Mi Omega Untouchable Celos
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Celos

Habían pasado varios meses desde la noche en que el palacio entero celebró su compromiso. Meses en los que Jimin había aprendido a respirar con calma, a caminar con seguridad entre los murmullos de la corte, y a despertar cada mañana sabiendo que Jungkook estaba en algún lugar del castillo... y que era suyo.

Aquella mañana no fue diferente.

Jimin abrió los ojos lentamente, sintiendo la calidez de las mantas y el rincón especial que había hecho suyo en la enorme habitación que ahora compartía con el príncipe. Jungkook no estaba, su lado de la cama estaba frío, eso pasaba cuando se iba a hacer sus deberes temprano, pero la ausencia no dolía.

Era una rutina.Un hábito.

Después de ducharse, arreglarse y desayunar un poco con una beta de confianza, Jimin salió en busca de su alfa con una sonrisa pequeña en los labios.

—Disculpa —preguntó al guardia de turno en la entrada del patio interior—, ¿has visto al príncipe Jungkook?

El soldado golpeó el puño contra el pecho en un saludo respetuoso.

—Su alteza real se encuentra entrenando en las caballerizas, mi señor.

—Oh —Jimin inclinó la cabeza, agradecido—. Iré a verlo de lejos.

Y así lo hizo.

Sus pasos fueron ligeros al cruzar los jardines que conducían a las amplias caballerizas del castillo. El sonido de espadas chocando se escuchaba desde lejos, acompasado, rítmico, casi musical.

Cuando llegó, se quedó quieto en la sombra del granero, observando y la escena lo dejó sin aliento.

Jungkook estaba peleando espada contra espada con Taehyung. Ambos moviéndose con la rapidez de un rayo. El príncipe, sudoroso, con la respiración profunda y los músculos marcándose bajo la camiseta ligera de entrenamiento, parecía una bestia hermosa, indomable, nacida para la guerra y para proteger.

Taehyung tampoco se quedaba atrás, pero incluso Jimin podía notar que el alfa guardia estaba esforzándose más de lo habitual solo para seguirle el ritmo.

—Impresionante... —susurró sin darse cuenta.

Cuando el combate terminó en un giro veloz que dejó la espada de Taehyung en el suelo, ambos rieron, chocando los puños. Y entonces sucedió.

Un grupo de omegas jóvenes,estudiantes del ala designada para futuros compromisos políticos, se acercó con sonrisas demasiado amplias. Una de ellas, de cabello plateado y sonrisa dulce, dio un paso al frente.

—Su alteza... ha entrenado demasiado duro. Está empapado —dijo con voz suave.

Y, sin esperar permiso, levantó su toalla blanca y comenzó a limpiar el sudor del cuello y mandíbula del príncipe.

Jimin parpadeó.

Algo dentro de su pecho se encogió.Imperceptible... pero real.Una punzada de celos.

—¿Recuerdas lo que te dije durante la fiesta de tu compromiso con mi hijo? —preguntó una voz a su lado.

Jimin casi brincó del susto. No había sentido a Seokjin llegar.

—Ah... ¿qué cosa, majestad?

El rey sonrió, pero sus ojos tenían ese brillo travieso que siempre aparecía cuando estaba a punto de decir algo completamente inconveniente... y completamente cierto.

—Que esas omegas estudiaban para estar en tu lugar —dijo, inclinando la cabeza hacia la escena enfrente—. ¿Vas a dejar que le limpien el sudor a tu alfa?

Jimin sintió que el aire cambiaba. Que algo dentro de él, algo profundo, primitivo, despertaba de golpe.

Molestia.Territorialidad.Instinto.

Su expresión se endureció lo suficiente para que Seokjin sonriera satisfecho y sin esperar otra palabra, Jimin avanzó.

Al acercarse, el aroma de Jungkook, ese olor cálido, poderoso, intensamente suyo, lo envolvió por completo. Y justo, Jungkook giró la cabeza, porque el aroma de Jimin también lo había golpeado directamente en el pecho.

Su rostro se iluminó.Radiante.Feliz.Incapaz de ocultarlo.

—Jimin —susurró, y el mundo entero pareció apagarse alrededor de ellos.

El omega no dudó.

Corrió los últimos pasos, se lanzó a los brazos del príncipe, envolviéndolo por el cuello mientras Jungkook lo recibía con fuerza, levantándolo del suelo sin esfuerzo alguno.

Un gesto íntimo.Un gesto público.Un gesto que dejaba claro quién pertenecía a quién.

Jimin escondió el rostro en su cuello, respirando profundo, marcando con su olor la piel cálida y sudada de su alfa.

Y Jungkook, encantado, lo abrazó aún más fuerte.

Detrás, Taehyung resopló divertido.Las omegas... bajaron la mirada.Seokjin, orgulloso, cruzó los brazos.

El príncipe heredero tenía un omega.Un omega destinado.Un omega con instinto y corazón.

Jimin apretó a Jungkook entre sus brazos. A su alrededor, las omegas continuaban observando... hasta que él levantó la mirada. Sus ojos estaban brillantes, no de enojo, se trataba de una ternura firme, de una convicción silenciosa y poderosa.

Jimin mostró una sonrisa pequeña, dulce, que no dejaba dudas para nadie:

—Mi alfa trabaja muy duro... —dijo mientras con una mano le acomodaba el cabello húmedo de la frente a Jungkook— Así que yo mismo me encargaré de cuidarlo. No necesito que nadie más lo haga.

Las omegas se tensaron levemente. Algunas desviaron la vista. Otras entrecerraron los ojos. Pero Jimin no las miraba a ellas; solo veía a Jungkook.

Mientras que Jungkook... Jungkook parecía derretirse.

—Ah... —el príncipe soltó una risa, tocando la cintura de Jimin— ¿Vas a cuidarme tú, hm?

Jimin asintió, sin vergüenza, sin vacilación, acariciando la mejilla del alfa con una dulzura que volvió todo el ambiente cálido.

—Claro. Soy tu prometido. Es mi función... y mi gusto.

Taehyung rodó los ojos, murmurando algo como “territoriales ridículos”, pero sonriendo por lo bajo.

Seokjin cruzó los brazos, orgulloso, casi satisfecho.

«Eso es, pequeño omega... así se defiende lo propio sin perder la clase.», penso el rey consorte.

Y frente a todos, sin prisa, sin miedo, Jimin se inclinó y besó la mejilla de Jungkook, dejándole allí una marca de cariño, de presencia, de “él es mío”, que ninguna otra omega podría ignorar.

Las omegas, que hasta ese momento seguían paralizadas por la escena, intercambiaron miradas rápidas. Una de ellas, la más atrevida, dio un paso adelante inclinando apenas la cabeza.

—Oh... al fin tenemos el gusto de estar tan cerca de usted, futuro príncipe consorte. —dijo con una voz dulce, demasiado empalagosa.

Las otras la secundaron con reverencias breves, sonrisas, y un aire perfectamente educado... aunque el brillo en sus ojos dejaba claro que no esperaban que Jimin fuera tan posesivo, ni tan valiente.

Jimin se mantuvo pegado a Jungkook, sus manos aún sobre la cintura del alfa, el pecho elevándose y bajando despacio mientras su aroma envolvía el aire. No agresivo. No grosero. Pero sí evidente.

—Es un gusto conocerlas —respondió Jimin con una cortesía impecable, y una dulzura casi peligrosa—. Supe que estudiaron la mayor parte de su vida para estar en mi lugar, es algo extraño la manera en la que surge el amor. —Sonrió—. Cuando dos almas son destinadas no necesitan de... estudios para comprometerse.

Un murmullo se escapó entre ellas. No era una protesta. Era... sorpresa. Tal vez un poco de indignación.

Taehyung chasqueó la lengua, divertido.

Jungkook, en cambio, no podía ocultar el orgullo. Sus dedos acariciaron la espalda de Jimin de manera inconsciente.

—Él es Jimin —dijo Jungkook mirando a las omegas—. Mi elegido. Mi prometido. Mi futuro consorte.

Las omegas inclinaron la cabeza, ahora sí con respeto genuino.

—Qué honor verlo tan feliz, alteza —dijo una.

—Deseamos conocerlo mejor, lord Jimin —dijo otra.

Jimin se puso de puntillas diciéndole algo a Jungkook al oído, el príncipe se puso rojo como tomate. Pero luego de carraspear la garganta dijo de manera educada.

—El gesto de hace un rato, limpiarme el sudor. —Las miró a los ojos—. No vuelvan a hacerlo,

—Mjm... —Jimin carraspeó la garganta, claramente Jungkook no había terminado la frase.

—Yo puedo secarme el sudor solo y cuando no pueda... Lo hará mi omega.

Taehyung contuvo la risa.

Jungkook, aún con las mejillas encendidas por lo que Jimin le había susurrado, tomó la mano del omega con naturalidad. Su palma cálida se posó en la cintura del omega, guiándolo suavemente mientras hacía una inclinación educada hacia las omegas.

—Con su permiso —dijo, marcando final a toda interacción.

Y sin dar oportunidad a preguntas, miradas o nuevas sonrisas m, se llevó a su prometido fuera de las caballerizas.

Jimin iba pegado a él. No por necesidad, por elección.Jungkook caminaba aunque llevar a su omega entre los brazos era su deseo, pero se conformaba con sostenerlo de la cintura.

Cruzaron el patio de entrenamiento en silencio. Los caballos relinchaban a lo lejos, el viento traía olor a madera y pasto mojado, y el castillo brillaba bajo la luz del mediodía. Finalmente, Jungkook lo condujo hasta una pequeña terraza elevada de piedra, un rincón tranquilo donde solía beber agua entre entrenamientos.

Ambos se sentaron. Jimin primero, y Jungkook justo después, tan cerca que sus rodillas se tocaban.

Jimin soltó un suspiro.

—Jungkook... —comenzó con voz suave, mirando sus manos entrelazadas—. No me gusta cómo se acercan a ti esas omegas.

Jungkook lo miró de inmediato, atento. Jimin continuó, apretando un poco la mano del príncipe:

—Si... si yo seré tu esposo —respiró hondo—. ¿Por qué sigues teniendo a esas estudiantes aquí? A las... que se prepararon para comprometerse contigo. —Tragó saliva, algo dolido—. ¿Por qué seguir con ellas en el castillo?

Jungkook abrió los labios para responder, pero Jimin lo interrumpió:

—No me siento... seguro cuando están cerca. No porque no confíe en ti. —Lo miró directo a los ojos—. Has sido amable, atento y me haces sentir especial todos los días, pero no entiendo por qué siguen aquí. No tienen más razón para quedarse, ¿cierto?

El príncipe demoró solo un segundo. Pero fue suficiente para que Jimin temiera haber dicho demasiado.

Hasta que Jungkook tomó su rostro con ambas manos, con una delicadeza que no coincidía con la fuerza de su entrenamiento, y apoyó su frente contra la del omega.

—Tienes razón —susurró, su voz grave—. No hay razón para que sigan aquí.

Jimin parpadeó.Jungkook continuó, decidido:

—Las van a echar del castillo. Hoy mismo. Pediré que regresen a sus hogares o que sean asignadas a otras funciones. Ya no tienen ningún propósito aquí. —Sus dedos se deslizaron por la mejilla del omega, cálidos—. Mi compromiso es contigo. Mi futuro es contigo y solo contigo.

El corazón de Jimin dio un vuelco.

—Jungkook...

El alfa sonrió, esa sonrisa que lo volvía humano y letal al mismo tiempo.

—No quiero que te incomoden. No quiero que dudes. Y no quiero que vuelvas a sentirte desplazado por nadie —acarició la marca en el cuello de Jimin—. Tú eres mi omega. Mi prometido. Y mi destinado.

Jimin bajó la mirada, sin poder contener la sonrisa que se le escapó, tímida, dulce, profundamente feliz.

—Gracias... mi príncipe.

Jungkook lo acercó, apoyando su cabeza sobre el hombro del omega.

—No tienes que agradecer. Solo estoy poniendo las cosas en su lugar.

Al caer la noche, Jimin se sentó frente al enorme espejo que había aprendido a amar con los días. Tenía el cabello húmedo, suelto, cayéndole sobre los hombros mientras lo cepillaba con movimientos lentos. Cada tanto detenía la mano, pensativo, recordando la escena de la tarde.

Las omegas.El sudor.El contacto no deseado.Y luego Jungkook defendiendo su lugar con una convicción que le había calentado el pecho de una forma nueva.

Jimin dejó escapar un suspiro, riendo para sí mismo. La marca en su cuello le ardía con una calidez suave cada vez que pensaba en su alfa. Estaba a punto de guardar el cepillo cuando la puerta se abrió. Sin anunciarse, sin tocar. Nadie más podría entrar, así que sin girarse sintió la presencia inconfundible del príncipe heredero llenando la habitación.

—Jimin —llamó Jungkook con voz baja.

El omega giró y lo encontró allí, aún con el cabello ligeramente húmedo por una ducha nocturna, vestido con ropa ligera para dormir, claramente cansado... pero con los ojos brillantes. Jimin se levantó al instante.

—Jungkook... ¿por qué vienes con ese rostro tan serio?

—Ya las eché—Se detuvo frente a él.

Jimin parpadeó.

Jungkook continuó, con esa sinceridad que lo volvía imposible de mirar sin sentir algo profundo:

—A las omegas. A todas las estudiantes del ala de futuros compromisos. Ya no están en el castillo —respiró hondo—. Di la orden después de hablar con mi padre y no pienso traerlas de regreso.

Jimin se quedó quieto, sin hablar, solo mirándolo. Jungkook dio un paso más, quedando lo suficientemente cerca como para tomar sus manos.

—No quiero que nada ni nadie te haga sentir desplazado, inseguro o como si tu lugar pudiera ser reemplazado —dijo Jungkook, sosteniendo sus manos entre las suyas—. Este castillo es tuyo tanto como mío. Y no permitiré que absolutamente nadie lo ponga en duda.

—Pensé que... quizás era pedir demasiado.

—No, Jimin —susurró Jungkook, levantando su barbilla con un dedo—. Pedir que te respeten no es demasiado. Pedir tu espacio no es demasiado. Pedir que las personas que fueron preparadas para competir por un lugar que ya es tuyo... se vayan, tampoco lo es.

La respiración del omega tembló ligeramente. Jimin dio un paso, quedando más cerca, apoyando su frente en el pecho de Jungkook. El alfa no dudó en rodearlo con los brazos, pegándolo a él con una ternura absoluta.

—Gracias —susurró Jimin contra su pecho.

—No tienes que agradecerme.

—Sí —insistió el omega con una sonrisa—. Porque podrías haber dudado... y no lo hiciste.

Los dedos de Jungkook acariciaron su espalda lentamente.

—Nunca dudo de ti —dijo Jungkook, apoyando su mejilla contra el cabello de Jimin—. Desde que te encontré en el río mi vida gira entorno a la tuya y a tu bienestar. No dudes en decirme siempre cualquier cosa que te incomode. ¿De acuerdo?

Un largo silencio siguió.No incómodo.No tenso.

Esa clase de silencio cálido que nace cuando dos personas respiran al mismo ritmo.

Tras unos segundos, Jimin levantó la cabeza, mirándolo directamente:

—¿Te quedas conmigo esta noche?

Las orejas de Jungkook, traicioneras, se pusieron rojas al instante.

—E-es... siempre me quedo contigo. En aquel mueble. —Señaló un sofá enorme de la habitación.

Jimin sonrió, llevando una mano a su mejilla.

—Entonces... quédate cerca —susurró—. En... mi cama.

Jungkook lo acercó más, suspirando en su cabello.

—Estás entrando a terrenos peligrosos, mi omega.

—Se perfectamente en dónde me estoy metiendo, y este terreno es de todo, menos peligroso.

Jungkook sonrió.