Tesoro
El rey Namjoon entró primero, su imponente figura llenó la habitación con autoridad pura; a su lado Seokjin, con una mano en el pecho y la otra sosteniendo su corona para que no se le cayera del susto.
Ambos se quedaron petrificados al ver la escena:Jungkook sentado al borde de la cama junto a un omega desconocido, recién marcado, sosteniendo su manoy una marca en su cuello brillando igual que un amanecer prohibido.
—Esto es un sacrilegio, Jungkook —gruñó Namjoon—. Marcar a un omega sin autorización del consejo.
Jungkook no retrocedió. Elevó la barbilla, firme.
—Recibiré el castigo que se me imponga, padre —respondió con solemnidad.
Pero antes de que Namjoon pudiera replicar, una voz temblorosa lo interrumpió.
—¡No! —exclamó Jimin.
El omega se incorporó con dificultad. Sus piernas aún débiles, su cuerpo todavía lastimado, pero sus ojos color miel brillaban. Dio dos pasos inestables y luego cayó de rodillas ante el rey.
Namjoon abrió los ojos, sorprendido por el gesto.
—El príncipe me ha salvado la vida... —dijo Jimin, inclinando profundamente la cabeza—. Y ahora es mi alfa. Le ruego que cualquier castigo que deseen imponerle... lo que sea... háganmelo a mí. Yo cargaré con su condena.
Seokjin se llevó una mano a la boca.
—Oh por la luna... —susurró, conmovido y horrorizado al mismo tiempo.
Jungkook sintió que la sangre le hervía.
—Jimin, levántate —ordenó con voz suave mientras lo tomaba del torso para ayudarlo—. No permitiré que te castiguen.
El omega intentó replicar.
—Pero alteza... no mere,
—Ya basta —lo interrumpió Jungkook.
Seokjin puso los ojos en blanco, soltando un suspiro exagerado.
—Por la Madre Luna... cuánto drama. —Se adelantó, colocándose entre el omega y el rey—. Somos la familia real de uno de los reinos más poderosos. ¿Por qué mi hijo tendría que sufrir un castigo?
Jimin parpadeó, confundido.
—Lo marcaste —continuó Seokjin, señalando la marca en el cuello del omega—. Ya es tuyo. Listo. No hay marcha atrás. Lo único que me duele es que no me lo hayas dicho primero.
Jungkook se rascó la nuca, incómodo.
—No tuve tiempo, estaba salvando su vida.
Namjoon bufó.
—De todos modos el consejo pedirá cuentas claras, Seokjin.
Seokjin chasqueó la lengua con elegancia indignada.
—¿Y? Eres el rey. No vas a castigar a tu propio hijo.—Se volvió hacia él y le dio un leve golpe en el pecho con dos dedos—. Te lo prohíbo.
Namjoon lo miró un segundo... y luego suspiró largo, vencido.
—A veces olvido por qué me casé contigo —murmuró Namjoon.
—Porque soy hermoso, sabio y tengo mejor criterio que todo tu consejo junto —respondió Seokjin sin pestañear.
Jungkook no pudo evitar sonreír. El omega sintió un rubor subirle a las mejillas. La familia de los Reyes de Haneul era completamente distinta a la familia de Aerthya.
Seokjin se acercó a Jimin, agachándose para mirarlo a la altura de los ojos como todo un rey consorte con corazón blando.
—¿Cuál es tu nombre? —preguntó con voz amable.
—Soy... Park Jimin.
—Bueno, Park Jimin. Nadie te hará daño aquí. No mientras seas el omega de mi hijo.
Namjoon asintió, dejando finalmente caer la tensión de sus hombros.
—Pero mañana... —añadió—. Mañana hablaremos ante el consejo. Las cosas deben hacerse correctamente.
Jungkook apretó la mano del omega.
—Iremos juntos —dijo sin dudar.
Jimin levantó la vista hacia él, temblando, pero no de miedo.
—Sí, alteza.
Seokjin sonrió con dulzura. Namjoon negó con la cabeza. Jungkook lo sostuvo más cerca. Y la luna, desde su trono en el cielo, pareció aprobar el nacimiento de una nueva manada.
Minutos después, Jungkook condujo a Jimin por los pasillos del castillo. El omega avanzaba en silencio, con pasos suaves, aún descalzo, cubierto por una túnica limpia que algún sirviente le había traído. Cada lámpara de aceite iluminaba su piel marcada y luminosa, y cada sombra parecía observarlo con curiosidad silenciosa.
Jungkook abrió una de las puertas más amplias del ala privada del castillo.
—Esta será tu habitación —anunció.
Jimin entró, quedándose sin aliento.Los ventanales altos dejaban entrar luz de la luna, las cortinas eran de seda azul profundo, la cama enorme y perfectamente arreglada. Había una bañera privada, un tocador de madera tallada y un pequeño balcón con vista al jardín interior del castillo.
Era demasiado.Demasiado lujo.Demasiada calma.Demasiado contraste con la habitación fría donde había dormido las últimas noches. Con el suelo arenoso en el que había dormido la noche anterior.
—A-alteza... —susurró sin saber qué decir.
Jungkook se acercó, pero no demasiado.
—Dos sirvientes se quedarán contigo. —Señaló a dos jóvenes betas que aguardaban en la puerta—. Te ayudarán a bañarte, a cambiarte, a comer. Lo que necesites, debes pedírselo.
Jimin bajó la mirada, avergonzado.
—No quiero incomodar...
—Eres el omega del príncipe heredero —interrumpió Jungkook—. Aquí nadie tiene derecho a incomodarse contigo.
Jimin tragó saliva.
—Eres muy amable, alteza.
—Y tú adorable. —Jungkook le sonrió—. Ya no me llames alteza porque yo soy tu alfa.
—Yo... le llamaré como me pida que lo haga. Haré todo lo que usted ordene, le... le debo la vida... le... le debo todo. E... estoy muy agradecido.
Jungkook le acarició el mentón.
—Te recomiendo que no merodees por el castillo —susurró—. Podrías perderte. Y... algunos alfas no entenderían tu presencia sin escolta porque todavía no te conocen. Lo mejor es que descanses. Yo iré a hablar con mi padre.
Jimin asintió.Jungkook lo observó unos segundos más...Verificando que estuviera bien, no quería irse, quería conocerlo más. Pero tenía que dejarlo.
—Descansa, Jimin —dijo suavemente.
Y salió, dejando al omega en aquella habitación que parecía sacada de un sueño del que no estaba seguro de merecer pertenecer.
Jimin tocó su cuello.Su marca ardió con tibieza.Su corazón también.
—Mi alfa... —murmuró, sin comprender aún el futuro que le esperaba.
Jungkook alcanzó a escucharlo llamarlo de esa manera. Su corazón palpitó de emoción. Era una sensación extraña, pero su instinto le gritaba una y otra vez que lo protegiera, que era suyo. El príncipe caminó al despacho del rey con pasos firmes. Namjoon estaba de pie junto a la ventana, con los brazos cruzados; Seokjin, sentado sobre un mueble acolchonado, lo observo entrar sabiendo que estaba metido en problemas... pero aún lo amaba, ambos lo amaban.
—Cierra la puerta —ordenó Namjoon.
El príncipe obedeció.El silencio pesó unos segundos.Entonces el rey habló:
—Un buen rey protege al reino, Jungkook... —dijo con voz profunda—. Pero no sería un buen rey si es un mal alfa. Ahora tienes la responsabilidad de proteger a tu omega. Si puedes protegerlo a él... —Lo miró fijamente—, cuidar del reino será pan comido.
Jungkook bajó la cabeza.
—¿Es difícil tener un omega? —preguntó con cierto nerviosismo honesto.
—Solo tienes que mantenerlo contento. —Namjoon entrecerró los ojos. Un carraspeo dramático sonó detrás de ellos.
—Padre Seokjin es caprichoso —dijo Jungkook, sin humor—. ¿Me aconsejas que haga que Jimin sea igual?
Seokjin abrió los ojos como si le hubieran arrojado agua helada.
—¡Oye, qué ofensa! —reclamó indignado, cruzándose de brazos.
—Así como lo escuchas —dijo el rey, riendo—. A Jin no lo cambié nunca. Lo amé como era. Tú debes hacer lo mismo con tu omega.
Seokjin levantó la barbilla, orgulloso, como si le hubieran dado la razón en algo importantísimo.
—Como sea —interrumpió Seokjin, sacudiendo una mano en el aire—. Mañana, ante el consejo, le pedirás matrimonio. Dirás que lo marcaste para salvarle la vida.No me interesa saber cómo comenzó su romance —agregó con un suspiro teatral—. Solo quiero que no seas castigado. Yo seré tu defensor.
Jungkook respiró hondo, sintiendo el apoyo que pocas veces se permitía recibir.
—Gracias, padre.
Seokjin se puso de pie, caminando hacia él.
—¿Sabes por qué lo aprobé? —preguntó.
Jungkook negó con la cabeza. Seokjin apoyó una mano cálida en su mejilla.
—No fue por bonito. Ni por la marca. Fue porque ese omega. —Sonrió con dulzura—. Se atrevió a pedir ser castigado en tu lugar. Eso... —Miró rápido a Namjoon—, eso lo haría yo por tu padre.
—Además un omega que defiende a su alfa es digno de admirar —dijo Namjoon—. La mayoría son miedosos y extremadamente sumisos. Un príncipe necesita un omega que lo defienda incluso del rey. Por eso también lo acepto.
—Ustedes son los mejores del mundo —admitió Jungkook.
—Lo sabemos —contestó Seokjin.
Luego de hablar un largo rato. Jungkoook salió del despacho de sus padres con el pecho lleno de emociones: alivio, orgullo, un leve cosquilleo ansioso recorriéndole las costillas. Su lobo estaba inquieto, caminando dentro de él porque necesitaba verificar que su omega seguía allí, respirando, a salvo.
El príncipe apresuró el paso por los corredores. No sabía por qué tenía tanta prisa... o bueno, sí.
Cuando abrió la puerta de la habitación asignada a Jimin, lo primero que vio fue luz. Luz tenue, cálida. Y un joven omega sentado en el suelo, con las piernas recogidas, rodeado de cojines que los sirvientes debieron haber acercado para él.
Pero eso no era lo adorable.
Lo adorable era que Jimin estaba intentando doblar una manta demasiado grande para sus brazos pequeños, luchando con la tela que se le caía una y otra vez encima del rostro. Cada vez que fallaba, hacía un pequeño sonido de frustración, un “hmph” suave, casi infantil, y volvía a intentarlo.
—Mi señor —dijo uno de los sirvientes al ver entrar a Jungkook—. El omega insistió en ayudarnos a ordenar la habitación. No pudimos,
—¡No! No los regañe, por favor —exclamó Jimin desde el suelo, asomando la cabeza por debajo de la manta que lo había devorado entero.
La escena era tan tierna que Jungkook se quedó congelado en la puerta.
Jimin se liberó de la manta con un movimiento torpe y se puso de pie. Sus mejillas estaban rosadas, sus ojos miel brillando bajo la luz de las velas. La túnica que llevaba parecía enorme en él, acentuando lo frágil y pequeño que se veía.
—Lo siento —dijo el omega, bajando la mirada—. Derramé algo de jugo sobre la cama y... solo quería ser útil para limpiar mi desastre. No estoy acostumbrado a tener sirvientes. En Aerthya... bueno, yo... limpiaba mis cosas solo.
Jungkook caminó hacia él despacio, como si se acercara a un animalito que podía asustarse si hacía ruido.
—Jimin —lo llamó con voz suave—. No tienes que hacer nada aquí —dijo Jungkook, deteniéndose frente a él—. No tienes que probar nada. No debes servir a nadie. Ni siquiera limpiar tus desastres.
—Es que... me da vergüenza que hagan cosas por mí. —Jimin apretó la manta entre sus manos, nervioso.
—Pues tendrás que acostumbrarte —respondió el príncipe—. Porque ahora estás en Haneul. Y eres mío. Mi responsabilidad. Mi omega que no debería agotar sus energías limpiando.
—Lo intentaré. —susurró con sus ojos temblando ligeramente.
El príncipe sintió un escalofrío recorriéndole la espalda.Los sirvientes, discretos pero con sonrisas escondidas, se inclinaron.
—Con su permiso, alteza. Prepararemos la cena de su omega.
Así los dejaron solos. Jungkook se agachó lentamente y tomó la manta que Jimin había intentado doblar.
—¿Puedo? —preguntó.
El omega asintió, torciendo sus manos con timidez.Jungkook la dobló perfectamente en segundos. Jimin soltó un pequeño suspiro de admiración que al príncipe le apretó el corazón.
—Eres muy... hábil —murmuró Jimin.
—Y tú demasiado tierno —respondió Jungkook sin pensarlo.
—Alte... Jungkook —susurró Jimin, tocándose el cuello donde ardía su marca—. ¿Qué pasará conmigo mañana?
—Mañana... —dijo con voz suave, con promesa, con poder—. Mañana te pediré matrimonio frente al consejo. Te haré mi consorte. Mi pareja. Mi familia.
Jimin abrió los ojos, sorprendido, asustado, emocionado.
—¿M-matrimonio...?
—Sí —confirmó Jungkook, levantando su barbilla con dos dedos—. Y lo haré frente a todos. Para que nadie vuelva a poner una mano sobre ti. Para que nadie vuelva a decidir por ti.
Jimin tragó con dificultad.
—¿E.. Está seguro de eso? No... No me conoce.
—No te conozco y ya eres mi omega. ¿No es la marca más importante que el matrimonio?
—Es que... sigo siendo un repudiado del príncipe de Aerthya.
—No. —Jungkook apretó la quijada—. El omega repudiado de Seojin murió anoche. Tú eres Jimin, mi omega, el omega del príncipe alfa de Haneul. ¿Comprendes?
Jimin bajó la mirada, sus mejillas estaban encendidas, su corazón latiendo fuerte es que sus emociones eran demasiado grandes para su pequeño cuerpo.
—Yo... tuve mucha suerte de que me encontrara y se convirtiera en mi alfa... —susurró.
—Quizás el afortunado soy yo. Mira que eres un omega muy bonito. —Jungkook suspiró—. Sí, sí. Estás herido, débil y te encontré demasiado sucio. ¿Pero sabes qué? —preguntó eso último en un susurro.
—¿Qué..?
Jungkook se acercó a Jimin, pegando los labios a su oído, susurrando, simulando que le estaba contando un grandísimo secreto.
—Los tesoros más valiosos se encuentran entre el lodo.
Los ojos del omega se llenaron de lágrimas cuando sonrió, después abrazó a Jungkook con fuerza. Rodeandole el torso con sus brazos delgados y heridos.
—¿A caso usted es perfecto, mi alfa?
Jungkook sintió que ese abrazo valía un reino entero.
—Lo seré para ti —susurró, rodeándolo con sus brazos.
AWWWWW QUE BONETOOOOOOo(╥﹏╥)oYo también quiero un príncipe así que me ame y me diga que soy un tesoro aunque no me bañe y esté todacochinota😭😭😭😭
Eeeeeen fin!!!!!
Muchas gracias por leer! Este capítulo se me iba a olvidar subirlo, pero lo subí porque me acordé que se lo prometí a alguien en tiktok aushksksls si eres ese alguien comenta aquí:
Si la historia te está gustando no olvides comentar, votar y recomendar con tooooodo el mundo!
Cuando leen mis historias en emisión le hecho más ganitas a las actualizaciones skjsksls me motivo xd