesiten. Eres el futuro rey y puedes hacer lo que te plazca.

Jungkook inclinó la cabeza en señal de agradecimiento, pero su mandíbula seguía tensa. Esa tensión solo se suavizó cuando lo vio: Jimin saliendo del corredor principal, rodeado de costureras, sacerdotes y Taehyung que gritaba instrucciones sin tener idea de lo que hacía.

Los ojos de Jungkook lo siguieron sin poder evitarlo.Jimin se detuvo al notar la mirada y le sonrió, derritiéndole el pecho.

Jungkook fue hacia él.

—¿Todo bien? —preguntó, tocándole el antebrazo.

—Todo es... demasiado —admitió Jimin con una risa nerviosa—. Siento que no lo merezco.

—Mereces esto y más —respondió Jungkook, hundiendo la voz—. Te juro que haré que ese día sea el más seguro y hermoso de tu vida.

Taehyung rodó los ojos.

—Muy lindo todo, pero Jimin tiene que probarse siete telas distintas, ¿pueden dejarse de comer con la mirada cinco segundos?

Jimin soltó una risita.Jungkook le dio un beso rápido en la frente.

—Nos vemos en la cena. No te canses mucho.

Antes de irse, Jimin alcanzó su mano y la apretó.

—Jungkook...

—¿Sí?

—Gracias... por elegir quedarte conmigo.

El alfa sintió que su corazón ardía.

—No tienes idea —susurró—. Yo no solo te elijo. Te reclamo. Te...

—¿Qué parte de no hay tiempo para la boda no entienden, altezas? —preguntó Taehyung.

Jimin sonrió y se giró, dejando a Jungkook con las palabras en la boca.

—Amo... —Finalizó Jungkook en un susurro que Jimin no logró escuchar.

Esa tarde, los preparativos continuaron:

Sacerdotes lunares trazaron el círculo de unión en el Santuario de la Llama Eterna. El herrero real comenzó a forjar las bandas de unión: una de oro lunar para Jimin, una de obsidiana blanca para Jungkook. Los mensajeros llevaron invitaciones a los reinos aliados. El consejo debatió la seguridad en caso de que Arterhya decidiera intervenir. Y Jimin... se probó coronas, mantos, collares y túnicas llenas de luz.

Pero lo que más lo inquietaba era lo que ocurriría esa noche... Porque Jimin lo sabía. Jungkook lo sabía.

La noche previa a la ceremonia era considerada sagrada.Los prometidos debían dormir juntos. No por deseo carnal, aunque podían, lo hacían por destino.Para que sus almas se calmaran antes del juramento.Jimin tragó saliva mientras Taehyung le explicaba esa parte de la tradición con la emoción de un niño chismoso.

—Así que sí —anunció Tae moviendo las cejas—. Esta noche, dormirás en la habitación real. Con tu alfa.

A Jimin se le detuvo el corazón. No era miedo, tampoco duda. Se trataba de la certeza cálida y peligrosa de que, cuando Jungkook lo abrazara esa noche... ya no habría un mundo capaz de separarlos. Porque era distinto dormir en una habitación cualquiera del castillo, eso todo el mundo lo sabía, pero dormir en la habitación real... Dormir en la habitación del príncipe, esa que pronto se convertiría en la habitación del rey. Era sagrado.

Cuando el sol empezó a descender tras las murallas de Haneul, el palacio entero parecía haber cambiado de piel. Las antorchas se encendieron una por una, iluminando los pasillos con tonos dorados y rojizos que daban la impresión de que la noche misma bendecía los preparativos.

Jimin no podía apartar la vista de las puertas dobles que conducían al ala real.

Había caminado por esos pasillos muchas veces desde su llegada, pero esa noche era distinto. Esa noche no era un invitado, ni un protegido, ni un joven rescatado por el destino.

Esa noche entraría por primera vez como el prometido del príncipe heredero.

Taehyung, que lo había acompañado hasta la entrada, respiró hondo.

—Bueno... aquí te dejo. —Le acomodó la capa ligera sobre los hombros—. Durante esta noche alfa y omega conversan, viene siendo una última oportunidad de conversar y arrepentirse del casamiento antes de llegar al altar, o de confirmar que quieren estar juntos.

—Lo sé —contestó Jimin.

—Bueno, sea cual sea la decisión. El rey Namjoon la respetará. —Jimin asintió.

—De mi parte no hay arrepentimiento, quiero casarme con Jungkook.

—Entonces entra.

—Gracias , Taehyung.

Y empujó las puertas.

El interior de la habitación real era muchísimo más grande que en la que estuvieron durmiendo desde que había llegado al castillo. La cama, enorme, de madera oscura y cortinas de seda clara, estaba rodeada por la luz de los faroles lunares. Había un pequeño brasero junto al ventanal y un par de sillones cerca del balcón, donde se veía el cielo nocturno extendiéndose sobre la ciudad.

Y allí, de pie junto a la cama, esperándolo, estaba Jungkook.

Vestía una túnica negra y sencilla, sin joyas ni armaduras ni símbolos reales. Solo él, alto, fuerte, con el cabello de forma descuidada y los ojos brillando como si todo ese día hubiese sido solo una excusa para llegar a este momento.

—Llegaste —dijo Jungkook con una voz tan suave que Jimin sintió un escalofrío.

Jimin asintió.

—Sí.

—Ven.

Jimin caminó hacia él, lento, sintiendo que el corazón se le quería salir del pecho. Jungkook extendió una mano y lo tomó por la muñeca, atrayéndolo con una delicadeza casi reverente. Entonces lo abrazó. Un abrazo completo, cálido... desesperado.

Jimin apoyó la frente en su pecho. Respiró. Sintió el aroma de Jungkook envolviéndolo, calmando ese temblor que llevaba escondido todo el día.

—Estás frío —murmuró Jungkook.

—Estoy nervioso —confesó Jimin.

—Yo también.

Jimin alzó la cabeza, sorprendido.

—¿Tú...?

—Eres mi omega —susurró Jungkook, rozando su cabello con la nariz—. Y mañana será nuestro juramento. Si no estuviera nervioso, sería un idiota.

Jimin sonrió, tímido.

—Pensé que los príncipes no se ponían nerviosos.

—Entonces soy un príncipe terrible —respondió Jungkook.

Ese humor los hizo relajarse.

Jungkook aflojó el abrazo, pero no lo soltó. En cambio, le tomó el mentón con los dedos y lo obligó a levantar la mirada.

—Antes de dormir... quiero que escuches algo —dijo el alfa, con esa sinceridad cruda que usaba cuando estaban solos—. Jimin... no tienes que hacer nada esta noche. Nada. No te debo reclamar aquí, no te debo tocar de ninguna manera que no desees. Dormir juntos no es un acto de posesión. Es un acto de paz.

Los ojos de Jimin se humedecieron sin que lo pudiera evitar.

—Jungkook...

—Es solo para descansar tu alma junto a la mía. —Le acarició la mejilla—. Y si en algún momento no quieres seguir, solo dímelo y me aparto. ¿Está bien?

Jimin asintió, respirando hondo para no romperse.

—Está bien.

—Bien —Jungkook sonrió, pequeño, sincero—. Entonces acompáñame.

Lo guió hacia la cama.

Jimin subió primero, acomodándose entre las almohadas. Jungkook se recostó a su lado, girando hacia él. No hubo urgencia. No hubo deseo feroz. Solo una calma profunda que Jimin no sabía que necesitaba.

Jungkook extendió un brazo.

Jimin se movió instintivamente y apoyó la cabeza en su pecho.

—Sí te arrepientes de casarte conmigo puedes decirlo. Yo... No quiero obligarte a hacer nada que no quieras.

—¿Arrepentirme yo? Jungkook, eres un sueño hecho realidad. El... —Suspiró—. Pareces un sueño, u...una fantasía, dime que eres real. ¿Realmente existes?

Jungkook comenzó a reír.

—Por supuesto que existo, mírame. —Ambos se miraron a los ojos y sonrieron.

—Es extraño —susurró Jimin—. No pensé que así se sentía la paz.

—La paz eres tú —respondió Jungkook, acariciándole la nuca con movimientos lentos—. Llegaste a mi vida de manera caótica, pero eres esa paz que necesitaba.

Jimin cerró los ojos.

Por unos minutos solo se escuchó el sonido del viento, el crepitar del brasero y el respirar acompasado de ambos.

Después, sin poder evitarlo, Jimin deslizó una mano por el torso de Jungkook. En un gesto pequeño... pero que encendió algo. Jungkook inhaló hondo.

—Jimin...

—Solo —susurró él, sin moverse más—. Quédate así.

El alfa lo rodeó más fuerte con los brazos. La calma seguía allí. La pureza de ese abrazo también.

Aquella noche previa a la boda no hicieron nada que no fuera dormir, darse besos tiernos y esparcir feromonas de calma. Se amaban y a veces el amor no tenía que ser necesariamente pasional, ambos comprendían eso, su relación iba más allá de lo que muchos alfas y omegas estaban acostumbrados.

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