Mi Omega Untouchable Mi responsabilidad es cuidarte
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Mi responsabilidad es cuidarte

El palacio dormía.

Las torres altas descansaban bajo la luz de la luna, y los jardines reales, que durante el día rebosaban de vida, parecían estatuas de sombra y rocío. Los guardias patrullaban en silencio, sus pasos amortiguados por la alfombra del corredor, y los sirvientes dormían en sus cuartos pequeños. En el interior, todo era silencio...salvo por un pequeño sollozo helado que rompía la quietud.

Park Jimin.

El omega recién llegado, recién marcado, recién arrancado de una vida que ya no reconocía.

La primera noche del omega en el palacio.La primera noche desde su marca.La primera noche desde que su destino se había entrelazado con el del príncipe heredero.

La habitación que le habían asignado era demasiado grande. Demasiado lujosa. Demasiado silenciosa.Cada mueble parecía observarlo, cada sombra parecía un guardián extraño. El colchón era tan suave que sentía que lo absorbía. Y el perfume del castillo... tan limpio, estar tan cómodo... lo mareaba. Es que no creía merecerlo.

La marca en su cuello ardía. No dolía.Pero palpitaba como si recordara, una y otra vez, lo que había ocurrido. Jimin se acurrucó bajo las mantas, tratando de calmar su respiración, pero cada vez que cerraba los ojos veía los colmillos del alfa anterior, el que lo había marcado sin permiso, para enamorarlo, el que lo había dejado desprotegido por un malentendido... el que habría dejado su vida consumirse si Jungkook no hubiera llegado.

Por eso lloró.Con miedo.Con alivio.Con vergüenza de llorar en un lugar tan perfecto.

A pocas habitaciones de allí, Jungkook acababa de quedarse dormido. Sus músculos estaban relajados.Había pasado la noche velando a Jimin, tocando su frente de vez en cuando para confirmar que no tenía fiebre, cuidando que no tuviera pesadillas, contemplando la marca recién hecha que aún brillaba débilmente en su cuello. El príncipe había intentado regresar a su habitación, pero su corazón no lo había dejado dormir hasta que supo que el omega estaba seguro. Por eso, cuando al fin cerró los ojos, lo hizo con la tranquilidad de un alfa que había cumplido con su deber. Hasta que un golpe sonó en la puerta.

Jungkook frunció el ceño, emergiendo del sueño a medias. Después se escuchó otro golpe.Bajo, respetuoso, pero urgente.

El príncipe se incorporó lentamente, presintiendo que algo no estaba bien.

—¿Quién es? —preguntó con la voz grave por el sueño.

La puerta se abrió lo suficiente para que entrara una ráfaga de aire frío y la cabeza inclinada de un sirviente beta.

—Alteza... —susurró, nervioso—. No es mi intención interrumpir su descanso a estas horas de la noche... pero su omega... —El beta tragó saliva—. Su omega no ha parado de llorar.

—¿Qué?

—Lleva así varios minutos, mi príncipe. Nosotros no podemos... acercarnos sin autorización. Pero se escucha desde el pasillo.

El príncipe no necesitó escuchar más. Se levantó de un salto, tomando la bata que colgaba en el respaldo de una silla y salió casi corriendo, descalzo, sin importarle el frío del suelo.

Jungkook entró a la habitación sin tocar, con el corazón latiéndole demasiado fuerte. Lo primero que vio fue una figura hecha ovillo sobre la cama, cubierto por mantas hasta los hombros, respirando entrecortado. Jimin estaba sentado contra el cabecero, sus piernas recogidas, las manos apretando las sábanas con desesperación.Sus ojos miel estaban llenos de lágrimas que se derramaban una tras otra, silenciosas pero devastadoras.

—Jimin... —llamó con suavidad.

El omega pegó un sobresalto, tratando de limpiarse la cara con torpeza, tratando de ocultar su dolor.

—Lo... lo siento —dijo temblando—. No quería causar problemas.

—No estás causando ningún problema —respondió Jungkook, acercándose despacio—. Solo dime qué te pasa.

Jimin bajó la mirada. Sus manos seguían temblando.

—Yo... Tengo miedo —confesó, y otra lágrima cayó, golpeando la sábana.

Jungkook sintió su lobo interno aullar, desesperado por acunarlo entre los brazos. Pero se contuvo. No quería repetir la imposición que parecía haber sufrido en el pasado, nunca. Así que se sentó en el suelo, a un metro de distancia de la cama, para que Jimin lo viera sin sentirse incómodo.

—No voy a tocarte —dijo con voz baja—. No voy a acercarme más de lo que tú permitas. Estoy aquí solo para acompañarte. Nada más.

El omega lo miró con los ojos brillosos, confundido.

—¿Por qué... es tan amable conmigo? —susurró.

Jungkook pensó en la marca, en la conexión inesperada, en el momento en que su lobo se inclinó ante el miedo de Jimin. Pensó en sus manos pequeñas, en su mirada dulce. En la sensación de querer cuidarlo.

Pero respondió lo que podía:

—Porque estás asustado y porque no mereces sentirte solo.

Jimin hundió la cara entre las rodillas.

—No quiero ser un estorbo para usted. Yo... yo no sé si pueda estar a la altura de ser un omega real.

Jungkook apoyó sus brazos sobre sus rodillas, inclinado hacia él, pero siempre desde el suelo.

—Jimin, yo no quiero que seas un “omega real”. Quiero que seas tú mismo.

El omega lo miró, sorprendido, creía que esas palabras fueran imposibles. Definitivamente Jungkook era distinto a Lee Seojin.

—Nunca voy a pedirte que te comportes de una manera que te duela —continuó Jungkook—. No voy a exigirte que me llames “alteza”. No voy a pedirte que bajes la cabeza. No voy a ordenar nada sobre tu cuerpo. ¿Está claro?

—Pero... soy su omega marcado, bueno, tuve una marca antes —susurró.

—Y debido a eso, tengo aún más responsabilidad —respondió Jungkook—. Una responsabilidad de cuidarte.

—¿No va a desecharme cuando un omega lindo, puro y sin marca venga ante usted? Porque si piensa hacerlo creo que lo mejor es que lo haga de una vez.

El silencio que siguió fue inmenso. Jimin respiró tembloroso. Sus labios se separaron débilmente antes de continuar hablando en un hilo de voz:

—El alfa anterior... él decía que si lloraba era mi culpa. Que si temblaba, lo hacía enojar. Que un omega debía ser fuerte... que tenía que aguantar para ser el omega del príncipe.

Jungkook sintió el aire volverse pesadísimo. Su mandíbula se tensó. No podía creer que Seojin fuera así de abusivo. Lo conocía por diversas reuniones reales y políticas, pero parecía ser amable.

—Si lloras, lloras. Si tiemblas, tiemblas, y nunca, nunca va a ser tu culpa.

Jimin apretó los dedos contra su pecho, esas palabras, tan sencillas, dolieron y sanaron al mismo tiempo sanando algo en su interior.

—¿Quieres que me quede aquí? —preguntó, seguido de una respiración honda—. No en la cama. Solo... aquí, en el suelo. Para que no estés solo.

Jimin dudó.

Su mirada bajó, luego volvió a Jungkook, como pidiendo permiso para permitirse algo bueno.

—Sí... —susurró al fin—. Por favor.

Jungkook asintió.

Recostó la espalda contra el borde de la cama, sin tocarlo, con la cabeza inclinada hacia la pared. Respiró profundo, dejando que su aroma calmante saliera de forma controlada, sin invadir. Poco a poco, el llanto de Jimin fue disminuyendo. Minutos después, cuando la respiración del omega ya estaba tranquila, Jungkook escuchó un pequeño murmullo.

—Gracias... Jungkook. —El alfa cerró los ojos.

—Buenas noches, Jimin.

El omega se acomodó dentro de las mantas, inhalando el aroma de su alfa. Llenándose de una paz que hace mucho no sentía, fue entonces que su sueño llegó sin miedo... porque, justo al lado de su cama, el príncipe permaneció despierto toda la noche, vigilando que nada volviera a dañarlo.

El amanecer llegó sin ruido.

En la habitación, el aire estaba tibio, perfumado aún por la mezcla de sus aromas: el suave olor dulce del omega y la esencia intensa, protectora, de Jungkook.

Jimin no despertó de golpe, su cuerpo simplemente empezó a reconocer la comodidad, el calor, la ausencia de miedo. Respiró hondo y abrió los ojos muy lentamente, con esa pesadez propia de quien ha llorado demasiado la noche anterior.

Lo primero que vio no fue el techo tallado, ni las cortinas, ni la habitación lujosa.

Fueron unos ojos azules.

Profundos.Encendidos por el cansancio.Atentos solo a él.

Jungkook estaba inclinado hacia adelante, sentado en el suelo con la espalda contra la cama. Tenía una taza de café entre las manos, humeante, tan oscuro como la noche que no había dormido. Sus ojeras le delataban más que el aroma a café cargado.

—Buenos días —susurró el alfa con voz extremadamente ronca.

Jimin parpadeó, confundido por un momento. Su mente tardó unos segundos en recordar dónde estaba, quién estaba frente a él, por qué había llorado tanto. Pero lo que más le desconcertó no fue todo aquello... Sino la forma en que Jungkook lo estaba mirando: como si verlo despertar fuera un privilegio.

—¿Llevas... mucho aquí? —preguntó Jimin con voz baja, avergonzada.

—Un rato —admitió Jungkook, llevándose el borde de la taza a los labios—. Me quedé para asegurarme de que dormías bien. No quise despertarte.

Jimin se incorporó lentamente sobre la cama, acomodando las mantas. Su cabello estaba despeinado y la piel alrededor de sus ojos un poco hinchada. Aun así, Jungkook dirigió la mirada a él como si fuera lo más hermoso que había visto.

—¿Dormiste... en el suelo? —preguntó Jimin, mordiéndose el labio.

—Sí —respondió Jungkook con honestidad tranquila—. No quería invadir tu espacio.

—Podías... haberte ido —murmuró con la mirada hacia abajo.

—No quería —contestó Jungkook de inmediato.

El omega tragó saliva. Sus dedos jugueteaban con la manta sin darse cuenta. La marca en su cuello ya no ardía; solo daba un leve calor, era un latido nuevo que empezaba a entender.

—¿Te duele algo? —preguntó el príncipe, con esa voz suave que parecía hecha solo para hablarle a él.

—No... —respondió Jimin—. Solo estoy... cansado. Pero dormí bien. Gracias a ti.

Un silencio breve se formó entre ellos, pero no era incómodo. Era más bien cálido, una distancia que disminuía sola. Jungkook se puso de pie, dejando la taza en la mesita cercana. Los músculos de su espalda crujieron por tantas horas encorvado en el suelo.

—Tenemos que ver al Consejo —informó, sin dureza—. Van a querer evaluar tu estado, confirmar que estás estable después de... todo.

Jimin tensó un poco los hombros. El alfa notó el gesto y frunció levemente el ceño.

—No te preocupes por ellos —añadió Jungkook, acercándose un paso, pero deteniéndose antes de entrar en su espacio—. Yo estaré contigo todo el tiempo. Nadie te hablará mal. Nadie te tocará. Nadie va a decidir nada sobre ti sin tu permiso. ¿Entendido?

Los ojos miel se levantaron, tímidos, buscando los suyos.

—Está bien... —susurró.

—Y si en algún momento quieres irte —agregó Jungkook—, solo toma mi manga y nos vamos. No necesito más que eso.

Jimin asintió, con el corazón acelerado. Muchas cosas le daban miedo. Pero no le tenía miedo al alfa frente a él.

Jungkook lo observó un instante más, asegurándose de que realmente estaba bien, antes de darle una sonrisa pequeña, torpe, cansada, sincera.

—Voy a pedir el desayuno —dijo el príncipe, caminando hacia la puerta—. Y luego iremos ante el consejo. Dúchate, la servidumbre te traerá distintas prendas. Usa la que más te guste.

Jimin sintió que el consejo no era tan aterrador con esa promesa. Ni con esos ojos azules que lo habían estado vigilando toda la noche sin pedir nada a cambio.

Después de bañarse, llegó el desayuno en una bandeja de plata, servido por dos betas silenciosos que evitaron mirarlo directamente. Jimin se sentó frente a la mesa pequeña junto a la ventana observando la sopa clara, pan suave, frutas dulces y un té ligero, pensado para un omega recién estabilizado.

Comió despacio.

En parte porque tenía el estómago cerrado por los nervios... y en parte porque no sabía comportarse en un lugar tan refinado sin sentir que estaba rompiendo algo invisible.

A unos pasos de distancia, con los brazos cruzados detrás de la espalda, Kim Taehyung permanecía de pie. Alto, elegante, con la postura impecable de un alfa entrenado para proteger al príncipe. Su expresión era indescifrable: ni amigable, ni severa. Solo... observante.

Vigilante.

Cada vez que Jimin levantaba la vista, lo encontraba allí, mirándolo sin un solo parpadeo innecesario.

No le hablaba.No sonreía.No hacía un solo gesto más de lo necesario.

Y aun así, no parecía despreciarlo; solo... lo estudiaba.

Jimin tragó el final de su té e intentó sonreírle con educación. Taehyung inclinó levemente la cabeza, apenas un milímetro, en un gesto que no dejaba claro si era respeto o simple reconocimiento de que el omega había terminado.

—El príncipe me pidió escoltarlo cuando estuviera listo —informó Taehyung con una voz baja y controlada—. Si ya terminó, por favor sígame.

Jimin se puso de pie de inmediato, nervioso, tomando una esquina de la manta con la mano sin darse cuenta. Caminó detrás del alfa, que abría las puertas antes de que él tuviera que tocarlas, siempre a una distancia exacta, medida al centímetro.

Daba la se sensación de caminar con una sombra a su lado.

Taehyung lo condujo por un corredor amplio, adornado con retratos de antiguos reyes y reinas. Jimin bajó ligeramente la cabeza cada vez que pasaba frente a una figura poderosa, temiendo faltarles al respeto.

Finalmente, el alfa abrió una puerta hacia una pequeña sala de estar privada.

El lugar era sencillo comparado con las otras salas reales: sillones profundos, cortinas claras, una mesa baja con libros acomodados en orden perfecto. Había una sensación de hogar allí, aunque fuera mínima.

—Puede esperar aquí —dijo Taehyung. Su voz seguía sin mostrar emoción.

Jimin asintió, sentándose en el borde del sillón con las manos entrelazadas. Taehyung se quedó de pie a un lado, sin moverse. Pasaron varios minutos así, en un silencio que no era hostil... pero tampoco amigable. Taehyung solo lo miraba, analizando cada respiración, memorizando cada detalle del omega del príncipe.

Hasta que la puerta se abrió.

Jungkook entró con el cabello aún húmedo, vestido con ropa formal ligera y el aroma fresco del jabón cubriéndole la piel. Sus ojos azules se iluminaron al ver a Jimin.

—Disculpa la demora —dijo con una sonrisa—. Me fui a duchar. ¿Taehyung te está tratando bien?

Jimin abrió la boca, sorprendido por la pregunta, y Taehyung frunció el ceño de inmediato.

—Ah... sí —respondió el omega, un poco incómodo.

Taehyung dio un paso hacia adelante.

—¿Por qué pregunta eso, alteza? —cuestionó con una calma tan tensa que parecía hielo—. Yo no soy de tratar mal a omegas.

Jungkook se cruzó de brazos, mirándolo con una ceja levantada.

—Igual no está de más preguntar —respondió sin perder la serenidad.

Taehyung chasqueó la lengua muy discretamente.

—Pero soy su amigo, alteza —recalcó indignado—. Qué ofensa.

Jungkook soltó una risa, negando con la cabeza.

—Taehyung, eres mi amigo. Pero también eres un alfa con carácter —dijo, acercándose a Jimin y poniéndose a su lado sin invadirlo—. Así que sí, voy a seguir preguntando.

Taehyung apretó los labios queriendo protestar, pero terminó girando la mirada hacia la ventana, fingiendo indignación, aunque sin perder la postura perfecta de guardia real.

Jungkook se inclinó un poco hacia Jimin.

—¿Listo para ir al Consejo? —preguntó con una voz tan baja que solo él pudo escucharla.

Jimin respiró hondo.

No estaba listo.Pero al ver esos ojos azules, tan cercanos, tan atentos...Sintió que podía estarlo.

—Sí... —susurró.

Jungkook sonrió antes de ofrecerle el brazo para guiarlo con él.

La verdad es que esta historia me gusta mucho😭😭😭😭me encanta escribirla!′