Mi Omega Untouchable Frente al consejo
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Frente al consejo

Las puertas dobles del Salón del Consejo se abrieron. El corazón de Jimin se le trepaba a la garganta. El lugar era enorme: columnas blancas, vitrales altos, una mesa circular de madera oscura rodeada por doce consejeros, alfas y betas, doce miradas que se giraron hacia él de inmediato. Jimin bajó la cabeza, instintivamente, pero Jungkook apretó su brazo con suavidad.

—Camina conmigo —susurró—. A mi ritmo.

El omega levantó la vista, lo suficiente para ver el perfil firme del príncipe, su paso seguro, la forma en que avanzaba sin vacilar hacia el centro del salón. Taehyung se quedó atrás, apostado junto a la puerta como guardia personal. En cuanto Jungkook se detuvo frente a la mesa, todos los consejeros se levantaron en señal de respeto.

—Su Alteza —saludaron al unísono.

Luego, vino el peso incómodo, esas miradas que descendieron a Jimin. Un omega marcado, un omega que había sido exiliado, un omega que perteneció al príncipe de Aerthya, un omega ahora marcado por el heredero del reino de Haneul.

El consejero más anciano, Lord Harven, entrecerró los ojos mientras movía sus dedos artríticos sobre la mesa.

—Príncipe Jungkook —comenzó con voz lenta—. Hemos recibido un informe preocupante. Dice que ha marcado a un omega que no pertenece a ninguna familia de noble ascendencia y... sin autorización previa del Consejo.

Jungkook no retrocedió.

—Es correcto.

Un murmullo inquieto recorrió el salón.

—¿Puede explicarlo? —preguntó una consejera beta, Lady Mira, firme, sin hostilidad.

—Jimin estaba en peligro —respondió Jungkook—. Su vida corría riesgo. Su estabilidad emocional también. La marca fue la única forma de salvarlo.

—¿Salvarlo? —repitió otro consejero—. ¿De quién, alteza? ¿De usted mismo?

Jimin apretó los labios, pero Jungkook solo dio un paso adelante, lo suficiente para colocarse medio centímetro enfrente del omega, protegiéndolo claramente.

—De su antiguo alfa —respondió con calma tensa.

Los consejeros intercambiaron miradas rápidas. Lady Mira apoyó los codos en la mesa.

—Tenemos conocimiento del príncipe Lee Seojin —dijo—. Y de la situación ocurrida en Aerthya. Pero no sabemos si las acusaciones contra este omega son ciertas... o si traerlo aquí no supone un riesgo diplomático.

Jimin sintió las piernas flaquear. El aire le quemó los pulmones. Era allí, era en ese momento, su verdad o sus ruinas. Jungkook, sin mirarlo, le extendió la mano hacia atrás. Buscándolo. Sosteniéndolo sin tocarlo todavía. Jimin dudó... pero la tomó. Y cuando el consejero Harven habló de nuevo, su voz retumbó:

—Omega Jimin. Este Consejo necesita escuchar su versión. ¿Mató usted al cachorro real de Aerthya?

El mundo se congeló.El silencio lo cortó todo.Jimin sintió que su garganta se cerraba hasta dolerle.Pero no podía echarse atrás. No frente a Jungkook.Respiró hondo, tembloroso.

—No, mi lord —susurró—. Yo jamás le haría daño a un cachorro. Menos al hijo de quien era mi alfa. Yo... yo encontré al bebé ya sin vida. Intenté ayudarlo. Intenté llamar al príncipe Seojin, pero cuando me vio... —la voz se le quebró— ...él creyó que yo lo había matado. No quiso escuchar nada. Ordenó que me encarcelaran. Después me exiliaron del reino y me prohibieron volver.

Los consejeros guardaron silencio.El aire pesaba.Jungkook levantó la voz, firme como un filo de acero.

—Mi lobo ruge a través de la marca que Jimin dice la verdad.

Todas las miradas se clavaron en él.

—¿Su lobo, alteza? —preguntó Lord Harven—. ¿Por qué el lobo del príncipe Seojin no le dijo lo mismo?

—Tal vez porque yo soy su destinado —dijo sin vacilar—. ¿No saben que el vínculo de alfa y omega destinados es más fuerte? —Jungkook miró a Jimin un breve segundo, suave, intenso—. Yo respondí al llamado de su lobo. Su vida estaba en peligro. Su marca estaba quebrada. Y si no lo marcaba, habría muerto.

Más murmuros, más tensión.

—El Consejo deberá deliberar —dijo Lady Mira finalmente—. Parte de lo que menciona es grave. Muy grave. Pero también es grave que el príncipe heredero haya actuado sin permiso.

Jungkook asintió.

—Acepto la responsabilidad por mis acciones. Pero también les aviso que le pediré matrimonio. Park Jimin no será un omega sin casa, ni un omega sin apellido nombre. Park Jimin se convertirá en un Jeon, en un omega de la casa real.

—Príncipe... —susurró Jimin, asustado, tirando levemente de su mano.

Pero antes de que pudiera decir más, una tercera voz rompió la tensión.

Una voz cálida, pero autoritaria:

—Mi hijo no recibirá castigo alguno.

Las puertas del salón se abrieron, dejando entrar a Namjoon y Seokjin, vestidos con sus túnicas reales.

Los consejeros se pusieron de pie al instante.Namjoon avanzó con paso firme.Seokjin caminaba a su lado con expresión de absoluta elegancia... e irritación.

—Majestades —saludaron los consejeros.

Namjoon apoyó las manos sobre la mesa circular.

—Estoy aquí para aclarar un punto —dijo sin rodeos—. Mi hijo marcó a este omega para salvarle la vida. Como rey, respaldo su decisión.

Seokjin añadió:

—Y si el Consejo desea debatir sobre castigos, deberá hacerlo conmigo. No con mi hijo. Yo evalúo si hay delito. Y no lo hay.

Los consejeros intercambiaron miradas nerviosas.El reino tenía reyes amables, pero no eran tontos, mucho menos débiles.

Namjoon suspiró con gravedad.

—Pero sí hay algo que debemos discutir. No sobre mi hijo. Sino sobre Aerthya. Y sobre el príncipe Seojin.

Jungkook apretó la mano de Jimin.Taehyung, desde la puerta, levantó la cabeza, atento.El aire se volvió frío.

El silencio pesaba como placas de hierro cuando todos volvieron a tomar asiento. Jimin aún sostenía la mano de Jungkook, aunque ligeramente escondida entre sus mangas, es que tenía miedo de que alguien se la arrancara. El Consejo esperó... hasta que Seokjin, con su habitual gracia, se adelantó un par de pasos. Su capa brilló con los destellos de los vitrales. Su voz, en cambio, fue tan afilada como una lanza.

—Los asuntos de Aerthya no nos incumben.

Los consejeros levantaron la vista, sorprendidos por el tono directo. Seokjin apoyó una mano en la mesa circular, inclinándose con elegancia depredadora.

—Si Jimin mató o no a ese cachorro... ¿qué más da? —preguntó con un aire de absoluta indiferencia, escandalosamente sincera—. No fue en nuestro reino. No fue bajo nuestra ley. Nosotros no juzgamos asuntos externos.

Jimin sintió que la respiración se le detenía.Nadie jamás había hablado así por él.El rey consorte continuó, moviendo la cabeza con gesto dramático:

—¿Es un omega repudiado por su alfa anterior? —Alzó una ceja, teatral—. ¡Perfecto! Pues ahora tiene un nuevo alfa.

Un murmullo escandalizado surgió entre algunos consejeros, pero Seokjin los silenció con una sola mirada severa que decía claramente ¿quieres intentar retarme?.

—Si mi hijo quiere tomar a este omega —dijo Seokjin, llevándose una mano al pecho—, puede hacerlo. Y lo ha hecho. Fin del asunto.

Lord Harven, indignado, intentó protestar.

—Majestad consorte... hay protocolos que,

Pero Seokjin lo cortó sin piedad.

—Protocolos que mi esposo y yo escribimos hace años. —Sonrió con dulzura falsa—. Créeme, querido Harven, los conozco mucho mejor que tú.

Namjoon se aclaró la garganta, un gesto que en él equivalía a decir déjalo, no vas a ganar.

—Y si alguien en este salón. —Movió la mano, señalando a todos sin excepciones—. Se opone a que el príncipe tome como suyo a Park Jimin... entonces que lo discuta conmigo. En mi despacho. A puerta cerrada. Sin testigos.

Nadie dijo nada.Ni un suspiro.Ni un cruce de miradas.El silencio fue total.Absoluto.

Taehyung, desde la puerta, contuvo una sonrisa orgullosa. Jungkook sintió que su pecho se hinchaba de alivio... y de una gratitud feroz por sus padres.Jimin... Jimin tembló ligeramente. No de miedo. Lo hizo porque alguien de verdad lo estaba defendiendo sin esperar nada a cambio. El consejero Mira carraspeó con respeto.

—Entonces... ¿el Consejo debe entender que la decisión real es irrevocable?

Namjoon tomó la palabra.

—Sí. El omega Jimin será presentado oficialmente como pareja del príncipe heredero. Todo juicio externo queda anulado bajo nuestra ley.

Los consejeros se miraron unos a otros antes de asentir.Uno por uno.El veredicto estaba dado.Jungkook inclinó la cabeza, formal.

—Gracias, Majestades.

Jimin no sabía si debía hacer una reverencia o quedarse quieto. Jungkook, intuyéndolo, simplemente sostuvo su mano más fuerte, ocultándolo levemente detrás de él. Protegiéndolo. Guiándolo. Seokjin chasqueó los dedos para captar la atención de ambos.

—Y ahora —dijo con una sonrisa cálida que brillaba como oro—, vayan a prepararse. Esta noche habrá cena en su honor. Ambos serán presentados formalmente como pareja.

Jimin abrió los ojos con sorpresa.

—¿Cena en nuestro honor? —cuestionó Jungkook, algo aturdido.

—Bueno... ¿qué creían? ¿Que podrían entrar al palacio, causar un escándalo diplomático y marcarse sin que yo armara una fiesta?

Namjoon se llevó una mano a la frente.

—Jungkook... —murmuró—. Prepárate porque tener un omega no es fácil. Tu vida tranquila acaba de terminar.

Jimin se ruborizó hasta las orejas, Jungkook le apretó más la mano.

—Más bien, tener a mi padre Seokjin como omega no es fácil —dijo sonriendo—. Gracias por su apoyo.

—Eres nuestra adoración —dijo Seokjin—. El fruto de un alfa y omega destinados. Por supuesto que te vamos a proteger con uñas y dientes.

—Váyanse a preparar para la cena, tengo que firmar el juicio de hoy para darlo por finalizado —dijo Namjoon.

Jungkook y Jimin se retiraron del salón con una reverencia. La puerta se cerró detrás de ellos, pesada, insonorizada, cortando de golpe el peso del Consejo y dejándolos libres al fin.

Taehyung fue el primero en exhalar.

—Bueno —dijo despacio, cruzándose de brazos—. Sobrevivieron.

Jungkook rodó los ojos.

—Ni que fuera tan dramático.

—Te juro que había tres consejeros listos para tragarse a Jimin si Namjoon no intervenía —susurró Taehyung, lanzando una mirada de soslayo al omega.

Jimin bajó la vista, incómodo. No estaba acostumbrado a que hablaran de él con tanta libertad. Jungkook, sin embargo, no soltó su mano ni un segundo.

—No van a tocarlo —dijo con voz baja—. No mientras yo esté aquí.

Taehyung abrió la boca para hacer algún comentario burlón, pero se detuvo al ver la expresión del príncipe. Asintió con respeto y los guio por el pasillo. Caminaron unos metros antes de que Jungkook se inclinara hacia Jimin.

—¿Estás bien? —preguntó.

Jimin tragó saliva.

—No sé qué se supone que deba sentir —admitió—. Es... demasiado. En realidad pensé que me iban a rechazar. Que dirían que no era digno.

—Eres mío —fue lo único que respondió Jungkook, sin pensar,—. Y eso basta para que no se metan contigo.

Taehyung tosió teatralmente.

—Hermoso. Me encanta el romance. Pero les recomendaría que se apresuren a irse a sus habitaciones para que charlen allá más cómodos y se conozcan. Tienen muchísimo de qué hablar, futuros esposos.

Jungkook soltó una carcajada suave. Jimin apenas y sonrió, abrumado, pero también aliviado. El descontrol de emociones estaban por todo su sistema, y él lo único que pudo hacer mejor fue colgarse del brazo del príncipe porque sabía que era bueno, porque sabía que lo había elegido y porque sabía que su futuro con él sería fantástico.

—Ven —susurró, Jungkook, guiándolo hacia sus habitaciones.

El omega lo siguió con pasos pequeños, procesando que el palacio entero sabía ahora que era la pareja del príncipe heredero y que esa noche habría una cena en su honor.

—Jimin —dijo despacio—. Lo que pasó hoy... sé que fue mucho. Pero yo quiero esto, que estés aquí conmigo.

El omega levantó la vista. Sus ojos todavía tenían ese brillo húmedo que no había tenido tiempo de secarse.

—Eres mi alfa, a partir de hoy yo también quiero lo que tú quieres —confesó, casi en un susurro.

Jungkook acercó una mano y le apartó un mechón del rostro.

—Quiero que seas tú mismo, te juro que no te impondré nada. Seré un buen alfa. —Jimin inhaló. No respondió con palabras. Simplemente asintió.

Actualización doble!!!!

Quizás pronto haga maratón! 3