Prueba
Jungkook estaba a nada de perder el control.
Sus manos temblaban por la rabia, y su voz había descendido a un gruñido mientras encaraba a Seojin. El ambiente del salón real se comprimía, incluso las columnas de mármol temían el estallido inminente del príncipe alfa del reino.
Pero antes de que Jungkook pudiera lanzar la primera palabra que probablemente incendiaría negociaciones, protocolos y quizás una guerra entera...
Las enormes puertas del salón se abrieron.Jimin entró acompañado de Taehyung.
Sus cabellos todavía estaban revueltos por el viento, tenía las mejillas encendidas por el apuro. Al ingresar sintió ese aroma. Aquel olor que en el pasado lo había vuelto loco, que había confundido sus sentidos, que había dominado su cuerpo y su estabilidad. Jimin se quedó petrificado por un instante... pero no por deseo.
Por nada.
Por pura indiferencia.
Aquello que antes lo sacudía desde el interior, ahora le resultaba ajeno, lejano, como el perfume de un extraño en medio de un mercado.
Seojin lo vio.Seojin lo sintió.Y sonrió, creyendo que esa congelación significaba algo distinto.
—Llegaste... —murmuró, dando un paso hacia él.
Jimin apretó la mandíbula, pero permaneció en silencio.Jungkook giró hacia la puerta, los ojos centelleando con furia.
—Jimin, sal de aquí. —La orden salió urgente, desesperada.
Pero Seojin ni siquiera le dio tiempo a reaccionar.
—¡No! —interrumpió, con voz sonante y arrogante—. No se va. He venido a reclamarlo de regreso.
Antes de que nadie pudiera mover un músculo, Seojin corrió hacia Jimin. Lo tomó de las manos, sin permiso, sin anuncio, como si aún tuviera derecho a tocarlo.
Taehyung dio un paso adelante con un gesto de advertencia, pero Jimin levantó un poco la mano para detenerlo. No por Seojin... sino porque no quería que nadie más lo tocara.
Seojin respiró agitado, aferrándose a él.
—Jimin —susurró—, sé que eres inocente. Encontramos al verdadero culpable. Fue un miembro del consejo... estaba molesto porque no cumplí los protocolos al marcarte sin permiso. Mi omega... —Seojin bajó la voz a un gemido quebrado—. Perdóname.
Y ante todo el salón, ante el rey, ante Jungkook, ante los guardias y los sirvientes que observaban conteniendo el aliento... Seojin se arrodilló ante Jimin.
—Mi omega —repitió, con la voz temblorosa—, hemos pasado tantas cosas juntos... Te amo. Lo sabes. Cometí un error, uno grande, y quiero enmendarlo. Quiero hacer las cosas bien. Por favor... vuelve conmigo.
»Yo recibí la furia del reino cuando te marqué sin permiso, íbamos a casarnos, la condición era tener un hijo para que se me permitiera estar contigo. Accedí y cuando ese cachorro recién nacido falleció... Yo creí que habías sido tú el asesino, hoy se que no. Eres inocente, mi amor, lo eres.
Mi amor.Le dijo mi amor.Seojin había sido el primer alfa de Jimin, su primera marca, su primero todo... Jungkook retrocedió un paso sintiendo que sus ojos ardían en celos, en confusión. ¿Qué contestaría Jimin? En ese momento todo se decidiría porque... ¿y si elegía a su primer alfa?
Taehyung tragó saliva, consciente de que esa escena estaba a un segundo de convertirse en un desastre diplomático.
Y Jimin respiró profundo, sin miedo, sin culpa, sin ataduras del pasado porque Jungkook le había mostrado lo que era el amor. No había sido su primer alfa, pero Jimin estaba cien por ciento seguro de que Jungkook era su verdadero alfa, y el único con el que quería estar por el resto de sus días.
Aún así lo miraba desde arriba, inmóvil, con la expresión impasible que solo alguien que había sanado podía sostener ante quien lo había destrozado.
Jungkook respiraba como un animal acorralado de ira milimétricamente controlada por la educación y por el reino que representaba.
Pero sus dedos temblaban levemente. Taehyung lo vio.Sabiendo que, si alguien decía una palabra equivocada, la sala se cubriría de sangre.
—Jimin... —susurró Seojin, aún arrodillado—. Por favor. No sabes lo que he sufrido. No sabes lo que he llorado. Me equivoqué, pero te amo. Te amo desde antes de la ceremonia, desde antes de tu marca. Nada ha cambiado.Vuelve conmigo a donde perteneces, a tu lugar de origen, a... a mis brazos.
Jimin bajó la mirada.Un error para Seojin.Un alivio para Jungkook.
El omega retiró lentamente sus manos de entre las de Seojin, como quien recupera algo que nunca debió ser tomado.
—Seojin... —empezó Jimin, con una voz sorprendentemente suave—. No dudo que hayas llorado. No dudo que hayas sufrido. Pero...
Elevó el rostro.Sus ojos brillaban con algo que no era odio.Era libertad.
—Ya no eres parte de mi vida.
Seojin parpadeó, desconcertado.
—Jimin... no digas eso... no, no... tú me amabas. Lo sé. Yo soy tu alfa.
—Me repudiaste y me dejaste a mi suerte, me exiliaste del reino —interrumpió Jimin con calma glacial—. Mi alfa es quien curó mis heridas, quien marcó mi cuello para evitar que muriera, quien me defiende y quien me cree... Tú no hiciste nada de eso.
Un murmullo se extendió por la sala. Los guardias intercambiaron miradas tensas. El rey observaba desde el trono, sin interceder, evaluando cada palabra.
El color del rostro de Seojin se drenó de golpe, aun así intentó aferrarse.
—Jimin... yo te marqué porque te amaba. Y te exilié porque estaba cegado, fue impulsivo, pero...
Jungkook por fin habló.
—No vuelvas a decir que lo amabas. —Su voz era baja, y peligrosa—. Ni que fue un impulso dejarlo a su suerte. Lo que hiciste fue lo peor que un alfa podría hacerle a un omega. Y si crees que vas a arrastrarlo otra vez hacia tu miseria,
—¡Tú cállate! —estalló Seojin, poniéndose en pie bruscamente—. ¡Tú me arrebataste lo que era mío! ¡Él me pertenecía! ¡No debiste marcarlo!
—¡¿Entonces debí dejarlo morir en la orilla del río?! —Rugió Jungkook, acercándose a Seojin—. ¡Levántate, ni siquiera mereces estar arrodillado frente a MI OMEGA!
Jungkook no había gruñido así en su vida.Ni en batallas, ni en torneos, ni en enfrentamientos con bestias del bosque. Este rugido salió del alma.
Dos guardias retrocedieron sin querer.Taehyung puso un brazo delante de Jimin, protegiéndolo.
El rey Namjoon finalmente se levantó del trono.
—Basta —ordenó con voz de trueno—. Príncipe de Arterhya —continuó el rey, clavando los ojos en Seojin—. Has venido a mi reino a reclamar lo que decías que te pertenecía. Permití que lo hicieras porque estaba esperando que nuestro Jimin eligiera cuál camino tomar sin sentirse presionado. —Suspiró—. Lo preguntaré directamente, Jimin...
—Sí, majestad...
—¿Cuál de estos dos es tu alfa? Si tu alfa es Lee Seojin príncipe de Arterhya puedes irte con él. Te daré mi bendición y no interferiré. Pero si ru alfa es Jeon Jungkook, príncipe de Haneul te quedarás aquí y nadie se atreverá a volver a poner una sola mano encima tuyo.
Jimin se quedó quieto, mirando a Seojin que se estaba poniendo de pie, después mirando a Jungkook que estaba quieto, hirviendo de coraje.
—Como dije antes... Mi alfa es el dueño de esta marca. —Señaló su cuello, los ojos de Jimin se llenaron de lágrimas que no se desbordaron.
—¡Yo te marqué primero! —gritó Seojin—. ¡El príncipe Jeon Jungkook solo trata de comerse las migajas de Arterhya!
Jimin enfureció, extendió ambas manos, empujando a Seojin con fuerza.
—¡No te atrevas a insultarlo! ¡Pudiste ser el primero, pero Jeon Jungkook es mi alfa verdadero, al único que amo!
Seojin apretó los puños.
—El error ya se aclaró. Eres inocente, debes regresar conmigo o soy capaz de iniciar una guerra para recuperarte —dijo en un hilo de voz.
Jungkook avanzó, colocando su brazo frente al pecho de Jimin, interponiéndose entre él y Seojin.
—Si Arterhya quiere guerra por un omega que despreciaron... que la traigan —declaró Jungkook—. Pero si te atreves a tocarlo una sola vez más... no habrá reino que pueda protegerte de mí.
La temperatura del aire pareció subir.Taehyung tragó saliva.El rey levantó una mano y el salón entero quedó en silencio.
—Seojin —dijo con voz firme—, ya has oído suficiente. Park Jimin es el prometido del príncipe heredero. Y pronto será el príncipe consorte. Este reino lo protegerá. Este rey lo protegerá. Y mi hijo... —Los ojos del rey se dirigieron a Jungkook de manera feroz radiante, incontrolable—...lo protegerá con su vida.
Seojin retrocedió un paso, esas palabras fueron un golpe. Jimin entonces dio un paso adelante, moviendo el brazo de Jungkook, juntando valor, respirando hondo. Y con una voz suave, sin odio, sin miedo, sin temblor, dijo:
—Tú no eres mi alfa. Tú ya no tienes poder sobre mí.Te perdono... pero no te quiero. Ni como pareja, ni como destino, ni como recuerdo. Aléjate de nosotros y si quieres una guerra para tratar de recuperarme entonces tendrás que matarme primero porque no permitiré que nadie lastime a mi alfa, ni que intente destruir este reino del que ahora soy parte.
Seojin cerró los ojos, destruido.Jungkook dio un paso instintivo hacia él, tomándolo de la cintura con firmeza. Seojin, viendo esa escena, murmuró con voz rota:
—...Entonces ya lo perdí todo.
Nadie respondió.
—Tómalo de esta manera —dijo Jungkook—. Ese omega que repudiaste murió aquella mañana en el río que divide tu reino y el mío. Tú lo mataste.
—Bien. —Seojin giró el rostro para ver al rey en el trono, luego le hizo reverencia—. Majestad, gracias por darme la oportunidad de intentar enmendar mi error y recuperar lo que creía mío.
Namjoon asintió con la cabeza.
—Jimin, lo lamento. —Lo miró a los ojos, Jimin sintió la sinceridad, pero era tarde... Ya no lo amaba.
Los guardias lo escoltaron hacia la salida.
Los pasos de Seojin resonaron en el salón como golpes huecos, cada uno más triste que el anterior.El eco de su despedida quedó suspendido en el aire, como un hilo que nadie deseaba volver a tocar.
Las grandes puertas se cerraron detrás de él con un estruendo pesado.Fue entonces cuando el ambiente pareció romperse.
Jimin dejó escapar el aire que había estado conteniendo.
Sus manos temblaron.
Jungkook lo sostuvo de inmediato, bajando esa aura alfa colosal que antes había llenado todo el salón. Sus dedos encontraron su cintura, su nuca, su brazo, como si necesitara confirmarlo, tocarlo, sentirlo, saber que seguía ahí.
—Jimin... —susurró, con una voz tan suave que contrastaba violentamente con su ferocidad anterior.
Pero Jimin no respondió enseguida.
Su mirada seguía fija en las puertas cerradas... buscando asegurarse de que Seojin no volvería a atravesarlas.Taehyung, desde un costado, observaba en silencio, listo para intervenir si las emociones se desbordaban.
El rey Namjoon descendió lentamente del trono.Hubo un silencio solemne alrededor. Nadie se movía. Nadie respiraba fuerte.
—Hijo —dijo el rey, con un tono firme—. Acércate.
Jungkook tomó la mano de Jimin antes de avanzar.Y Jimin lo siguió. Namjoon los miró a ambos, pero principalmente al omega.
—Park Jimin —comenzó—, lo que has hecho hoy requiere una fuerza que pocos tienen. Elegiste tu verdad frente a quien te marcó, frente a quien te hirió, frente a quien pudo haber reclamado tu vida entera.
Jimin bajó la cabeza levemente con respeto hacia el rey.
—Nadie más en esta sala —continuó el rey— sabe lo que implica mirar a quien te lastimó y decirle “no más”. Algunos alfas pierden el control ante el rechazo.Tú has enfrentado a uno... y al príncipe de una nación.
Jungkook sintió un nudo en la garganta.Su padre no solía elogiar.
—Y tú, Jungkook... —Namjoon giró hacia él—. Has enfrentado el riesgo político más grande desde que fuiste declarado heredero. Has amenazado guerra por proteger a un omega.
Jungkook apretó la mano de Jimin.
—Lo volvería a hacer —respondió sin titubear.
El rey sonrió levemente.
—Lo sé. Por eso eres mi hijo.
Luego colocó una mano sobre el hombro de su hijo... y la otra sobre el hombro de Jimin.
—Hoy, permití que Seojin hablara con ustedes para probar a Jimin. Quería saber si en realidad te amaba o si preferiría regresar con él —dijo con sinceridad—. Discúlpenme por eso, pero ahora que se que ambos se aman y necesitan les prometo que algo como esto no volverá a pasar. Me alegra tanto que se quieran.
El rey hizo una señal a los guardias y a los consejeros.Todos dieron un paso atrás.
—Nadie volverá a cuestionar este compromiso. Nadie volverá a murmurar. Nadie volverá a decir que Park Jimin no merece a mi hijo. Ha elegido. Y yo respeto su elección.
Jimin sintió un calor subirle al pecho.Namjoon se apartó unos pasos y habló más alto:
—Taehyung.
El capitán dio un paso al frente.
—A partir de ahora, hasta que finalice la ceremonia de unión, Park Jimin quedará bajo tu protección directa y bajo la de mi hijo. Ningún extranjero podrá acercarse a él sin autorización real.
—Así será, majestad —respondió Taehyung, inclinando la cabeza.
Cuando todos volvieron a tomar sus posiciones, Jungkook exhaló largo. Jimin lo miró y el alfa no pudo evitarlo. Lo atrajo hacia sí con firmeza, hundiendo la cara en su cuello, respirando profundamente su aroma, ese que lo calmaba y enloquecía a la vez.
—Mi omega... —murmuró Jungkook, con un susurro que vibró contra la piel de Jimin—. Ya pasó. Ya pasó, ¿sí?
Jimin cerró los ojos, dejando que ese calor lo envolviera.
—Estoy bien —respondió con un hilo de voz quebrado—. Solo... necesitaba que se fuera.
—Y se fue —contestó Jungkook—. No volverá a tocarte. No volverá a gritarte. No volverá a reclamarte nunca más. Te lo prometo.
Los consejeros desviaron la mirada por respeto.Taehyung sonrió, satisfecho. Namjoon habló una última vez:
—Llévenselo. Que descanse. Hoy fue un día duro.
Jungkook asintió, firme, protector.
Pasó un brazo por la cintura de Jimin y lo guió fuera del salón, pegándolo a su costado. No era un gesto político.Era un instinto instinto que ya no planeaba reprimir.Taehyung los siguió a una distancia prudente, manteniendo la guardia alta. Al avanzar por los pasillos, Jimin por fin permitió que una lágrima escapara, silenciosa. Jungkook la atrapó con el pulgar.
—Nunca volverás a llorar por él —prometió.
Jimin apoyó la frente en su pecho.
—No lloro por él. —Detuvo su andar, girando el rostro para mirar a Jungkook—. Lloro por ti, porque en realidad soy muy afortunado de tenerte, te... te amo.
Jungkook iba a contestar cuando escuchó pasos apresurados y ese aroma a miel que conocía muy bien desde cachorro: Su padre Seokjin.
—¡¿Mientras yo me duchaba ocurría una calamidad en el salón real?! —gritaba—. ¡¿Dónde estás Jeon Namjoon y por qué permitiste dicho desaire a nuestro hijo?!
—Creo que papá está en problemas —murmuró Jungkook y Jimin soltó una risita.
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Nos leemos pronto!